{"id":34905,"date":"2023-12-04T14:29:49","date_gmt":"2023-12-04T20:29:49","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34905"},"modified":"2023-12-04T14:29:49","modified_gmt":"2023-12-04T20:29:49","slug":"henry-kissinger-llego-a-100-anos-lo-festejaron-como-si-fuera-el-siglo-estadunidense-encarnado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=34905","title":{"rendered":"Henry Kissinger lleg\u00f3 a 100 a\u00f1os,  lo festejaron como si fuera el siglo estadunidense encarnado"},"content":{"rendered":"<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont actuality\">\n<div class=\"series\">Kissinger<\/div>\n<div class=\"sumarios\">\n<p><q>El estadunidense por excelencia<\/q><\/p>\n<\/div>\n<div class=\"cabeza\">De la crueldad al servilismo<\/div>\n<div class=\"sumarios\">\n<p>Su relativismo era un instrumento de creaci\u00f3n de s\u00ed mismo y, por lo tanto, de progreso personal<\/p>\n<\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"foto\">\n<div class=\"pie-foto\"><q>Arresten a Henry Kissinger por delitos de guerra<\/q>, gritaban manifestantes<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"foto\">\n<div class=\"pie-foto\">Greg Grandin*<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"col\">\n<div class=\"credito-titulo\"><\/div>\n<div class=\"hemero\">La Jornada<\/p>\n<\/div>\n<p class=\"s-s\">Henry Kissinger ha muerto. Lleg\u00f3 a 100 a\u00f1os y en los \u00faltimos de su vida pol\u00edticos, escritores y celebridades lo festejaron como si fuera el siglo estadunidense encarnado. En cierta forma lo fue. Antes, en tiempos m\u00e1s cr\u00edticos, lo acusaron de muchas cosas malas. Ahora que se ha ido, sus cr\u00edticos tendr\u00e1n oportunidad de retomar las acusaciones. Christopher Hitchens, quien fundament\u00f3 el argumento de que el ex secretario de Estado deber\u00eda ser tratado como criminal de guerra, tambi\u00e9n est\u00e1 muerto. Pero hay una larga lista de testigos de cargo: reporteros, historiadores y abogados ansiosos de proporcionar antecedentes sobre cualquiera de las acciones de Kissinger en Camboya, Laos, Vietnam, Timor Oriental, Bangladesh, contra los kurdos, en Chile, Argentina, Uruguay y Chipre, entre otros lugares.<\/p>\n<p>Se han escrito decenas de libros sobre el hombre, pero\u00a0<em>El precio del poder<\/em>, de Seymour Hersh, publicado en 1983, sigue siendo el que los bi\u00f3grafos del futuro tendr\u00e1n que superar. Hersch proporcion\u00f3 el retrato definitorio de Kissinger como un paranoico engre\u00eddo, que iba de la crueldad al servilismo para avanzar en su carrera. Peque\u00f1o en sus vanidades y mezquino en sus motivos, Kissinger, en manos de Hersch, es de todos modos shakespeariano porque la peque\u00f1ez se desarrolla en un escenario mundial, con consecuencias \u00e9picas.<\/p>\n<p>Kissinger tiene muchos devotos, y sin duda muchos de sus obituarios demandar\u00e1n equilibrio. Las transgresiones, dir\u00e1n, se tienen que sopesar contra los logros:\u00a0<em>det\u00e9nte<\/em>\u00a0y subsecuentes tratados de armas con la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, apertura de la China comunista, y su diplomacia de enlace con Medio Oriente. Es en ese momento cuando las consecuencias de muchas de sus pol\u00edticas ser\u00e1n redefinidas como\u00a0<q>controversias<\/q>\u00a0y consignadas a la opini\u00f3n, m\u00e1s que a los hechos. En la secuela de la presidencia de Donald Trump, con el mundo convulsionado por nuevas guerras de conquista, la\u00a0<q>sobria<\/q>\u00a0destreza pol\u00edtica de Kissinger es, seg\u00fan han afirmado varios comentaristas, m\u00e1s necesaria que nunca.<\/p>\n<p>Nacido en F\u00fcrth, Alemania, Kissinger lleg\u00f3 a Estados Unidos en 1938, cuando su familia huy\u00f3 de los nazis, y las semblanzas de su vida destacar\u00e1n su condici\u00f3n de extranjero. Nixon lo llamaba\u00a0<q>chico jud\u00edo<\/q>. Se dice a menudo que la visi\u00f3n del mundo de Kissinger, descrita convencionalmente como favorecedora de la estabilidad y la promoci\u00f3n de los intereses nacionales por encima de ideas abstractas como la democracia y los derechos humanos, choca con la percepci\u00f3n que Estados Unidos tiene de s\u00ed mismo como una naci\u00f3n excepcional, intr\u00ednsecamente buena.<\/p>\n<p>Sin embargo, visualizarlo como un extra\u00f1o que no entonaba con las cuerdas del excepcionalismo estadunidense yerra el punto con \u00e9l. De hecho, era el estadunidense por excelencia, con un marco mental acomodado a su lugar y su tiempo.<\/p>\n<p>En los obituarios por venir, Kissinger ser\u00e1 llamado\u00a0<q>realista<\/q>. Ser\u00eda apropiado si el realismo se define como mantener una visi\u00f3n pesimista de la naturaleza humana y una creencia en que el poder es necesario para imponer orden en las relaciones sociales an\u00e1rquicas.<\/p>\n<p>Pero, si se toma el realismo como una visi\u00f3n del mundo en la que\u00a0<q>la verdad<\/q>\u00a0de los hechos se puede descubrir observ\u00e1ndolos, entonces Kissinger no era realista. M\u00e1s bien, a menudo se declaraba a favor de lo que la derecha actual denuncia como relativismo radical: sosten\u00eda que no existe la verdad absoluta, ninguna verdad aparte de lo que pudiera deducirse de la solitaria perspectiva de cada quien. \u201cEl significado representa la emanaci\u00f3n de un contexto metaf\u00edsico;\u00a0<q>todo hombre, en cierto sentido, crea su cuadro del mundo<\/q>, escribi\u00f3. La verdad, dijo Kissinger, no se encuentra en los hechos, sino en las preguntas que hacemos sobre esos hechos. El significado de la historia es\u00a0<q>inherente en la naturaleza de nuestra pesquisa<\/q>.<\/p>\n<p>Esta especie de subjetivismo flotaba en el aire en la posguerra y en sus primeros escritos Kissinger no sonaba distinto a Jean-Paul Sartre, cuya influyente conferencia sobre el existencialismo fue publicada en ingl\u00e9s en 1947 (y citada por Kissinger en\u00a0<em>El sentido de la historia<\/em>). Cuando Kissinger insisti\u00f3 en que los individuos ten\u00edan la\u00a0<q>opci\u00f3n<\/q>\u00a0de actuar con\u00a0<q>responsabilidad<\/q>\u00a0hacia otros, parec\u00eda absolutamente sartreano, haciendo eco a la creencia del fil\u00f3sofo radical franc\u00e9s de que, puesto que la moralidad no puede imponerse desde fuera, sino que viene del interior, cada individuo\u00a0<q>es responsable del mundo<\/q>. Kissinger, sin embargo, tom\u00f3 un camino muy distinto al de Sartre y otros intelectuales disidentes, y eso fue lo que volvi\u00f3 excepcional a su existencialismo: no lo usaba para protestar contra la guerra, sino para justificarla.<\/p>\n<p>En cada uno de los puntos de inflexi\u00f3n de Estados Unidos despu\u00e9s de la Segunda Guerra Mundial, momentos de crisis en los que hombres de buena voluntad empezaron a expresar dudas respecto al poder\u00edo estadunidense, Kissinger parti\u00f3 en la direcci\u00f3n opuesta. Hizo las paces con Nixon, a quien en un principio consideraba inestable; luego con Ronald Reagan, a quien en un principio consideraba hueco, y despu\u00e9s con los neoconservadores de George W. Bush, pese a que todos llegaron al poder atacando a Kissinger, y finalmente con Donald Trump, a quien Kissinger imaginaba fantasiosamente como la realizaci\u00f3n de su creencia de que la grandeza de los grandes estadistas reside en su espontaneidad, su agilidad, su capacidad de prosperar en el caos, en\u00a0<q>la perpetua creaci\u00f3n, en una constante redefinici\u00f3n de objetivos<\/q>, como escribi\u00f3 en la d\u00e9cada de 1950.<\/p>\n<p>\u201cHay dos clases de realistas \u2013escribi\u00f3 a principios de la d\u00e9cada de los 60\u2013: los que manipulan los hechos y los que los crean. Occidente no requiere nada tanto como hombres capaces de crear su propia realidad\u201d. Trump, el presidente de\u00a0<em>reality-show<\/em>, sin duda crea su propia realidad. Kissinger lo llam\u00f3\u00a0<q>un fen\u00f3meno<\/q>, al considerar que\u00a0<q>algo notable y nuevo<\/q>\u00a0podr\u00eda surgir de su presidencia.<\/p>\n<p>De Rockefeller a Nixon, de Nixon a Reagan, de Reagan a George W. Bush, de George W. Bush a Trump: fortalecido por su mezcla poco com\u00fan de dolor y alegr\u00eda, Kissinger no titube\u00f3 jam\u00e1s. El dolor lo llev\u00f3, como conservador, a privilegiar el orden sobre la justicia. La alegr\u00eda lo indujo a pensar que tal vez podr\u00eda, por la fuerza de su voluntad y su intelecto, anticiparse a lo tr\u00e1gico y reclamar libertad, aunque fuera por un momento fugaz. El existencialismo de Kissinger ech\u00f3 los cimientos de la forma en que defender\u00eda sus pol\u00edticas posteriores: pol\u00edticas que acarrearon muerte, destrucci\u00f3n y miseria a millones de personas. Si la historia ya es tragedia, y la vida es sufrimiento, entonces la absoluci\u00f3n viene con un encogimiento de hombros, aburrido del mundo. No es mucho lo que un individuo puede hacer para volver las cosas peores de lo que son.<\/p>\n<p>Antes de que fuera un instrumento de autojustificaci\u00f3n, el relativismo de Kissinger era un instrumento de creaci\u00f3n de s\u00ed mismo y, por consiguiente, de progreso personal. Kissinger era diestro en ser todo para toda la gente, en particular gente de un puesto m\u00e1s alto:\u00a0<q>No le dir\u00e9 lo que soy<\/q>, dijo en su famosa entrevista con Oriana Fallaci;\u00a0<q>nunca se lo dir\u00e9 a nadie<\/q>. El mito en torno a \u00e9l es que le disgustaba el desorden de la pol\u00edtica de los modernos grupos de inter\u00e9s, que sus talentos se habr\u00edan realizado mejor si hubieran sido liberados de responsabilidad por el descuido de la democracia de masas. En realidad, sin embargo, fue s\u00f3lo por la democracia de masas, con sus casi infinitas oportunidades de reinvenci\u00f3n, que Kissinger fue capaz de escalar hacia las alturas.<\/p>\n<p>Producto de la nueva meritocracia de posguerra, Kissinger aprendi\u00f3 con rapidez a manipular periodistas y cultivar a las \u00e9lites, para las cuales se volvi\u00f3 indispensable, e influir en la opini\u00f3n p\u00fablica para ganar ventaja. En un lapso notablemente corto, y a una edad asombrosamente temprana (ten\u00eda 45 a\u00f1os en 1968, cuando Nixon le pidi\u00f3 ser su consejero de seguridad nacional), hab\u00eda arrebatado el aparato de seguridad nacional al\u00a0<em>establishment\u00a0<\/em>de los\u00a0<q>hombres del este<\/q>. No obstante, al considerar el mundo que Kissinger deja atr\u00e1s, es importante enfocarnos, no en su desmesurada personalidad, sino en el desmesurado papel que desempe\u00f1\u00f3 en la historia de la posguerra.<\/p>\n<p>Desde finales de la Segunda Guerra Mundial hasta principios de la\u00a0<em>guerra fr\u00eda<\/em>, ha habido muchas versiones del Estado de seguridad nacional. Pero un momento transformador de la evoluci\u00f3n de ese Estado ocurri\u00f3 a finales de los 60 y principios de los 70, cuando las pol\u00edticas de Kissinger, en especial su guerra de cuatro a\u00f1os en Camboya, lanzada en secreto, precipit\u00f3 su desintegraci\u00f3n, socavando los fundamentos tradicionales \u2013planeaci\u00f3n elitista, consenso bipartidista y apoyo p\u00fablico\u2013 en los que se asentaba. Junto con Nixon, Kissinger dio la bienvenida a esta desintegraci\u00f3n:\u00a0<q>Tenemos que quebrar la espalda de esta generaci\u00f3n de l\u00edderes dem\u00f3cratas<\/q>, dijo a Nixon, cuando ambos maquinaban usar la pol\u00edtica exterior para obtener ganancias dom\u00e9sticas. Nixon respondi\u00f3: \u201cTenemos que destruir la confianza de la gente en el\u00a0<em>establishment<\/em>\u00a0estadunidense\u201d.\u00a0<q>Es correcto<\/q>, contest\u00f3 Kissinger.<\/p>\n<p class=\"sumario\">Restauraci\u00f3n de la presidencia imperial<\/p>\n<p class=\"s-s\">Pero aun cuando la ruptura del viejo aparato de seguridad nacional avanzaba con rapidez, Kissinger ayud\u00f3 a reconstruirlo en una nueva forma: restaur\u00f3 la presidencia imperial con base en despliegues de violencia cada vez m\u00e1s espectaculares, un sigilo m\u00e1s intenso y un uso incrementado de la guerra y el militarismo para promover la disidencia interna y la polarizaci\u00f3n con objeto de sacar provecho pol\u00edtico. Las guerras de Estados Unidos en el sureste de Asia destruyeron la capacidad de pasar por alto las consecuencias de las acciones de Washington en el mundo. La cortina se descorr\u00eda y, al parecer, en todas partes la relaci\u00f3n de causa y efecto estaba quedando a la vista: en la informaci\u00f3n de Hersch y otros periodistas de investigaci\u00f3n sobre los cr\u00edmenes de guerra estadunidenses; en los estudios de una nueva generaci\u00f3n que cuestionaba a los historiadores; en pel\u00edculas documentales como\u00a0<em>El a\u00f1o del cerdo<\/em>, de Emile de Antonio, y\u00a0<em>Corazones y mentes<\/em>, de Peter David; entre antiguos fieles ap\u00f3statas, como Daniel Ellsberg; en el disenso de intelectuales como Noam Chomsky. Peor a\u00fan, el sentido de que Estados Unidos era una fuente de muchas cosas buenas y malas en el mundo comenz\u00f3 a filtrarse en la cultura popular, en novelas, pel\u00edculas e incluso c\u00f3mics, adoptando la forma de un escepticismo y antimilitarismo generalizado.<\/p>\n<p>Kissinger ayud\u00f3 a que la presidencia imperial se adaptara a este nuevo cinismo. Era un maestro en promover el planteamiento de que las pol\u00edticas de Estados Unidos y la violencia y desorden que existen fuera de sus fronteras no tienen ninguna relaci\u00f3n, en especial cuando se trataba de responder de las consecuencias de sus acciones. \u00bfCamboya?\u00a0<q>Fue Hanoi<\/q>, escribe Kissinger, apuntando a los norvietnamitas para justificar su campa\u00f1a de cuatro a\u00f1os de bombardeos en esa naci\u00f3n neutral. \u00bfChile? Ese pa\u00eds, dice en defensa de su conjura para el golpe contra Salvador Allende, \u201cestaba \u2018desestabilizado\u2019, no por nuestras acciones, sino por su propio presidente constitucional\u201d. \u00bfLos kurdos?\u00a0<q>Una tragedia<\/q>, dice el hombre que se los puso en bandeja a Saddam Hussein, esperando que Irak se alejara de los sovi\u00e9ticos. \u00bfTimor Oriental?\u00a0<q>Creo que ya hemos escuchado suficiente sobre Timor<\/q>.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n \u00fatil para la armadura de la presidencia imperial era lo que podemos llamar el existencialismo imperial de Kissinger, que ayud\u00f3 a restaurar un mecanismo de negaci\u00f3n, una forma de neutralizar el torrente de informaci\u00f3n que se estaba poniendo al alcance del p\u00fablico respecto a las acciones estadunidenses en el mundo\u2026 y los a menudo desdichados resultados de esas acciones. Reporteros y acad\u00e9micos podr\u00edan desenterrar hechos dif\u00edciles de contradecir que demostraban que el derrocamiento de cualquier gobierno democr\u00e1tico o el financiamiento de reg\u00edmenes represivos generaba consecuencias negativas. Pero Kissinger nunca titubeaba en su insistencia en que el pasado no deber\u00eda limitar las opciones de Estados Unidos en el futuro. Las grandes potencias, como los grandes hombres, son absolutamente libres: libres no s\u00f3lo de supervisi\u00f3n moral, sino tambi\u00e9n de la l\u00f3gica causal que podr\u00eda ligar acciones pasadas a problemas presentes. Los obituarios mencionar\u00e1n c\u00f3mo la hostilidad de los conservadores hacia las pol\u00edticas de Kissinger \u2013<em>d\u00e9tente\u00a0<\/em>con Rusia, apertura hacia China\u2013 ayudaron a impulsar el primer intento verdadero de Ronald Reagan por llegar a la presidencia en 1976. Y trazar\u00e1n una distinci\u00f3n entre su marca de pol\u00edticas de poder supuestamente de mano dura y el\u00a0<q>idealismo<\/q>\u00a0de los neoconservadores que nos condujo a los fiascos de Afganist\u00e1n e Irak.<\/p>\n<p>Y es probable que pasen por alto la forma en que Kissinger sirvi\u00f3 no s\u00f3lo para contrastar posturas pol\u00edticas, sino tambi\u00e9n para habilitar a la nueva derecha. En el curso de su carrera, promovi\u00f3 una serie de premisas que ser\u00eda adoptada y extendida por intelectuales y pol\u00edticos neoconservadores: que las corazonadas, conjeturas, la voluntad y la intuici\u00f3n son tan importantes como los hechos y la dura inteligencia para guiar las pol\u00edticas; que demasiado conocimiento puede debilitar la resoluci\u00f3n; que la pol\u00edtica exterior ten\u00eda que ser arrancada de las manos de expertos y bur\u00f3cratas y entregada a hombres de acci\u00f3n, y que el principio de autodefensa (definido a grandes rasgos para abarcar casi cualquier cosa) anula el ideal de soberan\u00eda. Al hacerlo, Kissinger desempe\u00f1\u00f3 su parte en mantener rodando siempre hacia adelante la gran rueda del militarismo estadunidense.<\/p>\n<p>Ning\u00fan ex consejero de seguridad nacional o secretario de Estado ha tenido tanta influencia despu\u00e9s de dejar el cargo como Kissinger, y no s\u00f3lo a trav\u00e9s de su constante defensa de la guerra (incluyendo Panam\u00e1 y el golfo P\u00e9rsico). Reagan lo integr\u00f3 a su comit\u00e9 presidencial sobre Centroam\u00e9rica, que justific\u00f3 la pol\u00edtica de l\u00ednea dura en la regi\u00f3n; George H. W. Bush nombr\u00f3 a varios de sus protegidos, entre ellos Lawrence Eagleburger y Brent Scowcroft, en altos puestos de pol\u00edtica exterior, y Bill Clinton recab\u00f3 la ayuda de Kissinger para impulsar en el Congreso el Tratado de Libre Comercio de Am\u00e9rica del Norte.<\/p>\n<p>Kissinger Associates, firma privada de consultores, se benefici\u00f3 de los efectos secundarios de sus pol\u00edticas p\u00fablicas. En 1975, por ejemplo, Kissinger, como secretario de Estado, ayud\u00f3 a Union Carbide a instalar su planta de productos qu\u00edmicos en Bhopal, India, trabajando con el gobierno indio y ayudando a conseguir un pr\u00e9stamo del Export-Import Bank de United States para cubrir una porci\u00f3n importante de la construcci\u00f3n de la planta. Luego, despu\u00e9s del desastroso derrame de productos qu\u00edmicos de la planta, en 1984, Kissinger Associates represent\u00f3 a Union Carbide para negociar, en 1989, un convenio extrajudicial por 470 millones de d\u00f3lares para v\u00edctimas del derrame. El monto era insignificante en relaci\u00f3n con la escala del desastre, que caus\u00f3 casi 4 mil muertes inmediatas y expuso a otro medio mill\u00f3n de personas a gases t\u00f3xicos. En Am\u00e9rica Latina y Europa del este, Kissinger Associates ayud\u00f3 a negociar lo que uno de sus empleados llam\u00f3 la\u00a0<q>venta en masa<\/q>\u00a0de servicios p\u00fablicos e industrias, una gran barata que en muchos pa\u00edses fue iniciada por dictadores y reg\u00edmenes militares apoyados por Kissinger.<\/p>\n<p>Desde luego, \u00e9l no es el \u00fanico responsable de la evoluci\u00f3n del Estado de seguridad nacional estadunidense en la m\u00e1quina de movimiento perpetuo en que se ha convertido hoy d\u00eda. Esa historia, que empez\u00f3 con la Ley de Seguridad Nacional de 1947 y se mantuvo durante la\u00a0<em>guerra fr\u00eda<\/em>\u00a0y la actual\u00a0<q>guerra al terror<\/q>, comprende muchos episodios diferentes y es protagonizada por muchos individuos distintos. Pero la carrera de Kissinger se extiende a trav\u00e9s de d\u00e9cadas como una brillante l\u00ednea roja, arrojando luz espectral sobre el camino que nos ha llevado adonde estamos ahora, desde las junglas de Vietnam y Camboya hasta las arenas del golfo P\u00e9rsico, el callej\u00f3n sin salida en Ucrania y la bancarrota moral en Gaza.<\/p>\n<p>Por lo menos, podemos aprender de Kissinger, quien apoy\u00f3 sin reservas la primera y la segunda guerras del Golfo, y todas las guerras habidas entre ambas y despu\u00e9s de ellas, que los dos conceptos definitorios de la pol\u00edtica exterior de Estados Unidos \u2013realismo e idealismo\u2013 no son valores necesariamente opuestos; m\u00e1s bien, se refuerzan entre s\u00ed. El idealismo nos lleva hacia el cenagal del momento; el realismo nos mantiene all\u00ed, prometiendo sacarnos, y luego el idealismo regresa renovado para justificar el realismo y superarlo en la siguiente ronda. Y as\u00ed sucesivamente.<\/p>\n<p>* Greg Grandin ocupa la c\u00e1tedra Peter V. y C. Vann Woodward de historia en la Universidad Yale y es autor de\u00a0<em>The End of the Myth<\/em>\u00a0(<em>El fin del mito<\/em>), libro ganador del Premio Pulitzer 2000 por no ficci\u00f3n general.<\/p>\n<p>Publicado originalmente en\u00a0<em>The Nation\u00a0<\/em><a href=\"https:\/\/www.thenation.com\/article\/world\/henry-kissinger-obituary\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">https:\/\/www.thenation.com\/article\/world\/henry-kissinger-obituary\/<\/a><\/p>\n<p>Traducci\u00f3n: Jorge Anaya<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div id=\"interstitialdfpportadas\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Kissinger El estadunidense por excelencia De la crueldad al servilismo Su relativismo era un instrumento de creaci\u00f3n de s\u00ed mismo y, por lo tanto, de progreso personal Arresten a Henry Kissinger por delitos de guerra, gritaban manifestantes Greg Grandin* La Jornada Henry Kissinger ha muerto. 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