{"id":6116,"date":"2010-05-17T08:50:46","date_gmt":"2010-05-17T14:50:46","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/2010\/05\/17\/guillermina-bravo-por-manuel-naredo\/"},"modified":"2010-05-17T08:50:46","modified_gmt":"2010-05-17T14:50:46","slug":"guillermina-bravo-por-manuel-naredo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=6116","title":{"rendered":"\u00abGuillermina Bravo\u00bb  por Manuel Naredo"},"content":{"rendered":"<p>Sin personaje, no existo<\/p>\n<p>Diario de Quer\u00e9taro<\/p>\n<p>Manuel Naredo<\/p>\n<p>Quer\u00e9taro, Quer\u00e9taro.- Aquella ocasi\u00f3n todo Ballet Nacional de M\u00e9xico fue recibido en Los Pinos por el presidente en turno: Luis Echeverr\u00eda. Estaban a punto de iniciar una gira europea que los llevar\u00eda a Par\u00eds y a Roma, adem\u00e1s de las naciones socialistas tan en boga por entonces: Checoslovaquia, Polonia, Rumania, Hungr\u00eda&#8230;<\/p>\n<p>Algo not\u00f3 Echeverr\u00eda en la apariencia de los bailarines que les hizo llegar, as\u00ed sin mayores explicaciones, una tarjeta para cada integrante del Ballet que les daba derecho a surtirse en el Palacio de Hierro. A las mujeres un vestido de noche, un abrigo, unos zapatos y una bolsa; a los hombres un traje formal, una corbata, un abrigo y unos zapatos.<\/p>\n<p>\u00ab\u00bfEra como para ofenderse?\u00bb, se pregunta hoy la fundadora de aquella m\u00edtica agrupaci\u00f3n art\u00edstica. \u00abYo no me ofend\u00ed. Todos fuimos muy felices\u00bb, se responde, aunque aclara: \u00abLo que menos compramos fue la ropa\u00bb.<\/p>\n<p>Y es que como ella misma asegura mientras se se\u00f1ala un hombro: \u00abLos bailarines aunque nos queramos vestir de lujo, o como dice la gente, de etiqueta, siempre se nos ve el tirante del payaso por aqu\u00ed\u00bb.<\/p>\n<p>La vieja silla de madera, con su corte sencillo y apenas acompa\u00f1ada de tres cojines para hacerla m\u00e1s c\u00f3moda, le ha sabido recibir desde hace ya muchos a\u00f1os. Frente a ella, la cuadrada mesa, a\u00fan m\u00e1s simple, m\u00e1s sobria, m\u00e1s elemental, sustenta los papeles que ha de leer, de revisar, y el infaltable caf\u00e9 de mediod\u00eda.<\/p>\n<p>Ah\u00ed est\u00e1, sentada apaciblemente, un icono de la danza contempor\u00e1nea del mundo, un referente inevitable en la historia danc\u00edstica mexicana del siglo veinte.<\/p>\n<p>\u00abMe hice vieja de pronto\u00bb, confiesa mientras luce en el rostro un respirador de pl\u00e1stico que la une sin remedio a un aparato instalado bajo la mesa. \u00abHab\u00eda estado vieja muchos a\u00f1os sin notarlo. Segu\u00ed componiendo como si tuviera treinta a\u00f1os, un a\u00f1o tras otro, tras otro&#8230; Pero de pronto ca\u00ed en cuenta que estaba sobre los ochenta a\u00f1os\u00bb.<\/p>\n<p>Este a\u00f1o Guillermina cumple nueve d\u00e9cadas de vida, entre sus recuerdos est\u00e1n infinidad de coreograf\u00edas, de viajes por el mundo, de reconocimientos -Premio Nacional de Artes incluido-, de vivencias y luchas, de pasiones. \u00abMe quedan muchas cosas qu\u00e9 decir, s\u00ed\u00bb, afirma convencida; \u00abme queda por decir c\u00f3mo est\u00e1 mi pa\u00eds, pero yo en el siglo veintiuno ya no puedo trabajar, porque el cuerpo, que ha sido siempre mi medio de expresi\u00f3n, el material que me dio la naturaleza, ya no funciona\u00bb.<\/p>\n<p>Y luego ser\u00eda, pero sin un \u00e1pice de compasi\u00f3n en esa gruesa voz que le caracteriza, cierra su reflexi\u00f3n: \u00abLa danza es cruel&#8230; Mucho muy cruel\u00bb.<\/p>\n<p>Desde su silla, frente al tradicional caf\u00e9 en taza peque\u00f1a sobre la mesa, cubiertas las piernas con una manta, Guillermina Bravo se convierte cada medio d\u00eda en una emperatriz que desde su trono observa lo conseguido con esfuerzo, con dedicaci\u00f3n met\u00f3dica, con disciplina inquebrantable, y sobre todo, con agallas, muchas agallas. Alrededor del trono vienen y van hombres y mujeres de m\u00fasculos marcados por el ejercicio y mentes proclives a la imaginaci\u00f3n de un mundo que toma vida en los escenarios.<\/p>\n<p>\u00abLa danza no tiene nada que sea entendible\u00bb, reflexiona sobre la dif\u00edcil tarea de explicar la danza contempor\u00e1nea en un pa\u00eds acostumbrado al folklore y a la danza cl\u00e1sica. \u00abLa danza da im\u00e1genes para revelar algo del alma humana, no para ser entendida como una historia. Tambi\u00e9n se puede contar una historia, pero eso es muy dif\u00edcil en la danza. Nosotros lo que buscamos es revelar algo del alma. Eso no se puede verbalizar, no se puede platicar, s\u00f3lo bailar\u00bb.<\/p>\n<p>A principio de la d\u00e9cada de los noventas la core\u00f3grafa traslad\u00f3 hasta Quer\u00e9taro, gracias a la complicidad de los gobiernos federal y estatal, al Ballet Nacional de M\u00e9xico, una de las instituciones art\u00edsticas m\u00e1s s\u00f3lidas de la \u00e9poca, y con \u00e9l al Colegio Nacional de Danza Contempor\u00e1nea, que a\u00fan con la desaparici\u00f3n, hace apenas un par de a\u00f1os, de la compa\u00f1\u00eda danc\u00edstica, sigue formando bailarines, core\u00f3grafos y docentes en sus instalaciones a espaldas del Auditorio \u00abJosefa Ortiz de Dom\u00ednguez\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abPorque me gustan las cosas bellas\u00bb, responde Guillermina sobre los porqu\u00e9s de la decisi\u00f3n de traslado, precisamente a esta ciudad, de hace dos d\u00e9cadas. \u00abPude escoger en los alrededores del D.F. \u00bfToluca? No, por Dios, nos morir\u00edamos de fr\u00edo, nos har\u00edamos tuberculosos; \u00bfCuernavaca? Jam\u00e1s, lleno de norteamericanos viejitos y tontos; \u00bfTlaxcala? Demasiada apocada, con poco brillo&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>Y sentencia con satisfacci\u00f3n: \u00abYo quise venir a Quer\u00e9taro. Elitista que fui\u00bb.<\/p>\n<p>Y el trascendental cambio, que vari\u00f3 con evidencia la vida art\u00edstica de nuestra ciudad, no fue f\u00e1cil ni \u00e1gil.<\/p>\n<p>\u00abPerd\u00ed una amiga por eso\u00bb, dice respecto a su traslado; \u00abuna amiga que me hace mucha falta: Raquel Tibol. Me dijo: no te vayas a Quer\u00e9taro. Es horrible. Es una ciudad de mochos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfY s\u00ed?, le pregunto. \u00bfAlgo hay de eso?<\/p>\n<p>\u00abYa lo creo\u00bb, contesta, pero luego se desdice al recordar aquellas primeras funciones en su nueva tierra: \u00abCuando nos present\u00e1bamos en el auditorio nos iban a ver familias y gozaban con el espect\u00e1culo. Nunca se oy\u00f3 hablar de desnudos. Eso fue s\u00f3lo Loyola; \u00e9l es el que es un mocho\u00bb.<\/p>\n<p>La mudanza se efectu\u00f3 justo en las postrimer\u00edas de la administraci\u00f3n estatal de Mariano Palacios Alcocer -\u00abun hombre que nos ayud\u00f3 much\u00edsimo\u00bb- y la construcci\u00f3n de la escuela, en terrenos de la unidad deportiva, llev\u00f3 mucho tiempo, esfuerzo y dinero: mil millones de pesos de la \u00e9poca, que fueron aportados por diversas instancias.<\/p>\n<p>\u00abYo iba a tramitar recursos a M\u00e9xico. Andaba mendigando en todas las secretar\u00edas. Ya me sab\u00eda el discurso de memoria para decir qui\u00e9n era, que quer\u00eda hacer, en d\u00f3nde y porqu\u00e9. Los \u00faltimos doscientos millones me los dio el licenciado Salinas a trav\u00e9s de Guti\u00e9rrez Barrios, un hombre de mirada de \u00e1guila que parec\u00eda polic\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Y con la edificaci\u00f3n f\u00edsica, de la mano, vino la elaboraci\u00f3n de programas de estudio, el lograr que en siete a\u00f1os se lograra preparar a los egresados para treinta a\u00f1os de trabajo, todo fundamentado en la t\u00e9cnica Graham.<\/p>\n<p>\u00abHacer el programa fue sumamente dif\u00edcil\u00bb, reconoce, \u00abporque era la primera vez que se hac\u00eda. Ni siquiera la Escuela Graham de Nueva York lo ten\u00eda\u00bb.<\/p>\n<p>Pese al \u00abmi amor\u00bb que utiliza con constancia para referirse a su interlocutor, la maestra Bravo es una figura que necesariamente impone. Su mirada, su voz sin dejo alguno de duda, y esa su personalidad que parece desbordar el entorno como en su tiempo lo hizo con el espacio inacabable de los escenarios, me hacen repensar cada intervenci\u00f3n, cada palabra. Por fortuna las preguntas son pocas y la charla, en la que omite su carrera anterior a Quer\u00e9taro -\u00abde eso ya se ha escrito mucho\u00bb- fluye con la facilidad propia de una conversadora diestra, plet\u00f3rica de ideas, envidiablemente l\u00facida.<\/p>\n<p>\u00abAs\u00ed como empec\u00e9 a bailar en las milpas, en las escuelas rurales y en los mercados, as\u00ed ahora reniego de eso, porque as\u00ed no llega la danza como debe ser al pueblo\u00bb, asegura. \u00abEl pueblo debe de tener la mejor danza, la quintaesencia de la danza, en los mejores teatros, para que tenga el impacto que le corresponde\u00bb.<\/p>\n<p>Recuerda entonces a sus compa\u00f1eros de profesi\u00f3n que le acompa\u00f1aron en el largo y sufrido camino que escogi\u00f3 recorrer, resaltando el importante apoyo que para Ballet Nacional de M\u00e9xico signific\u00f3 Amalia Hern\u00e1ndez. Recuerda a Ra\u00fal Flores Canelo, a Carlos Gaona, a Ana M\u00e9rida, a Josefina Lavalle&#8230; \u00abLos he enterrado a todos\u00bb, dice como punto final, con apenas un dejo de nostalgia.<\/p>\n<p>Un punto final que se vuelve seguido al mencionar a los vivos, todas figuras importantes, en su momento, de Ballet Nacional: Federico Castro -justo dando clase en un sal\u00f3n contiguo-, Luis Arregu\u00edn -que en alg\u00fan momento de la charla se acerca, sin interrumpir, a saludar-, Jaime Blanc -que emigr\u00f3 a Monterrey-&#8230;<\/p>\n<p>Y deja en un caj\u00f3n aparte de sus comentarios a Orlando Scheker, el actual director del Colegio, y a Antonia Quiroz, quien fuera primera figura de la Compa\u00f1\u00eda y que ahora imparte sus experiencias a futuros bailarines y core\u00f3grafos. \u00abPienso que Antonia es la mejor maestra de t\u00e9cnica Graham en el mundo, y que tenemos la gran ventaja de tenerla aqu\u00ed, fuerte, sana y joven\u00bb, asegura sobre ella.<\/p>\n<p>Fuera de la entrevista formal, antes de haber encendido la grabadora y entrar en materia, Guillermina me hab\u00eda hablado de sus preocupaciones por el pa\u00eds donde naci\u00f3 y donde vive, pregunt\u00e1ndose -y pregunt\u00e1ndome- cu\u00e1ndo y c\u00f3mo concluir\u00e1 la violencia y la lucha contra el narcotr\u00e1fico, inquiriendo -con la viva respuesta en la mente- si Calder\u00f3n ganar\u00e1 esa guerra, y se sorprende con la vuelta del PRI al poder, sosteniendo la idea de las candidaturas independientes. \u00abYo no votar\u00eda por el PRI\u00bb, me confiesa, para luego rematar: \u00abY por el PAN menos\u00bb.<\/p>\n<p>\u00abCada parte de mi cuerpo me duele\u00bb, me ha dicho tambi\u00e9n a lo largo de una conversaci\u00f3n en la que, de vez en vez, aflora una lev\u00edsima tos. \u00abA veces me imagino qu\u00e9 podr\u00eda yo hacer como core\u00f3grafa para hacer una obra sobre este momento de M\u00e9xico, y te digo francamente: no sabr\u00eda qu\u00e9 decir, mas que hacer un caso tipo Pollock, porque no s\u00e9 c\u00f3mo va a terminar esta guerra\u00bb.<\/p>\n<p>El estrecho pasillo donde se acomoda la silla y la mesa que le sirven de oficina sin paredes es uno de los cuatro que circunda un breve patio interior desde donde se puede acceder a los amplios salones con piso de duela donde se fue fraguando un sue\u00f1o, que a pesar de los pesares y las quejas, ha visto pasar a decenas de j\u00f3venes estudiantes a lo largo de dos d\u00e9cadas.<\/p>\n<p>\u00abLo deben hacer los j\u00f3venes\u00bb, me ha dicho cuando le pregunto qu\u00e9 se puede hacer por el mundo desde una trinchera como el arte, como la danza. \u00abLos viejos somos viejos&#8230; Vamos a esperar un tiempito para ver qu\u00e9 pasa conmigo\u00bb.<\/p>\n<p>Fiel a sus costumbres, Guillermina abre el recipiente de pl\u00e1stico que ha sacado de su bolsa y que se muestra rebosante de uvas, de aceitunas y de peque\u00f1os trozos de queso, y con un palillo empieza a distribuirlo, de pieza en pieza, a quienes por entonces compartimos ya la mesa: Hugo Camacho -nuestro fot\u00f3grafo-, Antonia Quiroz, Orlando Scheker, y yo mismo, que saboreo una regordeta uva negra que, contra lo acostumbrado, no tiene semillas.<\/p>\n<p>\u00abMe voy a morir cuando yo quiera\u00bb, me suelta de pronto cuando asume de nuevo su inquietud por la falta de algo por decir sobre el escenario. \u00abNo quiero ser de esas personas que dicen me retiro, no, pero tampoco me exhibo&#8230; Mi problema es que no tengo nada que decir&#8230;\u00bb.<\/p>\n<p>\u00bfNo ha dicho lo suficiente?, le pregunto.<\/p>\n<p>\u00abDe mi siglo s\u00ed\u00bb, contesta de inmediato, con su agregado: \u00abDe \u00e9ste no\u00bb.<\/p>\n<p>La charla con Guillermina Bravo, la bailarina y core\u00f3grafa legendaria, la luchadora incansable, la terca maravillosa, la nadadora de aguas turbulentas y a contracorriente, la rigurosa profesional, la mujer que se empe\u00f1\u00f3 por d\u00e9cadas en hablar idiomas distintos, nuevos y arriesgados, ha concluido.<\/p>\n<p>Su marca, pienso mientras la miro de reojo al abandonar su sue\u00f1o cristalizado en escuela modelo, es ya indeleble en los escenarios de M\u00e9xico y el mundo.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Sin personaje, no existo Diario de Quer\u00e9taro Manuel Naredo Quer\u00e9taro, Quer\u00e9taro.- Aquella ocasi\u00f3n todo Ballet Nacional de M\u00e9xico fue recibido en Los Pinos por el presidente en turno: Luis Echeverr\u00eda. 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