{"id":5515,"date":"2010-02-01T10:50:53","date_gmt":"2010-02-01T16:50:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/2010\/02\/01\/recordatorio-de-francisco-cervantes\/"},"modified":"2010-02-01T10:50:53","modified_gmt":"2010-02-01T16:50:53","slug":"recordatorio-de-francisco-cervantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=5515","title":{"rendered":"Recordatorio  de  Francisco Cervantes"},"content":{"rendered":"<p class=\"cabeza_princoem\"><strong>Relatorio Sentimental<\/strong><\/p>\n<p class=\"fechanota\">Diario de Quer\u00e9taro<\/p>\n<p class=\"texto\">Froncisco Cervantes\u00a0<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00a0Cuando se han recorrido diferentes bares, en una ciudad como \u00e9sta, donde uno no naci\u00f3, a\u00fan cuando lleve muchos a\u00f1os viviendo en ella, se nota que no se es de ah\u00ed. Esto me suced\u00eda en la ciudad de M&#8230; en la que me hallaba de paso, ya har\u00e1 unos veinte o treinta a\u00f1os. Mi llegada a M&#8230; fue indiferente a la ciudad como la ciudad lo fue para m\u00ed. Poblaci\u00f3n grande, gris, sin otro colorido que aquel que la pobreza mendicante y la soberbia pueden dar. El aire de tristeza que se respiraba en la atm\u00f3sfera me produjo tanto malestar, que la primera noche ah\u00ed tuve que dormir con pastillas.<\/p>\n<p class=\"texto\">Por el segundo d\u00eda, tras las horas densas de una actividad cotidiana penosa, en el cuarto bar que visit\u00e9 y vi igualmente vac\u00edo, tras de mi segundo vaso de ginebra, un joven de aproximadamente veinti\u00fan a\u00f1os, sin conocerme, me convid\u00f3 un trato.<\/p>\n<p class=\"texto\">No hace bien estar solo. Y menos beber. Nos sirvi\u00f3 un camarero indiferente, sin que ninguno de nosotros hiciera otro gesto de entendimiento que apurar la copa. Despu\u00e9s, yo hice una se\u00f1a, indicando que sirvieran dos m\u00e1s. Entretanto, mi joven amigo empez\u00f3 a hablar solo. Largo rato, como si lo hiciera con diferentes personas y, por equivocaci\u00f3n, conmigo.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abSer\u00e1 necesario comenzar en un sentido inverso y recordarte, Elena, en aquellos d\u00edas de tu infancia, cuando me quer\u00edas secretamente.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abPero aqu\u00ed tropiezo s\u00f3lo con las im\u00e1genes que yo he buscado, con mi retrato tuyo, no contigo. Yo ten\u00eda algunos a\u00f1os m\u00e1s que t\u00fa, y te ve\u00eda s\u00f3lo como la hermana de Salvador, mi amigo extra\u00f1o. Recuerdo muy bien esa ma\u00f1ana en la escuela. Salvador no quiso pelear y yo hubiera deseado saber por qu\u00e9. Todos lo dejaron solo y yo me hab\u00eda quedado tambi\u00e9n sin nadie. As\u00ed es que nos miramos.<\/p>\n<p class=\"texto\">-\u00bfA ti no te parezco marica?<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abNo contest\u00e9 nada. No sab\u00eda qu\u00e9 decirle. Y menos a\u00fan si cre\u00eda que fuera valiente o cobarde. El caso fue que salimos esa tarde de la escuela, ante la reprobaci\u00f3n de todos.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00ab-Voy por mi hermana -me dijo- \u00bfvienes conmigo?<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abNi siquiera se disculp\u00f3 y a m\u00ed no me pareci\u00f3 extra\u00f1o. Fuimos por Elena, que era un poco rubia. A la escuela de ella, donde a\u00f1os m\u00e1s tarde rondar\u00edamos esperando la salida de alguna de esas bellas prestigiosas que, revistas d\u00e9cadas despu\u00e9s, lo \u00fanico que tienen es el encanto que da el pasado. Y Elena, en cambio, s\u00ed que era hermosa.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abPero, ay, me apresuro mucho. Y no me quejo porque est\u00e9 da\u00f1ando la sorpresa de lo que cuento. Ninguna tiene. Me quejo s\u00f3lo de la vida, de los a\u00f1os, de mi decirle adi\u00f3s por darle la bienvenida.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abCaminamos un poco al margen de Elena, mientras ella intentaba ir a la par de nosotros que procur\u00e1bamos dejarla atr\u00e1s. Tanto lo hicimos que ella empez\u00f3 a llorar calladamente, detenida en una esquina, ya a dos manzanas de su hogar. Salvador y yo tuvimos pena, \u00bfo fue que a \u00e9l le dio miedo que lo castigara su mam\u00e1?<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abNos le acercamos, y Salvador la tir\u00f3 del cabello largo, sin trenzas, con el que ella cubr\u00eda su carita. Por entre la cortinilla rubia, nos mir\u00f3 y se fij\u00f3 en m\u00ed, que ten\u00eda uno de esos dulces gomosos en mi mano, dispuesto a comerlo. Lo tom\u00f3 y se lo puso en la boquita, sin darme tiempo a detenerla. Hubiera querido gritar, y en otras ocasiones lo hubiera hecho, pero no lo hice. No alcanz\u00f3 a explicarme por qu\u00e9. Me dio un beso con sabor a dulce, que a m\u00ed, entonces, me avergonz\u00f3 y as\u00ed fuimos hasta el hogar de ellos. El m\u00edo estaba un poquit\u00edn despu\u00e9s, en la misma carrera, al sur.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abSalvador, desde entonces, tra\u00eda a Elena consigo cuando me buscaba. Como \u00e9l era mi \u00fanico amigo, tem\u00eda perderlo y no me quej\u00e9. Pero Elena nunca intervino en nuestros juegos si no era petici\u00f3n nuestra y tal y como se lo indic\u00e1bamos. Elena, con su vestidito verde y un cintur\u00f3n blanco. Las medias blancas y los zapatitos oscuros del uniforme de la escuela. Y los ojos casta\u00f1os, inmensos y dulces, que s\u00f3lo hoy distinto bien.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abUsted, se\u00f1or, que bebe su copa conmigo, que me hace el favor de escucharme, es muy dif\u00edcil que pueda verla, imaginarla. Su piel p\u00e1lida y una sonrisita entre t\u00edmida e ir\u00f3nica.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abCuando Pedro, mi hermano mayor, con quien viv\u00eda, hubo de traerme con \u00e9l a esta ciudad, no quer\u00eda dejar a Salvador y Elena, aunque no reconociera ni siquiera para m\u00ed solo el cari\u00f1o que ya les ten\u00eda. Porque eran cinco, siete a\u00f1os de amistad con Salvador. Y buscar a Elena nos hab\u00eda servido ya para hablar con otras ni\u00f1as de la escuela. Salvador a veces iba a caminar con alguna y para que no se quedara sola, acompa\u00f1aba a Elena. Pero entonces poco habl\u00e1bamos los dos. Yo ten\u00eda ansiedad y Elena miraba hacia otro lado. S\u00f3lo dirig\u00eda sus ojos a m\u00ed cuando Salvador se demoraba o quer\u00eda un poco de agua, que beb\u00edamos en aquella tiendecica de la esquina, donde la due\u00f1a sonre\u00eda siempre para nos. Elena, \u00a1si todo pudiera volver a ser como fue entonces!<\/p>\n<p class=\"texto\">El d\u00eda que me desped\u00ed de Salvador, Elena se arroj\u00f3 en mis brazos. No supe ni quise rechazarla. Antes bien, con tristeza, acarici\u00e9 su cabello rubio. A\u00fan recuerdo que los primeros meses le escrib\u00ed a Salvador dos veces a la semana, y que \u00e9l en sus cartas permit\u00eda que unas l\u00edneas femeninas dijera: No te olvida, Cari\u00f1os, \u00bfvolver\u00e1s?<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abPronto me acostumbre a no verlos. Un d\u00eda, me escribi\u00f3 Elena. Desde el sobre, not\u00e9 que era su letra. Me hablaba de la enfermedad de Salvador y de la operaci\u00f3n. Empezaba a ganar un jornal que para m\u00ed era bueno (hubiera querido ayudarle en los gastos de la operaci\u00f3n, que supuse grandes) aunque no fue abundante. Recib\u00ed noticias de la salud de Salvador despu\u00e9s, tambi\u00e9n, por \u00e9l mismo. Me contaba de su peligrosa enfermedad y de algo de lo que hab\u00eda sido tal vez m\u00e1s: su operaci\u00f3n. \u00abPor eso ni te escrib\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abLarga, hermosa carta que me explicaba por qu\u00e9 no pod\u00eda hacer esfuerzos f\u00edsicos, entre ellos pelear. Y c\u00f3mo esa dolencia puso en peligro su vida. Hasta que hubieron de operarlo. Le contest\u00e9 con gran cari\u00f1o, simulando asombro aunque ya lo sab\u00eda todo por Elena, por su carta anterior, en la que de suyo, ella s\u00f3lo hab\u00eda agregado:<\/p>\n<p class=\"texto\">&#8216;Que a m\u00ed tampoco me olvides&#8217;.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abVolv\u00ed a verlos algunos meses despu\u00e9s de las dos cartas y nunca mencion\u00e9 las letras de Elena. Hermosa oh, c\u00f3mo la vi bella. Y lo era a\u00fan m\u00e1s de lo que yo la vi.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abSalvador convalec\u00eda. Y, una vez que \u00e9l sano, fui con \u00e9l a ver a su chica, simpre acompa\u00f1ados por Elena. Cuando quedamos solos, Elena me dijo:<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00ab-\u00bfRecibiste mi carta?<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abMe encontraba tembloroso. Asent\u00ed con la cabeza. Y nos abrazamos. Pero a nadie dijimos nada, y como por esos d\u00edas yo era hu\u00e9sped en el hogar de ellos, por las noches fuimos felices.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abHube de volver a la gran ciudad y, tras juramentos, me separ\u00e9 de Elena la noche anterior a mi partida. Salvador me despidi\u00f3 despu\u00e9s, un poco indiferente y cre\u00ed que algo sab\u00eda de lo sucedido entre Elena y yo.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abAs\u00ed llegu\u00e9 de nuevo a la gran ciudad. Y el primer d\u00eda me fatig\u00f3, aunque menos que los otros de esa semana. El s\u00e1bado en la ma\u00f1ana dorm\u00ed hasta muy tarde. Lo supe al ver la alta luz del sol, mientras el timbre de la planta baja donde viv\u00edamos sonaba insistentemente, no obstante que Pedro, que era el \u00fanico que pod\u00eda llamar, hab\u00eda salido de fin de semana a los alrededores y sab\u00eda de mi cansancio.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abPregunt\u00e9 por el interf\u00f3n. Una voz me sorprendi\u00f3 diciendo:<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00ab-Soy Elena.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abSalvador muri\u00f3 el mismo d\u00eda que los dej\u00e9. El coraz\u00f3n no pudo m\u00e1s. Y Elena, porque su madre hab\u00eda muerto hac\u00eda poco tambi\u00e9n, se encontraba sola. Como pudo, y con la menguada ayuda de alg\u00fan abogado con quien Salvador trabaj\u00f3, sac\u00f3 adelante el entierro y los gastos. S\u00f3lo le qued\u00f3 un poco de ropa y unos libros. Y all\u00ed estaba, con sus \u00faltimas propiedades, ante mi puerta. Cuando Pedro regres\u00f3, el domingo en la noche, lo recibimos abrazados. Y \u00e9l conoci\u00f3 a su cu\u00f1ada, en la que vio a Elena.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00ab\u00bfRecuerda que cuando parec\u00eda que hablaba solo, dije ese nombre? Pues sepa el se\u00f1or que ella me dio dos a\u00f1os de dichosa compa\u00f1\u00eda, que yo no alcanzaba a creerlo. Y un d\u00eda la not\u00e9 p\u00e1lida. Pasaron semanas, en las que pr\u00e1cticamente la vi transparentarse. Finalmente, vino el m\u00e9dico e intent\u00f3 consolarme como pudo. Trat\u00e9 de disimular. Perio ella me miraba con ese aire desamparado. Igual que Salvador. Hubieron de operarla. Elena sab\u00eda. Me pidi\u00f3 que no diera su cuerpo a la tierra.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abAhora vengo de horas de ver c\u00f3mo su carne se agitaba y consum\u00eda con el fuego. Los movimientos de su cuerpo, que ya no era su cuerpo, oh Dios. Su rostro tuvo gestos de dolor y ansiedad, mezclados con algunos de placer. As\u00ed me parecieron al menos. Horas y horas. Sus brazos y piernas a veces se mov\u00edan como en un intento de salir de un agua devoradora y cruel. Cuando empez\u00f3 el fuego, estuvo quieta y hasta sent\u00ed el impulso de gritarle que se cuidara de las llamas. Y a medida que su carne empez\u00f3 a ser tocada por el fuego, la ve\u00eda entre brazos ardientes agitarse e irse desmembrando, trataba de pensar que no era Elena, que a\u00fan ella y Salvador segu\u00edan en mi peque\u00f1a ciudad, esper\u00e1ndome. Que esa especie de le\u00f1o que giraba en el horno no pod\u00eda aunque lo era, ser Elena.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abUn solo consuelo buscaba y lo hall\u00e9 al pensar que Elena no vio consumirse a Salvador. \u00bfO fue la lenta enfermedad de \u00e9l su equivalente o peor?<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abMi piel, mi cuerpo, sent\u00edan esas llamas que destru\u00edan a esa ni\u00f1a, que a\u00fan lo era a su muerte. Creo que perd\u00ed el sentido m\u00e1s de tres ocasiones. Pero algo muy fuerte me devolv\u00eda la detestable noci\u00f3n de esa realidad.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abHoras y horas, dir\u00eda que semanas y meses dur\u00f3 esa tortura. Pero como, seg\u00fan la ley, s\u00f3lo lo pod\u00eda ser testigo de que lo que se consum\u00eda era el cuerpo de Elena, y de que las cenizas que quedaban eran de ella, hube, pues, de mantenerme en mi puesto.<\/p>\n<p class=\"texto\">\u00abSe\u00f1or, beba otra copa conmigo. He terminado de contarle todo. A m\u00ed me parece irreal, a\u00fan esto de conversar con un extra\u00f1o. No quiero que me compadezca. S\u00f3lo beba este trago conmigo y si se va, ya no lo detendr\u00e9\u00bb.<\/p>\n<p class=\"texto\">*BARROCO recuerda al poeta Francisco Cervantes en el quinto aniversario de su muerte.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Relatorio Sentimental Diario de Quer\u00e9taro Froncisco Cervantes\u00a0 \u00a0Cuando se han recorrido diferentes bares, en una ciudad como \u00e9sta, donde uno no naci\u00f3, a\u00fan cuando lleve muchos a\u00f1os viviendo en ella, se nota que no se es de ah\u00ed. 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