{"id":36143,"date":"2024-03-12T12:03:21","date_gmt":"2024-03-12T18:03:21","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=36143"},"modified":"2024-03-12T12:03:21","modified_gmt":"2024-03-12T18:03:21","slug":"la-nostalgia-de-la-infancia-es-satisfaccion-que-nos-vincula-con-los-primeros-sabores-olores-e-imagenes-que-vivimos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=36143","title":{"rendered":"La nostalgia de la infancia, es satisfacci\u00f3n que nos vincula con los primeros sabores, olores e im\u00e1genes que vivimos"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Territorios maternos: el cine y la memoria<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Rafael Avi\u00f1a<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">La nostalgia de la infancia ofrece una suave satisfacci\u00f3n que nos vincula con los primeros sabores, olores e im\u00e1genes que vivimos. En ese \u00e1mbito, para un cin\u00e9filo como el autor de esta entra\u00f1able remembranza, las im\u00e1genes, la m\u00fasica y las salas de cine a las que asisti\u00f3 de ni\u00f1o con su familia son insoslayables, y aqu\u00ed nos lo comparte.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p align=\"LEFT\">Nunca se est\u00e1 preparado para la orfandad\u2026 La m\u00eda no era una familia numerosa. La integraba mi abuelo Ruperto, un hombr\u00f3n de casi un metro noventa, siempre cargado de an\u00e9cdotas y con una enorme y gruesa mata de cabello blanco, que de ni\u00f1o colabor\u00f3 con los\u00a0<i>cristeros<\/i>\u00a0en su pueblo natal Teziutl\u00e1n, en Jalisco, y en su juventud se convirti\u00f3 en agente aduanal. Su esposa Clementina, a la que llam\u00e1bamos\u00a0<i>Ninita<\/i>, mujer menudita, sensible y alegre cuyos padres perdieron una peque\u00f1a hacienda en tiempos de la Revoluci\u00f3n, y sus hijas: Lupita, Clemen y Olivia, hermosas e inseparables y cuyas ra\u00edces geneal\u00f3gicas se remit\u00edan a Espa\u00f1a. Las tres eran, como bien me dijo alguien muy querido, cercanas a las\u00a0<i>Las trillizas de Belleville<\/i>\u00a0(Sylvain Chomet, 2003).<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Lupita y Clemen nunca se casaron, sus funestas experiencias de noviazgo las llevaron a abandonar cualquier intento: ambas, en su juventud, se desempe\u00f1aban como jefas de producci\u00f3n en una f\u00e1brica de ropa ubicada en Nonoalco, propiedad de los Mansur, empresarios jud\u00edos. Olivia, mi mam\u00e1, tan guapa como mis t\u00edas, se dedicaba de tiempo completo al hogar y en varias ocasiones nos le\u00eda a mis hermanos y a m\u00ed un libro antiguo hoy olvidado que ella atesoraba:\u00a0<i>Rosas de la infancia<\/i>, de Mar\u00eda Enriqueta Camarillo y Roa de Pereyra. Debo aclarar que mis padres se conocieron hacia 1956 o 1957 en un grupo de la Acci\u00f3n Cat\u00f3lica de la Juventud Mexicana (ACJM), de la parroquia de Santa Catarina Virgen y M\u00e1rtir, que colindaba con las paredes de nuestro hogar en las calles de Brasil, en el centro hist\u00f3rico, mientras montaban en el auditorio de la iglesia unos\u00a0<i>Cuadros evang\u00e9licos.<\/i><\/p>\n<p align=\"LEFT\">Aquellos ejercicios teatrales eran dirigidos por j\u00f3venes actores que intentaban abrirse paso en el medio, como Guillermo Orea, que sin pertenecer a la ACJM, hab\u00eda sido contratado para ese fin. Ah\u00ed, en esos ensayos, Olivia y Rafael, mi futuro padre, se hab\u00edan enamorado. En alguna de esas\u00a0<i>f\u00fanebres obritas<\/i>, como las calificaba mi t\u00eda Lupita, mi pap\u00e1 recitaba un di\u00e1logo que no s\u00f3lo daba t\u00edtulo a la pieza sino que se repet\u00eda de manera constante: \u201c\u00a1Yo la mat\u00e9! \u00a1Yo la mat\u00e9!\u201d; por cierto, ese parlamento y la obra en su conjunto provocaba, seg\u00fan mi madre, ataques de risa en Guillermo Orea. Finalmente, Olivia y sus hermanas optar\u00edan por salirse del grupo, no tanto por la fallida experiencia teatral sino por lo persignados que eran sus miembros. \u00a1Vaya!, hasta mi abuela\u00a0<i>Ninita<\/i>\u00a0se burlaba de los moh\u00ednes piadosos de la mayor\u00eda de aquellos socios de la ACJM.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Aquellos\u00a0<i>cuadros\u00a0<\/i>esc\u00e9nicos terminar\u00edan por fortuna en el olvido y, a lo m\u00e1s, recordados como una curiosa an\u00e9cdota que provocaba hilaridad en las mujeres de mi familia. Sin embargo, antes de que mis progenitores decidieran tener un futuro en com\u00fan, Olivia, quien hab\u00eda dejado trunca la preparatoria luego de terminar la secundaria en el colegio Mar\u00eda Ernestina Larrainzar en las calles de Nicaragua, ayudaba en la manutenci\u00f3n de su hogar atendiendo un\u00a0<i>negocito\u00a0<\/i>propiedad de la familia. Se trataba de una peque\u00f1a boneter\u00eda llamada Los Bebitos, ubicada en Santa Mar\u00eda La Ribera, en la que se vend\u00edan regalos, ropa de beb\u00e9 y otras curiosidades.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">La familia de mi madre no depend\u00eda econ\u00f3micamente de ese local. M\u00e1s bien, mis abuelos maternos lo hab\u00edan adquirido para proporcionarles una ocupaci\u00f3n y un dinerito extra a las muchachas y, a su vez, contar con un ahorro para cuando hiciera falta. Ah\u00ed, mi mam\u00e1 y mis t\u00edas, quienes estaban por entrar a la f\u00e1brica de su\u00e9teres Mansur, supl\u00edan la falta de clientes leyendo todo tipo de novelas cl\u00e1sicas e hist\u00f3ricas. De\u00a0<i>Ivanhoe, Quo Vadis\u00a0<\/i>y<i>\u00a0Mar\u00eda Estuardo,\u00a0<\/i>a\u00a0<i>Los ojos del hermano eterno,<\/i>\u00a0<i>Mujercitas\u00a0<\/i>y\u00a0<i>Coraz\u00f3n. Diario de un ni\u00f1o<\/i>, sin faltar algunos libros de poes\u00eda escritos por autores mexicanos como Manuel Acu\u00f1a, Sor Juana In\u00e9s de la Cruz, o Juan de Dios Peza, entre otros.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Mi madre y sus hermanas ten\u00edan una costumbre muy extendida en esa \u00e9poca: la lectura. En aquel entonces, leer era un poderoso\u00a0<i>vicio\u00a0<\/i>que hoy causa salpullido a las nuevas generaciones y un horror infinito a nuestros gobernantes. As\u00ed como hoy en d\u00eda las personas no pueden vivir sin un tel\u00e9fono celular, en esos a\u00f1os resultaba dif\u00edcil desprenderse de un libro, o de una de aquellas maravillosas historietas que circulaban por ese tiempo. Cuando Lupita y Clemen ingresaron a la f\u00e1brica bajo las \u00f3rdenes directas de Cecilia B\u00e9har, gran amiga de la familia y de los patrones, mi mam\u00e1 lleg\u00f3 a organizar en la casa algunas reuniones cuyo fin era mostrar y vender productos de la marca Stanhome: los pl\u00e1sticos y\u00a0<i>tupperwares\u00a0<\/i>que empezaban a definir la modernidad consumista que hoy es asunto com\u00fan en el M\u00e9xico globalizado que vivimos. Sin embargo, aquello pronto dej\u00f3 de interesarle a la que en breve se convertir\u00eda en mi madre, sobre todo cuando la relaci\u00f3n con mi futuro padre se fue volviendo m\u00e1s formal.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Ella fue puliendo, seg\u00fan manifest\u00f3 a\u00f1os despu\u00e9s, a ese joven m\u00e1s o menos apuesto, delgado, con bigotito recortado<i>\u00a0a lo Errol Flynn,<\/i>\u00a0algo introvertido e inseguro y con muchos sue\u00f1os, que a su vez idolatraba el cine, la m\u00fasica, la Historia, el domin\u00f3 y el ajedrez. Los cambios que intentaba practicar con mi padre no afectaban sus gustos intelectuales o populares, sino su manera de vestir. As\u00ed, las camisas de telas gruesas que simulaban cuero de vaca, las playeras de manga larga sin botones ni cierre, sino con ojales que se anudaban con una agujeta al pecho y los pantalones de mezclilla que por lo general usaban los obreros y que mi padre doblaba hacia fuera al estilo de Marlon Brando en\u00a0<i>El salvaje<\/i>, fueron reemplazados por pantalones y chamarras lisas de gabardina y camisas de lana y pana, en la medida de sus posibilidades, ya que ni mi madre, y menos mi padre, se encontraban en posibilidad de invertir mucho dinero en ropa.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">\n<p align=\"LEFT\"><b>Tatuajes en el alma<\/b><\/p>\n<p align=\"LEFT\">En buena medida, parte de su capital lo invert\u00edan en libros, discos y en las salas de cine. Los gustos musicales de mi madre eran muy variados, igual le encantaba Raphael, Engelbert Humperdinck, o Isaac Alb\u00e9niz, que la entusiasmaba, quiz\u00e1 por sus ra\u00edces ib\u00e9ricas. Sin embargo, a los dos les maravillaban las tramas que se suscitaban en la oscuridad de las salas f\u00edlmicas, aunque rara vez se pon\u00edan de acuerdo y sus filias cin\u00e9filas eran muy opuestas. Si mi padre enloquec\u00eda con\u00a0<i>El tesoro de la Sierra Madre<\/i>, estelarizada por Humphrey Bogart, o con\u00a0<i>El caballero audaz\u00a0<\/i>que protagonizaba Errol Flynn, mi madre prefer\u00eda\u00a0<i>El puente de Waterloo<\/i>\u00a0con Robert Taylor y Vivien Leigh y\u00a0<i>Lo que el viento se llev\u00f3\u00a0<\/i>con la misma Leigh y Clark Gable. Mi pap\u00e1 deliraba con las cintas de romanos, g\u00e1ngsters y vaqueros,<i>\u00a0<\/i>al igual que con<i>\u00a0Flash Gordon, Tarz\u00e1n<\/i>\u00a0y las pel\u00edculas mexicanas de arrabal y barrio bajo. Por el contrario, mi madre, disfrutaba de los musicales de Fred Astaire y Ginger Rogers,\u00a0<i>El mago de Oz<\/i>, las comedias policiales con Myrna Loy y William Powell, los dramas rom\u00e1nticos con Betty Davis, o Jane Wyman y las pel\u00edculas de Mar\u00eda F\u00e9lix y Dolores del R\u00edo. Incluso, una vez discutieron debido a la matin\u00e9 a la que nos llevar\u00edan un domingo: Rafael propon\u00eda\u00a0<i>Scaramouche c<\/i>on Stewart Granger, y Olivia\u00a0<i>El maravilloso mundo de los hermanos Grimm<\/i>.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">De hecho, gracias a algunos de esos territorios maternos, como el cine Teresa,<i>\u00a0<\/i>llamado entonces \u201cel cine de las damas metropolitanas\u201d y en particular, aquellas pel\u00edculas edulcoradas que mi madre sol\u00eda llevarme a ver, descubr\u00ed tambi\u00e9n impensables im\u00e1genes siniestras y fetichistas. Por ejemplo, la belleza y perversi\u00f3n de la cruel y hermosa reina-bruja de\u00a0<i>Blanca Nieves<\/i>, o la triste orfandad que prevalec\u00eda en todas las pel\u00edculas de Walt Disney, al tiempo que mi hermano Javier, m\u00e1s atento a las golosinas que vend\u00edan en las salas de aquellos a\u00f1ejos palacios cinematogr\u00e1ficos, me dec\u00eda al o\u00eddo: \u201cYa viste\u00a0<i>Lafaelito<\/i>. Hay\u00a0<i>toltas<\/i>\u2026\u201d<\/p>\n<p align=\"LEFT\">Fue justo en una de esas pel\u00edculas de Disney que mi madre, sin saberlo, anticip\u00f3 lo que hoy me sacude. Ella me llev\u00f3 a ver\u00a0<i>Bambi\u00a0<\/i>al Real Cinema (hoy Cinemex Real), un cine de lujo, muy lejano a las salas que sol\u00eda visitar como el M\u00e1ximo o el Alarc\u00f3n. Todo flu\u00eda bien hasta que un insensible cazador asesina a la madre de aquel t\u00edmido e inseguro cervatillo. Mi madre me pregunt\u00f3 qu\u00e9 pensaba de aquello; me entristec\u00ed y, creo, le coment\u00e9 que Bambi se quedar\u00eda muy solo. Ella me dijo que los hijos nunca se quedan desamparados y que los padres siempre est\u00e1n aunque no est\u00e9n. No lo entend\u00ed en ese momento y trato de entenderlo en estos instantes mientras escribo: quiz\u00e1 el cielo o los \u00e1ngeles o lo que sea, no son otra cosa que esa sabidur\u00eda hoy en v\u00edas de extinci\u00f3n; aquellas ense\u00f1anzas, palabras, im\u00e1genes y acciones amorosas que uno atesora en la existencia y al final se trastocan en el mejor y primordial legado que los padres nos heredan.<\/p>\n<p align=\"LEFT\">No obstante, el recuerdo m\u00e1s lejano que tengo de mi madre, de la que saqu\u00e9 sus ojos color miel y a la que le gustaba inventar graciosas y curiosas frases y palabras, la birria, la capirotada, los sopes con salsa de chile guajillo (ella les llamaba \u201csoles\u201d) y los dulces mexicanos, no tiene nada que ver con el cine o la lectura. Tendr\u00eda yo unos tres o cuatro a\u00f1os y me encontraba con ella en la cocina. Mi mam\u00e1 hac\u00eda, supongo, tortillas hechas a mano o algo con masa. La recuerdo muy cerca de una ventana que filtraba la luz del sol de manera generosa como era ella. Mi mam\u00e1, que ten\u00eda entonces unos veintinueve o treinta a\u00f1os y ya con tres hijos, puso en mis manos algo que ella llam\u00f3 \u201cburrito\u201d; una suerte de robusto y deforme taco de masa reci\u00e9n hecho al que le agreg\u00f3 un poco de sal\u2026 Nunca en toda mi vida he vuelto a saborear algo tan exquisito y reconfortante como aquello que mi mam\u00e1 me ofreci\u00f3 una ma\u00f1ana de 1963 o 1964\u2026<\/p>\n<p align=\"LEFT\">La felicidad se manifiesta en las cosas m\u00e1s simples e inexplicables, para quedar tatuada en el alma y la memoria l<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Territorios maternos: el cine y la memoria Rafael Avi\u00f1a La nostalgia de la infancia ofrece una suave satisfacci\u00f3n que nos vincula con los primeros sabores, olores e im\u00e1genes que vivimos. 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