{"id":34567,"date":"2023-11-12T13:22:26","date_gmt":"2023-11-12T19:22:26","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34567"},"modified":"2023-11-12T13:22:26","modified_gmt":"2023-11-12T19:22:26","slug":"recordar-a-carlos-fuentes-siempre-es-un-gusto-enorme-gracias-al-icuiricui-se-convirtio-en-el-gran-novelista","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34567","title":{"rendered":"Recordar\u00a0a Carlos Fuentes siempre es un gusto enorme. Gracias al icuiricui, se convirti\u00f3 en el gran novelista"},"content":{"rendered":"<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">Un recuerdo de Carlos Fuentes<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Elena Poniatowska<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Recordar\u00a0los triunfos de Carlos Fuentes siempre es para la comunidad literaria un gusto enorme. En los a\u00f1os 50, Fuentes sobrevol\u00f3 entre las nubes del cielo mexicano y estall\u00f3 entre ellas como un fuego de artificio, y todas las luces cayeron sobre nuestra cabeza. Bajo ese cielo, en los salones populares a los que acud\u00edamos gracias a Margo Su y a Iv\u00e1n Restrepo, P\u00e9rez Prado nos hac\u00eda bailar y Fuentes cantaba en el Sal\u00f3n M\u00e9xico:\u00a0<q>Yo soy el icuiricui, yo soy el macalacachimba<\/q>, y a las primeras de cambio, gracias al icuiricui, se convirti\u00f3 en el gran novelista que apabulla a los j\u00f3venes de hoy.<\/div>\n<p>En su coraz\u00f3n, que lat\u00eda a mil por hora, se grababan voces y acontecimientos que otros pasaban por alto. En las reuniones del cineasta yucateco Manolo Barbachano, Fuentes sobresal\u00eda por su pasi\u00f3n por las horchatas y los papadzules yucatecos. Fue Carlos quien le puso a la Ciudad de M\u00e9xico Kafkahuamilpa. Caminaba por la calle de Madero como si fuera a recibir un premio en el Z\u00f3calo.<\/p>\n<p>Su admiraci\u00f3n por Bu\u00f1uel y por Octavio Paz result\u00f3 contagiosa; su amistad con Fernando Ben\u00edtez y su indignaci\u00f3n super\u00f3 fuegos y tragedias; y lo llev\u00f3 a actos de solidaridad como el de acompa\u00f1ar a la familia de Rub\u00e9n Jaramillo, asesinado el 23 de mayo de 1962; en Morelos. Su pasi\u00f3n por M\u00e9xico y por lo que ser\u00eda su propia obra lo convirti\u00f3 en un volc\u00e1n humano. Carlos Fuentes hac\u00eda juego con el Popocat\u00e9petl y la Iztacc\u00edhuatl, viv\u00eda en una regi\u00f3n tan fogosa como las p\u00e1ginas de su primera novela,\u00a0<em>La regi\u00f3n m\u00e1s transparente,\u00a0<\/em>que muy pronto atraves\u00f3 oc\u00e9anos y nos anim\u00f3 a todos.<\/p>\n<p>En nuestras reuniones, Fuentes imitaba a los dem\u00e1s y habr\u00eda sido un gran caricaturista, pero su talento lo hizo abarcar un campo m\u00e1s amplio, el de la literatura. Su erudici\u00f3n y su cr\u00edtica nos dieron una idea m\u00e1s generosa de nosotros mismos. Quienes colaboramos en\u00a0<em>M\u00e9xico en la Cultura<\/em>\u00a0respiramos un gran viento de libertad a trav\u00e9s de las pasiones de Carlos Fuentes, quien supo muy pronto cu\u00e1l ser\u00eda su vocaci\u00f3n y se lanz\u00f3 cuando otros esperaban la aparici\u00f3n de la musa. Fuentes abri\u00f3 la puerta a lo que suced\u00eda tras la cortina de nopal (como la llam\u00f3 Jos\u00e9 Luis Cuevas), y del brazo de Octavio Paz nos situ\u00f3 en el globo terr\u00e1queo que hizo girar al lado de Julio Cort\u00e1zar, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez y Mario Vargas Llosa, el \u00fanico que sobrevive.<\/p>\n<p>Un escritor que tiene como antepasados a dos volcanes es un creador, un \u00e1rbol de sorpresas, un volador capaz de lanzarse al vac\u00edo mientras en lo alto el flautista lanza notas que acompa\u00f1an a los que extienden sus alas y al llegar al piso abrazan a todos. Flauta y tambor fueron los instrumentos musicales que Fuentes toc\u00f3 mientras advert\u00eda a la gran orquesta de la literatura mexicana:\u00a0<q>\u00a1M\u00e9xico, ah\u00ed te voy!<\/q>, y sin m\u00e1s se uni\u00f3 a los voladores.<\/p>\n<p>Al vac\u00edo, Fuentes lo llen\u00f3 con sus letras. Nos conocimos en los cincuentas. En esos a\u00f1os, los embajadores de Inglaterra, Francia y Estados Unidos cortejaban a la juventud dorada. En sus fiestas se bailaba\u00a0<em>La bamba, La raspa\u00a0<\/em>y hasta la conga con la misma sabrosura que la de Carmen Miranda con una pi\u00f1a en la cabeza:\u00a0<q>ticotico s\u00ed, ticotico no<\/q>. Nuestro relajo ten\u00eda mucho de recreo escolar. Los j\u00f3venes nos ve\u00edamos en casa de Carito Amor y Raoul Fournier, y con esa pareja excepcional jug\u00e1bamos adivinanzas frente al \u00fanico mural que Tamayo pint\u00f3 en una casa particular. Fuentes era el m\u00e1s dispuesto a salir de s\u00ed mismo, a jug\u00e1rsela y a reconocer a los dem\u00e1s, porque no cab\u00eda de gusto por los regalos que incendiaban su propio talento.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os 40, al pueblo de San Jer\u00f3nimo L\u00eddice le lleg\u00f3 de pronto una gigantesca ola de cultura, porque la Universidad Nacional Aut\u00f3noma de M\u00e9xico se mud\u00f3 al sur. Un mundo de investigadores, maestros y estudiantes viaj\u00f3 de las colonias Roma y Ju\u00e1rez a ese inmenso desierto llamado el sur, al que algunos \u00edbamos de d\u00eda de campo. El sur era considerado una huerta de tejocotes. Enrique del Moral, Mario Pani y Teodoro Gonz\u00e1lez de Le\u00f3n levantaron edificios excepcionales, y Juan O\u2019Gorman trajo las miles de piedras de colores que cubren los muros de la Biblioteca Central. El Estadio Ol\u00edmpico nos hizo felices tanto por la belleza de sus l\u00edneas como porque los Pumas y los Pumitas met\u00edan gol, y ese grito de\u00a0<q>\u00a1gol!<\/q>\u00a0tambi\u00e9n lo dio Carlos Fuentes, quien ya hab\u00eda canjeado la abogac\u00eda por una de las escrituras m\u00e1s briosas y fragantes del continente. A Fuentes, ning\u00fan sol derriti\u00f3 sus laderas, ninguna\u00a0<q>cortinita de nopal<\/q>\u00a0impidi\u00f3 que atravesara oc\u00e9anos, ninguna cr\u00edtica logr\u00f3 detener su camino ascendente.<\/p>\n<p>El astr\u00f3nomo Guillermo Haro lo invit\u00f3 a escribir en el observatorio de Tonantzintla, que en Puebla se yergue en una peque\u00f1a loma a un lado del cielo barroco de la iglesia de Santa Mar\u00eda Tonantzintla, y ah\u00ed, bajo esos dos cielos \u2013uno creado por manos ind\u00edgenas y otro para ojos cient\u00edficos\u2013 naci\u00f3\u00a0<em>Cambio de piel,<\/em>\u00a0en 1967. Visitamos juntos la pir\u00e1mide de Cholula y entramos en sus t\u00faneles. Fuentes ya hab\u00eda descubierto que vivir\u00eda en la punta de la pir\u00e1mide. Ya\u00a0<em>La regi\u00f3n m\u00e1s transparente<\/em>\u00a0hab\u00eda atravesado el oc\u00e9ano. Fernando Ben\u00edtez fue el primero en subir a bordo: \u201cHermanito, eres un genio; hermanito, nadie como t\u00fa; hermanito, tuyo es el gran valle de\u00a0<em>M\u00e9xico en la Cultura\u201d.<\/em>\u00a0En 1954,\u00a0<em>Los d\u00edas enmascarados<\/em>\u00a0hab\u00edan zarpado porque como cantaba el propio Fuentes,\u00a0<q>en el mar, la vida es m\u00e1s sabrosa; en el mar se vive mucho m\u00e1s<\/q>.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<div class=\"foto\">\n<div class=\"pie-foto\">Elena Poniatowska, durante un homenaje a Carlos Fuentes realizado en enero de 2000.<\/div>\n<\/div>\n<p>Veracruz y Fuentes ten\u00edan todo en com\u00fan. Muy joven, el novelista se hizo due\u00f1o de una disciplina parecida a la del seminarista de Stendhal en\u00a0<em>El rojo y el negro.<\/em>\u00a0Escribir con un solo dedo, desvelarse y desma\u00f1anarse frente a la p\u00e1gina en blanco, alimentarse poco, entusiasmarse y vivir al rojo vivo dio resultados inesperados que mucho tienen que ver con la tinta negra del cielo de Tonantzintla y su profusi\u00f3n de luces. Fuentes no s\u00f3lo observ\u00f3 el cielo, sino la vida de quienes habitan viviendas casi vac\u00edas. Trescientas sesenta y cinco iglesias y capillas, cuyos campanarios resuenan con tristeza, le dieron su bendici\u00f3n. Fuentes se sent\u00f3 a escribir frente a un \u00e1spero escritorio de esos que duran una eternidad y ante un ventanal mir\u00f3 d\u00eda tras d\u00eda a la Iztacc\u00edhuatl y al Popocat\u00e9petl.<\/p>\n<p>En Tonantzintla, las tortillas proven\u00edan de un ma\u00edz ca\u00eddo del cielo, porque eran azules. Los volcanes custodiaban al joven novelista, y cuando la actriz Rita Macedo los vio por primera vez, nos sorprendi\u00f3 al exclamar:\u00a0<q>Mira, Fuentes, igualito al tel\u00f3n de Bellas Artes<\/q>. D\u00eda tras d\u00eda, mes tras mes, a\u00f1o tras a\u00f1o, Fuentes aliment\u00f3 su vocaci\u00f3n de carb\u00f3n ardiente, su agilidad de flecha al sol; la energ\u00eda de\u00a0<em>La regi\u00f3n m\u00e1s transparente,<\/em>\u00a0publicada en 1958, cruz\u00f3 otros cielos. William Styron, Susan Sontag, Juan Goytisolo, Julio Cort\u00e1zar, Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez y todas las editoriales saludaron su aparici\u00f3n en el cielo o en el infierno de la literatura universal, como antes lo hab\u00eda abrazado su gran interlocutor Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. Nosotros, los primerizos, sab\u00edamos de Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n y de Nelly Campobello, pero muy poco del M\u00e9xico surgido a ra\u00edz de la Revoluci\u00f3n, el de Federico Robles, quien la transform\u00f3 en su cuenta bancaria. M\u00e9xico salud\u00f3 a Carlos Fuentes, quien a su vez, desprendido y admirativo, en\u00e9rgico (tres de sus grandes cualidades), recibi\u00f3 a Octavio Paz cuando Octavio, tercer secretario de la embajada de M\u00e9xico en Francia, regres\u00f3 en 1954. Fuentes le ofreci\u00f3 una fiesta memorable, sobre todo para m\u00ed, porque apenas empezaba a colaborar en\u00a0<em>Exc\u00e9lsior.<\/em><\/p>\n<p>En una reuni\u00f3n de esas que\u00a0<q>inmortalizan<\/q>\u00a0los reporteros en las p\u00e1ginas de Sociales, don Rafael Fuentes me coment\u00f3:\u00a0<q>Antes era yo el se\u00f1or embajador; ahora soy el pap\u00e1 de Carlos Fuentes<\/q>. Aqu\u00ed mismo quisiera dejar constancia de lo mucho que Fuentes am\u00f3 a su padre, as\u00ed como a\u00f1os m\u00e1s tarde, Cecilia, su hija, habr\u00eda de amar a su abuela, Berta Mac\u00edas de Fuentes.<\/p>\n<p>A ra\u00edz del triunfo de\u00a0<em>La regi\u00f3n m\u00e1s transparente,\u00a0<\/em>cr\u00edticos y admiradores siguieron la vocaci\u00f3n de un autor de tiempo completo. Su talento lo lanz\u00f3 a la gran literatura de nuestro planeta. Su presencia fue requerida en universidades de los cinco continentes. Su escritura abri\u00f3 una puerta a un inter\u00e9s in\u00e9dito por M\u00e9xico y su literatura.<\/p>\n<p>En M\u00e9xico, la adoraci\u00f3n se afila con cuchillos de carnicero. Imposible entregarse a la propia obra sin pasar por el altar de los sacrificios, imposible mantenerse ileso entre el amor y el odio, pasiones tan diversas como las siete plagas.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os 50, a pesar del miedo al rechazo, muchas Rosarios Castellanos, Elenas Garro, Guadalupes Due\u00f1as, Josefinas Vicens, Alines Pettersons se lanzaron, pero todav\u00eda hoy nadie sabe d\u00f3nde est\u00e1 enterrada Nelly Campobello, la \u00fanica autora de la Revoluci\u00f3n Mexicana. A Pita Amor, la Liga de la Decencia la rega\u00f1\u00f3 dici\u00e9ndole que no se pod\u00eda recitar a San Juan de Dios con un escote hasta el ombligo. M\u00e1s tarde, la Diana Cazadora habr\u00eda de abrazar con su desnudez la glorieta del Paseo de la Reforma, y los mirones, felices, festejamos la libertad de sus senos y sus brazos abiertos. Jesusa Palancares, Lupe Mar\u00edn, Tina Modotti, Leonora Carrington, Remedios Varo, Mar\u00eda F\u00e9lix, Dolores del R\u00edo, muchas\u00a0<q>Mar\u00eda Candelaria<\/q>, muchas\u00a0<q>To\u00f1a Machetes<\/q>, invadieron mis letras entregadas a la editorial Era.<\/p>\n<p>Mis tres hijos y yo reflejamos lo que el estrellero Guillermo Haro quiso ense\u00f1arnos en el cielo, primero en el de Tonant-zintla y luego en el de San Pedro M\u00e1rtir, en California. Curiosamente, una sierra llamada La Elenita se re\u00fane en lo alto con el Pico del Diablo, y desde lo alto del Pico del Diablo se ven dos mares, el de Cort\u00e9s y el oc\u00e9ano Pac\u00edfico.<\/p>\n<p>Guillermo Haro nos ense\u00f1\u00f3 a amar con veneraci\u00f3n los frutos, las estrellas y los volcanes de M\u00e9xico. Devolver algo de lo mucho que hemos recibido es un gusto enorme. Habr\u00eda yo deseado abrazar a Jes\u00fas S\u00e1nchez Garc\u00eda, quien me abri\u00f3 las rejas del\u00a0<em>Palacio Negro\u00a0<\/em>de Lecumberri, la c\u00e1rcel preventiva de la Ciudad de M\u00e9xico de la que saqu\u00e9 un sinf\u00edn de relatos que se volvieron tambi\u00e9n una gu\u00eda de vida. Hablar en 1959 con los ferrocarrileros presos, y en 1968 con los estudiantes encarcelados, me permiti\u00f3 escuchar tambi\u00e9n no s\u00f3lo a los j\u00f3venes presos, sino a obreros, as\u00ed como a\u00f1os m\u00e1s tarde o\u00ed en la c\u00e1rcel la voz del carpintero Alberto Lumbreras y la del l\u00edder oaxaque\u00f1o Demetrio Vallejo, que era tan adictiva como la de Juan Gabriel.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div id=\"interstitialdfpportadas\" data-google-query-id=\"CIjizbSWv4IDFfr4_QUdUsoPCA\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/70932171\/interstitial_editorial_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Un recuerdo de Carlos Fuentes Elena Poniatowska Recordar\u00a0los triunfos de Carlos Fuentes siempre es para la comunidad literaria un gusto enorme. 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