{"id":35003,"date":"2023-12-11T12:32:52","date_gmt":"2023-12-11T18:32:52","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35003"},"modified":"2023-12-11T12:32:52","modified_gmt":"2023-12-11T18:32:52","slug":"louis-panabierre","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35003","title":{"rendered":"Louis Panabierre"},"content":{"rendered":"<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">El camino de la selva<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">No s\u00e9 qu\u00e9 escrito de\u00a0adolescencia afortunadamente hoy perdido le mostr\u00e9 a Louis Panabierre, un maestro de franc\u00e9s vecino de al lado que rentaba la que fue casa de mis abuelos. Tambi\u00e9n escritor, especialista en Jorge Cuesta, por lo cual Octavio Paz, siempre celoso, lo considerar\u00eda un rival. Era amigo de Tom\u00e1s Segovia, Salvador Elizondo y gente as\u00ed. Dirig\u00eda la Alianza Francesa de Polanco. Un intelectual amigable, enamorado y\u00a0<em>bon vivant.\u00a0<\/em>De lo que me haya dicho, recuerdo apenas una frase:\u00a0<q>Hablas mucho del jaguar, es una presencia constante<\/q>. No lo tom\u00e9 como elogio. Me preven\u00eda contra el lugar com\u00fan. Era una advertencia para mi mente desordenada, y proced\u00ed a no mencionarlo m\u00e1s. Qu\u00e9 sab\u00eda yo de jaguares. No ten\u00eda una idea real, no los merec\u00eda. Apenas lograba diferenciarlos de los tigres de Emilio Salgari.<\/div>\n<p>Ven\u00eda de la escuela vagamente peripat\u00e9tica, y muy atenta a la poes\u00eda, de Mauricio Brehm, un maestro de mi vida. Ense\u00f1aba literatura en preparatoria y durante tres a\u00f1os yo y mis condisc\u00edpulos conversamos diario con \u00e9l sobre literatura. La poes\u00eda mexicana, el boom latinoamericano y la Onda estaban en su apogeo. Poes\u00eda en movimiento era nuestro catecismo. Nos guio al Siglo de Oro y al teatro del absurdo. Poeta \u00e9l mismo, injustamente ignorado, era especialista en Lope de Vega y en Octavio Paz, que todav\u00eda no regresaba a M\u00e9xico ni estaba muy estudiado. Mauricio prepar\u00f3 una extensa investigaci\u00f3n sobre \u00e9l que nunca concluir\u00eda.<\/p>\n<p>Los jaguares ya no salieron a cuento. Ley\u00f3 cuanto escrib\u00ed a lo largo de la preparatoria. No opinaba mucho sobre mis poemas, ni los correg\u00eda, ni los criticaba por malos que fueran, algo desconcertante, ya que s\u00ed lo hac\u00eda con los dem\u00e1s compa\u00f1eros, varios de los cuales devendr\u00edan escritores reconocidos, figuras del teatro y el periodismo. No obstante, lo recuerdo dici\u00e9ndome:\u00a0<q>Tienes una ventaja para escribir. Conoces la naturaleza, has vivido en ella<\/q>. Lo cual era cierto. Desde los nueve a\u00f1os un golpe de liberaci\u00f3n me puso en la senda del campismo y una d\u00e9cada despu\u00e9s era capaz de sobrevivir en bosques, selvas o playas desiertas; sub\u00eda monta\u00f1as, exploraba cuevas y barrancas; navegaba r\u00edos caudalosos sobre grandes c\u00e1maras de llanta de cami\u00f3n. Me jugaba el pellejo al aire libre antes de que se acu\u00f1ara el concepto\u00a0<q>deporte extremo<\/q>.<\/p>\n<p>Al terminar la preparatoria me fui a vivir unos meses a las monta\u00f1as de Bachaj\u00f3n con Raya, mi amigo y compa\u00f1ero de aventuras. En ese viaje pens\u00e9 poemas, los mejores de mi vida. Pero no los escrib\u00ed. Le\u00ed en cambio a los tr\u00e1gicos griegos, cuyas obras encontr\u00e9 en la misi\u00f3n jesuita (edici\u00f3n Sepan Cuantos) y comet\u00ed el crimen de rob\u00e1rmelas. Craso error que pagu\u00e9 caro cuando, al dejar Bachaj\u00f3n caminando selva adentro, tuve que cargarlas durante cuatro d\u00edas de lodos, serpientes y agotadoras pendientes para arriba y para abajo. Llegamos a Palenque, visitando antes las nov\u00edsimas colonizaciones tseltales en la selva Lacandona y dejando atr\u00e1s la cuenca del r\u00edo Grijalva para internarnos en la del Usumacinta.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>Esas experiencias propiciaron, llegado el tiempo, que estuviese en condiciones de acompa\u00f1ar en la selva de Chiapas a los rebeldes zapatistas. Otros eran los riesgos. Hab\u00eda noches en la monta\u00f1a que ellos anunciaban:\u00a0<q>Esta noche hay que dormir con las botas puestas<\/q>. Podr\u00eda ser necesario correr, si el Ej\u00e9rcito federal atacaba esa posici\u00f3n, como los vuelos rasantes de la tarde hac\u00edan temer.<\/p>\n<p>En fin, que mi relaci\u00f3n con la selva Lacandona es de por vida. Jan de Vos, su historiador can\u00f3nico (a quien conoc\u00ed muchos a\u00f1os despu\u00e9s y no en Bachaj\u00f3n, adonde lleg\u00f3 como misionero jesuita poco despu\u00e9s de mi partida y all\u00ed aprendi\u00f3 el tseltal), ya convertido en un historiador importante, me dec\u00eda:\u00a0<q>eres el \u00faltimo viajero de la selva Lacandona<\/q>. Incluso lo escribi\u00f3 en su antolog\u00eda\u00a0<em>Viajes al Desierto de la Soledad: Un retrato hablado de la selva Lacandona.\u00a0<\/em>Espero que se equivoque.<\/p>\n<p>No tengo la cuenta de las veces que visit\u00e9 la selva antes y despu\u00e9s de mi experiencia con los rebeldes zapatistas. Incursion\u00e9 y sobrevol\u00e9 Lacandonia. Conoc\u00ed ciudades perdidas de los mayas y las ruinas consagradas de Bonampak cuando no hab\u00eda caminos, as\u00ed como Palenque, Yaxchil\u00e1n, Tikal, Piedras Negras y Tonin\u00e1. Me familiaric\u00e9 con los rugidos del saraguato, con el correcaminos, el tepezcuintle, el tej\u00f3n, el tapacaminos (o\u00a0<q>pajaro caballero<\/q>, como un d\u00eda me revel\u00f3 el periodista Amado Avenda\u00f1o mientras incursion\u00e1bamos en las ca\u00f1adas de Ocosingo), el zorro, el zorrillo, los venados y algunas bestias raras como el tapir o danta, el cabeza de viejo, el tigrillo mont\u00e9s, variedad de culebras y v\u00edboras, la llamativa mazacuata, la peligrosa nauyaca, la timidez del cocodrilo, la coqueter\u00eda del tuc\u00e1n y una variedad de insectos y aves que ni en el estado m\u00e1s febril o alucinado hubiera podido imaginar. Fui v\u00edctima de chaquistes, mostacillas, \u00e1caros y hormigas rojas, millares de ellas. Una ma\u00f1ana vi pasar, vibrando como terremoto bajo mi hamaca en el claro de la selva, una verdadera marabunta como de cuento de Quiroga, devor\u00e1ndolo todo, pasando por la rancher\u00eda vecina previamente abandonada por sus pobladores para permitirles dar un inmejorable servicio de limpieza, siempre y cuando no alcanzara a un pollo, un perro o un beb\u00e9, en la escala tr\u00e1gica de esas hormigas grandes e implacables.<\/p>\n<p>Conoc\u00ed las carnes de los ind\u00edgenas carcomidas por la lepra de los chicleros, o leishmaniasis, y vi sobrevivir a mis amigos de la picadura del conspicuo alacr\u00e1n. Las ara\u00f1as estaban todas, inofensivas y viudas negras, tar\u00e1ntulas m\u00e1s grandes que un rat\u00f3n y m\u00e1s peludas. Un atardecer vi millares de garzas blancas emprender el vuelo y cubrir el sol completamente, al fondo de la ca\u00f1ada de Las Margaritas.<\/p>\n<p>(Relato de la serie\u00a0<em>El r\u00edo y el jaguar.)<\/em><\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El camino de la selva Hermann Bellinghausen No s\u00e9 qu\u00e9 escrito de\u00a0adolescencia afortunadamente hoy perdido le mostr\u00e9 a Louis Panabierre, un maestro de franc\u00e9s vecino de al lado que rentaba la que fue casa de mis abuelos. Tambi\u00e9n escritor, especialista en Jorge Cuesta, por lo cual Octavio Paz, siempre celoso, lo considerar\u00eda un rival. 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