{"id":35836,"date":"2024-02-19T13:01:32","date_gmt":"2024-02-19T19:01:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35836"},"modified":"2024-02-19T13:01:32","modified_gmt":"2024-02-19T19:01:32","slug":"veinte-anos-y-mas-de-cine-mexicano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35836","title":{"rendered":"Veinte a\u00f1os (y m\u00e1s) de cine mexicano"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Cinexcusas I y II&#8217;:<\/h1>\n<h1 class=\"ljs-merri\">Veinte a\u00f1os (y m\u00e1s) de cine mexicano<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Carlos Bonfil<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-descripcion\">El abrumador embate del consumismo de nuestros tiempos ha hecho del cine una industria altamente lucrativa, en detrimento de la importancia del s\u00e9ptimo arte, sin duda una de las manifestaciones m\u00e1s trascendentes de la cultura de nuestra era. La cr\u00edtica de cine informada, contextualizada y l\u00facida es, en este sentido, imprescindible. A lo largo de veinte a\u00f1os y mil p\u00e1ginas, Luis Tovar (CDMX, 1967) en &#8216;Cinexcusas I y II&#8217;, ha ejercido esa cr\u00edtica necesaria y exigente, sobre todo de nuestro cine, que aqu\u00ed merecidamente se celebra.<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">Son pocos los pa\u00edses en Latinoam\u00e9rica, si acaso alguno, con la fortuna de poder contar desde los a\u00f1os sesenta del siglo pasado con cr\u00edticos e historiadores que hayan dedicado tanto tiempo y tantas p\u00e1ginas a repertoriar, clasificar, analizar y difundir la casi totalidad de su acervo f\u00edlmico nacional. Es un placer estar esta tarde rodeado de dos de ellos, Jorge Ayala Blanco y Rafael Avi\u00f1a, indiscutibles conocedores del cine mexicano y de las muchas glorias y miserias que ha tenido a lo largo de un siglo y dos d\u00e9cadas de existencia. Celebro, al mismo tiempo, que Luis Tovar, autor de este libro, ambiciosa recopilaci\u00f3n de art\u00edculos y ensayos sobre cine nacional, escritos durante m\u00e1s de veinte a\u00f1os en su columna semanal Cinexcusas del suplemento cultural del diario<i>\u00a0La Jornada<\/i>, tome su merecido lugar a lado de sus dos prestigiados colegas, amigos y maestros, apasionados como \u00e9l por la historia de nuestro cine, por su futuro, y por su fortuna incierta en esta \u00e9poca de intensas mutaciones tecnol\u00f3gicas.<\/p>\n<p align=\"left\">El voluminoso d\u00edptico de cr\u00f3nicas cinematogr\u00e1ficas que es\u00a0<i>Cinexcusas<\/i>\u00a0no se limita a reunir en sus mil p\u00e1ginas las rese\u00f1as de varias docenas de filmes analizados por espacio de dos d\u00e9cadas. Ofrece algo m\u00e1s significativo y sobre todo m\u00e1s perdurable que la simple rese\u00f1a f\u00edlmica que muchos colegas suyos proponemos cada semana. Luis Tovar ha hecho de su columna de cine un estupendo espacio de reflexi\u00f3n desde el cual defiende no s\u00f3lo sus puntos de vista sobre determinadas pel\u00edculas mexicanas y extranjeras, sino un buen n\u00famero de causas relacionadas con el cine mexicano: la exigencia de mejores esquemas de producci\u00f3n, distribuci\u00f3n y exhibici\u00f3n de nuestro cine o el se\u00f1alamiento puntual de la escandalosa desproporci\u00f3n entre lo que se proyecta en las pantallas comerciales (m\u00e1s de ochenta por ciento de cine extranjero, mayoritariamente estadunidense), contra un porcentaje mucho menor de un cine nacional mal distribuido y con harta frecuencia, invisibilizado. Sorprende constatar hasta qu\u00e9 punto los se\u00f1alamientos cr\u00edticos de Tovar, hechos hace veinte a\u00f1os, mantienen al d\u00eda de hoy una incre\u00edble vigencia: se trata de posturas disidentes con respecto al tema de una pol\u00edtica abusiva en los doblajes al espa\u00f1ol de las cintas extranjeras o a las eternas deficiencias en una ley de Cinematograf\u00eda siempre postergable, siempre incompleta y siempre frustrante, o a la repartici\u00f3n arbitraria y desigual de los ingresos en taquilla entre productores, distribuidores y exhibidores, o a la reticencia a dejar de considerar al cine mexicano como una mercanc\u00eda m\u00e1s en el marco del Tratado de Libre Comercio con Am\u00e9rica del Norte, y a transformarlo, para buena salud de la industria local, en una aut\u00e9ntica excepci\u00f3n cultural, como desde hace d\u00e9cadas lo hace Francia. Este y otros asuntos de igual calado son algunos de los temas que Luis Tovar convierte en su columna semanal en causas a defender, mismas que pese a ser, seg\u00fan parece, causas perdidas \u2013como a las que alguna vez aludi\u00f3 Carlos Monsiv\u00e1is\u2013, justo por ser tales, se vuelven la postre las m\u00e1s honrosas de todas las causas posibles.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero escuchemos mejor al autor de\u00a0<i>Cinexcusas<\/i>:<\/p>\n<p align=\"left\">La vigente ley de cine establece un porcentaje m\u00ednimo de tiempo de pantalla para la producci\u00f3n nacional. Mucho tiempo y esfuerzo fueron invertidos para lograr, al menos jur\u00eddicamente, preservar un espacio exclusivo para nuestro cine; algo que debi\u00f3 ser una decisi\u00f3n obvia, natural, se convirti\u00f3 en una verdadera conquista. Pero en los hechos, que al final de cuentas es lo \u00fanico que importa, un d\u00eda cualquiera nos encontramos con que una de las manifestaciones art\u00edsticas de mayor relevancia por su alcance y su capacidad expresiva, nos llega toda de fuera. Me parece triste, injusto e indignante estar viviendo una situaci\u00f3n as\u00ed, y encima sufrir la sensaci\u00f3n de que la mayor\u00eda piensa que aqu\u00ed no pasa nada, porque as\u00ed son las cosas y qu\u00e9 le vamos a hacer. Tal vez a algunos les sonar\u00e1 alarmista o exagerado, pero tengo la convicci\u00f3n de que la identidad de un pa\u00eds est\u00e1 en serios problemas cuando una de sus artes \u2013y una visual, para colmo\u2013 de repente se vuelve invisible.<\/p>\n<p align=\"left\"><b>La resistencia moral<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Dicho esto, cabe\u00a0se\u00f1alar que es poco com\u00fan encontrar en alguna secci\u00f3n de espect\u00e1culos de la prensa capitalina este tipo de diatribas. Por regla general, del cr\u00edtico de cine se espera que tenga a bien ajustarse, en dichos espacios, a un esquema convencional que consiste en rese\u00f1ar los estrenos en turno, de preferencia los internacionales; a tal punto que existen redacciones en las que, en los hechos, se restringe deliberadamente la cobertura de cine nacional por considerar que dichas producciones no son lo suficientemente atractivas para el p\u00fablico lector, espectador potencial, que busca s\u00f3lo\u00a0entretenerse, especialmente en tiempos de guerras y pandemias. El tipo de cr\u00edtica que practica Luis Tovar va justo a contracorriente de esa tendencia a transformar al cr\u00edtico profesional en un rese\u00f1ista rutinario, recort\u00e1ndole los espacios necesarios para un an\u00e1lisis bien documentado o reduci\u00e9ndolo a la condici\u00f3n de gracioso o ingenioso recomendador de los productos m\u00e1s llamativos en cartelera en busca de una popularidad improbable o de una ociosa multiplicaci\u00f3n de\u00a0<i>likes<\/i>\u00a0o de emoticones favorables en las redes. O en un pintoresco y temible fustigador de cuantos pretendidos bodrios f\u00edlmicos se encuentre en su camino. En consecuencia, de un cr\u00edtico\u00a0se espera todo, menos que sea un ser comprometido con causas ajenas al buen oficio de hacer un cine grato para las mayor\u00edas. Y\u00a0justamente\u00a0es eso lo que cuestiona Luis Tovar a trav\u00e9s<br \/>\nde su cr\u00edtica de cine a menudo rijosa, en<br \/>\nsu lenguaje coloquial que le habla al t\u00fa por t\u00fa a sus lectores, en sus neologismos temerarios y en esa manera de hablar y de escribir que le es tan propia por ser naturalmente tan impertinente y molesta; en suma, tan impropia para el gusto dominante. Para Luis Tovar resulta un absurdo concebir al cine como un producto de consumo desligado de todo el contexto sociocultural que lo determina y define. Hacerlo equivaldr\u00eda a someterse a los intereses y caprichos de muchos distribuidores y exhibidores que s\u00f3lo responden a la l\u00f3gica de una ganancia r\u00e1pida, de un producto rentable que requiere de publicistas o rese\u00f1istas que le garanticen un \u00e9xito seguro, lo cual evidentemente es una ilusi\u00f3n y un autoenga\u00f1o tanto para el distribuidor como para el rese\u00f1ista, dado que la opini\u00f3n del cr\u00edtico, en este pa\u00eds, no da para eso y en realidad cuenta bien poco. Esta din\u00e1mica de servicios y favores mutuos influye poderosamente en el \u00e1nimo de muchos de quienes han decidido escribir sobre cine. Los libros no suelen hablar de ello, pero el autor de\u00a0<i>Cinexcusas<\/i>\u00a0s\u00ed reserva, en el segundo tomo del suyo, palabras algo duras para describir esa situaci\u00f3n:<\/p>\n<p align=\"left\">En\u00a0los hechos, tanta inercia se traduce en que aquellos, distribuidores y exhibidores, a\u00f1o tras a\u00f1o repiten la misma f\u00f3rmula que les ha dado buenos resultados econ\u00f3micos, y la naturaleza de los factores les tiene perfectamente sin cuidado, mientras que \u00e9stos, los rese\u00f1ocomentadores \u2013algunos con veleidades seudocr\u00edticas, otros ni siquiera eso\u2013, se limitan a la puntual regurgitaci\u00f3n de aquello que se les da como si de pastura se tratara. Ah\u00ed los tiene usted, todos los veranos sin faltar ninguno, hablando del\u00a0<i>blockbuster<\/i>\u00a0en turno y encontr\u00e1ndoles virtudes solamente supuestas como supuesta es la novedad del propio taquillazo, y todos los inviernos sin faltar tampoco ni uno solo, haci\u00e9ndose lenguas y hablando maravillas del mismo plato fr\u00edo de cada a\u00f1o. Ah\u00ed los lee o los escucha usted, endog\u00e1micos, urob\u00f3ricos, hablando del churro equis y del bodrio ye, o de cintas que s\u00ed valen la pena, pero siemnpre convertidos en el eco de la fatalidad, bajo la ley de un silogismo del que jam\u00e1s se han adivinado ni percibido v\u00edctimas y, al mismo tiempo, siervos; puesto que mi trabajo es hablar de cine, tengo que hablar de alguna pel\u00edcula, es decir de alguna en particular, aisl\u00e1ndola no s\u00f3lo del resto sino del contexto \u2013puesto que aspiro a la masividad, me conviene hablar de lo que se est\u00e1 exhibiendo, preferentemente de aquello que goza de m\u00e1s espacio y difusi\u00f3n\u2013 y, de ese m\u00ednimo universo, de los aspectos que \u201ca la gente le interesan\u201d, verbigracia, los ingresos en taquilla, la fama de los protagonistas o, ya poni\u00e9ndose \u201cprofundos\u201d, el modo a fin de cuentas trillado de abordar un tema tan manido como suele ser, de hecho y para dar ejemplos evident\u00edsimos, la Navidad, un h\u00e9roe de c\u00f3mic llevado a la pantalla, la en\u00e9sima parte de una \u201csaga\u201d, la precuela de cualquier secuela, y as\u00ed y as\u00ed.<\/p>\n<p align=\"left\">Ah\u00ed los tendr\u00e1 usted, dentro de muy poco y como siempre, a los distribuidores y exhibidores, medrando con ese premio malo que siempre ha sido y ser\u00e1 el Oscar, y a los comentadores en su talla real de ingenuos e inconscientes publicistas, haci\u00e9ndoles la chamba de mil amores, y de\u00a0a gratis.<\/p>\n<p align=\"left\">Este panorama desalentador que muestra Tovar exhibe algunas de las m\u00faltiples formas en que se consigue no s\u00f3lo reducir las exigencias de un p\u00fablico masivo, sino las del propio cr\u00edtico a su vez domesticado, o solicitado por las distribuidoras para volverse promotor consciente o inconsciente, poco importa, del producto f\u00edlmico m\u00e1s novedoso y atractivo en cartelera. Ser\u00eda falso afirmar que el cr\u00edtico se encuentra impotente o indefenso frente a estas cricunstancias o a esta supuesta fatalidad. Importa mucho el medio para el que escribe y la libertad real de la que goza en dicho medio. No contar con la complicidad t\u00e1cita o expresa de ese medio para escribir libremente y sin censuras de corte moral o, lo m\u00e1s frecuente, de tipo comercial, es la manera m\u00e1s r\u00e1pida y eficaz de conducirlo a esa variante de la claudicaci\u00f3n que es la pasividad o la rutina. La indignaci\u00f3n a flor de piel que caracteriza a muchos de los escritos de Luis Tovar es su mejor ant\u00eddoto para esas facilidades o esos males. Se trata de una suerte de resistencia moral que es la suya y a la vez la del suplemento cultural para el que escribe.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Una estrategia de contrapeso a las imposiciones comerciales o a las presiones veladas de muchos medios \u2013y de la que no habla expl\u00edcitamente el autor, pero que puede inferirse entre l\u00edneas\u2013, es la opci\u00f3n siempre v\u00e1lida, y siempre a la mano, de que los cr\u00edticos a su vez opongan y promuevan el cine que con frecuencia desde\u00f1an distribuidoras y exhibidores comerciales, y tambi\u00e9n algunos diarios (ciertamente no todos), y medios electr\u00f3nicos de comunicaci\u00f3n (\u00e9sos s\u00ed, en su mayor\u00eda), y destacarlo en sus notas semanales o mensuales, en sus diarios, suplementos o revistas, reservando el mejor espacio cr\u00edtico a una cartelera alternativa,\u00a0brindando oportunidades de difusi\u00f3n al tipo de cintas que proyectan los cineclubes, el circuito universitario, y la m\u00e1xima casa de promoci\u00f3n y exhibici\u00f3n de buen cine que es, desde hace ya cincuenta a\u00f1os, la Cineteca Nacional. Eso mismo es parte del esfuerzo plasmado en\u00a0<i>Cinexcusas<\/i>, en la pr\u00e1ctica semanal del propio Tovar y de un pu\u00f1ado de sus colegas.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Cinexcusas I y II&#8217;: Veinte a\u00f1os (y m\u00e1s) de cine mexicano Carlos Bonfil El abrumador embate del consumismo de nuestros tiempos ha hecho del cine una industria altamente lucrativa, en detrimento de la importancia del s\u00e9ptimo arte, sin duda una de las manifestaciones m\u00e1s trascendentes de la cultura de nuestra era. 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