{"id":7129,"date":"2011-01-11T09:33:57","date_gmt":"2011-01-11T15:33:57","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=7129"},"modified":"2011-01-11T09:33:57","modified_gmt":"2011-01-11T15:33:57","slug":"cronista-del-levantamiento-del-ezln-jonh-ross","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=7129","title":{"rendered":"Cronista del levantamiento del EZLN; Jonh Ross"},"content":{"rendered":"<div><strong>John Ross: el periodista participativo<\/strong><\/div>\n<p>Luis Hern\u00e1ndez Navarro<\/p>\n<div id=\"article-text\">\n<div>\n<div>La Jornada<\/div>\n<div>Distanciado de <q>los glifos sin sangre que pasan por las p\u00e1ginas de Internet\u201d<\/q>, con un c\u00e1ncer que devora su h\u00edgado, el periodista John Ross, decano de los corresponsales extranjeros en M\u00e9xico, se retir\u00f3 a la comunidad de Santiago Tzipijo, Michoac\u00e1n, a pasar los \u00faltimos d\u00edas de su vida.<\/div>\n<p>\u00a0<\/p>\n<p>Hace medio siglo lleg\u00f3 por primera vez a este pa\u00eds, en papel de <em>beatnik<\/em>, siguiendo la ruta de Burroughs, Kerouac y Ginsberg. Vivi\u00f3 en Santa Cruz Teraco, muy cerca del lago de P\u00e1tzcuaro, donde cultiv\u00f3 un jard\u00edn, construy\u00f3 una casa y se dispuso a escribir la gran novela estadunidense.<\/p>\n<p>Reportero <em>freelance<\/em>, cronista, poeta, activista en favor de causas perdidas, John escribi\u00f3, utilizando como pretexto un ensayo sobre el fin de la prensa escrita, un diagn\u00f3stico sobre el origen de su mal: <q>\u201clas toxinas que sudan las tintas qu\u00edmicas y la pulpa durante toda una vida de lectura y escritura para los peri\u00f3dicos pueden haber contribuido al tumor que ahora pesa sobre mi h\u00edgado\u201d<\/q>.<\/p>\n<p>Remat\u00f3 con una amarga reflexi\u00f3n sobre la relaci\u00f3n existente entre periodismo y enfermedad hep\u00e1tica. \u201cLos peri\u00f3dicos \u2013dijo\u2013 provocan c\u00e1ncer de h\u00edgado. Los reporteros est\u00e1n interminablemente incrustados en la barra de las cantinas de mala vida cercanas a los peri\u00f3dicos donde laboran, ahogando los resentimientos provocados por los editores que acaban de destripar sus maravillosas \u2018exclusivas\u2019, bebiendo en exceso alcohol que genera cirrosis.\u201d<\/p>\n<p>John Ross naci\u00f3 en el barrio de Greenwich Village, en Nueva York, en 1938. El jazz, el impresionismo abstracto, la pol\u00edtica radical y la poes\u00eda <em>beat <\/em>lo marcaron para toda la vida. Seis a\u00f1os despu\u00e9s de llegar a M\u00e9xico regres\u00f3 a Estados Unidos y se opuso a la guerra de Vietnam. Fue el primer objetor de conciencia arrestado por negarse al reclutamiento militar obligatorio. En San Francisco se present\u00f3 ante un juez, cant\u00f3 <em>Masters of the war,<\/em> de Bob Dylan, recit\u00f3 a Bertolt Brecht y se fue a la c\u00e1rcel por dos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Simult\u00e1neamente autor y personaje de una vida de novela, Ross ha escrito 10 libros y ocho poemarios. En M\u00e9xico ha colaborado con <em>La Jornada<\/em>. Irreverente e incisivo, de prosa directa y r\u00e1pida, \u00e1cido e ir\u00f3nico, contador de historias eficaz, escritor de convicci\u00f3n y compromiso, se defini\u00f3 a s\u00ed mismo como periodista participativo. \u201cSe trata \u2013afirm\u00f3\u2013 de un periodista diciendo que hay momentos en que no s\u00f3lo puede ser reportero y asumir su responsabilidad.\u201d Est\u00e1 en el lugar donde los hechos ocurren. No pretende ser neutral. Toma siempre partido. Sus lectores saben siempre desde donde escribe. Acostumbrado a nadar contra la corriente advirti\u00f3 en <em>Murdered by capitalism: a memoir of 150 years of life and death on the american left<\/em>: <q>\u201c\u00bfSaben qu\u00e9 tan deprimente es estar siempre del lado de los perdedores?\u201d<\/q>.<\/p>\n<p>Comenz\u00f3 a ejercer el periodismo en los sesenta, despu\u00e9s de participar en la formaci\u00f3n de coaliciones antirracistas y de organizar la desbediencia civil contra la guerra. En 1966, una paliza de la polic\u00eda le caus\u00f3 su primer desprendimiento de retina. M\u00e1s de tres d\u00e9cadas despu\u00e9s, en una protesta contra la invasi\u00f3n de Irak efectuada en San Francisco, despu\u00e9s de ser expulsado de Bagdad, adonde fue como escudo humano, los gendarmes le propinaron una nueva paliza que le hizo perder el ojo derecho.<\/p>\n<div>\n<p>El virus de la prensa escrita lo infect\u00f3 desde muy peque\u00f1o. Seg\u00fan \u00e9l, era un beb\u00e9 cuando su padre, fundador del diario <em>Guild<\/em>, entr\u00f3 <q>\u201cempujando mi carriola a la sala de redacci\u00f3n en Manhattan y all\u00ed, calzado entre las rodillas gruesas de los reporteros, fui introducido al frenes\u00ed de un peri\u00f3dico de una gran urbe en un momento m\u00e1ximo de crisis mundial\u201d<\/q>. All\u00ed se enganch\u00f3 al oficio de por vida.<\/p>\n<p>Es en M\u00e9xico donde ha efectuado la parte medular de su labor period\u00edstica. Adem\u00e1s, ha sido reportero en California, Espa\u00f1a, el norte de \u00c1frica y Per\u00fa, donde realiz\u00f3 una de las primeras investigaciones sobre Sendero Luminoso. En Colombia conoci\u00f3 a Manuel Marulanda, el legendario <em>Tirofijo,<\/em> de las FARC. Regres\u00f3 al Distrito Federal inmediatamente despu\u00e9s de los sismos de 1985, narr\u00f3 la epopeya de los daminificados, se mud\u00f3 a vivir en el primer cuadro a un cuarto del hotel Isabel, y se convirti\u00f3 en asiduo parroquiano del caf\u00e9 La Blanca. En su libro <em>El Monstruo. Dread and redemption in Mexico City<\/em> ofrece un extraordinario testimonio de su profundo conocimiento y amor por la ciudad.<\/p>\n<p>Convertido en residente, recorri\u00f3 el pa\u00eds, narr\u00f3 luchas campesinas e ind\u00edgenas, y cont\u00f3 los fraudes electorales de 1988 y 2006. Su novela <em>Tonatiuh\u2019s people<\/em>, sobre la lucha de Cuaht\u00e9moc C\u00e1rdenas y la Corriente Democr\u00e1tica, es simult\u00e1neamente esclarecedora y alucinante. Se convirti\u00f3 en uno de los principales puentes informativos entre los movimientos populares en M\u00e9xico y sectores de izquierda estadunidense, proporcionando contexto y complejidad inusuales en la prensa extranjera.<\/p>\n<p>En Jalapa, durante un viaje a la planta nuclear de Laguna Verde, Carlos Monsiv\u00e1is, con quien comparti\u00f3 la fascinaci\u00f3n por los antih\u00e9roes populares y los luchadores enmascarados, lo instruy\u00f3 en al arte de comer tampique\u00f1as.<\/p>\n<p>Aunque se estableci\u00f3 en la ciudad de M\u00e9xico, el otro gringo particip\u00f3 en acciones de desobediencia civil para frenar guerras imperialistas en su pa\u00eds natal, fue detenido y golpeado por la polic\u00eda en innumerables ocasiones, vol\u00f3 a Palestina convocado por Rabinos para los derechos Humanos para ayudar en la recolecci\u00f3n de aceitunas en Cisjordania, y viaj\u00f3 a trav\u00e9s de Bolivia, Per\u00fa y Ecuador para documentar la lucha ind\u00edgena por la autonom\u00eda.<\/p>\n<p>Cronista del levantamiento EZLN desde 1994, autor de una trilog\u00eda sobre la insurrecci\u00f3n ind\u00edgena clave para los lectores en lengua inglesa, durante a\u00f1os simpatizante de la causa rebelde, rompi\u00f3 con el zapatismo en la etapa final de <em>la otra campa\u00f1a<\/em> haciendo se\u00f1alamientos en su contra amargos y poco afortunados.<\/p>\n<p>Al comentar las muertes de Jos\u00e9 Saramago, Carlos Monsiv\u00e1is y Carlos Montemayor, John Ross escribi\u00f3 que ellos pertenecieron a una especie en extinci\u00f3n: la de los escritores de izquierda; una estirpe de la que, sin lugar a dudas, \u00e9l forma parte.<\/p>\n<\/div>\n<p>\u00a0<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>John Ross: el periodista participativo Luis Hern\u00e1ndez Navarro La Jornada Distanciado de los glifos sin sangre que pasan por las p\u00e1ginas de Internet\u201d, con un c\u00e1ncer que devora su h\u00edgado, el periodista John Ross, decano de los corresponsales extranjeros en M\u00e9xico, se retir\u00f3 a la comunidad de Santiago Tzipijo, Michoac\u00e1n, a pasar los \u00faltimos d\u00edas [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-7129","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7129","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=7129"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7129\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":7132,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/7129\/revisions\/7132"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=7129"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=7129"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=7129"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}