{"id":7052,"date":"2011-01-05T09:44:07","date_gmt":"2011-01-05T15:44:07","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=7052"},"modified":"2011-01-05T09:44:07","modified_gmt":"2011-01-05T15:44:07","slug":"hablemos-de-oscar-wilde","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=7052","title":{"rendered":"&#8211; Hablemos de Oscar Wilde"},"content":{"rendered":"<p><strong>Hablemos de \u00d3scar Wilde (1854-1900). <\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero hag\u00e1moslo con la alegr\u00eda de quien se prepara a dedicar una canci\u00f3n, una canci\u00f3n para uno de los m\u00e1s grandes poetas de este siglo, y por lo tanto, uno de los m\u00e1s agudos y l\u00facidos visionarios de nuestra \u00e9poca. Porque, entre la tristeza y el gozo, la gloria y la miseria, el triunfo y la ca\u00edda, la figura de Wilde se yergue grande y aleccionadora por dondequiera que se la mire. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>A contra pelo del canon victoriano, es decir, del conjunto de creencias y principios que reg\u00edan el gusto art\u00edstico y la conducta moral de los ingleses, durante el reinado de la adusta e hier\u00e1tica reina Victoria (1837-1901), uno tiene la dicha reservada y discreta de encontrarse con esp\u00edritus aventureros y osados, como Wilde,\u00a0\u00a0 que se atrevieron a tomar\u00a0 tales convencionalismos y reglas por los pelos,\u00a0\u00a0 para lanzarlos por encima de la borda de un programa socio-ideol\u00f3gico, que no s\u00f3lo era fiel tributario de la corona sino tambi\u00e9n de las estructuras imperiales. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>En la condena de Wilde a dos a\u00f1os de trabajos forzados por sodom\u00eda, confluyen la hipocres\u00eda moral, el cinismo pol\u00edtico, la prepotencia colonialista y finalmente la m\u00e1s desproporcionada intolerancia que uno pueda imaginarse. Mientras la corona brit\u00e1nica hace todo lo posible por destruir a Wilde, siete a\u00f1os despu\u00e9s de muerto \u00e9ste, en la m\u00e1s absoluta soledad, en el medio de la pobreza y de la sequ\u00eda art\u00edstica, la corona sueca premia con el Nobel de Literatura a Rudyard Kipling (1865-1936) por su obediencia al canon victoriano,\u00a0 y por su lucidez en la defensa de los derechos que tienen los pa\u00edses \u201ccivilizados\u201d para someter a los que no lo son, como los de \u00c1frica, Asia y Am\u00e9rica Latina (\u201cla carga del hombre blanco\u201d, dec\u00eda \u00e9l) <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>A cien a\u00f1os de su muerte, recordar a Wilde no es gratuito, no se trata de una simple pose acad\u00e9mica, o porque nos obsesionen las efem\u00e9rides. Cuando algunos, desde una posmodernidad vulgar y vana, quieren decirnos que el arte no sirve para nada, es el momento de preocuparnos, puesto que est\u00e1 a la vuelta de la esquina la posibilidad de que tambi\u00e9n nos digan que el humanismo ya perdi\u00f3 vigencia. As\u00ed lo han intentado con la herencia del marxismo y de las distintas variantes del pensamiento socialista, y casi lo han logrado con los anhelos de las personas por so\u00f1ar y construir utop\u00edas cotidianas, uno de los grandes legados del siglo XIX, ese siglo burgu\u00e9s por excelencia, con todas sus contradicciones, pasiones y desgracias. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>De tal forma que, hablar, pensar, sentir a \u00d3scar Wilde desde este siglo brutal, sangriento y opresivo, no es balad\u00ed, es una necesidad. Puesto que su frescura, su alegr\u00eda, su capacidad de sufrimiento y su cicl\u00f3peo coraje son una lecci\u00f3n descomunal para todo aqu\u00e9l que crea en la m\u00e1s simple de las virtudes humanas: la honradez..\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00d3SCAR WILDE: EL HOMBRE. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cDe Irlanda por raza, y de Oxford por cultura\u201d\u00a0 como sol\u00eda decir de un amigo suyo, a Wilde se le puede visualizar de largo, como el prototipo del hombre moderno: repleto de contradicciones, y sin embargo, portador de una sustancial capacidad para so\u00f1ar. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Esa constante disposici\u00f3n al desaf\u00edo lo puso frente a frente con una masa informe de reglas, normas y prohibiciones, que a la larga terminar\u00edan por aplastarlo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Uno lo encuentra en los patios, jardines y plazoletas de la vetusta universidad de Oxford, engalanado de poses y mascaradas, jugando a la mediocridad, cuando en realidad sabemos que su inteligencia y sensibilidad estaban por encima de las de cualquier hombre o mujer de su tiempo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero el juego era muy peligroso, porque se trataba de manipular al medio y a los otros con simulaciones, peque\u00f1as traiciones, jugarretas y paradojas, que buscaban tentar la curiosidad del amigo, del vecino, del lector, en una t\u00f3mbola abigarrada de enigmas y acertijos que a \u00e9l mismo lo dejar\u00edan sin salida alguna. Nos estamos refiriendo a que \u00d3scar Wilde se construy\u00f3 con esmero y dedicaci\u00f3n su propio laberinto, seg\u00fan el buen entender de los griegos, a quienes tanto tradujo y am\u00f3.\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cCon frecuencia ocurre, nos dec\u00eda, que cuando creemos que estamos experimentando con los otros, es con nosotros mismos con quienes lo hacemos en realidad\u201d. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Ni duda cabe de que Wilde con ese amor por la simulaci\u00f3n anunciaba con mucho algunas de las tendencias m\u00e1s notables de la est\u00e9tica del siglo XX. Tanto as\u00ed que, a veces sus tesis casi configuran un programa existencial, muy bien articulado en ciertos de sus m\u00e1s profundos ensayos, conferencias, di\u00e1logos y art\u00edculos, como lo veremos luego. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero a Wilde le estaba reservado convertirse en la v\u00edctima propiciatoria que pusiera en evidencia toda la hipocres\u00eda pantagruelesca del reinado de Victoria. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Pocas veces podemos encontrar una reina m\u00e1s consciente de su \u201cmisi\u00f3n civilizadora\u201d como esta mujer. La magnificencia con que el totalitarismo victoriano fue construido, no s\u00f3lo revela la incontrovertible vocaci\u00f3n dictatorial de la mayor parte de las monarqu\u00edas imperialistas de la \u00e9poca, sino que tambi\u00e9n permite explicar en gran parte algunas de las causas del cataclismo de la Primera Guerra Mundial (1914-1918). <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Para Victoria y los ide\u00f3logos victorianos, los \u201cs\u00fabditos\u201d de su majestad no ten\u00edan vida privada. Todos y cada uno de los m\u00e1s ocultos resquicios de su cotidianidad estaban reglamentados, al extremo de que hasta las escaramuzas de alcoba deb\u00edan sujetarse a cierto tipo de codificaci\u00f3n [7]. Pero es que le toc\u00f3 en suerte a su reinado, definir los par\u00e1metros con que se construir\u00eda y se cimentar\u00eda el imperio. No se pod\u00eda pedir moral, disciplina, civilizaci\u00f3n y otros principios a los pueblos de \u00c1frica, Asia o el Caribe, sino se era capaz de construir una moral igualmente efectiva en casa. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Resulta que \u00d3scar Wilde, su persona, sus ideas, sus emociones, sus gustos y hasta sus gestos no encajaban en ese esquema. Dos cosas entonces, parecen aflorar aqu\u00ed con una fuerza particular, si algo queremos entender de la sa\u00f1a y la brutalidad con que se le reprimi\u00f3, y finalmente se le aniquil\u00f3. Su homosexualidad por un lado, y sus ideas socialistas por otro, eran dos ingredientes definitivos para que todo el peso del canon disciplinario victoriano le cayera encima. Al lado de estos elementos, todo el dispositivo caricaturesco que Wilde mont\u00f3 con su dramaturgia sobre la moralidad burguesa, le represent\u00f3 en todo momento serios problemas \u00e9ticos, pol\u00edticos, est\u00e9ticos y sociales. Porque las cr\u00edticas de Wilde son anti-burguesas, m\u00e1s que anti-victorianas. Ten\u00eda claro que la monarqu\u00eda era el obediente instrumento de un todo m\u00e1s abrumador y destructivo: la civilizaci\u00f3n capitalista. La monarqu\u00eda y el imperio eran sus dos puntas de lanza, a las cuales, un autor como Kipling, siempre rindi\u00f3 respeto y pleites\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La homosexualidad de Wilde pareciera tener dos dimensiones, a cual m\u00e1s problem\u00e1tica y llena de riesgos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Bien podemos decir que es la primera v\u00edctima de la homofobia burguesa, pero tambi\u00e9n de aquella ajustada y apremiada por la racionalidad excesiva que ha caracterizado toda la \u00e9poca moderna. <\/strong><\/p>\n<p><strong>La racionalidad burguesa no aceptar\u00e1 nunca al homosexual pues \u00e9ste est\u00e1 en contra de todos sus m\u00e1s caros principios: la familia por ejemplo, para la salud de la cual es necesaria la reproducci\u00f3n; la sexualidad displicente y mec\u00e1nica, para la cual el cuerpo femenino no es asunto de las mujeres sino de la burgues\u00eda, que lo concibe como el depositario cierto de su visi\u00f3n material y espiritual del mundo. Por eso es que la rebeld\u00eda feminista en gran parte empieza por el rescate y recuperaci\u00f3n de su propio cuerpo\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>Todo el basamento judeo-cristiano sobre el cual reposa la moral burguesa cruje ante la presencia insolente y vanagloriosa de un homosexual como \u00d3scar Wilde. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Hitler, Stalin, Somoza, Pinochet,\u00a0\u00a0 todos los grandes dictadores de nuestra \u00e9poca persiguieron y aniquilaron cualquier brote de homosexualidad en sus sociedades. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Y la reina Victoria, entre otros tiranos, les ense\u00f1aron c\u00f3mo hacerlo. Rodeado de un s\u00e9quito sumiso e incondicional de bur\u00f3cratas y polic\u00edas, el dictador, el tirano, sea \u00e9ste hombre o mujer, quiere controlar todos los detalles del funcionamiento de su sociedad. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Y no hay cosa m\u00e1s dif\u00edcil de controlar que la sensualidad, el erotismo, las espontaneidad de las pasiones. \u00c9stas son incre\u00edblemente subversivas, tr\u00e1tese de una pareja homosexual o heterosexual. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Resulta que la burgues\u00eda descubri\u00f3 al individuo pero le neg\u00f3 su individualidad, de tal forma que su sexualidad es un asunto social, no lo es privado. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Un homosexual entonces es un individuo marginal, un enfermo, que debe ser aislado para proteger la individualidad de los otros, aunque ese individuo en particular, deba ser eliminado. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Aqu\u00ed se trata de una decisi\u00f3n, como bien puede verse, muy civilizada, prendida del sano objetivo de proteger la \u201csalud mental\u201d del grupo, el cual, a la larga, para la burgues\u00eda, es simplemente una suma de individuos no de individualidades, como ya anotamos.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Entonces, para bien de la civilizaci\u00f3n, un homosexual, inteligente, sensible y educado como Wilde es peligroso, subversivo, revolucionario enventualmente, porque es portador de una individualidad demasiado f\u00e9rtil y vigorosa. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Al fin y al cabo el sistema aniquila al individuo, pero la herencia de su individualidad es lo mejor que nos queda, y sobre eso no se discute porque al final de la jornada tambi\u00e9n se puede subastar. <\/strong><\/p>\n<p><strong>No es desarmonioso en consecuencia, pero s\u00ed muy ir\u00f3nico,\u00a0\u00a0 que el inventor de las reglas para el boxeo, un deporte tan varonil y \u201cmachista\u201d, el Marqu\u00e9s de Queensberry, padre de Lord Alfred Douglas, amante y motivo de la tragedia de Wilde, fuera quien finalmente lo enviara a la c\u00e1rcel. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>En conclusi\u00f3n, la moral burguesa primero arrincona al individuo, cuando a \u00e9ste se le ocurre desafiar su indubitable dominaci\u00f3n, para luego someter a escrutinio su individualidad. Si la herencia factible que \u00e9sta posibilita puede pasar a formar parte del acervo cultural de la civilizaci\u00f3n capitalista, entonces la burgues\u00eda termina merodeando esa herencia, se la apropia y la hace suya, es decir, la convierte en mercanc\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p><strong>En el caso de \u00d3scar Wilde, como de muchos otros grandes artistas, individuo e individualidad son inseparables, aunque la moral burguesa los obligue a realizar una vida en el \u201ccloset\u201d.\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>Mucha de la m\u00e1s bella poes\u00eda o de las cartas escritas por Wilde son directamente proporcionales a su naturaleza sexual. Ignorar \u00e9sto es separar al hombre del artista, una aberraci\u00f3n que hoy nos hemos acostumbrado a ver con una gran naturalidad. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero junto al sufrimiento que tal desgarre produce, en t\u00e9rminos humanos y art\u00edsticos, existe otro todav\u00eda m\u00e1s grave y de mayor impacto sobre la vida personal y social del artista. Esta es la otra dimensi\u00f3n de la homosexualidad de Wilde a la que quer\u00edamos referirnos tambi\u00e9n. \u00c9l lo describ\u00eda maravillosamente, cuando dec\u00eda que bajar a los mundos subterr\u00e1neos de la prostituci\u00f3n masculina del Londres victoriano, era como \u201ccenar con panteras\u201d,\u00a0 puesto que siempre se expon\u00eda al zarpazo, al chantaje que tales licencias supon\u00edan a manera de resaca ineludible. En estos viajes demenciales y arriesgados siempre lo acompa\u00f1\u00f3 Lord Alfred Douglas (1870-1945), Bosie. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Del paso de las tranquilas plazoletas del verde y aristocr\u00e1tico Oxford, al sucio y desvencijado Londres, Wilde y Douglas hicieron una aventura. La misma que los llevar\u00eda a la tragedia, la desgracia, la humillaci\u00f3n y finalmente al desamor y al odio. Estas aventuras, aparentemente traviesas y juguetonas, tienen un perfil terrible, si pensamos\u00a0\u00a0 en que, el que hac\u00eda las mayores apuestas era Wilde.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El tr\u00e1nsito de la homosexualidad como tragedia del pensamiento y la cultura, a la homsexualidad como comedia, proxenesis y vicio, les result\u00f3 a ambos amantes incre\u00edblemente caro.\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>Ese juego camale\u00f3nico, esa mascarada sibilante repleta de entuertos e infortunios, tendr\u00eda que sostenerse indefectiblemente en los bordes de la moral burguesa, la que no comprender\u00eda jam\u00e1s ese ir y venir entre las dos caras de una homosexualidad dise\u00f1ada para ocultar el verdadero prop\u00f3sito de toda esta aventura: encontrarle sitio al arte en una sociedad que hac\u00eda mucho rato hab\u00eda dejado de entenderlo.\u00a0\u00a0 Creemos que Lord Alfred Douglas tampoco comprendi\u00f3 en toda su justa dimensi\u00f3n este azaroso manipular de espejos en que lo hab\u00eda metido Wilde. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Para \u00e9l el juego ten\u00eda direcci\u00f3n s\u00f3lo en la medida en que su individualidad art\u00edstica saliera fortalecida, envigorizada para continuar con una tarea que toda la sociedad burguesa en alg\u00fan momento ver\u00eda como una absoluta aberraci\u00f3n. En el trayecto Wilde no s\u00f3lo perder\u00eda el control sobre su cuerpo, puesto que su carcelero ser\u00eda el verdadero due\u00f1o durante dos a\u00f1os, sino tambi\u00e9n sobre lo m\u00e1s preciado y valioso para un artista: la independencia y la tranquilidad de esp\u00edritu para crear. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Bastar\u00e1 leer \u201cDe Profundis\u201dpara darse cuenta de las enormes proporciones que tiene para Wilde el\u00a0\u00a0 arrepentimiento, por todo el tiempo perdido al lado de Bosie cenando con panteras\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Finalmente, en este af\u00e1n nuestro por entender al hombre, para recalar sus lecciones art\u00edsticas a nuestra \u00e9poca, no podemos concluir esta secci\u00f3n sin referirnos a sus ideas pol\u00edticas, las que en realidad creemos, le causaron su ca\u00edda y su desgracia final. Ampliaremos este tema un poco m\u00e1s adelante, entre tanto, anotemos que algunos cr\u00edticos contempor\u00e1neos sostienen que, en todo lo que respecta a \u00d3scar Wilde, los ingleses siempre se han equivocado. Sabemos hoy que, a pesar de que sus afeminadas maneras, su esteticismo y hedonismo a ultranza fueron el blanco de la burla de la prensa victoriana, y tambi\u00e9n de alguna prensa amarga y venenosa de los Estados Unidos (de San Francisco para ser preciso, durante su visita en 1882), lo que result\u00f3 m\u00e1s inc\u00f3modo tanto para los oficiales del imperio brit\u00e1nico, como para la burgues\u00eda aristocr\u00e1tica de algunos circulos culturales norteamericanos, fue la forma directa y veraz, con que Wilde abord\u00f3 el problema irland\u00e9s. Contamos con fragmentos de sus conferencias en los Estados Unidos,\u00a0\u00a0 en las cuales el escritor siempre que pudo, critic\u00f3 al imperio brit\u00e1nico, a la pol\u00edtica migratoria de aqu\u00e9l, y de manera sutil y elegante insinu\u00f3 que el socialismo era un ideario digno de tomar en cuenta para combatir la ocupaci\u00f3n brit\u00e1nica de Irlanda. Es cierto, durante su estad\u00eda en los Estados Unidos, aquellos circulos culturales que mencionamos arriba, sintieron que el poeta se burlaba de sus poses academicistas, vac\u00edas y burdas. A \u00e9l, por su parte, la prensa de San Francisco lo hizo v\u00edctima del escarnio y la mofa caricaturesca. Pero el hombre asumi\u00f3 el asunto con estoicismo, con una inteligencia s\u00f3lo digna de \u00d3scar Wilde. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0 El hedonismo sincero de Wilde pudiera haber producido alg\u00fan grado de acidez en los sectores m\u00e1s conservadores y vigilantes de la moral p\u00fablica victoriana. Lo mismo que el lado oculto de su vida privada, atemperado por un matrimonio tr\u00e1gico y falaz, parec\u00eda atraer la curiosidad m\u00e1s morbosa del p\u00fablico brit\u00e1nico de la \u00e9poca, porque rara vez alguien expon\u00eda su verdadera naturaleza sexual con tanta sinceridad como lo hab\u00eda hecho el escritor. Todav\u00eda estos ingredientes pod\u00edan ser manejables en una corte de justicia. Pero que el arte por el arte fuera la excusa para promover sus verdaderas ideas pol\u00edticas, hac\u00edan de nuestro poeta una presa f\u00e1cil, como veremos m\u00e1s adelante, de los inveterados prejuicios pol\u00edticos y culturales de la corona brit\u00e1nica. Ser irland\u00e9s, rojo y maric\u00f3n, eran indiscutiblemente tres componentes decisivos para hacer saltar en pedazos a cualquiera que se atreviera a criticar al venerable e intachable imperio brit\u00e1nico. Lo m\u00e1s curioso de todo \u00e9sto es que Wilde amaba a su reina Victoria, y cada vez que pod\u00eda celebraba los cumplea\u00f1os de ella, con la misma devoci\u00f3n que cualquier anciano brit\u00e1nico, ciego creyente de la infalibilidad de su monarca. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00d3SCAR WILDE: EL ESTETA.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Con frecuencia, la enigm\u00e1tica visi\u00f3n de la vida que ten\u00eda \u00d3scar Wilde, evoca en nosotros una capacidad particular para llevar hasta sus \u00faltimas consecuencias aquello en lo que creemos y en lo que sentimos. El esteticismo de \u00d3scar Wilde tiene el tono de la ficci\u00f3n, del puente que se establece entre el sue\u00f1o y la realidad. Vivir la vida como una obra de\u00a0\u00a0 arte puede plantearle problemas a quien la aborda con la cordura que da la perpetua racionalizaci\u00f3n a que nos obliga la vida cotidiana[10].\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El arte por el arte, postulado central de algunos de los grandes te\u00f3ricos de la est\u00e9tica pre-rafaelista como Walter Pater (1839-1894), y cuya influencia art\u00edstica en Wilde fue decisiva, en apariencia, pod\u00eda profundizar las contradicciones entre la amoralidad del arte y el supuesto compromiso que el artista deb\u00eda tener con los problemas de su tiempo. Porque para Wilde no exist\u00edan el libro pervertido o el libro virtuoso. Exist\u00edan los libros bien o mal escritos. Y esta sola afirmaci\u00f3n fue capaz de provocar un debate de grandes proporciones, que incluso se siente hoy d\u00eda entre nosotros.\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El esteticismo de \u00d3scar Wilde, su dandysmo, pertenecen a la era del imperialismo, a los sobrecogedores umbrales del siglo XX. No es el dandysmo de Charles Baudelaire por ejemplo, todav\u00eda bajo los influjos de una revoluci\u00f3n francesa que no acaba su tarea, aun cuando la comuna de Par\u00eds de 1871, supuestamente, debi\u00f3 de haber llevado al colmo una herencia que en el presente recordamos con nostalgia y gratitud.\u00a0\u00a0 El arte por el arte, como patr\u00f3n ideol\u00f3gico, en el caso m\u00e1s que concreto de Oscar Wilde, es una estrategia de evasi\u00f3n, ante las evidencias contundentes de la fealdad de la sociedad industrial. En estos casos jam\u00e1s el arte podr\u00e1 imitar la vida.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Si partimos de la base de que el arte por el arte es una actitud irresponsable, sometida a los vaivenes del gusto literario y art\u00edstico de la \u00e9poca, o metida de plano en los caprichos est\u00e9ticos del artista, eso ser\u00eda ponerle l\u00edmites muy serios a un conjunto de ideas que no se agotan en el culto por el objeto de arte, sino que va m\u00e1s all\u00e1 y abarca tambi\u00e9n el grado de inserci\u00f3n que tenga el artista en su realidad social, pol\u00edtica y cultural espec\u00edfica. Cuando Wilde sosten\u00eda que el arte era in\u00fatil, se refer\u00eda precisamente a su supuesta banalidad, predicada por a\u00f1os por una burgues\u00eda pragm\u00e1tica y est\u00e9ril, que s\u00f3lo confiaba en la industria para producir \u201ccosas \u00fatiles\u201d.\u00a0\u00a0 Se refer\u00eda tambi\u00e9n a los desprop\u00f3sitos socio-econ\u00f3micos del mismo, puesto que\u00a0 los afectos, las emociones y la soledad creativa del artista no est\u00e1n dise\u00f1adas para producir cosas \u00fatiles seg\u00fan el criterio de la burgues\u00eda, sino objetos bellos, capaces de evocar en el espectador la posibilidad de tener acceso a un mundo mejor.\u00a0\u00a0 En ese sentido el arte es subversivo, pero sigue siendo in\u00fatil. Aunque el artista y su creaci\u00f3n ser\u00edan muy \u00fatiles para la burgues\u00eda si defendieran y estuvieran al servicio de sus intereses. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La tesis del arte por el arte, no s\u00f3lo como se expres\u00f3 en la Inglaterra victoriana, sino tambi\u00e9n en la Francia del Segundo Imperio, generaba una serie de acaloradas discusiones sobre todo porque, si la revoluci\u00f3n industrial hab\u00eda tra\u00eddo consigo una riqueza colosal para los poderosos, tambi\u00e9n se hizo acompa\u00f1ar por una pobreza aterradora. Tal tesis en este caso, era poco menos que fr\u00edvola y superficial. Sin embargo, dif\u00edcilmente el artista con sus creaciones pod\u00eda modificar dicha situaci\u00f3n. La pintura de los pre-rafaelistas no alter\u00f3 un \u00e1pice los desmanes imperialistas brit\u00e1nicos en la India, por ejemplo. O la humillante situaci\u00f3n en la que se encontraba la mujer. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Sin embargo, en el ejemplo de Wilde como en el de muchos otros creadores de su \u00e9poca, el arte pod\u00eda convertirse en un artefacto de poderosa influencia pol\u00edtica y social, a partir de la fuerza y de la naturaleza del compromiso con que el artista se insertaba en la sociedad de su tiempo. De tal manera que, entre el buen decir de Wilde, y su verdadero hacer, la l\u00f3gica dial\u00e9ctica nos dice que son los resultados los que nos permiten medir la verdadera dimensi\u00f3n del impacto de sus creaciones, y los mismos son de tal magnitud que hoy podemos decir que existe una bibliograf\u00eda cercana a los ocho mil t\u00edtulos sobre su vida y su obra. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Durante su estad\u00eda en los Estados Unidos, en 1882, Wilde imparti\u00f3 conferencias sobre las distintas y variadas expresiones de la belleza, pero la sonoridad del recibimiento que le dieron no estuvo en proporci\u00f3n con los contenidos y las cr\u00edticas que quiso hacer. La buena sociedad norteamericana parec\u00eda hacer derroche de su riqueza, pero no suced\u00eda lo mismo en lo que respecta al buen gusto, la delicadeza, y el glamour en los disttintos escenarios que ofrec\u00eda la vida cotidiana. Como les hizo ver con c\u00ednica franqueza sus limitaciones, algunos escritores y cr\u00edticos del autor lo encontraron presuntuoso e infatuado, pero rara vez escrutaron a profundidad lo que Wilde entend\u00eda por belleza, sentido est\u00e9tico y sensibilidad art\u00edstica. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Esta clase de desacuerdos, por m\u00e1s esfuerzos que \u00e9l hubiera hecho para atemperarlos y no perder la paciencia con el mal gusto de la pretenciosa y arrogante nueva burgues\u00eda industrial norteamericana, le ense\u00f1aron mucho y lo ubicaron de frente a la gran pol\u00e9mica del siglo: \u00bfD\u00f3nde reside el verdadero valor de una obra de arte? \u00bfQui\u00e9n decide lo que es una obra maestra? Dos preguntas que, c\u00f3mo dec\u00eda Wilde, hab\u00edan recibido una riqu\u00edsima gama de respuestas,\u00a0\u00a0 pero sobre las cuales cada vez sab\u00edamos menos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Hoy, cuando el valor de una pieza art\u00edstica se mide por su cotizaci\u00f3n en la bolsa, el esteticismo de Wilde tendr\u00eda muy poco que a\u00f1adir, pero es un resonante llamado de atenci\u00f3n. Por eso, en gran medida contin\u00faa con nosotros, porque tuvo el coraje de sostener que la belleza ten\u00eda valor en s\u00ed misma, y que no era un medio para enriquecer a su poseedor. La econom\u00eda pol\u00edtica del gusto nos ense\u00f1a a fin de cuentas que la belleza, el talento, el ingenio no se poseen, somos pose\u00eddos por ellos. Una cosa que la inveterada burricia maquinista de la burgues\u00eda no vislumbr\u00f3 jam\u00e1s. Su mundo de objetos \u00fatiles, su insaciable necesidad de cosas, de mercanc\u00edas, ha jugado el papel de una plataforma muy efectiva para dinamizar al mundo de los marchantes, pero ha dejado libres, aunque sufrientes y exang\u00fces, a los creadores, sobre todo aquellos que no se venden, as\u00ed les vaya en ello la salud f\u00edsica y mental. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por eso el esteticismo de Wilde como dec\u00edamos arriba, no se puede comprender fuera de su proyecto vital, el cual incluye su homosexualidad, su condici\u00f3n de irland\u00e9s y de so\u00f1ador socialista. \u201cEl mapa del mundo estar\u00e1 incompleto si en \u00e9l no incluimos al pa\u00eds de la Utop\u00eda\u201d [11]. Aseveraciones como \u00e9sta eran las que le ocasionaban sus t\u00f3rridos enfrentamientos con el orden burgu\u00e9s establecido. Porque siempre le gust\u00f3 jugar al borde de los l\u00edmites, v\u00edctima de las tentaciones y de la marginalidad. Tomar riesgos al filo del precipicio no s\u00f3lo fue una idea que perme\u00f3 su sexualidad, sino tambi\u00e9n sus creencias est\u00e9ticas, las cuales aunque no ten\u00edan muy buena acogida por los te\u00f3ricos del \u201cestablishment\u201d, eran frecuentemente recibidas con cierta simpat\u00eda por los sectores populares, como le sucedi\u00f3 con los mineros y las amas de casa en los Estados Unidos, cuando se dirigi\u00f3 a ellos para hablarles de la importancia de la belleza en nuestra vida cotidiana, y de la necesidad de tener una casa bien decorada y atendida.\u00a0\u00a0 Si la mujer victoriana iba a ser ama y se\u00f1ora de los dominios de su hogar, entonces hab\u00eda que decorarlo de tal manera que se hiciera m\u00e1s tolerable la vida cotidiana en \u00e9l.\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Con el principio hegeliano en las manos, recogido en nuestros d\u00edas y llevado hasta sus \u00faltimas consecuencias por un cr\u00edtico como Luc\u00e1ks, de que la belleza de un objeto no es un tema de discusi\u00f3n ontol\u00f3gica necesariamente, autores como Sir Edward Arnold, John Ruskin y Walter Pater, a quien ya nos referimos, le prepararon el terreno a Wilde para que su est\u00e9tica esencialista fuera m\u00e1s all\u00e1 del simple placer cotidiano o instant\u00e1neo que pudiera producir una obra de arte. Tal tensi\u00f3n entre la cotidianidad y la eternidad no se resolv\u00eda con el hedonismo de los pre-rafaelistas, aunque las propuestas de Rossetti o Morris eran dignas de tomar en cuenta, sino, seg\u00fan Wilde, de acuerdo con la capacidad que tuviera un determinado artista de minar el terreno de la est\u00e9tica burguesa desde adentro. Bien sabemos que dicha tensi\u00f3n le revent\u00f3 en la cara. Sin embargo, encontr\u00f3 seguidores en autores posteriores como Gide, Auden, Nabokov, Beckett, Mann y otros que supieron plantarse de manera frontal ante una est\u00e9tica burguesa que aspiraba a la legitimaci\u00f3n esencialista del objeto, en la medida en que \u00e9ste tarde o temprano terminar\u00eda convertido en mercanc\u00eda. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>En ning\u00fan lugar, finalmente, podemos ver con m\u00e1s claridad la textura de dicha tensi\u00f3n que en los di\u00e1logos que sostienen sus personajes dram\u00e1ticos. El dialoguismo de Wilde, como dir\u00eda Bakhtin, es un recurso mediante el cual el autor despliega a plenitud todas sus objeciones hacia la sociedad burguesa, pero tiene la fuerza particular, asumida con sutileza y elegancia, de revelar sus paradojas sin caer en la vulgaridad discursiva o panfletaria que sus temas pudieron haber provocado. Si el artista vive en los l\u00edmites de la sociedad, y con regularidad puede ser confundido con un criminal, por su actitud rebelde y marginal, la burgues\u00eda hace lo mismo, s\u00f3lo que se oculta tras una pasta de afeites a la cual hay que penetrar con el cincel de la cr\u00edtica y la sensibilidad individuales. De aqu\u00ed que el socialismo de Wilde apunte hacia el rescate del individuo antes que a cualquier masa social informe y primitiva. A continuaci\u00f3n nos referiremos un poco al tema. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>OSCAR WILDE: EL SOCIALISTA.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cLa principal ventaja que se obtendr\u00eda del establecimiento del socialismo, ser\u00eda indudablemente que el socialismo nos relevar\u00eda de la s\u00f3rdida necesidad de trabajar para otros, la que, en el presente estado de cosas, presiona tanto sobre casi todo el mundo. De hecho, casi nadie escapa \u201d [12]. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Wilde sosten\u00eda que en el socialismo el desarrollo del individuo, a la larga, devendr\u00eda en un extraordinario beneficio para toda la comunidad. Pero era fundamental, ofrecerle a ese individuo las condiciones ideales para que su expansi\u00f3n y crecimiento como ser humano se dieran sin limitaciones de ninguna naturaleza. En su condici\u00f3n de irland\u00e9s cat\u00f3lico, hijo de una mujer (Esperanza)\u00a0\u00a0 dirigente dura y combativa del movimiento feminista, tambi\u00e9n l\u00edder l\u00facida y brillante de las tareas por la liberaci\u00f3n de Irlanda, Wilde nunca separ\u00f3 su sue\u00f1o de la posible construcci\u00f3n del socialismo de las luchas por la independencia de su pa\u00eds. Sosten\u00eda que la sensibilidad y profundidad de los celtas no ten\u00edan por qu\u00e9 estar sometidas a la frivolidad y al burdo sentido pr\u00e1ctico de los teutones (sajones o ingleses).\u00a0 Estas ideas, desplegadas en varios de sus ensayos, pero notablemente en The soul of man under socialism (1891),\u00a0 le ocasionaron algunos problemas con la cr\u00edtica literaria victoriana. A \u00e9sta, la Revoluci\u00f3n Industrial le hab\u00eda creado el falso sentimiento de la infalibilidad del proyecto burgu\u00e9s de civilizaci\u00f3n, y por ello, el c\u00e1non victoriano estaba lubricado de arriba a abajo con la h\u00fameda creencia de que todos los pueblos del planeta le merec\u00edan incondicional entrega. H\u00fameda en la sangre, el sudor y las l\u00e1grimas, de los trabajadores de las colonias, quienes durante la Primera Guerra Mundial (1914-1918) empezar\u00edan a inmolarse por una causa que no era la suya. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La Inglaterra victoriana es la del apogeo de la industrializaci\u00f3n, pero tambi\u00e9n la del crecimiento de la clase trabajadora, de sus luchas, sus avances, retrocesos y conquistas. En la era del imperialismo, cuando las utop\u00edas sociales florecen como hongos por todas partes, puesto que la miseria que ha tra\u00eddo consigo la expansi\u00f3n capitalista en pro del enriquecimiento colosal de unos cuantos, no pasa inadvertida para aquellos con suficiente sensibilidad y sentido com\u00fan como para percatarse sobre qui\u00e9n se beneficia y c\u00f3mo legitima esos privilegios. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Las reflexiones de Wilde sobre la sociedad de su tiempo son portadoras de esa orientaci\u00f3n. Pocos autores del\u00a0\u00a0 per\u00edodo hicieron tanto para promocionarse a s\u00ed mismos, pero tambi\u00e9n pocos lograron penetrar tan a fondo lo que en realidad era la Inglaterra victoriana. Sus viajes a los bajos fondos de Londres, una ciudad con dos millones de pobres al iniciarse los noventa, se completaban con su conocimiento pr\u00e1ctico y te\u00f3rico sobre los c\u00edrculos sociales m\u00e1s distinguidos de aquella. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Consecuente con su hip\u00f3tesis de que el carisma, el buen vestir, la prudencia en las comidas y la templanza en los placeres eran el resultado de un conocimiento adquirido en un mano a mano con los excesos, Wilde hizo lo que estuvo a su alcance para vender su imagen, y con ello estaba dando el primer paso hacia la venta de s\u00ed mismo como mercanc\u00eda art\u00edstica, producto de la publicidad, una de las grandes aspiraciones del hombre contempor\u00e1neo. Todos seremos famosos por lo menos durante quince minutos de nuestras vidas, dec\u00eda Warhol.\u00a0\u00a0 Y de esta manera, Wilde sald\u00f3 sus deudas con su pasado en Oxford, con una pizca de notoriedad. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Porque sosten\u00eda que los dos grandes cambios de su vida hab\u00edan tenido lugar cuando sus padres lo enviaron a Oxford, y cuando la sociedad lo envi\u00f3 a prisi\u00f3n. No podemos decir que estos dos acontecimientos fueran hitos decisivos en su discreto enfrentamiento con la burgues\u00eda victoriana, pero s\u00ed lo fueron en el dise\u00f1o de su perfil como poeta y escritor, porque el material que ambas experiencias suplieron le facilit\u00f3 un mejor conocimiento de s\u00ed mismo y por supuesto la creaci\u00f3n de ese mundo literario personal en el que el \u00fanico h\u00e9roe visible era \u00e9l mismo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>No debemos llamarnos a enga\u00f1o atragant\u00e1ndonos con la creencia de que las utop\u00edas que sue\u00f1a Wilde tienen algo que ver con el concepto totalitario que tiene Marx del socialismo. Es de notar que, a pesar de que el marxismo se sirvi\u00f3 con mucho de la s\u00f3lida tradici\u00f3n racionalista burguesa, que se remonta a los inicios del siglo XVI, y que bien por ello lo podemos considerar como parte del pensamiento burgu\u00e9s occidental, aunque moleste a sus m\u00e1s severos defensores, nunca perdi\u00f3, tal vez m\u00e1s bien exacerb\u00f3, la vena totalitaria de tal racionalismo. Puede resultar dif\u00edcil de negar la vertiginosa propensi\u00f3n totalitaria del reinado de Victoria; ah\u00ed est\u00e1n las brutalidades de su imperio para probarlo. Precisamente es contra esa tiran\u00eda victoriana que Wilde escribe sus ensayos, sus historias para ni\u00f1os y sus dramas.\u00a0\u00a0 Pero no se le enfrenta de una manera abierta y exultante. Su lucha contra la mojigater\u00eda, la falsa espiritualidad, y la frivolidad vol\u00e1til de los victorianos est\u00e1 planteada en t\u00e9rminos est\u00e9ticos, de manera que es tambi\u00e9n est\u00e9tica la noci\u00f3n de socialismo que cultiva Wilde.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero aqu\u00ed no hablamos de un socialismo melifluo y azucarado, sino de un socialismo de catacumba, marginal, que sue\u00f1a con un mundo mejor para los desheredados de la tierra, los minoritarios, los criminales, los desajustados y los irracionales. En gran parte ese es el tributo que Wilde le rinde a los chulitos de los barrios bajos de Londres: so\u00f1ar sus sue\u00f1os y traducirlos en poes\u00eda, prosa y pensamiento. Pero como buen peque\u00f1o burgu\u00e9s, citadino y acomodaticio, tambi\u00e9n se cobra su precio: acostarse con ellos, aunque despu\u00e9s le devuelvan el zarpazo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La educaci\u00f3n sentimental de Wilde bien puede valorarse a partir de su catal\u00edtico m\u00e1s notable, su relaci\u00f3n con Lord Alfred Douglas; pero le har\u00edamos una gran injusticia si hici\u00e9ramos algo igual\u00a0\u00a0 con su ideario socialista y ut\u00f3pico, pues \u00e9ste tiene una gestaci\u00f3n m\u00e1s tribal, casi familiar, en el cual la atractiva figura de su madre es vertebral. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Wilde est\u00e1 m\u00e1s cerca de Tolstoi que de Bakhunin, y todav\u00eda m\u00e1s de los fabianos que de los marxistas. Pareciera feliz de estar al margen de las ruidosas discusiones que se suscitan al interior de la Segunda Internacional de los Trabajadores, definitivamente rasgada en v\u00edsperas de la Primera Guerra Mundial. A\u00fan as\u00ed, la vida de Wilde se extiende a lo largo de un per\u00edodo rico en acontecimientos sociales, pol\u00edticos y culturales, que no le pasaron desapercibidos en su gran mayor\u00eda, y en los cuales, cuando fue requerido, tuvo una participaci\u00f3n importante, como el asunto de la cacer\u00eda de brujas que provoc\u00f3 el caso Dreyfus. Su participaci\u00f3n en el \u201caffaire\u201d no est\u00e1 clara por completo, pero sabemos que con Emile Zola y otros grandes escritores de la \u00e9poca, hizo lo necesario para mostrarle al mundo el racismo y la intolerancia que hab\u00eda detr\u00e1s de la condena de Alfred Dreyfus (1859-1935) por supuesta alta traici\u00f3n al ej\u00e9rcito franc\u00e9s en favor de los alemanes. Su gran delito fue ser jud\u00edo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El individualismo de Wilde, sustentado sobre la s\u00f3lida idea de que si la persona humana no dispone de condiciones materiales y espirituales para desplegarse a cabalidad abre el paso a muchas variantes de la esclavitud, tiene una vigencia y una vitalidad en nuestros d\u00edas, que asombra por su frescura y su inmediatez. No se trata del individualismo rampante y explotador que predican el liberalismo y el neoliberalismo actuales, sino m\u00e1s bien de aqu\u00e9l que sostiene que si los seres humanos no sacan todo lo que tienen dentro, la sociedad se ver\u00e1 invadida por todos los vicios y consecuencias nefastas que traen consigo la frustraci\u00f3n, las inhibiciones, la amargura y la represi\u00f3n. La belleza, el cultivo del esp\u00edritu, la solidaridad, ser\u00edan los veh\u00edculos mediante los cuales los hombres y mujeres de la nueva Utop\u00eda har\u00e1n posible la recuperaci\u00f3n del individuo. \u201cEl estado fue concebido entonces para hacer lo \u00fatil, el individuo para realizar lo bello\u201d dec\u00eda Wilde, en una frase que recoge a la perfecci\u00f3n su criterio sobre los distintos terrenos en que deben moverse ambos sujetos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>El individualismo burgu\u00e9s, cuyas ra\u00edces penetran en el ego\u00edsmo m\u00e1s elaborado, es objeto de cr\u00edtica y sarcasmo por parte de Wilde. El argumenta que el hombre ego\u00edsta jam\u00e1s tendr\u00e1 conflictos con la m\u00e1quina, porque \u00e9sta le completa como instrumento de producci\u00f3n, y culturalmete hablando, lo deja intacto desde el punto de vista moral. El ingeniero industrial, para usar un ejemplo, al estilo de los que so\u00f1aban Ford y Taylor, y que fue maravillosamente tipificado en los trabajos de Ayn Rand, es un sujeto sin contradicciones de ninguna especie, tan compacto que asusta su efectividad, para la cual todo lo no que genere mercanc\u00edas es in\u00fatil. No era ese el tipo de individualismo en el que estaba pensando de Wilde.\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Uno quisiera pensar que el socialismo de Wilde es m\u00e1s sistem\u00e1tico, m\u00e1s y mejor articulado que muchas propuestas que circulaban por aquellos d\u00edas, pero no pasa de ser una pose rom\u00e1ntica, anti-colonialista y certeramente est\u00e9tica, nada m\u00e1s. Leerlo con los ojos de un marxista de nuestros d\u00edas, puede llenarnos de frustraciones, pues podr\u00edamos ponerlo a decir cosas que nunca dijo, ni pens\u00f3 remotamente. Casi nos inclinamos por argumentar que para Wilde el arte y la individualidad, esa noci\u00f3n espec\u00edfica que tiene del individualismo, son interdependientes. Ya dec\u00edamos p\u00e1ginas atr\u00e1s, que \u00e9l intuy\u00f3 la diferencia operativa entre individuo e individualidad. Para fines est\u00e9ticos tal distinci\u00f3n es central, pues la burgues\u00eda tiene una idea del individuo que en nada se parece a la que estuvo trabajando Wilde hasta su muerte en 1900. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Sonar\u00e1 formalista lo que vamos a se\u00f1alar, pero a veces es \u00fatil este tipo de juegos semiol\u00f3gicos. Si separamos al sue\u00f1o del so\u00f1ador, nos daremos cuenta que en un ensayo como \u201c The soul of man\u2026\u201del contenido utopista del trabajo lleva la direcci\u00f3n de hacerle notar al lector que sin \u00e9l, ning\u00fan progreso social o cultural es posible. Wilde no sistematiza su sue\u00f1o, s\u00f3lo piensa en los cambios que experimentar\u00e1 el so\u00f1ador cuando esa nueva sociedad se vislumbre en el horizonte. Esto es perfectamente l\u00f3gico, a partir del andamiaje est\u00e9tico que Wilde se ha construido. En sus \u201chistorias socialistas para ni\u00f1os\u201d la belleza de las narraciones, de los temas, del lenguaje, de los personajes, nos impiden de primera entrada darnos cuenta que en casi todas ellas, se parte de postulados binarios: justo-injusto, bueno-malo, bello-feo, ego\u00edsta-generoso, y as\u00ed en casi todos sus cuentos. No pod\u00eda haber sido de otra manera, la l\u00f3gica formal, de fuerte sabor arist\u00f3telico, es la plataforma sobre la que reposa la visi\u00f3n del mundo de la burgues\u00eda colonialista de los tiempos de Wilde, y \u00e9l, para bien o para mal, fue educado por ella, a pesar de que su decadentismo esteticista le haya grangeado su mala voluntad. Con serias dificultades la burgues\u00eda tolera de nuevo en sus filas, a quienes la traicionan.\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>UNA REFLEXI\u00d3N FINAL. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Con este ensayo nos hemos dado cuenta de un asunto: en la vida y obra de Oscar Wilde hay tres pecados y una virtud. Su homosexualidad, sus ideas socialistas y su procedencia nacional, junto a su capacidad para so\u00f1ar, para dise\u00f1ar utop\u00edas, hicieron del proyecto vital de este hombre algo paradigm\u00e1tico en el desarrollo personal de algunos de los grandes creadores de este siglo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero esa confluencia de factores no se da de forma id\u00e9ntica en todos ellos, puesto que la especificidad hist\u00f3rica define el perfil que tendr\u00e1 ese proyecto existencial en particular.\u00a0 \u00bfSer\u00e1 posible una comparaci\u00f3n entre \u00d3scar Wilde y el escritor cubano disidente Reinaldo Arenas (1943-1990), una de las grandes plumas de la literatura latinoamericana de este siglo? En este \u00faltimo caso, la bronca de Arenas no es contra el proyecto cultural burgu\u00e9s, es contra otro supuestamente inspirado en los ideales del socialismo. Pero \u00e9l tambi\u00e9n fue v\u00edctima de otra forma de totalitarismo: aqu\u00e9l que se sirve a manos llenas de las grandes y buenas lecciones de la historia. Es dif\u00edcil escamotear la idea de que, al fin y al cabo, la honestidad le demanda a cualquier historiador no eludir las grandes y abrumadoras semejanzas que se pueden establecer entre el fascismo y el stalinismo.\u00a0\u00a0 <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero el ejemplo que nos dejan artistas como Arenas, a partir de la luz que arrojan las lecciones de autores como Wilde, es que desde la perspectiva cultural, a pesar de las distintas expresiones que puede asumir el autoritarismo, \u00e9ste sigue siendo portador de la misma naturaleza opresiva, brutal e intolerante, sin importar los par\u00e1metros espacio-temporales que estemos manejando. Tampoco importa el dictador de marras, al fin y al cabo la prepotencia, la arrogancia y la mentalidad paternalista de fuertes ecos medievales, es la misma, as\u00ed se trate de la reina Victoria o de Augusto Pinochet. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Wilde como Arenas y otros similares, nos dejan la gran ense\u00f1anza de que la insolencia imperialista y totalitaria, con sus distintas expresiones, puede llegar a l\u00edmites insospechados, cuando los grupos que la sustentan sienten que las instituciones y los aparatos que los legitiman pueden rodar por los suelos. Aqu\u00ed, el dogma, el catecismo y toda la liturgia civil que las hizo posibles entran en crisis y de esta manera, entonces, se ponen en movimiento los mecanismos requeridos para sacar de circulaci\u00f3n a esa persona o personas, que amenazan con traerse abajo la nueva forma de pensamiento y disciplina eclesi\u00e1sticos, que ha venido al mundo con la monarqu\u00eda de una persona o de una maquinaria partidista. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>En su lucha contra esa maquinaria, un hombre como Wilde se arriesg\u00f3 pero perdi\u00f3 su vida. <\/strong><\/p>\n<p><strong>S\u00f3lo el arte lo salv\u00f3 del olvido irreparable que trae consigo el ostracismo cultural a que se ven sometidos los artistas e intelectuales que osan enfrentar al monstruo de la dictadura, en cualquiera de sus distintos disfraces. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Raz\u00f3n ten\u00eda Proust al sistematizar aquella maravillosa idea de que solamente con el arte se recupera el tiempo perdido. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Con Wilde el asunto es todav\u00eda m\u00e1s grave porque no tuvo tiempo suficiente para rescatarse a s\u00ed mismo, y cuando la tragedia lo alcanz\u00f3 apenas comprendi\u00f3 lo que le estaba sucediendo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Dos a\u00f1os en prisi\u00f3n no fueron suficientes para despejar el enigma en que se hab\u00eda convertido su vida. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Nos damos cuenta de que fue poco lo que alcanz\u00f3 a entender, cuando al salir de prisi\u00f3n lo primero que el hombre hace es buscar a su antiguo amante, precisamente quien de alguna manera fue el principal instrumento de su desgracia. \u00bfO ser\u00e1 que las razones del coraz\u00f3n no atienden a razones? <\/strong><\/p>\n<p><strong>Cien a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, recordamos de Wilde su l\u00edrica terquedad emocional, una que Proust, Gide y Arenas despu\u00e9s de \u00e9l, convirtieron en el mecanismo art\u00edstico m\u00e1s eficaz para sellar su ingreso al siglo veinte.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hablemos de \u00d3scar Wilde (1854-1900). 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