{"id":6248,"date":"2010-08-04T08:29:22","date_gmt":"2010-08-04T14:29:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/2010\/08\/04\/la-miseria-en-mexico-y-su-abundancia\/"},"modified":"2010-08-04T08:29:22","modified_gmt":"2010-08-04T14:29:22","slug":"la-miseria-en-mexico-y-su-abundancia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=6248","title":{"rendered":"La Miseria en M\u00e9xico y su abundancia"},"content":{"rendered":"<p>La miseria de la pobreza<\/p>\n<p>ARNOLDO KRAUS<\/p>\n<p>No me disculpo por el t\u00edtulo de este art\u00edculo. Los conocedores del lenguaje sugieren, con raz\u00f3n, no utilizar pleonasmos. <\/p>\n<p>En cambio, la realidad permite y exige tocar\u201d el lenguaje. <\/p>\n<p>En el rubro salud, la pobreza, sobre todo en los ni\u00f1os, muestra, con frecuencia, las caras m\u00e1s miserables del binomio enfermedad y pobreza. <\/p>\n<p>Esas lacras las padecen quienes no tienen la oportunidad de acceder al mundo por sus precarias condiciones econ\u00f3micas. Esa realidad la explotan los pol\u00edticos de los pa\u00edses pobres cuando desean conseguir votos para sus campa\u00f1as. Un estudio cient\u00edfico reciente demuestra por qu\u00e9 las personas de escasos recursos econ\u00f3micos tienen pocas oportunidades de ascender en las escalas econ\u00f3micas, sociales y culturales.<\/p>\n<p>En la edici\u00f3n de julio de 2010 de la revista Proceedings of the Royal Society of Biological Sciences, Christopher Eppig y sus colaboradores publicaron el art\u00edculo \u201cParasite prevalence and the worldwide distribution of cognitive ability\u201d (Prevalencia parasitaria y la distribuci\u00f3n mundial de habilidades cognitivas), donde confirman, por medio de una serie de experimentos muy cuidadosos, lo que el lego y los m\u00e9dicos sospechan o saben: los cerebros de los ni\u00f1os que sufren infecciones o enfermedades parasitarias no se desarrollan adecuadamente. La raz\u00f3n es tan obvia como dram\u00e1tica: los par\u00e1sitos y las enfermedades infecciosas utilizan las calor\u00edas requeridas por el cerebro para desarrollarse.<\/p>\n<p>Los argumentos del grupo de Christopher Eppig son contundentes. Los cerebros de los reci\u00e9n nacidos, explican los investigadores, utilizan 87 por ciento de la energ\u00eda proveniente de los alimentos para funcionar adecuadamente; a los cinco a\u00f1os utilizan 44 por ciento; a los diez a\u00f1os, 34 por ciento, y, en los adultos 25 por ciento. Esa energ\u00eda es indispensable para que el cerebro funcione normalmente. En los ni\u00f1os enfermos, contin\u00faan explicando, los par\u00e1sitos impiden la absorci\u00f3n de energ\u00eda y, por extensi\u00f3n, el desarrollo del cerebro. Son cuatro las razones: 1) algunos par\u00e1sitos se nutren de los tejidos del hu\u00e9sped; esas p\u00e9rdidas las suple el cuerpo utilizando su propia energ\u00eda. 2) los par\u00e1sitos, al producir diarrea, impiden la absorci\u00f3n adecuada de nutrientes. 3) algunos virus utilizan a las c\u00e9lulas del cuerpo para reproducirse a s\u00ed mismos; ese proceso consume la energ\u00eda del cuerpo. 4) las infecciones activan el sistema inmunol\u00f3gico del hu\u00e9sped para contrarrestar la agresi\u00f3n; ese hecho tambi\u00e9n consume energ\u00eda.<br \/>\nLas consecuencias de esas infecciones son devastadoras. Los pa\u00edses donde el nivel de inteligencia es menor son aquellos donde la prevalencia \u2013proporci\u00f3n de personas que sufren una enfermedad respecto del total de la poblaci\u00f3n\u2013 de infecciones es mayor; lo inverso tambi\u00e9n es cierto: en las naciones donde las infecciones no son frecuentes el promedio de inteligencia es mayor. Adem\u00e1s, el estudio demostr\u00f3 que las infecciones se correlacionan m\u00e1s estrechamente con el nivel de inteligencia que otros factores cruciales, como la buena nutrici\u00f3n, la riqueza, la educaci\u00f3n o el clima.<\/p>\n<p>Los datos de Eppig y sus colegas demuestran una de las razones por las cu\u00e1les los ni\u00f1os pobres del Tercer Mundo carecen de oportunidades para competir en la sociedad. Aunque los hallazgos del estudio no pertenecen al rubro de la pol\u00edtica los pol\u00edticos deben conocer la magnitud de la tragedia. En M\u00e9xico, donde la pobreza, am\u00e9n de ser decreto presidencial y partidista es end\u00e9mica, quienes detentan el poder y mal usan el dinero de la naci\u00f3n son los responsables de la imposibilidad de mejorar la calidad de vida de m\u00e1s de la mitad de sus conciudadanos. La responsabilidad estriba en la prevalencia de parasitosis, enfermedades infecciosas y desnutrici\u00f3n de los ni\u00f1os pobres y en la falta de tratamiento oportuno y adecuado.<\/p>\n<p>Proteger a la ni\u00f1ez de enfermedades infecciosas y parasitarias incrementar\u00eda la capacidad intelectual y las oportunidades de los ni\u00f1os para acceder a la sociedad que les ha cerrado las puertas. Hace casi 21 a\u00f1os, la Asamblea General de la ONU aprob\u00f3 por unanimidad la Convenci\u00f3n sobre los Derechos del Ni\u00f1o. Nuestro gobierno ratific\u00f3 el convenio al a\u00f1o siguiente: \u00bfpor qu\u00e9 no hacerlo si no cuesta firmar decretos? Aunque el informe reciente del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia asevera que desde entonces se han realizado grandes progresos, dudo mucho que esa informaci\u00f3n sea veraz. Cuando se conoce o se escucha lo que sucede en la sierra de Guerrero, en las serran\u00edas, desiertos, o lo que queda de los bosques de estados como Chiapas, Zacatecas y Oaxaca es l\u00edcito cuestionar la informaci\u00f3n proporcionada por Naciones Unidas. En M\u00e9xico, pocos presidentes, pocos ministros, pocos rectores de universidades y pocos empresarios provienen de esas regiones. La miseria moral y la incapacidad cient\u00edfica, t\u00e9cnica y cultural de nuestros pol\u00edticos es la responsable de no modificar las secuelas de la pobreza en la salud. <\/p>\n<p>Bien har\u00edan nuestros jerarcas s\u00ed leyesen el art\u00edculo de Eppig.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La miseria de la pobreza ARNOLDO KRAUS No me disculpo por el t\u00edtulo de este art\u00edculo. Los conocedores del lenguaje sugieren, con raz\u00f3n, no utilizar pleonasmos. En cambio, la realidad permite y exige tocar\u201d el lenguaje. 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