{"id":36399,"date":"2024-04-02T14:18:33","date_gmt":"2024-04-02T20:18:33","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=36399"},"modified":"2024-04-02T14:18:33","modified_gmt":"2024-04-02T20:18:33","slug":"los-generos-literarios-se-mezclan-entrelazan-se-imbrican-y-se-complementan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=36399","title":{"rendered":"Los g\u00e9neros literarios se mezclan, entrelazan, se imbrican y se complementan."},"content":{"rendered":"<h1 class=\"ljs-merri\">Anatom\u00eda del yo narrativo<\/h1>\n<p><span class=\"sem-autor\">Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva<\/span><\/p>\n<div id=\"carouselSemControls\" class=\"carousel slide\" data-ride=\"carousel\">\n<div class=\"carousel-inner\">\n<div class=\"carousel-item active\">\n<div class=\"ljs-nota-img\">\n<p class=\"ljs-nota-pie\">Los g\u00e9neros literarios se mezclan, entrelazan, se imbrican y se complementan. Este ensayo ilustra y argumenta sobre la relaci\u00f3n incluso necesaria entre el yo narrativo y la autoficcion, y afirma: \u201cLa hibridez de los g\u00e9neros logra en el yo narrativo una mayor cobertura.\u201d<\/p>\n<p>El filme <i>Anatom\u00eda de una ca\u00edda<\/i>\u00a0presenta varios dilemas: el de la ficci\u00f3n y la realidad, la literatura y el cine, la verdad y la justicia. En la narrativa de la pel\u00edcula hay, por parte de los acusadores, la certeza de que la \u201cautoficci\u00f3n\u201d \u2013se escucha ese t\u00e9rmino en la pel\u00edcula\u2013 es muestra de una realidad comprobable. El fiscal intenta persuadir al jurado de que en las novelas de la acusada hay pruebas de hechos ver\u00eddicos, reales. El juicio en s\u00ed, que pareciera un homenaje a\u00a0<i>El extranjero,\u00a0<\/i>de Camus, est\u00e1 lleno de prejuicios hacia la acusada por no ser francesa, hablar mal el idioma en que debe defenderse, ser ambiciosa, exitosa, bisexual, anteponer la literatura al marido y al hijo, y, sobre todo, ser insuficientemente expresiva y sentimental. Eso la convierte en sospechosa de un crimen; el suicidio pasa a un segundo plano. Entonces, el testimonio de un ni\u00f1o ciego, peque\u00f1o Tiresias, es determinante.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div class=\"ljs-nota-cuerpo\">\n<p align=\"left\">La funci\u00f3n del yo testimonial pretende ser la del portador de una verdad en aras de la justicia, pero todos los testimonios, en mayor o menor medida, responden a distintas cargas emocionales, morales, afectivas. No obstante, m\u00e1s all\u00e1 del juicio oral, en la obra de la inculpada la narrativa autoficcional no se plantea como posible indicio de la verdad. Lo m\u00e1s interesante de narrar en primera persona no es el hecho de recurrir al yo para contar. La autorreferencialidad como construcci\u00f3n literaria es, en todo caso, el s\u00edntoma de una liberaci\u00f3n expresiva que permite el despliegue no s\u00f3lo de la imaginaci\u00f3n sino del lenguaje, de las posibilidades transgen\u00e9ricas que enriquecen la memoria y desnudan la realidad, objetiva y subjetiva, no s\u00f3lo de los personajes, de los propios autores, que suelen ser protagonistas de sus relatos.<\/p>\n<p align=\"left\">La hibridez de los g\u00e9neros logra en el yo narrativo una mayor cobertura. Hasta antes de siglo XXI, la preceptiva literaria defend\u00eda la rigidez de sus fronteras y no se pod\u00eda pensar en la posibilidad de cruzar el periodismo con la literatura, de empatar la poes\u00eda con la narrativa, la cr\u00f3nica con la poes\u00eda, el drama con la l\u00edrica, la ciencia con la ficci\u00f3n. De hecho est\u00e1 en boga, al menos entre los j\u00f3venes poetas mexicanos, poetizar la ciencia y la tecnolog\u00eda, emplear t\u00e9rminos que en otro momento resultar\u00edan sacr\u00edlegos. Sor Juana, por cierto, ya hab\u00eda tejido con ese hilo negro su\u00a0<i>Primero Sue\u00f1o<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Varios amigos, cr\u00edticos y lectores exigentes, han manifestado su hartazgo de la narrativa del yo. En su defensa, debo aclarar que hay diferencias de fondo y forma entre el yo narrativo de, por ejemplo, Fernando Vallejo, con el yo de\u00a0<i>Memorias de Adriano<\/i>\u00a0de Marguerite Yourcenar, o incluso de\u00a0<i>Me<\/i><i>morias<\/i>\u00a0(<i>Histoire de ma vie<\/i>) de Giacomo Casanova. En el yo autobiogr\u00e1fico ficcional, como en el caso de Adriano, Yourcenar se coloca en la primera persona del otro, su protagonista; ficcionaliza desde una intimidad hist\u00f3rica para colocarnos en la<br \/>\nagon\u00eda luminosa del emperador romano. De<br \/>\nCasanova no se puede esperar una narrativa apegada a la verdad: es un mentiroso, un seductor profesional.<\/p>\n<p align=\"left\">Los estadunidenses han puesto la bandera inaugural de la novela de no ficci\u00f3n en la obra de Truman Capote, y los franceses han acu\u00f1ado la autoficci\u00f3n como un descubrimiento nacional, tal como se suele leer en Patrick Modiano y de manera particular en Annie Ernaux, ambos Premio Nobel de Literatura. Tanto lo testimonial como lo autobiogr\u00e1fico recurren al yo narrativo para dar veracidad y lirismo a los relatos. No es algo nuevo, ni comienza con Truman Capote ni es un fen\u00f3meno literario que tenga lugar en Francia. Son, s\u00ed, fen\u00f3menos editoriales que pretenden marcar modas y legitimar escrituras que tienden siempre a la banalizaci\u00f3n del recurso y sus contenidos para ampliar el mercado.<\/p>\n<p align=\"left\">Alfonso Reyes se encarg\u00f3 de teorizar al respecto y avanz\u00f3 l\u00edneas en la primera mitad de siglo para enfocar la emergencia de obras que se desenvolv\u00edan en la hibridez narrativa. Obras como\u00a0<i>Cartucho,<\/i>\u00a0de Nellie Campobello,\u00a0<i>El \u00e1guila y la serpiente<\/i>, de Mart\u00edn Luis Guzm\u00e1n, o el\u00a0<i>Ulises Criollo<\/i>\u00a0de Jos\u00e9 Vasconcelos desaf\u00edan las r\u00edgidas fronteras literarias de su \u00e9poca. Reyes pone de ejemplo a sus coet\u00e1neos. Pero tal vez el \u201cpolo de sujeci\u00f3n\u201d, la ficci\u00f3n de lo realmente sucedido, para emplear la terminolog\u00eda alfonsina, se ubica en un plano inferior con respecto a la ficci\u00f3n de lo imaginado (polo de emancipaci\u00f3n), que el mercado valoraba y contin\u00faa valorando, pero tal vez un poco menos.<\/p>\n<p align=\"left\">El yo l\u00edrico, por venir de la poes\u00eda propiamente dicha, encarnaba una fuerte dosis de pudor confesional atribuido sobre todo a la escritura hecha por mujeres. Los hombres no lloran. Un rasgo de virilidad es alejarse de ese yo pla\u00f1idero y narcisista atribuido tambi\u00e9n a los rom\u00e1nticos. En una entrevista a Al\u00ed Chumacero, destaca ese rasgo distintivo de su obra y de su \u00e9poca, el alejamiento de la autorreferencialidad, hablar de lo otro, de los otros para referirse a uno de manera impersonal. Las obras testimoniales pasaban por ese tamiz, carente de intenci\u00f3n est\u00e9tica y apegado a la oralidad, a un yo abierto a otros yos, evitando literaturizar. Por su parte, la poes\u00eda homoer\u00f3tica, por ejemplo, hablaba desde un yo impersonal, y de unos otros desprovistos de g\u00e9nero. Las razones son conocidas. Fernando Vallejo, en cambio, toca los l\u00edmites de la pornoliteratura.<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Adi\u00f3s a las fronteras literarias<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Lo interesante de\u00a0este auge del yo narrativo, autoficcional, es que representa una luz verde en las fronteras literarias. El mercado y la academia valoran obras que se desenvuelven en la hibridez narrativa y yo dir\u00eda tambi\u00e9n l\u00edrica y hasta dram\u00e1tica. Las modas literarias no necesariamente son novedades estil\u00edsticas o descubrimientos de lo conocido, pero s\u00ed la aceptaci\u00f3n y reconocimiento de lo visualizado y en ocasiones no valorado y aceptado. Dante erigi\u00f3 una obra monumental, la\u00a0<i>Divina Comedia<\/i>, con un yo ficcional en debate con la realidad. Obra fundada en la hibridez, poema narrativo que mezcla la l\u00edrica, la \u00e9pica y la dram\u00e1tica para representar ese viaje del yo a las profundidades del infierno, en realidad de la conciencia humana y del teatro pol\u00edtico de su \u00e9poca y su cultura.<\/p>\n<p align=\"left\">La consagraci\u00f3n como obras maestras, por parte de la Academia Sueca, de los reportajes y libros testimoniales de Svetlana Alexevich, las novelas autobiogr\u00e1ficas de Annie Ernaux y las canciones de Bob Dylan, es una se\u00f1al de apertura y aceptaci\u00f3n de que la literatura no necesariamente es mito, de que lo ficcional tambi\u00e9n reside en el lenguaje y en la forma, de que lo period\u00edstico y hasta lo cient\u00edfico, anclados en la realidad operativa, pueden tener carta de navegaci\u00f3n en la literatura sin faltar a sus principios.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Canci\u00f3n de tumba<\/i>, de Juli\u00e1n Herbert,\u00a0<i>El invencible verano de Liliana<\/i>, de Cristina Rivera Garza, varias de las novelas de Fernando Vallejo entremezclan lo confesional con otros asuntos de la realidad como la violencia, la pobreza, la prostituci\u00f3n, el crimen, la drogadicci\u00f3n. Es decir, el yo m\u00e1s personal comunica una realidad social innegable empleando todo tipo de recursos documentales.<\/p>\n<p align=\"left\">Alfonso Reyes lo define como la contaminaci\u00f3n de la historia por la literatura: \u201cLa biograf\u00eda es g\u00e9nero an\u00f3malo, s\u00f3lo relativamente hist\u00f3rico. Algunos llegan a decir que es extrahist\u00f3rico por esencia. No exageremos: es extrahist\u00f3rico por definici\u00f3n convencional de la historia. El que quiera considerarlo virtualmente incorporado en la historia, no por eso invalidar\u00e1 las conclusiones a las que aspiramos. G\u00e9nero comparable al retrato, es arte y tambi\u00e9n es documento hist\u00f3rico por el giro mental, pero prendido por su asunto, a las vidas particulares, como la literatura.\u201d<\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><b>Dos de muestra: Esther Hern\u00e1ndez\u00a0y Piedad Bonnet<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">Me viene a\u00a0la mente un ejemplo. En\u00a0<i>La lectura en el centro, 55 autobiograf\u00edas lectoras<\/i>, coordinado por Eduardo Cerd\u00e1n, Esther Hern\u00e1ndez Palacios refiere sus inicios lectores, pero es el asesinato de su hija y de su yerno lo que impulsa su b\u00fasqueda de consuelo en el\u00a0<i>pathos<\/i>\u00a0de la poes\u00eda, y la escritura como un recurso contra la impunidad y el olvido. Comienza un\u00a0<i>Diario<\/i>\u00a0basado en sus lecturas de la prensa nacional, en sus reflexiones y recuerdos. Lo termina convencida de su funci\u00f3n cat\u00e1rtica, pero lo somete a una revisi\u00f3n literaria estricta, lo alimenta con versos, y ya con una clara intenci\u00f3n est\u00e9tica lo aleja del escenario tr\u00e1gico. El libro,\u00a0<i>Diario de una madre mutilada<\/i>, gan\u00f3 el Premio Carlos Montemayor del INBA. A los asesinos termina llam\u00e1ndoles carne de ca\u00f1\u00f3n con la que es necesario reconciliarse para aliviar nuestro contexto destructivo.<\/p>\n<p align=\"left\">De manera similar, la colombiana Piedad Bonnett escribe una suerte de novela testimonial:<i>\u00a0Lo que no tiene nombre,\u00a0<\/i>sobre la enfermedad mental y el suicidio de su hijo. Nos conduce por el per\u00edodo desequilibrante de la enfermedad, sobre todo en la depresi\u00f3n y la psicosis. La certeza materna: el desenlace fatal es pr\u00e1cticamente inevitable y prematuro. No hay melodrama en esa historia, es la fuerza de voluntad de una escritora por exponer los hechos desde la compasi\u00f3n y la catarsis. Como poeta, le es inevitable dotar al documento de momentos profundamente l\u00edricos para elevar el relato por encima de lo meramente biogr\u00e1fico y anecd\u00f3tico y convertirlo, con la malicia narrativa, en una obra literaria de indudable belleza.<\/p>\n<p class=\"western\" align=\"left\">Esos\u00a0recursos de hibridez del yo narrativo o la autoficci\u00f3n, los he visto con mayor nitidez en Javier Cercas.\u00a0<i>Soldados de Salamina<\/i>\u00a0y\u00a0<i>El monarca de la sombras,<\/i>\u00a0son dos magn\u00edficos ejemplos del entrecruzamiento de la autobiograf\u00eda, el reportaje, la\u00a0cr\u00f3nica, la investigaci\u00f3n documental y la fabulaci\u00f3n con fines hist\u00f3ricos-literarios. La realidad cotidiana, autorreferencial, est\u00e1 a flor de piel, pero uno sabe que en ese cuero est\u00e1n tatuados los olvidos, las omisiones y la fabulaci\u00f3n. La historia no es tel\u00f3n de fondo, es mapa de navegaci\u00f3n. Theodor Kallifatides lo dice de otra manera:\u00a0<i>Lo pasado no es un sue\u00f1o<\/i>. Esta novela autobiogr\u00e1fica nos cuenta el viaje a su tierra natal, Grecia, desde su residencia sueca, para descubrir y revelarnos el\u00a0significado de una piedra negra que le pesa en el alma. Una cosa nos queda clara en este sencillo relato: el yo narrativo, sin el yo l\u00edrico, corre el riesgo de perder fondo, de perder tiempo. No es la realidad funcional, sino la realidad ficcional lo que devela ese yo en su anatom\u00eda est\u00e9tica.<\/p>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Anatom\u00eda del yo narrativo Jos\u00e9 \u00c1ngel Leyva Los g\u00e9neros literarios se mezclan, entrelazan, se imbrican y se complementan. 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