{"id":6052,"date":"2010-05-02T10:43:06","date_gmt":"2010-05-02T16:43:06","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/2010\/05\/02\/nadie-sabe-como-era-el-rostro-de-cristo\/"},"modified":"2010-05-02T10:43:06","modified_gmt":"2010-05-02T16:43:06","slug":"nadie-sabe-como-era-el-rostro-de-cristo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=6052","title":{"rendered":"Nadie sabe como era el rostro de Cristo"},"content":{"rendered":"<p>Javier Sicilia <\/p>\n<p>La Jornada Semanal<\/p>\n<p>Rafael L\u00f3pez Castro, la presencia en la fugacidad<\/p>\n<p>Nadie sabe c\u00f3mo era el rostro de Cristo. Los Evangelios no lo describen y, sin embargo, no ha habido rostro en la historia de la iconograf\u00eda que se haya reproducido m\u00e1s. Desde los primeros iconos bizantinos \u2013que, despu\u00e9s del triunfo de la querella iconoclasta de la primera cristiandad, decidi\u00f3 pintar s\u00f3lo al Cristo glorioso\u2013, hasta las formas m\u00e1s extra\u00f1as y desproporcionadas de las artes modernas \u2013herederas de los pintores de la alta Edad Media que por vez primera pintaron su pasi\u00f3n\u2013, el rostro de Cristo nos ha acompa\u00f1ado a lo largo de dos milenios. Distinto siempre, su rostro guarda, sin embargo, una doble caracter\u00edstica: la que le atribuy\u00f3 la imaginer\u00eda de cara al mundo hebreo antiguo: pelo largo, t\u00fanica y barba, y la que cada autor interpreta mirando, como dec\u00eda Leonardo, su propia alma.<\/p>\n<p>Subir al madero, de Rafael L\u00f3pez Castro \u2013una edici\u00f3n de tiraje limitado hecha por el propio autor\u2013 no es propiamente un libro que pinta el rostro de Cristo, sino un libro que, a trav\u00e9s del ojo de un sistema o de una c\u00e1mara llamada digital, registra un sinn\u00famero de rostros que a lo largo de los siglos han sido esculpidos por diversos artistas de M\u00e9xico y que se encuentran, como presencias de su misterio, en diversos templos del pa\u00eds. <\/p>\n<p>Lejos de la \u201cSaeta\u201d de Antonio Machado \u2013mientras el poeta sevillano quiere \u201csubir al madero\/ para quitarle los clavos\/ a Jes\u00fas el Nazareno\u201d, el fot\u00f3grafo jalisciense sube al madero para mirarlo mejor, para contemplarlo en toda su dolorosa presencia\u2013, pero lejos tambi\u00e9n de la fotograf\u00eda que registra la inmovilidad del instante, L\u00f3pez Castro toma su c\u00e1mara digital \u2013que, repito, no es una c\u00e1mara, sino un sistema complejo\u2013 y utiliz\u00e1ndola es sus inmensas posibilidades art\u00edsticas, nos presenta algo sorprendente: no el rostro inm\u00f3vil de Cristo en la cruz, el gesto, detenido en el tiempo, que contiene en su asombrosa paradoja todo el horror del mal y el esplendor del amor y de la redenci\u00f3n, sino su presencia en la fugacidad o su fugacidad en la presencia de un tiempo vertiginoso. <\/p>\n<p>Se aparece en todas partes, serigraf\u00eda <\/p>\n<p>Mediante su escritura de luz \u2013es lo que quiere decir fotograf\u00eda\u2013, L\u00f3pez Castro nos habla de una \u00e9poca en donde el rel\u00e1mpago virtual de la tecnolog\u00eda ha velado el rostro de Cristo, pero, a su vez, de un hombre que, enamorado en su fe y enclavado en ella, descubre y nos descubre bajo ese velo una l\u00ednea, un rasgo, un destello de su maravillosa presencia.<\/p>\n<p>Con esa graf\u00eda luminosa, el fot\u00f3grafo declara que, a pesar de la velocidad, de los pixeles reventados, de la t\u00e9cnica que oculta lo real en un inmenso proceso de dispositivos; a pesar de la imposibilidad de fijar nada en el tiempo y de la lenta degradaci\u00f3n de la memoria cultural, el rostro del crucificado est\u00e1 all\u00ed, con nosotros, de una manera a\u00fan m\u00e1s dolorosa, hasta el final de los tiempos.<\/p>\n<p>Al ver la graf\u00eda de Subir al madero no puedo dejar de sentir que vivimos una \u00e9poca en las que las mediaciones, es decir, las met\u00e1foras con las que las culturas preservaban la encarnaci\u00f3n del misterio para hac\u00e9rnoslo visible y cercano, se han perdido, y que nuestra fe debe vivir de esos destellos, de esos vestigios que una mirada contemplativa sabe descubrir en la oscuridad de un mundo que enterr\u00f3 lo real bajo la luminosa pantalla de sus interpretaciones y de sus veloces artefactos.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s estos versos que escrib\u00ed hace tiempo sobre la Encarnaci\u00f3n, y que se encuentran en un libro titulado Lectio, sean una manera po\u00e9tica de decir lo que el profundo arte de L\u00f3pez Castro me sugiere: \u201cAs\u00ed bajamos con la pura linterna de la fe\/ \u2013nuestro \u00e1ngel, nuestro solo anuncio en medio de la noche\u2013,\/ con un traje de buceo cada d\u00eda m\u00e1s viejo\/ y un transmisor de radio casi inservible,\/ con la pura fe,\/ alimentada por los vestigios de una historia que documentamos y fuimos desechando\/ \u2013se\u00f1ales de mar para quien sabe ver en el sombr\u00edo oc\u00e9ano\u2013,\/ y con el peso de la gracia acumulada a lo largo de los siglos legados a nosotros\/ cuando los dioses bajaban\/ y los \u00e1ngeles frecuentaban a los hombres\/ hasta que\/ \u2013cada vez menos terribles en su aspecto\u2013\/ se fueron de la tierra y nos dejaron con una fina y decantada perla.\u201d <\/p>\n<p>Adem\u00e1s opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andr\u00e9s, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los cr\u00edmenes de las asesinadas de Ju\u00e1rez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar a los presos de Atenco y de la APPO, y hacer que Ulises Ruiz salga de Oaxaca.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Javier Sicilia La Jornada Semanal Rafael L\u00f3pez Castro, la presencia en la fugacidad Nadie sabe c\u00f3mo era el rostro de Cristo. 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