{"id":7066,"date":"2011-01-06T09:10:32","date_gmt":"2011-01-06T15:10:32","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=7066"},"modified":"2011-01-06T09:10:32","modified_gmt":"2011-01-06T15:10:32","slug":"somos-el-lugar-en-que-nacemos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=7066","title":{"rendered":"Somos el lugar en que nacemos"},"content":{"rendered":"<p><strong>La habitaci\u00f3n de los sue\u00f1os<\/strong><\/p>\n<p><strong>LOLA HUETE MACHADO <\/strong><\/p>\n<p><strong>El Pa\u00eds<\/strong><\/p>\n<p><strong>02\/01\/2011 <\/strong><\/p>\n<p><strong>Somos el lugar donde nacemos, el sitio donde crecemos, la habitaci\u00f3n donde nos cobijamos. Los espacios hablan de nosotros. Con esa filosof\u00eda, el fot\u00f3grafo James Mollison retrat\u00f3 durante a\u00f1os los rincones donde duermen los ni\u00f1os de este mundo. Una galer\u00eda que plasma la desigualdad. Y el coraje con que los m\u00e1s peque\u00f1os se enfrentan a la vida.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Somos m\u00e1s la tierra donde hemos nacido (y donde hemos crecido) de lo que imaginamos\u201d. Lo dijo el escritor portugu\u00e9s Jos\u00e9 Saramago. Y s\u00ed. Somos tierra, casa, cuarto, olores, sabores, sonidos, el \u00e1rbol bajo la ventana, los cuadernos del cole, los libros, los padres y amigos, lo vivido\u2026 A trav\u00e9s de los espacios y materiales de construcci\u00f3n de las habitaciones que se ven en estas im\u00e1genes se adivina la situaci\u00f3n en que viven y crecen, el entorno, el pa\u00eds al que unos y otros de los fotografiados pertenecen. A trav\u00e9s de los detalles y objetos: hay papeles pintados en paredes y suelo, banderas, armas, juguetes, muebles de dise\u00f1o, cabras, martillos de trabajo esclavo, retratos del hermano m\u00e1rtir o de Mao, guitarras, trofeos de yudo, cuentos, coronas de reina, esteras, un sof\u00e1 desvencijado o un colch\u00f3n sobre la tierra, literas, la verja met\u00e1lica, la tienda de campa\u00f1a, la ropa amontonada, las mu\u00f1ecas, los adornos de la tribu, la basura, los p\u00f3steres, los techos altos o los de madera o met\u00e1licos o de uralita o se\u00f1oriales, los sin techo, las cajas de pl\u00e1stico con nombre para guardar las pocas pertenencias de hu\u00e9rfano o los grandes armarios listos para el exceso del hijo \u00fanico y rico\u2026<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u201cMi cama era mi reino personal, mi cuarto reflejaba mi identidad\u201d<\/strong><\/p>\n<p><strong>Esta galer\u00eda fotogr\u00e1fica de James Mollison (Kenia, 1973) titulada Donde duermen los ni\u00f1os es una suerte de mapa interno de la gran casa del mundo que todos habitamos. Para completarla necesit\u00f3 cuatro largos a\u00f1os durante los cuales no tuvo \u201cni plan ni agenda, salvo curiosidad e inter\u00e9s por las historias\u201d. Viaj\u00f3 donde pudo, a menudo mientras realizaba otros trabajos. \u201cY muchas fotos son producto de encuentros casuales\u201d, seg\u00fan dice en el libro. Encuentros como el de Kaya (la ni\u00f1a que abre este art\u00edculo), con la que se top\u00f3 un d\u00eda por las calles de Shibuya (Jap\u00f3n). Iba con su madre, vestida tal cual luce aqu\u00ed, de mu\u00f1eca: \u201cYo hab\u00eda visitado ya varias casas ricas, pero los dormitorios eran peque\u00f1os, decepcionantes. Les pregunt\u00e9 si pod\u00eda tomar fotos de Kaya en su casa. Y al llegar no daba cr\u00e9dito: \u00a1esa habitaci\u00f3n, pero si su padre es ferroviario! Kaya me desmont\u00f3 el t\u00f3pico de que la riqueza equivale a m\u00e1s lujo\u201d, cuenta ahora por e-mail. Como le desmont\u00f3 el de la pobreza en Occidente Alyssa, en pleno Kentucky (EE UU), cuando vio el techo de su chabola desmoron\u00e1ndose sin remedio, o el ni\u00f1o rumano an\u00f3nimo que dorm\u00eda a la intemperie en Roma (Italia).<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Tiene esta mansi\u00f3n com\u00fan 56 habitaciones\/fotograf\u00edas, tantas como ni\u00f1os incluidos en este proyecto, nacido de la mano de Fabrica, centro de investigaci\u00f3n de la comunicaci\u00f3n de Benetton, y realizado con apoyo de la ONG Save the Children (pensado para convertirse en exposici\u00f3n y libro, editado por Chris Boot, con textos de Amber Mollison). \u00c9stas muestran el universo de cada uno en particular y el de la infancia en general, pues se podr\u00eda extrapolar al de los casi 3.500 millones de menores que existen hoy y hasta a los que lo fuimos un d\u00eda: aqu\u00ed y as\u00ed vives, as\u00ed duermes, esto posees, as\u00ed vistes, as\u00ed eres\u2026 viene a decir Mollison.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Vas de una foto a otra, como puertas que abres, miras, y aparece, por ejemplo, Lay Lay, de cuatro a\u00f1os, que vive en un orfanato en Mae Sot (Tailandia) como refugiada de Burma que es, en una estancia amplia que sirve por el d\u00eda de escuela y comedor y por la noche transmuta en dormitorio. Ella y sus 21 compa\u00f1eros, al oscurecer, separan con cuidado las mesas, extienden las esteras y se tumban juntos, a dormir y so\u00f1ar. Cierras.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cCuando en 2004 Fabrica me pidi\u00f3 ideas sobre los derechos de los ni\u00f1os me encontr\u00e9 pensando en mi espacio personal, en la habitaci\u00f3n en Oxford donde crec\u00ed, en el significado que tuvo en mi ni\u00f1ez y c\u00f3mo me reflejaba\u201d, sigue Mollison. Y la recuerda: \u201cMi cama era mi reino personal; el cuarto era peque\u00f1o, un \u00e1tico con vigas inclinadas en una casa adosada. All\u00ed dorm\u00ed entre los 2 y los 19 a\u00f1os. Primero, decorada con animales de madera de Kenia, donde nac\u00ed, y un oso de peluche de mam\u00e1. Poco a poco la hice m\u00eda, cambi\u00e9 su contenido para reflejar mi identidad, intereses y aspiraciones\u2026\u201d.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Quiso buscar el autor un modo distinto de representar a estos ni\u00f1os. \u201cTodos estamos familiarizados con el peque\u00f1o sonriente en harapos, o con las fotos de los desastres naturales y guerras, pero siempre tuve la sensaci\u00f3n de saber muy poco acerca de sus vidas. Y no quer\u00eda solo hacerlo en pa\u00edses en desarrollo, que a menudo se cree viven casi en otro planeta. All\u00ed y aqu\u00ed. Quer\u00eda mostrar que muchos ni\u00f1os tienen tambi\u00e9n una vida dif\u00edcil en Occidente\u201d. Se ley\u00f3 la Declaraci\u00f3n de los Derechos Humanos. \u201cSu primer art\u00edculo dice: \u2018Todos nacemos iguales\u2019. Una intenci\u00f3n noble, pero completamente falso\u201d. Supo que hay 24.000 menores que mueren cada d\u00eda (en 2009) sin llegar a cumplir ni cinco a\u00f1os; mil millones que son v\u00edctimas de alg\u00fan tipo de violencia; 24% de ellos en pa\u00edses occidentales, como Espa\u00f1a, que est\u00e1n en riesgo de pobreza\u2026<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cHay algo muy \u00edntimo en el espacio donde uno duerme; es a\u00f1adir una capa adicional al retrato\u201d, afirma Mollison. Se le ocurri\u00f3 que una manera de mostrar los problemas que afectan a los menores es ense\u00f1ando sus cuartos, fotografiarlos primero a ellos sobre fondo neutro, y luego, por separado, su dormitorio, tal cual, para no distraer con la presencia f\u00edsica. \u201cAl principio pens\u00e9 llamar al proyecto Bedrooms, habitaciones, pero pronto me di cuenta de que no pod\u00eda: ese concepto no existe para millones de familias que duermen juntas en una estancia y millones de menores que lo hacen donde pueden, la cocina, el porche, la acera\u2026 Aprend\u00ed a pedir ver el \u2018espacio familiar\u2019. Entend\u00ed el privilegio de haber podido tener un reino personal para dormir y crecer\u201d.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Abrimos otra puerta: ah\u00ed aparece Joey, de 11 a\u00f1os, vive en Kentucky (EE UU) y sabe manejar armas, abundan en casa, su padre es cazador y \u00e9l tambi\u00e9n. O Schuyler, de seis a\u00f1os, habitante de Manhattan (Nueva York) que tiene cuatro teles en casa y desde los seis meses sabe de ordenadores. O Camila, tambi\u00e9n de seis, ciega, que vive en las favelas de Brasil y necesita una hora para llegar a la escuela. O Netu, de 11 a\u00f1os, que mendiga en Katmand\u00fa y forma parte de esa lista extensa de \u201cni\u00f1os dejados atr\u00e1s\u201d, los padres marchan lejos para sobrevivir con el resto de familia dejando que los mayores se busquen la vida. Probablemente nunca m\u00e1s volver\u00e1 a ver a los suyos. Cerramos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La habitaci\u00f3n propia est\u00e1 relacionada con el juego y el sue\u00f1o reparador, con los sue\u00f1os. Es donde se cobija la ilusi\u00f3n, la fantas\u00eda, el miedo; donde el cuerpo se recupera, se arma, se resetea de un d\u00eda para otro. La importancia del descanso ha llenado libros, y hasta existen institutos del sue\u00f1o que se ocupan de sus trastornos y aconsejan remedios. Y muchos son los que de ella han hecho ficci\u00f3n, cientos en la literatura: la habitaci\u00f3n de hotel en Moby Dick, la de Tom Sawyer; la familiar y deseada por Peter Pan; las estancias m\u00e1gicas donde habitan Alicia, Harry Potter o los chicos que transitan por los mundos paralelos de Narnia\u2026; las de los incontables campamentos, barcos, naves espaciales que pueblan los cuentos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Abrimos de nuevo la galer\u00eda de Mollison. Encontramos mucho mundo extremo: Jaime, de nueve a\u00f1os, en su \u00e1tico en la Quinta Avenida de Nueva York, y Lehlohonolo, de seis, en Lesotho. El primero va a una buena escuela, su agenda de extraescolares se desborda: yudo, chelo, f\u00fatbol, y le gusta fisgonear las finanzas en la web de Citibank. El segundo vive con sus tres hermanos, hu\u00e9rfanos del sida, en una choza de barro; duermen en el suelo, se abrazan en busca de calor en las noches fr\u00edas. Dos de ellos van a una escuela a ocho kil\u00f3metros de distancia, all\u00ed les dan las raciones de alimentos. \u201cY Lehlohonolo no pod\u00eda recordar la \u00faltima vez que comi\u00f3 carne\u201d, cuenta Mollison. \u201cEs probable que vivan en la pobreza el resto de su vida, el cultivo es dif\u00edcil en esa tierra est\u00e9ril\u201d. Cerramos.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>La habitaci\u00f3n propia ocupa hueco en la memoria. Durante a\u00f1os. \u00bfSe acordar\u00e1n estos ni\u00f1os de ellas? Haga la prueba. Pregunte a algunos adultos cercanos c\u00f3mo la recuerdan y a casi todos se les encender\u00e1n los ojos. La ven, sin estar. \u201cLa recuerdo con muchos juegos, con la complicidad de mi hermano, con el que estaba siempre recochando. C\u00f3moda, con camas, mesilla, techos altos, mucha luz natural, del tr\u00f3pico, con ventanas al patio, donde hab\u00eda un \u00e1rbol de mamoncillo, muy frondoso, y ese rumor de las hojas batidas por el viento que a\u00fan oigo\u201d (cuenta un colombiano). \u201cCon cama, una mesa abatible donde se supone deb\u00eda estudiar, un corcho para pegar dibujos donde un d\u00eda escrib\u00ed \u2018OTAN, no\u2019, pintada que vi en la calle y reproduje porque me pareci\u00f3 llamativa\u201d (dice un sevillano).<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u201cEra muy tradicional, camitas con cabecero, papel pintado, colchas de cretona de flores lilas, y virgencita encima; era solo para dormir, el rinc\u00f3n de confidencias con mi hermana, un mundo femenino, en contraposici\u00f3n a la de mis hermanos, con colcha a cuadros\u201d (otra de Logro\u00f1o). \u201cPeque\u00f1a, con armario enorme y una cama diminuta en la que me acurrucaba con el ni\u00f1o Jes\u00fas en lo alto, la foto de mi primera comuni\u00f3n en la pared, una ardilla disecada y un payaso de cristal. Ten\u00eda poca luz, daba a un patio, un piso de barrio obrero de Miranda de Ebro, y con una mesa camilla con tapete de ganchillo hecho por mi madre\u201d (en Burgos). Cerramos. \u201cVivimos en nuestra memoria\u201d, dijo Saramago. Somos nuestra propia memoria.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La habitaci\u00f3n de los sue\u00f1os LOLA HUETE MACHADO El Pa\u00eds 02\/01\/2011 Somos el lugar donde nacemos, el sitio donde crecemos, la habitaci\u00f3n donde nos cobijamos. Los espacios hablan de nosotros. Con esa filosof\u00eda, el fot\u00f3grafo James Mollison retrat\u00f3 durante a\u00f1os los rincones donde duermen los ni\u00f1os de este mundo. Una galer\u00eda que plasma la desigualdad. 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