{"id":34647,"date":"2023-11-17T13:36:46","date_gmt":"2023-11-17T19:36:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34647"},"modified":"2023-11-17T13:36:46","modified_gmt":"2023-11-17T19:36:46","slug":"los-jovenes-se-alejan-decididos-a-explorar-paris-a-traves-de-sus-vitrinas-de-reojo-con-desden-ven-al-grupo-de-clochards","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34647","title":{"rendered":"Los j\u00f3venes se alejan, decididos a explorar Par\u00eds a trav\u00e9s de sus vitrinas. De reojo, con desd\u00e9n, ven al grupo de\u00a0clochards"},"content":{"rendered":"<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">Las vitrinas de Par\u00eds<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Vilma Fuentes<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Dos hombres j\u00f3venes, entre los\u00a020 y 30 a\u00f1os, llevan un buen rato de pie frente a una de las m\u00faltiples vitrinas de las calles de Par\u00eds. Mientras la observan, se\u00f1alando con sus dedos tal o cual objeto exhibido en el escaparate, discuten con pasi\u00f3n. La curiosidad me retiene a unos metros de ellos tratando de comprender qu\u00e9 discuten. Por fortuna, hablan en franc\u00e9s y puedo entenderlos. Un ligero acento me deja pensar que la lengua francesa no es la suya. Si la utilizan es, sin duda, porque sus respectivos idiomas son distintos y el franc\u00e9s debe serles com\u00fan. El m\u00e1s alto, un rubio, me parece provenir de alg\u00fan pa\u00eds del Este de Europa. El otro, un moreno con una barba que le esconde el ment\u00f3n y parte del cuello, da la impresi\u00f3n de ser originario de un pa\u00eds \u00e1rabe de \u00c1frica del Norte: Argelia, Marruecos, T\u00fanez.<\/div>\n<p>Tanta atenci\u00f3n ponen en la vitrina que puedo acercarme a ellos para escucharlos mejor. Desapercibida por sus ojos, me adapto a mi confortable posici\u00f3n de invisibilidad tan propicia a los esp\u00edas. Cuando no alzan los brazos para se\u00f1alar los objetos exhibidos en el escaparate, se tocan con familiaridad en los hombros, la espalda, con ligeros golpecillos que revelan la proximidad entre ambos. Debe unirlos la soledad de cada uno en una ciudad a la que llegan de sus lejanos pa\u00edses. Su encuentro pudo darse en la calle, en uno de los centros para acoger inmigrantes, en uno de esos lugares donde se distribuyen las\u00a0<q>sopas populares<\/q>. El m\u00e1s alto lleva la chamarra abierta y parece no sentir el fr\u00edo de oto\u00f1o que sufre el otro, quien trata de controlar el temblor provocado por la baja temperatura dando otra vuelta a su bufanda alrededor del cuello.<\/p>\n<p>El tema de su apasionada discusi\u00f3n es si la vitrina es la de una farmacia. Uno y otro dudan, cambian de opini\u00f3n. Cuando el rubio afirma que se trata de una farmacia, el moreno lo contradice. Cuando el africano se\u00f1ala hacia lo alto de la tienda la luminosa cruz verde, ense\u00f1a de las farmacia, el rubio muestra con su \u00edndice los productos coquetamente dispuestos para atraer la atenci\u00f3n de un posible comprador.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>En efecto, la situaci\u00f3n es desconcertante. Los objetos exhibidos son perfumes, jabones de marca, aguas de colonia, cremas para la piel de todo tipo, ositos de peluche, espejos, cajitas de maquillajes, tijeras&#8230; Unos p\u00f3sters anuncian p\u00edldoras para rejuvenecer y acabar las arrugas en 15 d\u00edas.<\/p>\n<p>Mientras los escucho discutir, me pregunto qu\u00e9 pensar\u00edan de las farmacias de la Ciudad de M\u00e9xico, donde se venden refrescos y cigarros. Cierto, tales o cuales objetos, poco t\u00edpicos de un establecimiento dedicado a la medicina, no son exhibidos tras los vidrios de las vitrinas como se hace en Francia. Pero cada pa\u00eds tiene sus reglas y sus costumbres&#8230;<\/p>\n<p>Los j\u00f3venes se alejan, decididos a explorar Par\u00eds a trav\u00e9s de sus vitrinas. Miran de reojo, con un dejo de desd\u00e9n, al grupo de\u00a0<em>clochards\u00a0<\/em>que tiene tertulia abierta d\u00eda y noche alrededor de una fuente en la plaza Maubert. Los reci\u00e9n inmigrados desv\u00edan con rapidez la vista, acaso por temor a un futuro semejante al de los vagabundos celestes o para marcar las distancias con seres inferiores. Despu\u00e9s de todo, cada quien se sit\u00faa como se le antoja en su particular e imaginaria jerarqu\u00eda social.<\/p>\n<p>Me deja pensativa la idea de conocer una ciudad a trav\u00e9s de sus vitrinas. A fin de cuentas, en un escaparate se exhibe la imagen que desea presentarse al otro, a los otros. Especie de\u00a0<em>strip-tease\u00a0<\/em>del esp\u00edritu de una metr\u00f3polis, existen las ciudades p\u00fadicas, introvertidas, donde las vitrinas son escasas. Abundantes en algunos barrios de \u00c1msterdam con sus atractivas prostitutas expuestas tras los cristales a la posible clientela: escaparates luminosos, cuyas cortinas se cierran de vez en cuando durante los minutos consagrados al comercio del amor. En la ciudad de Par\u00eds, no hay callejuela ni avenida sin vitrinas. Los productos se exhiben con verdadera maestr\u00eda, capaz de transformar al\u00a0<q>sapo en rosa<\/q>.<\/p>\n<p class=\"email\"><a href=\"mailto:%76%69%6c%6d%61%66%75%65%6e%74%65%73%32%32@%67%6d%61%69%6c.%63%6f%6d\">vilmafuentes22@gmail.com<\/a><\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las vitrinas de Par\u00eds Vilma Fuentes Dos hombres j\u00f3venes, entre los\u00a020 y 30 a\u00f1os, llevan un buen rato de pie frente a una de las m\u00faltiples vitrinas de las calles de Par\u00eds. Mientras la observan, se\u00f1alando con sus dedos tal o cual objeto exhibido en el escaparate, discuten con pasi\u00f3n. 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