{"id":5868,"date":"2010-03-28T11:41:37","date_gmt":"2010-03-28T17:41:37","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/2010\/03\/28\/simon-well-de-augusto-isla-bienvenido-augusto-a-nuestro-archivo\/"},"modified":"2010-03-28T11:41:37","modified_gmt":"2010-03-28T17:41:37","slug":"simon-well-de-augusto-isla-bienvenido-augusto-a-nuestro-archivo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=5868","title":{"rendered":"Sim\u00f3n Well  de Augusto Isla; Bienvenido Augusto a nuestro Archivo"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Calibri\"><strong>Simone Weil:<o:p><\/o:p><\/strong><\/font><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\"><font face=\"Calibri\"><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Calibri\"><strong>una hero\u00edna rom\u00e1ntica<o:p><\/o:p><\/strong><\/font><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">Augusto Isla<o:p><\/o:p><\/font><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">En su libro El h\u00e9roe y el \u00danico, Rafael Argullol nos dice que \u201cEl h\u00e9roe rom\u00e1ntico es, en el sue\u00f1o o en la realidad, un obsesionado n\u00f3mada. Necesita recorrer amplios espacios \u2013los m\u00e1s amplios posible\u2013 para liberar a su esp\u00edritu del asfixiante aire de la limitaci\u00f3n. Necesita templar en el riesgo el hierro de su voluntad. Necesita calmar en geograf\u00edas inh\u00f3spitas las heridas que le produce el talante cobarde y acomodaticio de un tiempo y una sociedad marcadas por la anti\u00e9pica burguesa. El rom\u00e1ntico viaja hacia afuera para viajar hacia adentro y, al final de la larga traves\u00eda, encontrarse a s\u00ed mismo.\u201d Nacida en Par\u00eds en 1909, Simone Weil viaj\u00f3 poco, unas veces por voluntad propia, otras obligada por las circunstancias: Alemania, Suiza, Italia, Portugal, Estados Unidos, Inglaterra donde muri\u00f3 a los treinta y cuatro a\u00f1os; pero su nomadismo fue el del alma: intelectual, docente, obrera, trabajadora agr\u00edcola, miliciana anarquista, m\u00edstica\u2026 Un enjambre de inquietudes intelectuales que se extendi\u00f3 a las ciencias y las humanidades. Simone Weil eligi\u00f3 para sus intensidades la peor parte de aquellas horas; su vida mana hilos de desventura, sudor, autodestrucci\u00f3n. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">Se ha dicho que se tiene una tendencia a evitarla porque no se cuida de nada, porque sus mensajes son duros, implacablemente l\u00facidos. Hay algo de cierto: Manuel Sacrist\u00e1n, al referirse a ella, destaca su \u201cviolencia intelectual\u201d. Pero yo hablar\u00eda tambi\u00e9n de la dificultad de acercarse, de dialogar con ella, genial siempre, pero a menudo oscura, fragmentaria, parad\u00f3jica, cambiante: rom\u00e1ntica, al fin. En su tiempo, suscit\u00f3 admiraci\u00f3n y rechazo. Alain, su maestro y gu\u00eda espiritual, le augur\u00f3 un porvenir brillante; para Bataille, en cambio, era \u201cla cristiana\u201d y as\u00ed la describ\u00eda: \u201cJud\u00eda delgada\u2026 de tez amarillenta\u2026 sus cabellos cortos, lacios, despeinados le formaban unas alas de cuervo a cada lado de su rostro.\u201d No creo que sea casual la alusi\u00f3n a la figura del cuervo, animal de mal ag\u00fcero, mensajero de muerte, s\u00edmbolo de soledad, aunque tambi\u00e9n p\u00e1jaro a un tiempo solar y tenebroso, en todo caso ambivalente. Su \u201crara potencia espiritual\u201d era indiscutible, aunque no siempre serena, pues con frecuencia le aquejaron el mal humor, la ira, la desconfianza. Mas nada de esto importa si, guardando silencio, escuchamos, en su grito, la voz de los oprimidos, de los humillados de este mundo; grito de piedad a veces desde\u00f1ada. Leo en Bernanos: \u201cLa piedad es un amor de segunda categor\u00eda, envilecido, un fino hilillo de agua divina que se pierde en la arena.\u201d <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">Simone Weil naci\u00f3 en amable cuna. Su padre, Bernard Weil, un m\u00e9dico de ascendencia jud\u00eda alsaciana, indiferente a la fe de sus mayores; su madre, Salomea Reinherz, jud\u00eda rusa y libre pensadora quien, junto a su hermano mayor, Andr\u00e9, se hizo cargo de formarla con esmero. De 1925 a 1928 estudi\u00f3 en el Liceo Henry IV donde fue disc\u00edpula de Emile Chartier (1868-1951), mejor conocido como Alain y c\u00e9lebre por sus propos. Alain era un profesor exigente, pero estimulante: ense\u00f1aba a pensar y a escribir; su coraje moral e intelectual contagiaba. Fue \u00e9l quien puli\u00f3 aquella mente superior; con \u00e9l, Simone estudi\u00f3 a Plat\u00f3n, Marco Aurelio, San Agust\u00edn, Spinoza, Kant, Pascal, Hegel; en muchos sentidos, sigui\u00f3 sus pasos: si Alain se enrol\u00f3 como voluntario a los cuarenta y seis a\u00f1os para compartir la desgracia com\u00fan que signific\u00f3 la primera gran guerra, ella, para no ser menos, se sumergi\u00f3 en las aguas angustiosas del vivir obrero. Bajo su vigilancia, escribi\u00f3 tambi\u00e9n sus primeros ensayos \u2013topos\u2013 sobre la pureza, el silencio, el sacrificio, la aceptaci\u00f3n del dolor. Y aunque Simone se extravi\u00f3 en comarcas oscuras, tal vez incomprensibles para Alain, cultivaron amistad y respeto mutuo. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><font face=\"Calibri\">Simone en varias facetas: su ficha polic\u00edaca; con su gorro de miliciana y en un cartel contempor\u00e1neo tipo Obama<o:p><\/o:p><\/font><font face=\"Calibri\"><span>\u00a0<\/span><o:p><\/o:p><\/font><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">Para Weil vendr\u00edan despu\u00e9s tres a\u00f1os en L&#8217;Ecole Normal Sup\u00e9reur y el comienzo, a los veintid\u00f3s a\u00f1os, de su labor docente, interrumpida en varias ocasiones por la errancia de aquel esp\u00edritu que anhelaba, en desmesurado \u201cesfuerzo de atenci\u00f3n\u201d, comprenderlo todo, vivirlo todo, salvo aquello relativo a la carne, pues casta fue hasta el extremo de merecer el sobrenombre de \u201cla virgen roja\u201d. Dispersa en mil asuntos, nunca se emple\u00f3 en publicar un solo libro, pero s\u00ed infinidad de cartas, art\u00edculos, ensayos sobre el movimiento obrero, el fascismo, el pensamiento marxista, la cultura de la Antig\u00fcedad griega, el cristianismo\u2026 Despu\u00e9s de su muerte fueron otros, entre ellos Albert Camus y el padre Perrin, quienes se dieron a la tarea de reunir su trabajo en libros como La gravedad y la gracia, En espera de Dios, La fuente griega, Echar ra\u00edces, Pensamientos desordenados, Cuadernos\u2026 y, claro est\u00e1, Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresi\u00f3n, el \u00fanico libro que escribi\u00f3 como tal. Transcurri\u00f3, pues, su corta vida como un pensar, ora certero y deslumbrante, ora insostenible, por no decir disparatado; y todo por un prurito de originalidad, por una propensi\u00f3n a formular caprichosas analog\u00edas, a jugar con el tiempo y el espacio de la historia. Para muestra, un bot\u00f3n: \u00bfAlguien puede pensar seriamente que los evangelios sean una expresi\u00f3n del genio griego, o comparar a Cristo con Prometeo, pese al abismo que separa a estos mitos redentores? \u00bfHay una o m\u00faltiples Simone Weil habitando en un solo cuerpo descuidado, mitad hombre, mitad mujer, ostensiblemente andr\u00f3gino? Como buena hero\u00edna rom\u00e1ntica, carece de sentido de identidad, prefiere la aventura a la fijeza: un \u00e1rbol de frutos diversos e inseguras ra\u00edces. Un d\u00eda nos dice: \u201cDentro de m\u00ed hay un dep\u00f3sito de oro puro que debo dar a los dem\u00e1s [pero] no hay nadie para recibirlo\u201d, y otro: \u201cLa historia de la higuera est\u00e9ril, mi vivo retrato.\u201d <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">Raz\u00f3n y entra\u00f1a, pensamiento y acci\u00f3n se entre veran en ella. Simone dicta conferencias en c\u00edrculos obreros, imparte cursos de matem\u00e1ticas a pescadores. Sue\u00f1a con el cambio en una \u201c\u00e9poca sombr\u00eda\u201d. Parlotea, discute hasta fatigar a sus interlocutores mientras fuma un cigarrillo tras otro; acude a donde cree que es necesaria su participaci\u00f3n; en 1936 la vemos en Espa\u00f1a combatiendo por la causa de la Rep\u00fablica; aprende a usar un arma que no usar\u00e1, pues desgarra a su alma el imperativo de luchar y no matar. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\"><o:p><\/o:p><\/font>\u00a0<font face=\"Calibri\">\u00a0<o:p><\/o:p><\/font><font face=\"Calibri\">En su libro, Los cuarenta y nueve escalones, Roberto Calasso encomia las diferencias de la acci\u00f3n militante de Weil: \u201cCu\u00e1ntos dandys de Oxford, cu\u00e1ntos vates del Six\u00ef\u00e8me, cu\u00e1ntos exiliados alemanes descubrieron, en aquellos primeros a\u00f1os treinta, el \u2018compromiso social&#8217; e incluso la \u2018causa proletaria&#8217;. Pero Simone Weil fue la \u00fanica capaz simult\u00e1neamente de seguir a los oprimidos hasta trabajar con ellos en la cadena de montaje y de reconocer que justo el pa\u00eds al que los oprimidos miraban como a su libertador era fundamentalmente la m\u00e1s mordaz metamorfosis de la opresi\u00f3n.\u201d Entre 1934 y 1935, aquella muchacha de salud fr\u00e1gil se desempe\u00f1a como obrera en tres f\u00e1bricas, por lapsos cortos, pues los administradores temen por su vida, am\u00e9n de que perciben en esa experiencia m\u00e1s una pulsi\u00f3n exc\u00e9ntrica que una necesidad material. Pese a su gran voluntad para ejercitarse, sus manos sucumben a los ritmos de trabajo, as\u00ed como sus pies en la aventura espa\u00f1ola, donde tropieza con un caldero de aceite hirviendo que le provoca graves quemaduras. Tan admirable era su osad\u00eda como evidente su torpeza. Sus padres, que bien la conoc\u00edan, sigilosamente se mantuvieron siempre cerca de ella, gracias a lo cual se libr\u00f3 de una mutilaci\u00f3n. Sin duda, su temeridad ha contribuido a la creaci\u00f3n de un mito, pero tambi\u00e9n a poner en relieve rasgos un tanto hist\u00e9ricos de su personalidad, dada la urgencia de ir m\u00e1s all\u00e1 de sus capacidades, de insistir en algo para lo que no estaba hecha. Nunca dej\u00f3 de ser una ni\u00f1a sobreprotegida. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">En la carta autobiogr\u00e1fica dirigida al padre Perrin, Simone evoca as\u00ed su experiencia obrera: \u201cTen\u00eda el alma y el cuerpo hechos pedazos [&#8230; ] He recibido para siempre la marea de hierro candente que los romanos pon\u00edan a sus esclavos m\u00e1s despreciados.\u201d No nos extra\u00f1e que, pocos a\u00f1os despu\u00e9s, aquella joven formada en el agnosticismo y para quien Dios no era un problema, se haya convertido al cristianismo, religi\u00f3n de esclavos seg\u00fan su parecer. \u00bfExageraba? Tal vez. Pero era su verdad, una verdad para la cual s\u00f3lo encontraba palabras dolorosas: humillaci\u00f3n, fatiga, amargura, coerci\u00f3n, hambre, muerte en vida. Hab\u00eda que vivir en carne propia, en lo m\u00e1s \u00edntimo, esa desdicha, para comprender que algo deb\u00eda cambiar, m\u00e1s all\u00e1 del marxismo, de sus dogmas y contradicciones, del maquinismo y el productivismo. De 1932 a 1934 cambia su percepci\u00f3n de las cosas. De la revoluci\u00f3n total que restablecer\u00eda el dominio de las condiciones de trabajo por parte de la clase obrera, sin destruir la forma colectiva implantada por el capitalismo, Simone pasa, en 1933, en \u201c\u00bfVamos hacia la revoluci\u00f3n proletaria?\u201d, a fijar, como tarea de su generaci\u00f3n, el deseo de hacer del individuo el valor supremo, de forjar hombres completos suprimiendo la especializaci\u00f3n, de darle dignidad al trabajo manual, de sacar a plena luz las relaciones entre el hombre y la naturaleza; y de all\u00ed, de esa utop\u00eda, en 1934 en sus Reflexiones\u2026, al escepticismo en la l\u00ednea de su maestro Alain. Weil deja de creer en el progreso y la revoluci\u00f3n, palabra m\u00e1gica, \u201cimprecisa por la que se mata y muere\u201d, carente de contenido alguno, opio del pueblo, como repetir\u00e1 m\u00e1s tarde el inefable Aron: la revoluci\u00f3n, que en la cresta de su \u00e1nimo transformador valor\u00f3 como un signo de moralidad superior, acab\u00f3 siendo para ella una ilusi\u00f3n que \u201cconsiste en creer que las v\u00edctimas de la fuerza, por ser inocentes de las vivencias que se producen, habr\u00e1n de manejarse con justicia\u201d. Razones de sobra asisten el desencanto de Weil, sobre todo el colapso hist\u00f3rico del bolchevismo. Si de suyo desconf\u00eda de los revolucionarios profesionales como Lenin, en exceso obsesionados por la pol\u00edtica, am\u00e9n de ignorantes del cotidiano vivir de la clase obrera, la realidad del estalinismo la convence de que \u201clos esfuerzos no han conducido nunca a otra cosa que a reemplazar un r\u00e9gimen opresor por otro\u201d. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><font face=\"Calibri\"><span>\u00a0<\/span><o:p><\/o:p><\/font><font face=\"Calibri\">Alain trasmit\u00eda a sus alumnos la idea de que pensar es un combate; quiz\u00e1 inspirada por \u00e9l, Weil hace acopio del suficiente coraje para denunciar \u2013sin importarle el qu\u00e9 dir\u00edan aquellos arrogantes que sent\u00edan estar en la vanguardia hist\u00f3rica\u2013 el sufrimiento de los habitantes de la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica, donde, lejos de un Estado obrero, hab\u00eda crecido el monstruo totalitario. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">\u00bfSigui\u00f3 pensando que s\u00f3lo el trabajo puede cambiar el mundo? Tal vez, \u00bfpero c\u00f3mo hacer de ese universo, donde se vuelve f\u00e9rtil, un lugar de alegr\u00eda como ella lo imaginaba?; \u00bfc\u00f3mo si \u201cla lucha espont\u00e1nea u organizada son igualmente impotentes\u201d?; \u00bfc\u00f3mo si \u201clas masas no plantean problemas, ni organizan ni construyen [&#8230;] est\u00e1n impregnadas de los defectos del r\u00e9gimen en el que viven, se esfuerzan y sufren\u201d? Weil parece perder la fe en la acci\u00f3n de otros, pues los de arriba carecen de conciencia y los de abajo est\u00e1n mal situados. M\u00e1s a\u00fan, ya en pleno desenga\u00f1o, nos previene: \u201cnada m\u00e1s peligroso que la fe en una raza, en una naci\u00f3n, en una clase social, en un partido\u2026\u201d Y sin embargo, no se resigna a vivir sin fe, sin ese consuelo que la libra del desamparo metaf\u00edsico; ella, como Novalis, necesita \u201chacer pie en lo imperecedero\u201d. M\u00e1s rom\u00e1ntica que tr\u00e1gica \u2013pues no acepta la vida como es, con todas sus desventuras\u2013 busca lo trascendente allende la historia, en s\u00ed misma: \u201cestamos encadenados a la sociedad. La sociedad es la caverna. La salida es la soledad\u201d. Se apaga una fe que subordinaba el destino propio al curso del devenir temporal, pero despierta en ella otra, otra fe nueva, otra devoci\u00f3n tan dif\u00edcil de comprender c\u00f3mo aquella inflamaba su \u00e1nimo revolucionario, pero explicable dado su esp\u00edritu rom\u00e1ntico; una fe m\u00e1s poderosa, no expuesta ya a la decepci\u00f3n inherente a la conducta de los hombres gobernada por la gravedad, dir\u00eda ella, sino, por el contrario, asistida por la gracia. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">\u201cCristo descendi\u00f3 y me tom\u00f3.\u201d As\u00ed, de manera sucinta, describe Weil su conversi\u00f3n al cristianismo. El canto gregoriano y un poema del siglo XVII son las se\u00f1ales de ese llamado. A partir de 1938 todo es religiosidad en ella. Y quien otrora consideraba que la religi\u00f3n hac\u00eda de los hombres \u201cun instrumento de la providencia\u201d, va a misa los domingos. Pero heterodoxa se reh\u00fasa a bautizarse. Finalmente \u00bfpara qu\u00e9 si naci\u00f3 cristiana, si el esp\u00edritu de pobreza y el amor al pr\u00f3ximo le han acompa\u00f1ado siempre? \u00bfPara qu\u00e9 si hay algo de la Iglesia cat\u00f3lica que le incomoda, una Iglesia que ha sido a lo largo de los siglos \u201cuna gruesa bestia totalitaria\u201d \u00bfPara qu\u00e9 si s\u00f3lo acepta a medias los textos sagrados, si est\u00e1 convencida de que la influencia del Antiguo Testamento y la del imperio romano, cuya tradici\u00f3n ha sido continuada por el papado, son las causas esenciales de la \u201ccorrupci\u00f3n del cristianismo\u201d? Todas estas consideraciones la alejan de la religi\u00f3n institucional. Opta entonces por el contacto directo con Dios mediante la privaci\u00f3n, el sufrimiento agudizado en el que encuentra parad\u00f3jicamente consuelo. \u201cLa cruz es la \u00fanica esperanza.\u201d Y para alimentarla s\u00f3lo requiere la esfera solitaria de la gracia. Aunque no ceja en sus empe\u00f1os terrenales hasta el \u00faltimo aliento, lleva al extremo su anorexia: en su habitaci\u00f3n londinense, donde redacta fascinantes textos, como El arraigo para Andr\u00e9 Philipe \u2013su protector que funge como Comisario de Interior y de Trabajo en el \u201cComit\u00e9\u201d Nacional de Francia Libre\u2013, Weil deja de comer. Quien escribe all\u00ed sobre las necesidades del cuerpo y del alma, en delirio m\u00edstico o rom\u00e1ntico, seg\u00fan se vea, se entrega a la muerte, a ese \u201cmomento de la verdad pura, desnuda, cierta, eterna\u201d. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">Jean Tortel recuerda as\u00ed a Simone Weil: \u201cera una joven de mirada extraordinaria detr\u00e1s de los inmensos anteojos, con la boca bien marcada, sinuosa, h\u00fameda. Miraba a trav\u00e9s de la boca. Ese conjunto ojos-boca conten\u00eda una s\u00faplica, un pedido y al mismo tiempo una iron\u00eda insoportable frente a las estupideces o las cosas indiferentes, mediocres\u2026\u201d. En esa mirada se condensaba lo que ella era: un ser extraordinario, diferente, puro en el sentido que Fenel\u00f3n da a la pureza: olvidarse de s\u00ed, no tomarse en cuenta, lo contrario al ego\u00edsmo, al inter\u00e9s. Verdadera arist\u00f3crata del esp\u00edritu, s\u00f3lo busca la verdad, vale decir que el silencio del mundo se exprese en su palabra, sin enga\u00f1os, sin esa mentira decepcionante en que vive el com\u00fan de los hombres. La busca para s\u00ed y para los otros, fugitiva de la vida media. Y aunque lleg\u00f3 a pensar que solamente los ca\u00eddos, los humillados pod\u00edan ponerla de manifiesto, bien sab\u00eda que s\u00f3lo gracias a la formaci\u00f3n de la atenci\u00f3n, a la inteligencia es posible \u201cemprender el doloroso viaje hacia la luz\u201d; luz que es ausencia de fuerza, paz, civilizaci\u00f3n si hablamos de historia, de vida colectiva. No le creamos cuando ella se atribuye una inteligencia mediocre; ella, tan perceptiva, tan atenta, no pod\u00eda ignorar su genio, su nobleza, ni la importancia de la funci\u00f3n social de las grandes, individualidades que, por otra parte, reconoce dici\u00e9ndonos: \u201cla buena voluntad ilustrada de los hombres que act\u00faan como individuos es el \u00fanico principio de progreso social\u201d. Y ella misma, en bien de ese progreso, aporta, am\u00e9n de su discurso, sufrimiento, sacrificio, tortura de s\u00ed misma, incondicional disposici\u00f3n a vivir en el peligro, extrema privaci\u00f3n, sin importarle el juicio que a los dem\u00e1s merezca, ya un error \u00e9tico, ya un arrebato emocionalmente desviado. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">\u00a0<o:p><\/o:p><\/font><font face=\"Calibri\">A despecho de ese misticismo que la conduce a trazar algunas l\u00edneas que traicionan el esp\u00edritu laico, como aquellas en las cuales atribuye a la religi\u00f3n la funci\u00f3n de impregnar la vida p\u00fablica y la privada sin llegar a dominarla, Weil remata su pensamiento social con la redacci\u00f3n de un texto, Echar ra\u00edces, que, m\u00e1s all\u00e1 de sus perversos deslices teocr\u00e1ticos habr\u00eda de inspirar las instituciones pol\u00edticas destinadas a inaugurar una vida nueva despu\u00e9s de la guerra. En la soledad de su habitaci\u00f3n londinense, ya muy enferma, escribe su \u201cdeclaraci\u00f3n de los deberes hacia el ser humano\u201d; se trata de un cat\u00e1logo de las necesidades del alma, ciertamente m\u00e1s liberal que socialista pero que dibuja la primac\u00eda del deber frente al derecho y pone el acento en la idea de responsabilidad. \u00bfEst\u00e1 aqu\u00ed lo mejor de Weil? Al menos para m\u00ed, s\u00ed, pues aunque puedan considerarse como vaguedades, tales necesidades deber\u00edan ser la inspiraci\u00f3n moral de una Constituci\u00f3n que no s\u00f3lo ordene la vida social sino tambi\u00e9n promueva la dignidad humana en un mundo en el que cada quien ve por lo suyo, sin importarle la suerte de los dem\u00e1s. Se trata de necesidades tales como el orden, el respeto, la igualdad, la libertad de opini\u00f3n, la propiedad p\u00fablica y privada, la verdad, la obediencia como aceptaci\u00f3n de las reglas de convivencia, el arraigo que equivale a atender las enfermedades derivadas de la carencia, del sufrimiento que padece el obrero, el campesino: arraigar significa hacer que nuestra relaci\u00f3n con el entorno sea algo que todos sintamos como propio, como un verdadero hogar. <o:p><\/o:p><\/font><o:p><font face=\"Calibri\">\u00a0<\/font><\/o:p><\/p>\n<p style=\"text-align: justify; margin: 0cm 0cm 10pt\" class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Calibri\">Gabriella Fiori, brillante bi\u00f3grafa de Weil, se\u00f1ala que a pesar de la cercan\u00eda pedag\u00f3gica de \u00e9sta con los c\u00edrculos populares, no consegu\u00eda una buena comunicaci\u00f3n; era apreciada, pero poco comprendida: \u201cle faltaba adaptarse al p\u00fablico; y le faltar\u00eda siempre. Simone Weil s\u00f3lo era escuchada y aceptada por unos cuantos\u201d. Pero \u00bfno son unos cuantos so\u00f1adores, rebeldes, solitarios, en fin, rom\u00e1nticos quienes mantienen viva la llama de la espera? <o:p><\/o:p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Simone Weil: una hero\u00edna rom\u00e1ntica &nbsp; Augusto Isla &nbsp; &nbsp; En su libro El h\u00e9roe y el \u00danico, Rafael Argullol nos dice que \u201cEl h\u00e9roe rom\u00e1ntico es, en el sue\u00f1o o en la realidad, un obsesionado n\u00f3mada. Necesita recorrer amplios espacios \u2013los m\u00e1s amplios posible\u2013 para liberar a su esp\u00edritu del asfixiante aire de la [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[8,6],"tags":[],"class_list":["post-5868","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-ciudad-de-queretaro","category-valles-centrales"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5868","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=5868"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/5868\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=5868"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=5868"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=5868"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}