{"id":35925,"date":"2024-02-26T13:29:02","date_gmt":"2024-02-26T19:29:02","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35925"},"modified":"2024-02-26T13:29:02","modified_gmt":"2024-02-26T19:29:02","slug":"la-tinta-sigue-siendo-una-de-las-materias-mas-indestructibles-por-eso-los-tiranos-le-temen-tanto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=35925","title":{"rendered":"La tinta sigue siendo una de las materias m\u00e1s indestructibles, por eso los tiranos le temen tanto."},"content":{"rendered":"<div id=\"main-cont\">\n<article>\n<div id=\"article-cont\" class=\"main-cont article-cont analysis\">\n<div class=\"cabeza\">Elogio de la tinta<\/div>\n<div class=\"sumarios\"><\/div>\n<div class=\"credito-articulo\">Hermann Bellinghausen<\/div>\n<div><\/div>\n<div id=\"article-text\" class=\"text\">\n<div class=\"col col1\">\n<div class=\"inicial\">No distinta de la sangre,\u00a0la tinta se insufla en la jeringa de la pluma o en la m\u00e1quina impresora. Aunque no estemos para met\u00e1foras, la tinta sigue siendo una de las materias m\u00e1s indestructibles, por eso los tiranos le temen tanto. La verdad impresa es dif\u00edcil de combatir. Hay peri\u00f3dicos y revistas que todav\u00eda le dan al blanco donde duele aunque no venda, esa batalla se perdi\u00f3 hace mucho contra la televisi\u00f3n originaria y la escuela mendaz del amarillismo y la propaganda.<\/div>\n<p>A pesar de las abrumadoras pantallas l\u00edquidas que nos asoman a la realidad de una manera irreal, el prestigio de la p\u00e1gina f\u00edsica conserva una magia que no amaina entre los lectores verdaderos. Uno ama un libro, no su PDF. El anunciado colapso de las librer\u00edas y las conmovedoras filas para despedirlas en las ferias, tianguis y librer\u00edas de ocasi\u00f3n, no sin melancol\u00eda lo confirman. Los libros son demasiados, alertaba Gabriel Zaid hace medio siglo, cuando no exist\u00eda Kindle. Pero nunca han sido suficientes, y menos en M\u00e9xico, donde el libro suele ser fetiche, no lectura. La mayor\u00eda lectora en el pa\u00eds se circunscribe a la Biblia, sus comentarios, catecismos y letan\u00edas. Para los ni\u00f1os, los libros de texto gratuito, su predecible limitaci\u00f3n y sus elocuentes destellos sobre papel barato siempre han democratizado la lectura, para desaz\u00f3n de la derecha troglodita que se siente m\u00e1s a gusto quemando libros que ley\u00e9ndolos. Las biblias siempre tienen mejores papel y tinta, pasta dura, y son gratuitas por otros motivos.<\/p>\n<p>Ya ni la publicidad hay que leerla. Te la dicen. Te la gritan. T\u00fa la rumias, ella te troquela, te a\u00f1ade a los archivos de los mercaderes y ya est\u00e1, te trag\u00f3 la Matrix que prefiguraba Jean Baudrillard e inspir\u00f3 la exageraci\u00f3n dist\u00f3pica de las Wachowski. De ah\u00ed la importancia heroica, nunca suficientemente absurda, de los libros. No son realidad simulada ni se conectan con matriz alguna.<\/p>\n<p>Los escritores morimos de la emoci\u00f3n cada que nos publican un libro y la primera copia llega a nuestras manos, que sudan. Lloramos. Nos emborrachamos. Se sabe que buena parte no rozar\u00e1n siquiera las esferas del mercado, pero aun en tirajes m\u00ednimos, existen. Posiblemente haya m\u00e1s\u00a0<q>alfabetizados<\/q>\u00a0que nunca, aunque los lectores siguen siendo marginales en la poblaci\u00f3n total.<\/p>\n<p>Tinta es destino. Tanto as\u00ed que no faltan quienes se tat\u00faan vers\u00edculos del Cor\u00e1n o se inscriben con henna y pinturas perecederas el lenguaje de los dioses. No falta el extremo dram\u00e1tico del que escribe con sangre o redacta sentencias con agujas y cuchillos.<\/p>\n<p>Podemos deplorar que haya m\u00e1s t\u00edtulos que lectores. Que millares de ejemplares de\u00a0<em>Don Quijote<\/em>\u00a0hayan sido impresos y encuadernados para adornar bibliotecas, acompa\u00f1ar centenarios, justificar presupuestos. Podr\u00eda ser peor. Nunca des por muerto el ejemplar de un libro que por dentro siga vivo.<\/p>\n<\/div>\n<div class=\"col col2\">\n<p>La tecla de la industrializaci\u00f3n no s\u00f3lo sustituy\u00f3 el trazo de la mano; tambi\u00e9n abon\u00f3 durante un siglo el camino a la ventana de cristal y la escritura con luz el\u00e9ctrica en el dispositivo que ustedes dispongan. Las tablillas sumerias, la piedra Rosetta y el Calendario Azteca son tan reliquias como\u00a0<em>Pedro P\u00e1ramo\u00a0<\/em>o\u00a0<em>Muerte sin fin\u00a0<\/em>en ediciones econ\u00f3micas. Lo que vale es la letra que imprime en nosotros el magisterio de su arte.<\/p>\n<p>La escritura sol\u00eda deberse a la tinta, transfiguraci\u00f3n del trazo y el verbo.\u00a0<q>Llega como el viento<\/q>, escribi\u00f3 Marguerite Duras,\u00a0<q>est\u00e1 desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada excepto eso, la vida<\/q>.<\/p>\n<p>Antes del dominio de teclados y pantallas, la mecanograf\u00eda, aquella rapidez tipogr\u00e1fica, daba a la tinta un uso ingenioso. La cinta y el martillo fueron instrumento de artistas (hasta los excesos de Kerouac), herramienta del reportero y el proletariado de oficina. Aquellas cuartillas sonoras degeneraron en fotocopia y\u00a0<q>copia dura<\/q>\u00a0y perecieron como basura, ardieron o duermen el sue\u00f1o del moho en archivos muertos, bodegas y otros bajos fondos de la nostalgia y la memoria escondida.<\/p>\n<p>Se prev\u00e9 una nueva Edad Media, cuando en reducidos recintos en monasterios, bibliotecas y talleres no pocas veces clandestinos se resguardaban, le\u00edan y copiaban de uno en uno los textos, las historias, las ideas, los versos. En\u00a0<em>Farenheit 451,\u00a0<\/em>siempre citable, Ray Bradbury imagina un futuro donde los \u00faltimos catec\u00famenos memorizan los libros condenados al auto de fe en el ocaso de la galaxia de Gutenberg (como la llam\u00f3 Marshall McLuhan).<\/p>\n<p>Reinan escritura y lectura electrificadas por hidroel\u00e9ctricas, motores o pilas de litio de duraci\u00f3n limitada. Cuando vuelva la oscuridad natural, derrotada por s\u00ed misma la civilizaci\u00f3n de la energ\u00eda, sobrevivir\u00e1n libros y otros objetos tangibles, millares de p\u00e1ginas sabias o hermosas, centenares de obras maestras que seguir\u00e1n diciendo que la humanidad ha gozado de expresiones positivas y que lo bueno no se calla f\u00e1cilmente. Habr\u00e1 mucha basura tambi\u00e9n. Agua, fuego o podredumbre esfumar\u00e1n p\u00e1ginas y m\u00e1s p\u00e1ginas, pero nunca todas. La tinta es arma insustituible para la inteligencia articulada y la belleza por amor a las palabras. En alg\u00fan lado habr\u00e1 quien pueda leerla. Salvo el exterminio, claro, cuando no haya tinta que valga.<\/p>\n<p class=\"email\">\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"go gui\">\n<div class=\"go-up\"><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/article>\n<\/div>\n<div id=\"interstitialdfpportadas\" data-google-query-id=\"CPCui4DeyYQDFZM8swAdLJUEcg\">\n<div id=\"google_ads_iframe_\/70932171\/interstitial_editorial_0__container__\"><\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Elogio de la tinta Hermann Bellinghausen No distinta de la sangre,\u00a0la tinta se insufla en la jeringa de la pluma o en la m\u00e1quina impresora. Aunque no estemos para met\u00e1foras, la tinta sigue siendo una de las materias m\u00e1s indestructibles, por eso los tiranos le temen tanto. La verdad impresa es dif\u00edcil de combatir. Hay [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":35926,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-35925","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35925","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=35925"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35925\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":35927,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/35925\/revisions\/35927"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/35926"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=35925"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=35925"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=35925"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}