{"id":35356,"date":"2024-01-14T12:50:41","date_gmt":"2024-01-14T18:50:41","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35356"},"modified":"2024-01-14T12:50:41","modified_gmt":"2024-01-14T18:50:41","slug":"joseph-roth-1894-1939-y-su-gran-novela-la-tela-de-arana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35356","title":{"rendered":"Joseph Roth (1894-1939), y su gran novela \u00abLa tela de ara\u00f1a\u00bb"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Joseph Roth: La tela de ara\u00f1a y los peligros de la alienaci\u00f3n<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Alejandro Anaya Rosas<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Este art\u00edculo recuerda e invita a la lectura de la obra de Joseph Roth (1894-1939), sobre todo de la gran novela \u2018La tela de ara\u00f1a\u2019, que pone en evidencia el esp\u00edritu generado tras la primera guerra mundial, con la maestr\u00eda narrativa del \u201csanto bebedor\u201d.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p align=\"left\">Joseph Roth nace en 1894, en el seno de una familia jud\u00eda, en Brody, regi\u00f3n de Galizia, parte este del desaparecido Imperio Austroh\u00fangaro; all\u00ed pasa su infancia, a unas cuantas millas de la frontera con la Rusia zarista. Despu\u00e9s, con casi veinte a\u00f1os y con intenciones acad\u00e9micas que bien a bien no se concretan, ya que es 1914, a\u00f1o en que inicia la gran guerra, viaja rumbo a Viena, en un periplo sin retorno a su lugar de origen. Dicha metr\u00f3poli, para entonces, presencia sosegadamente el ocaso de una \u00e9poca, de un per\u00edodo que simboliza el refinamiento cultural alcanzado por los Habsburgo y que, a\u00f1os m\u00e1s tarde, fundamentar\u00e1 los cimientos de obras literarias como la de Roth. As\u00ed, la entonces ciudad de los placeres superfluos se convierte en una de las primeras postas en el camino tortuoso de Joseph Roth. Pero hay que decirlo: de ello, y de otras tantas cosas que han fraguado el mito del \u201csanto bebedor\u201d, se ha escrito mucho: de la ausencia del padre en la ni\u00f1ez del peque\u00f1o Moses, del enrolamiento del joven Roth en el ej\u00e9rcito austr\u00edaco, del alcoh\u00f3lico errabundo en m\u00faltiples ciudades europeas, donde se va familiarizando con los cuartos de hotel, porque ellos reemplazan el calor de los hogares fijos, propios; y las amistades suplen el apego y la ternura de los hijos y de la mujer que aguardar\u00eda en casa. As\u00ed pues, de Viena a Berl\u00edn, de all\u00ed a toda Europa, el escritor austr\u00edaco peregrina fungiendo como periodista. Aunque tambi\u00e9n va urdiendo historias, narraciones concebidas con agudeza, con un natural instinto po\u00e9tico y una maestr\u00eda fuera de lo com\u00fan. Dicha obra narrativa, sin menosprecio alguno de sus textos period\u00edsticos, que tambi\u00e9n cumple con los requerimientos de la genialidad, es la que lo encumbra.<\/p>\n<p align=\"left\"><b>El taimado Kapturak<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">La narrativa de\u00a0Joseph Roth es un conjunto org\u00e1nico, como la de otros escritores que evocan el terru\u00f1o y que, debido a ello, recurren a cartograf\u00edas, aunque emanadas de la realidad, imaginarias. La figura del usurero y traficante de personas, Kapturak, da cuenta de ello. Saltar\u00edn y oportunista, este personaje va de una narraci\u00f3n a otra, de\u00a0<i>Job<\/i>\u00a0a<i>\u00a0El profeta mudo<\/i>, de all\u00ed a\u00a0<i>La marcha de Radetzky\u2026<\/i>\u00a0y donde asoma \u201csu rostro amarillento\u201d, el escritor austr\u00edaco le delinea rasgos de ventajoso mercader. Por la fugacidad de sus apariciones, Kapturak bien podr\u00eda jugar el rol de personaje incidental; sin embargo, la presencia de este hombre es determinante en la vida de muchos protagonistas y, por ello, su relevancia sobrepasa tal concepto; m\u00e1s bien lo vuelve pieza inherente a la obra de Roth.<\/p>\n<p align=\"left\">Kapturak es taimado, disloca los destinos de quien se cruza en su vereda, o, dicho de otro modo, es \u00e9ste quien les sale al paso para obtener un beneficio personal. F\u00edsicamente es un personaje exiguo, pero tras dicha peque\u00f1ez esconde su sagacidad. Es tambi\u00e9n esa insignificancia la que le enviste de un car\u00e1cter sobrenatural, tal vez siniestro. En una desconcertante escena de\u00a0<i>La marcha de Radetzky\u00a0<\/i>(1932), Roth describe a Kapturak sin s\u00f3lo abocarse al f\u00edsico: la indumentaria\u00a0cobra cierta relevancia aludiendo, acaso de forma consciente, a un personaje c\u00e9lebre del romanticismo alem\u00e1n: \u201cUn hombre de cierta edad, flaco, alto, p\u00e1lido y callado, vestido de gris, quien saca del bolsillo todo aquello que se necesita.\u201d Dicha figura, igualmente desconcertante y ventajosa, aparece con la intenci\u00f3n de comprar la sombra de Peter Schlemihl en el cl\u00e1sico de Adalbert von Chamisso,\u00a0<i>La maravillosa historia de Peter Schlemihl<\/i>, tambi\u00e9n conocida como\u00a0<i>El hombre que perdi\u00f3 su sombra<\/i>. Este sujeto de traje gris igual tuerce el destino de quien se le pone enfrente, pues es el diablo.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero Kapturak no es ning\u00fan demonio, es un jud\u00edo \u201cvestido de gris. Llevaba calzado de lona gris. Los bordes de la suela mostraban el lodo gris [\u2026] En su cr\u00e1neo se arremolinaban precarios mechones gris\u00e1ceos\u201d. Es por ello que la precitada \u201cescena desconcertante\u201d de\u00a0<i>La marcha de Radetzky\u00a0<\/i>cobra relevancia, cuando el exceso de aguardiente consumido por el teniente Karl Joseph \u2013uno de los protagonistas de la novela en cuesti\u00f3n\u2013 y la luz de su habitaci\u00f3n proyectada sobre \u201cel hombrecillo gris\u201d, arrojan una sombra fantasmal contra el pasillo encalado que, sin embargo, describe la forma de una cruz, s\u00edmbolo cristiano que hace estragos en la embotada cabeza del teniente Trotta. En el\u00a0<i>Diccionario de s\u00edmbolos<\/i>\u00a0de Jean Chevalier encontramos que \u201cseg\u00fan F. Portal. Los artistas de la Edad Media [\u2026], dan a Cristo un manto gris, cuando preside el juicio final\u201d, analog\u00eda que vuelve inminente el fin de la carrera militar del teniente Trotta y de su existencia, signada por vivir bajo la sombra de una estirpe heroica; es decir, una existencia envuelta en la bruma anodina de fracasos constantes o insulsas victorias, incomparables a las de sus antepasados. Entonces el teniente es un peque\u00f1o soldado que jam\u00e1s igualar\u00e1 al padre, menos al abuelo \u2013el H\u00e9roe de Solferino, quien en dicha batalla salva la vida del emperador Franz Joseph\u2013 y que, por ende, carga a cuestas una vida gris\u2026 A pesar de ello y de todo, el personaje es tan inmenso y la novela tan perfecta, que otorga a Roth, as\u00ed lo dice Claudio Magris, el calificativo de \u201cpoeta \u00e9pico\u201d: no pocos le damos la raz\u00f3n.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Gris que torna a negro<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Ya en\u00a0<i>La tela de ara\u00f1a<\/i>\u00a0(1923), Joseph Roth utiliza el color gris como una estrategia discursiva que, de igual modo, aparece como presagio de una cat\u00e1strofe, hasta cierto punto inevitable y anunciada a lo largo de la novela: la contenci\u00f3n, por medio de la violencia, de manifestantes civiles en contra de un Estado desigual, un 2 de noviembre en la ciudad de Berl\u00edn despu\u00e9s de la gran guerra: \u201cEl d\u00eda amaneci\u00f3 gris. Llov\u00eda [\u2026] los obreros empezaron a desfilar bajo una lluvia gris. Eran grises como ella. Eran incesantes como ella. Aflu\u00edan de barrios grises, como ella de grises nubarrones.\u201d Cabe resaltar que en esta inclemente jornada se desarrolla el cl\u00edmax del relato, y que en las hostilidades entre obreros y hombres del Estado, gente de derecha, soldados, tambi\u00e9n participan j\u00f3venes estudiantes dispuestos al combate contra toda oposici\u00f3n a la gloria de la patria, del ideal de \u201cnaci\u00f3n\u201d que inocularon en arribistas e ingenuos. Esa es una parte de la Alemania del protagonista, Theodor Lohse. De igual modo, el gris podr\u00eda simbolizar el hast\u00edo, la confusi\u00f3n, la indolencia de dicho personaje, pues Lohse no posee una conciencia muy clara de lo que representa su vida en un mundo que brota de los escombros de la gran guerra; habita en la bruma, bajo un cielo en constante amenaza de tormenta. Para nuestro personaje, el ideal del\u00a0<i>V\u00f6lkisch<\/i>, de una raza dominante con derechos \u201csobre los otros\u201d por designio divino, o la \u201cmisi\u00f3n hist\u00f3rica\u201d de su pueblo, no son estimulantes espirituales: su pr\u00e1ctico conformismo y su pedestre gloria son caracter\u00edsticas, no s\u00f3lo de Lohse, sino de muchos hombres que no encontraron br\u00fajula en la desolaci\u00f3n de la postguerra, y de quienes los verdaderos criminales se aprovecharon.<\/p>\n<p align=\"left\">La vicisitud es la constante en la vida de Theodor. Los altibajos son pelda\u00f1os que le sirven para escalar hasta la cumbre, la cima es el poder, aunque un poder vacuo. El deseo de que su nombre sea pronunciado como el de un h\u00e9roe nacional domina la abulia, lo pone a trabajar, le hace tolerar las ignominias. El anhelo de venganza tambi\u00e9n, es un hombre de acci\u00f3n: \u201c\u00a1Ya lo ver\u00edan todos! Pronto saldr\u00eda de su oscuro rinc\u00f3n, triunfante.\u201d La pregunta es qui\u00e9n le hizo da\u00f1o, o ajustar cuentas de qu\u00e9. Parece ser heredero de una creencia perversa, alienado por un designio imaginario, algo irracional que le amarga la vida; algo que encuentra su germen en el pasado: en quienes observaron con envidia c\u00f3mo otras naciones conquistaban colonias fuera del continente europeo. Desde ese tiempo, entonces, todo se sali\u00f3 de control, se malinterpretaron algunas cosas, se forjaron estereotipos de quienes no deseaban un Estado nacional superior al de vecinos. Lo anterior les sirvi\u00f3 a los oportunistas, a los rapaces y los megal\u00f3manos, con ello alimentaron rencores, prometieron prosperidad y gloria, y, por supuesto, ganaron aliados en su camino a la cima de un Estado totalitario, que alcanz\u00f3 su prop\u00f3sito en 1933.<\/p>\n<p align=\"left\">M\u00e1s que el resultado de la gran guerra, Theodor Lohse es producto de un desarrollo hist\u00f3rico que, sin duda, encontr\u00f3 caldo de cultivo al final de la misma: la idea de una naci\u00f3n poderosa que resurgir\u00eda para alcanzar la inmortalidad. Muchos Loshe ocuparon puestos importantes en la estructura pol\u00edtica de su pa\u00eds debido a m\u00e9ritos personales, como total subordinaci\u00f3n o crueldad \u2013si es que actuar as\u00ed conlleva alg\u00fan merecimiento\u2013 y, como nuestro personaje, s\u00f3lo fueron peque\u00f1os bur\u00f3cratas, megal\u00f3manos, empleados invisibles, m\u00e1s parecidos a plut\u00f3cratas vulgares que a funcionarios al servicio de la gloria de una naci\u00f3n. En<i>\u00a0La tela de ara\u00f1a<\/i>, Joseph Roth advierte sobre los peligros de la alienaci\u00f3n; pinta, de manera magistral, la ruta oprobiosa para alcanzar el poder de manera simple, y prev\u00e9 sobre c\u00f3mo los poderosos se benefician de los tiempos dif\u00edciles y de las sociedades en transici\u00f3n para establecer culpas, casi siempre inexistentes, en los otros, para delimitar bandos y separar grupos a fin de aislar a la minor\u00eda\u2026 y todo ello lo retrata a trav\u00e9s de la vida de un solo individuo: Theodor Lohse. En tiempos de incertidumbre, una novela como \u00e9sta, que versa sobre d\u00edas dif\u00edciles, podr\u00eda servirnos de asidero y ayudarnos a reflexionar sobre la perversa demagogia de los falsos redentores.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">En 1939 Joseph Roth se encuentra en Par\u00eds cuando, a menos de un a\u00f1o de la anexi\u00f3n de Austria al Imperio Alem\u00e1n consumada por Hitler, sufre un desvari\u00f3 ps\u00edquico, antesala del infarto fulminante que, parad\u00f3jicamente, le salva de ser testigo del inicio de la segunda guerra mundial. El escritor austr\u00edaco Joseph Roth mor\u00eda, como lo narra su amigo Soma Morgenstern \u2013quien plasma de manera estrujante el\u00a0<i>delirium tremens\u00a0<\/i>de Roth\u2013, de forma s\u00f3rdida, cansado de trashumar, acostumbrado a las deudas y asolado por el alcohol, cerrando as\u00ed un cap\u00edtulo brillante de la literatura en lengua alemana.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Joseph Roth: La tela de ara\u00f1a y los peligros de la alienaci\u00f3n Alejandro Anaya Rosas Este art\u00edculo recuerda e invita a la lectura de la obra de Joseph Roth (1894-1939), sobre todo de la gran novela \u2018La tela de ara\u00f1a\u2019, que pone en evidencia el esp\u00edritu generado tras la primera guerra mundial, con la maestr\u00eda [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":35357,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-35356","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35356","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=35356"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35356\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":35358,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35356\/revisions\/35358"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/35357"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=35356"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=35356"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=35356"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}