{"id":35381,"date":"2024-01-15T14:56:18","date_gmt":"2024-01-15T20:56:18","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35381"},"modified":"2024-01-15T14:56:18","modified_gmt":"2024-01-15T20:56:18","slug":"nadie-resiste-mejor-los-desastres-que-los-pobres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35381","title":{"rendered":"Nadie resiste mejor los desastres que los pobres."},"content":{"rendered":"<div class=\"main-block\">\n<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">El hombre del lago<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">Lago grande. Debi\u00f3\u00a0ser. S\u00ed. Probablemente. Ll\u00e1menlo laguna, mar interior. Riberas. S\u00ed, las hubo. En ellas, pueblos dedicados a tirar atarrayas y poner la red. Patos, chachalacas, aves patonas. Laderas y nubes retratadas en el agua. Imaginen. Pues ya no. Queda esto, un gran desierto pardo, caqui, amarillento, seco, ro\u00eddo de sol y tolvaneras. La calamidad fue implacable. Pero lenta. Las gentes s\u00f3lo vieron que las orillas se alejaban, el agua se retiraba. Caminaron sobre grietas hasta dejar de hacerlo, ya sin chehuas ni charales que sacar. Ol\u00eda feo, a podrido.<\/div>\n<p>Conrado era uno de tantos. Hasta que hizo lo imperdonable. Para aquellas gentes. Peor que el pecado. Se corri\u00f3 la voz a los poblados alrededor de la ribera antes de determinar en asamblea la proscripci\u00f3n de Conrado. Que nadie lo dejara pasar. Y lo echaron al lago, es decir, al desierto, sin nada m\u00e1s que la ropa puesta. Una mujer piadosa, no era su madre, le avent\u00f3 una cubeta con un zarape ra\u00eddo dentro.<\/p>\n<p>Ya de tiempo se comportaba raro. Un como delirio lo fue ocupando, pero parec\u00eda inofensivo. Un manso. Hasta cometer lo mencionado. No lo neg\u00f3. S\u00f3lo su vecina dijo no lo hizo, \u00e9l no fue. La vieron tan feo que se abstuvo de insistir. A decisi\u00f3n tomada no vale otra raz\u00f3n.<\/p>\n<p>Creyeron que morir\u00eda. Result\u00f3 que no. Camin\u00f3 la mitad del lecho ocre, herrumbroso, las costras del lodo. En un charquito encontr\u00f3 hojas y bichos. Desfallec\u00eda de sed y sol cuando dio con el espejo solitario. Bebi\u00f3, comi\u00f3 y se sent\u00f3. A esperar. Habl\u00f3. Ni \u00e9l se escuchaba. Cay\u00f3 la noche y durmi\u00f3. La ma\u00f1ana siguiente comenz\u00f3 el futuro. Otro, despu\u00e9s del que hab\u00eda alcanzado la comarca entera. Igual en la meseta y los baj\u00edos. Dejaron de pasar coches y camiones. La carretera se enmalez\u00f3, ociosa. Antes la manoseaban las aguas de la laguna y en ocasiones la anegaban, no esta mancha grande y muerta en que se convirti\u00f3.<\/p>\n<p>En el viejo futuro las m\u00e1quinas se detuvieron. Si no todas, la mayor\u00eda. Como aqu\u00ed s\u00f3lo hab\u00eda unas pocas, las gentes se acostumbraron pronto. Nadie resiste mejor los desastres que los pobres.<\/p>\n<p>Conrado era ahora el m\u00e1s pobre de todos. Pronto perdi\u00f3 el hilo del tiempo, d\u00eda, noche, d\u00eda, etc\u00e9tera. Lluvia, casi nunca, apenas para resucitar los charcos. Se acostumbr\u00f3 al hambre, a la sed, al sol, al fr\u00edo, a las estrellas ilegibles. \u00c9l mismo una costra opaca, terregosa. Era sorprendente la cantidad de semillas, objetos y esqueletos que guardaba la extensi\u00f3n del p\u00e1ramo lacustre. Tuvo la fortuna de dar desde los primeros d\u00edas del exilio con el cascar\u00f3n de una lancha abandonada, no tanto hundida en su etapa flotante como atrapada por el lago desvanecido. Volteada, le sirvi\u00f3 de madriguera a partir de entonces.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>Vig\u00edas en las lejanas orillas, formalmente armados, le echaban el ojo en tedio y penuria. Por divertirse a veces le disparaban sin atinar, o no quer\u00edan darle. Balas que espantaban a Conrado, echado a correr, animalito acorralado. Desisti\u00f3 de cualquier intento de acercarse a la antigua ribera, y si al principio acarici\u00f3 la idea de escaparse, ahora no acariciaba nada ni nada lo acariciaba. Puso los ojos en el centro: ese desierto. Sobrevivi\u00f3 sin motivo. Un venero lodoso en la hondonada del oriente le fue fiel. Sin eso y su inexplicable poblaci\u00f3n de achoques, que no eran ajolotes, pero as\u00ed les dec\u00edan, se habr\u00eda sumado enseguida a las finas osamentas de pez y salamandra.<\/p>\n<p>Nunca sinti\u00f3 remordimientos. Resentimiento tampoco. Sab\u00eda que lo culparon por desprecio. Desde chico se hab\u00eda acostumbrado a las burlas, el maltrato, la discriminaci\u00f3n de su propia gente. Rarito de por s\u00ed. Silencioso. Su madre lo trataba como a los perros, con distra\u00eddo cari\u00f1o. En ese tiempo cont\u00f3 con techo, huevos de gallina, las sobras, tortilla dura, alg\u00fan roce materno en la mollera.<\/p>\n<p>Monito que se mov\u00eda sobre la extensa planicie \u00e1rida cuando no putrefacta. Cualquiera pod\u00eda verlo a la distancia. Desnudo, en garras o cubierto por una lona que desenterr\u00f3. Disputaba las moscas con uno que otro reptil que llegaba a sus dominios ir\u00f3nicamente m\u00e1s extensos que los predios de los ejidos. Nadie pose\u00eda tantas hect\u00e1reas, aunque las suyas fueran in\u00fatiles, las peores. Miserable latifundio.<\/p>\n<p>Se convirti\u00f3 en un n\u00e1ufrago, apacible locura, la paciencia cr\u00f3nica del prisionero. Su destierro le dio tierra, qui\u00e9n dijera. Crecieron plantas cerca del venero. Dio con larvas improbables. Algo hongueaba las piedras. A veces apedreaba p\u00e1jaros perdidos. Tristes chivas pastaban hierbajos cerca de las casas en el lago muerto. Aprendi\u00f3 a robarles leche en las madrugadas. Tuvo sexo ocasional con alguna.<\/p>\n<p>Su menci\u00f3n era fantasmal en las conversaciones de la gente, hirsuta y hosca, a fin de cuentas tan sobreviviente como Conrado. Poco a poco el erial fue devorando o expulsando a los moradores a la redonda. Los \u00faltimos huesos fueron los de Conrado, polvo en el polvo paciente, como el olvido.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div id=\"footer-data\" class=\"main-footer\">\n<div align=\"center\">\n<div id=\"div-gpt-ad-boxe\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"site-links\">\n<div class=\"gui\">\n<p><a href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/info\/\">\u00bfQui\u00e9nes somos?<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/contacto_v2\/\">Contacto<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/tarifas\/\">Publicidad<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/aviso.php\">Aviso legal<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/avisodeprivacidad\/\">Aviso de privacidad.<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/codigodeetica\/codigodeetica.pdf\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">C\u00f3digo de \u00c9tica<\/a>\u00a0|\u00a0<a title=\"Ir al twitter oficial de La Jornada\" href=\"https:\/\/twitter.com\/lajornadaonline\">Siguenos en:\u00a0<img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/004\/v7.0\/imagenes\/logo-twitter-practika.png\" alt=\"\" \/><img decoding=\"async\" src=\"https:\/\/www.jornada.com.mx\/004\/v7.0\/imagenes\/logo-twitter.png\" alt=\"twitter\" \/><\/a><\/p>\n<hr \/>\n<p>Peri\u00f3dicos:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.lajornadamaya.mx\/\">La Jornada Maya<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.lajornadamorelos.mx\/\">La Jornada Morelos<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/lajornadaestadodemexico.com\/\">La Jornada Estado de M\u00e9xico<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/lajornadahidalgo.com\/\">La Jornada Hidalgo<\/a><\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.lajornadadeoriente.com.mx\/\">La Jornada de Oriente<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.lajornadasanluis.com.mx\/\">La Jornada San Luis<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"http:\/\/www.jornadaveracruz.com.mx\/\">La Jornada Veracruz<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.ljz.mx\/\">La Jornada Zacatecas<\/a><\/p>\n<p>Medios asociados:\u00a0<a href=\"https:\/\/www.independent.co.uk\/\">The Independent<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.informarn.nl\/\">Radio Nederland<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/gara.net\/\">Gara<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.pagina12.com.ar\/\">P\u00e1gina\/12<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/www.cartamaior.com.br\/\">Carta Maior<\/a>\u00a0|\u00a0<a href=\"https:\/\/radiobilingue.org\/\">Radio Biling\u00fce<\/a><\/p>\n<\/div>\n<hr \/>\n<p>Copyright \u00a9 1996-2018 DEMOS, Desarrollo de Medios, S.A. de C.V.<br \/>\nTodos los Derechos Reservados.<br \/>\nDerechos de Autor 04-2005-011817321500-203.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"main-guard\"><\/div>\n<\/div>\n<div id=\"pub-left-fix\" class=\"pub-left-fix\"><\/div>\n<div id=\"pub-right-fix\" class=\"pub-right-fix\"><\/div>\n<div class=\"content-pub-bottom-fix\">\n<div id=\"close-content-pub-bottom-fix\" class=\"close-content-pub-bottom-fix\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El hombre del lago Hermann Bellinghausen Lago grande. 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