{"id":36322,"date":"2024-03-25T16:52:12","date_gmt":"2024-03-25T22:52:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=36322"},"modified":"2024-03-25T16:52:12","modified_gmt":"2024-03-25T22:52:12","slug":"rocio-martinez-velazquez-reune-y-comenta-las-obras-de-cinco-escritoras","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=36322","title":{"rendered":"Roc\u00edo Mart\u00ednez Vel\u00e1zquez, re\u00fane y comenta las obras de cinco escritoras,"},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Ellas cuentan: nuevas voces narrativas de Am\u00e9rica Latina<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Roc\u00edo Mart\u00ednez Vel\u00e1zquez<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">En este art\u00edculo, la doctora en filosof\u00eda, editora y profesora en la Universidad Iberoamericana, Roc\u00edo Mart\u00ednez Vel\u00e1zquez, re\u00fane y comenta las obras de cinco escritoras, tres de Argentina, Bolivia, Chile y dos de Ecuador, cuyos registros, bien diferenciados, representan la nueva narrativa latinoamericana escrita por mujeres.<\/p>\n<p>Los temas que abordan est\u00e1n marcados por la violencia, ya sea de g\u00e9nero, criminal, psicol\u00f3gica o pol\u00edtica, y reflejan ese terrible aspecto que tanto marca nuestros pa\u00edses, y afirma: \u201cNo tienen que ser de \u2018protesta propagandista\u2019 porque la fuerza de la realidad que presentan, incluso con elementos m\u00e1gicos, es tan real que la protesta est\u00e1 en la incomodidad o desasosiego que provocan al lector.\u201d<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"right\"><i>Nuestro barco de papel empez\u00f3 a hacer agua.<\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><i>Ca\u00edmos en la s\u00e1bana blanca y nos hundimos.<\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><i>Ah\u00ed estamos sumergidos.<\/i><\/p>\n<p align=\"right\"><i>No sabemos despertar.<\/i><\/p>\n<p align=\"right\">Nona Fern\u00e1ndez<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">E<i>n el complejo a\u00f1o de 2020 tuve como prop\u00f3sito resarcir una parte de mi biblioteca: literatura contempor\u00e1nea escrita por mujeres. Muchas de mis lecturas por elecci\u00f3n tienen nombres masculinos, como mucha gente de mi generaci\u00f3n. Emprend\u00ed la tarea con Cometierra\u00a0<\/i>(Sigilo, 2019) de Dolores Reyes (Argentina, 1978) y debo decir que esta deslumbrante experiencia marc\u00f3 una traves\u00eda lectora que ser\u00e1 imposible abandonar.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Dolores Reyes: tierra de cementerio<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Una protagonista\u00a0casi adolescente se come la tierra y con ella puede ver el destino de gente desaparecida o, m\u00e1s preciso, de las desaparecidas. La joven vive con su hermano en unas condiciones econ\u00f3micamente adversas, pero el don que tiene de visualizar a trav\u00e9s de la tierra el destino de las desaparecidas la lleva a involucrarse en una investigaci\u00f3n polic\u00edaca. Am\u00e9rica Latina, una regi\u00f3n donde la cantidad de muertos nos impide conocerlos por su nombre, hace una literatura de denuncia cuyo eje central es la prosa literaria, la creaci\u00f3n de un personaje que es una chica com\u00fan con un don que se sale de la realidad.<\/p>\n<p align=\"left\">La p\u00e9rdida es un hilo conductor en la historia. Empieza con la muerte de la madre, un\u00a0<i>feminicidio\u00a0<\/i>cometido por su propio padre y, con esta tragedia, el despliegue de ese don que es una infelicidad constante: \u201cCierro los ojos para apoyar las manos sobre la tierra que acaba de taparte, mam\u00e1, y se me hace de noche. Cierro los pu\u00f1os, atrapo y la llevo a la boca. La fuerza de la tierra que te devora es oscura y tiene el tronco de un \u00e1rbol. Me gusta, me muestra, me hace ver.\u201d Hu\u00e9rfana de madre, una t\u00eda queda al cuidado de ella y de su hermano, pero termina desistiendo de la crianza dejando paso libre a un mundo de adolescentes y videojuegos. Se va de casa porque un d\u00eda la mandan llamar de la escuela por el dibujo que ha hecho su sobrina: Ana, su profesora, ha desaparecido, y ella al comer la tierra ha visualizado su tr\u00e1gico destino que plasm\u00f3 en un papel: \u201cYo la hab\u00eda dibujado como la tierra me la mostr\u00f3: desnuda,<br \/>\ncon las piernas abiertas y un poco dobladas para los costados, que hac\u00edan parecer su cuerpo\u00a0m\u00e1s chico, como si fuera una ranita. Y las manos atr\u00e1s, atadas contra uno de los postes del galp\u00f3n donde unas letras pintadas dec\u00edan \u2018Corral\u00f3n Panda\u2019.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">El rumor de la videncia se esparce y a Cometierra la buscan aquellas almas desesperadas por sus desaparecidos. Y as\u00ed da tambi\u00e9n con ella Ezequiel, un polic\u00eda que habita en la misma zona que Cometierra: sitios perif\u00e9ricos de las ciudades con alto nivel de marginaci\u00f3n. Casos de desaparecidas que deber\u00eda resolver la polic\u00eda, pero que ante la incompetencia terminan recurriendo a una ni\u00f1a vidente. Es Argentina, pero podr\u00eda ser cualquier lugar donde la violencia de g\u00e9nero,\u00a0<i>feminicidios<\/i>, desapariciones forzadas, est\u00e1n en la cotidianidad de los individuos acompa\u00f1ados de una impunidad destructora de esperanza.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Cometierra<\/i>\u00a0es la primera novela de Dolores Reyes. Inspirada por la poes\u00eda, nace en un taller de novela donde concibe este personaje de la ni\u00f1a que come la tierra en un cementerio y de esa manera se conecta con los muertos. Dice la autora: \u201cLa novela surge en un taller literario. Un compa\u00f1ero que es poeta que se llama Marcelo Carnero ley\u00f3 un textito que era m\u00e1s poes\u00eda que narrativa y terminaba diciendo \u2018tierra de cementerio\u2019. Cuando dijo eso vi la imagen de una nena muy flaca con el pelo negro, sentada en un cementerio contra la tierra que se empezaba a comer con angustia.\u201d La tierra es la que tiene contacto con los cuerpos, es la tierra la que puede contar el destino tr\u00e1gico de los cuerpos de las mujeres asesinadas, es Cometierra quien puede terminar con la incertidumbre.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Nona Fern\u00e1ndez: la memoria\u00a0como fuente narrativa<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Nona Fern\u00e1ndez (Chile, 1971) escribe un libro que se inscribe en la tradici\u00f3n de la literatura sobre la dictadura pero desde la mirada de la infancia.\u00a0<i>Space invaders\u00a0<\/i>(FCE, 2020) es una peque\u00f1a joya conmovedora de principio a fin que relata el horror de la dictadura a trav\u00e9s de un grupo de chicas y chicos que recurren a sus sue\u00f1os y sus recuerdos, y los llevan a ese lugar de oscuridad que revela familiares desaparecidos, cambios de vida inexplicables; estos ni\u00f1os son protagonistas involuntarios de un contexto terrible e injusto: \u201cLos sue\u00f1os son diversos, como diversas son nuestras cabezas, y diversos son nuestros recuerdos, y diversos somos y diversos crecimos. Desde nuestra on\u00edrica diversidad podemos concordar que cada uno a su propio modo la ve como la recuerda.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">La memoria como fuente narrativa para reconstruir una infancia marcada por la dictadura debe recurrir a sue\u00f1os y pesadillas, a imaginaciones que llenen los huecos del olvido. Una inocencia que fue aniquilada por la tragedia constante y cuyo resultado es el adulto en el que cada quien se convirti\u00f3, sabiendo que otros muchos no llegaron a esa etapa de la vida porque fueron desaparecidos, torturados, asesinados. Son adultos atormentados pero tambi\u00e9n privilegiados por poder recontar: \u201cFuenlizada dice que cada uno sue\u00f1a como puede. Que mientras ella escucha voces, y otros s\u00f3lo ven im\u00e1genes, Maldonado tiene todo el derecho a que sus sue\u00f1os est\u00e9n construidos de palabras. Cada ladrillo es un verbo, un art\u00edculo, un adjetivo, y as\u00ed la construcci\u00f3n crece, levanta escaleras y se transforma en un t\u00fanel alto que puede comunicar el cielo y el infierno. Maldonado sue\u00f1a palabras azules escritas por la mano de una ni\u00f1a.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">De la infancia a la adolescencia transitan los personajes rodeados de la violencia de la dictadura, la impunidad y la desmemoria. Mientras se enamoran por primera vez y conocen el deseo, viven en la paranoia de la represi\u00f3n del Estado, las normas impuestas por la dictadura, esa \u201cVirgen que nos observa desde la altura. Siempre nos observa desde la altura. Sus ojos de vidrio espi\u00e1ndonos por sobre nuestras cabezas peinadas\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">La narrativa de Nona va conduciendo la lectura de una manera sutil, lejos de escatimar detalles va tejiendo la complicidad lectora en las elipsis, los silencios, los cambios de perspectiva. El t\u00edtulo alude a un popular videojuego de la d\u00e9cada de los a\u00f1os ochenta que consist\u00eda en disparar a unas naves extraterrestres que ca\u00edan en la pantalla, una met\u00e1fora que conforma esa memoria en la que \u201cno hay palabras, ni nombres, s\u00f3lo un cuerpo de muchas patas, manos y cabezas\u201d.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Liliana Colanzi: una realidad\u00a0que se quiebra<\/b><\/p>\n<p align=\"left\"><i>Nuestro mundo\u00a0<\/i><i>muerto<\/i>\u00a0(P\u00e1ginas de Espuma, 2016) es la puerta de entrada a otra dimensi\u00f3n. Liliana Colanzi (Bolivia, 1981) recurre a la ciencia ficci\u00f3n en estos relatos escritos a veces en primera persona, a veces en tercera, donde el plano de la realidad no es exclusivo y podemos navegar al terreno de lo fant\u00e1stico sin cuestionarlo. Varias galaxias que aterrizan en personajes muy contempor\u00e1neos con situaciones familiares y escolares de marginalidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Ocho relatos componen este libro de cuentos. El terror y el suspenso conducen la lectura por personajes tan variados que van desde una madre que vigila, un compa\u00f1ero de escuela que ha muerto, una mujer que se va a Marte porque se ha ganado la loter\u00eda, un pose\u00eddo por el instinto asesino de un indio mataco\u2026 \u201cPoco despu\u00e9s la voz del mataco se meti\u00f3 en mi cabeza. Cantaba, sobre todo. No ten\u00eda idea de lo que le hab\u00eda pasado y se lamentaba con esa voz trist\u00edsima y como empantanada de los indios. Ayayay, cantaba. Yo so\u00f1aba sus sue\u00f1os: manadas de taitetuses que hu\u00edan en el monte, la herida caliente de la urina alcanzada por la flecha, el vapor de la tierra y\u00e9ndose a juntar con el cielo. Ayayay\u2026 El coraz\u00f3n del mataco era una niebla roja. \u00bfQui\u00e9n sos? \u00bfQu\u00e9 quer\u00e9s? \u00bfPor qu\u00e9 te has alojado en m\u00ed?, le habl\u00e9.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">La autora juega con el mundo ind\u00edgena, lo sobrenatural, frente a una realidad que se quiebra. Explora c\u00f3mo en la historia de nuestros pa\u00edses hay un trasfondo colonial del que no siempre somos conscientes. Mostrar estas relaciones creadas con esta visi\u00f3n colonial y c\u00f3mo, a trav\u00e9s de elementos extraordinarios, el oprimido puede meterse en el inconsciente del otro.<\/p>\n<p align=\"left\">Colanzi no considera al cuento un g\u00e9nero menor, una transici\u00f3n a la novela, sino un arma muy potente que aunque no es expresamente de denuncia, s\u00ed pondr\u00e1 a pensar a los lectores y\u00a0los dejar\u00e1 en vilo.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>M\u00f3nica Ojeda: siete veces la violencia<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Del imaginario de\u00a0la narrativa breve,\u00a0<i>Las voladoras<\/i>\u00a0(P\u00e1ginas de Espuma, 2020) de M\u00f3nica Ojeda (Ecuador, 1988) retrata un universo muy femenino que resalta lo terrible: la violencia que un otro inflige, la violencia correspondida, y finaliza el volumen de cuentos con la violencia de la p\u00e9rdida. El volumen est\u00e1 compuesto por ocho relatos, de los cuales siete tienen protagonistas mujeres, unas supervivientes que han desarrollado habilidades para lidiar con la violencia pues no conocen otro contexto. La mayor\u00eda de las violencias las ejercen los hombres, en esa violencia se constituyen, los hace ser y ejercer ese poder sobre las mujeres, pero son ellas las que se fortalecen para poder sobrevivir.<\/p>\n<p align=\"left\">\u201cLa sangre tambi\u00e9n me dijo que una cabeza cortada dibuja el tiempo. Que donde una planta estuvo ma\u00f1ana crecer\u00e1 otra. Que la planta se hace peque\u00f1a para que yo me haga grande. Ella ya no camina, ya no habla, pero a veces grita feo como las cabras la noche antes de la degollaci\u00f3n. Yo la escucho y nos defiendo con piedras de los invasores. Crezco fuerte en su sitio porque adem\u00e1s de sincera, la sangre es justa.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">Ojeda retrata el dolor femenino con esa violencia que no separa lo mental del cuerpo. Dice la autora: \u201cMe interesa una escritura que sea un poco tel\u00farica, en el sentido m\u00e1s estricto del telurismo: entender la tierra como un lugar de contradicciones, de la tierra sale la carne que nace, pero se descompone tambi\u00e9n. Por lo tanto, guarda el misterio de la fertilidad, pero tambi\u00e9n el de la podredumbre. Guarda aquello que m\u00e1s miedo nos da: la muerte, la desaparici\u00f3n, el disolvernos otra vez con el todo. Esta idea es tambi\u00e9n una suerte de continuidad en el mundo andino.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Natalia Garc\u00eda Freire: una casa que se desmorona<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">En otro registro,\u00a0<i>Nuestra piel muerta\u00a0<\/i>(La Navaja Suiza, 2019), de Natalia Garc\u00eda Freire (Ecuador, 1991), elige un narrador masculino y el interior de una casa donde todo transcurre. Lucas, el protagonista, narra en una segunda persona que habla con su padre muerto. La nostalgia de una infancia destruida, una familia que ya no est\u00e1 y la casa invadida por dos extranjeros, Felisberto y Eloy, van alternando el pasado y el presente para reconstruir los hechos sobre la muerte del padre: \u201cUn lugar donde todo expira, el final del fin. Me cost\u00f3 trabajo, pero lo vi, padre. Ni siquiera hay jardines; s\u00f3lo el bien y el mal, el cielo y el infierno: habitaciones de monjas y enfermos.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">La madre fue enviada lejos y en el jard\u00edn que tanto cuidaba se puede ver el impacto de su ausencia: ahora s\u00f3lo crece mala hierba. Una casa que se desmorona y de la que Lucas es testigo, a su lado, las mujeres que lo criaron: Sarah, Noah y Mara son parte de esa casa que alberg\u00f3 la infancia de Lucas y ahora sucumbe a la podredumbre y la oscuridad que se apoderan del entorno y que conducen al narrador al \u00fanico mundo sobreviviente: el de los insectos. Dolor, miedo, enga\u00f1o, venganza, locura descritos de una manera tan palpable que van vaticinando para el lector un desenlace tr\u00e1gico.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Letras con la fuerza de la realidad<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Nona Fern\u00e1ndez y\u00a0Dolores Reyes conducen sus historias a trav\u00e9s de una mirada infantil, casi adolescente, de sus personajes que deben enfrentar un contexto adulto tr\u00e1gico; mientras que los libros de cuentos de Liliana Colanzi y M\u00f3nica Ojeda tienen su punto de encuentro en crear imaginarios a partir de su lugar de origen, con personajes inmersos en mundos violentos, donde la visi\u00f3n del violentado y oprimido detona la acci\u00f3n y termina por imponerse a ese contexto. En Natalia Garc\u00eda Freire se funde el ambiente con los personajes, y es la tierra la que termina por dominar develando lo m\u00e1s intr\u00ednseco y terrible del ser humano. Cada una est\u00e1 respondiendo a la realidad de sus geograf\u00edas. Las une, sin duda y lamentablemente, una violencia que no es solamente la de los reg\u00edmenes totalitarios, las dictaduras o las guerrillas pol\u00edticas, sino de esa violencia cotidiana que golpea m\u00e1s fuerte a las mujeres, las infancias y los pueblos originarios. No tienen que ser de \u201cprotesta propagandista\u201d porque la fuerza de la realidad<br \/>\nque presentan, incluso con elementos m\u00e1gicos, es tan real que la protesta est\u00e1 en la incomodidad o desasosiego que provocan al lector. Son autoras que han puesto su don para la orfebrer\u00eda de las palabras en crear mundos que son tan veros\u00edmiles que ofenden, una belleza del lenguaje cuya precisi\u00f3n en el reflejo de la realidad hace doler. Hay denuncia y feminismo enmarcados en una b\u00fasqueda est\u00e9tica que en nada se asemeja a lo panfletario. Sin duda, todas y cada de una de estas lecturas descubren un nuevo mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><strong>Bibliograf\u00eda:<\/strong><\/p>\n<p align=\"left\">Colanzi, Liliana,<i>\u00a0Nuestro mundo muerto<\/i>, Madrid, P\u00e1ginas de Espuma, 2016.<\/p>\n<p align=\"left\">Fern\u00e1ndez, Nona,\u00a0<i>Space Invaders<\/i>, M\u00e9xico, Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 2020.<\/p>\n<p align=\"left\">Garc\u00eda Freire, Natalia,\u00a0<i>Nuestra piel muerta<\/i>, Madrid, La Navaja Suiza, 2019.<\/p>\n<p align=\"left\">Ojeda, M\u00f3nica,\u00a0<i>Las voladoras<\/i>, Madrid, P\u00e1ginas de Espuma, 2020.<\/p>\n<p align=\"left\">Reyes, Dolores,\u00a0<i>Cometierra<\/i>, Buenos Aires, Sigilo Editorial, 2019.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ellas cuentan: nuevas voces narrativas de Am\u00e9rica Latina Roc\u00edo Mart\u00ednez Vel\u00e1zquez En este art\u00edculo, la doctora en filosof\u00eda, editora y profesora en la Universidad Iberoamericana, Roc\u00edo Mart\u00ednez Vel\u00e1zquez, re\u00fane y comenta las obras de cinco escritoras, tres de Argentina, Bolivia, Chile y dos de Ecuador, cuyos registros, bien diferenciados, representan la nueva narrativa latinoamericana escrita [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":36323,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-36322","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/36322","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=36322"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/36322\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":36324,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/36322\/revisions\/36324"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/media\/36323"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=36322"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=36322"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=36322"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}