{"id":35778,"date":"2024-02-15T11:52:29","date_gmt":"2024-02-15T17:52:29","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35778"},"modified":"2024-02-15T11:52:29","modified_gmt":"2024-02-15T17:52:29","slug":"la-sociedad-de-la-nieve-arranca-en-los-dias-previos-al-viaje-aereo-de-montevideo-a-santiago-de-chile","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35778","title":{"rendered":"\u00abLa sociedad de la nieve\u00bb\u00a0arranca en\u00a0los d\u00edas previos al viaje a\u00e9reo de Montevideo a Santiago de Chile"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Cinexcusas<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Luis Tovar <\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Bernat Vilaplana, Jaime Marqu\u00e9s y Nicol\u00e1s Casariego, coguionistas en compa\u00f1\u00eda del director Juan Antonio Bayona, decidieron que la historia que cuenta\u00a0<i>La sociedad de la nieve<\/i>\u00a0arrancara en\u00a0los d\u00edas previos al viaje a\u00e9reo de Montevideo a Santiago de Chile, con la presentaci\u00f3n sucinta de los personajes principales, es decir, un pu\u00f1ado de j\u00f3venes que pertenec\u00edan a un equipo de rugby, a quienes se sumaban algunos otros pasajeros, por ejemplo, un matrimonio de mediana edad. De esta manera los guionistas consiguieron algo de lo cual las versiones cinematogr\u00e1ficas anteriores \u2013las mencionadas aqu\u00ed en la pasada entrega,\u00a0<i>Supervivientes de los Andes<\/i>\u00a0y\u00a0<i>\u00a1Viven!<\/i>\u2013 carecen por completo: humanizar a los protagonistas d\u00e1ndoles, a ojos del espectador, algo de volumen, un poco de pasado, un car\u00e1cter propio, para que ya estando \u201cen situaci\u00f3n\u201d<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p align=\"left\">no terminaran convertidos en una galer\u00eda de personajes encargados cada uno de cumplir una funci\u00f3n telegrafiada: el l\u00edder, el cobarde, el consciente de la realidad pero optimista, el \u00eddem pero pesimista, el que no tiene empacho en ingerir la carne humana, el que se reh\u00fasa\u2026 todos como salidos de la nada, sin trasfondo alguno de personalidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Los guionistas y el realizador arriesgaron una osad\u00eda que no se atestigua con frecuencia en el cine: comienza la pel\u00edcula privilegiando el punto de vista de un narrador-protagonista, que lo mismo habla en el presente dieg\u00e9tico que en\u00a0<i>off<\/i>, y mientras es as\u00ed da la impresi\u00f3n de que\u00a0<i>La sociedad de la nieve<\/i>\u00a0ser\u00e1, como sus antecesoras, un ejercicio m\u00e1s que prepondere al individuo por encima de la colectividad. Sin embargo, extra\u00f1amente y para bien, la intervenci\u00f3n de dicho conductor dram\u00e1tico es discreta, nunca se pone a s\u00ed mismo por delante, le va \u201cdando juego\u201d a cada uno \u2013y la met\u00e1fora no es casual: en tanto miembros de un equipo deportivo, los personajes de alg\u00fan modo despliegan, tras el accidente, sus propias cualidades ahora aplicadas a la sobrevivencia\u2013 y, todav\u00eda m\u00e1s osada y sorpresivamente, ese narrador-protagonista no es uno de los diecis\u00e9is que la libraron, sino uno de los muertos en los Andes en aquel a\u00f1o del \u201972. Esa ruptura de lo que, hasta cierto punto del pietaje, era una estrategia narrativa m\u00e1s bien convencional, hace que\u00a0<i>La sociedad\u2026\u00a0<\/i>se diferencie no s\u00f3lo de sus antecesoras tem\u00e1ticas y argumentales, sino de la mayor\u00eda de las cintas \u201cde desastres\u201d o \u201caventura\u201d, gen\u00e9ricamente hablando; que quien cuente el cuento est\u00e9 ya muerto, pero el espectador se entere de dicha condici\u00f3n a la mitad del camino narrativo, no es frecuente y a la cinta le da pauta para destacar, una vez m\u00e1s, que lo importante aqu\u00ed no es el individuo que perece sino la colectividad que permanece.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Nunca se sabe<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Era preciso hilar\u00a0muy fino para que un nuevo abordaje de la multimencionada tragedia a\u00e9rea en tierras sudamericanas no se decantara, para sensacionalista mal, en el deseo m\u00f3rbido de ver c\u00f3mo un ser humano se come a otro ser humano. Hab\u00eda que abordar el punto con delicadeza porque, de cualquier modo, era inevitable no s\u00f3lo mencionarlo, y haber recurrido al extremo narrativo de un pudor que lo ocultara habr\u00eda resultado absurdo, escamoteador, un sinsentido.\u00a0<i>La sociedad de la nieve<\/i>\u00a0lo consigue hasta el grado de que el canibalismo obligado al que recurrieron los sobrevivientes en la cordillera s\u00f3lo es uno m\u00e1s de los avatares y los desaf\u00edos que tuvieron que enfrentar en la tragedia: el fr\u00edo intens\u00edsimo, el aislamiento, la desesperanza, la lucha contra la locura, la degradaci\u00f3n de la convivencia, el deterioro de la propia personalidad\u2026<\/p>\n<p align=\"left\">Durante muchos a\u00f1os y hasta tiempos muy recientes, Uruguay no ha sido por desgracia un pa\u00eds fecundo cinematogr\u00e1ficamente hablando; su filmograf\u00eda, m\u00e1s bien escasa comparada con la de sus pares sudamericanos, no cuenta con un solo ejercicio de ficci\u00f3n que aborde el tema, lo cual no deja de ser lamentable en tanto, desde fuera, no se sabe si lo que llegar\u00e1 es una pifia como la mexicana o la gringa, o lo contrario como por fortuna sucedi\u00f3 en este caso.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cinexcusas Luis Tovar Bernat Vilaplana, Jaime Marqu\u00e9s y Nicol\u00e1s Casariego, coguionistas en compa\u00f1\u00eda del director Juan Antonio Bayona, decidieron que la historia que cuenta\u00a0La sociedad de la nieve\u00a0arrancara en\u00a0los d\u00edas previos al viaje a\u00e9reo de Montevideo a Santiago de Chile, con la presentaci\u00f3n sucinta de los personajes principales, es decir, un pu\u00f1ado de j\u00f3venes que [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":35779,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-35778","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35778","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=35778"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35778\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":35780,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35778\/revisions\/35780"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/35779"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=35778"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=35778"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=35778"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}