{"id":7556,"date":"2011-02-11T09:15:26","date_gmt":"2011-02-11T15:15:26","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=7556"},"modified":"2011-02-11T09:15:26","modified_gmt":"2011-02-11T15:15:26","slug":"ivan-ilich-un-pasado-vigente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=7556","title":{"rendered":"Iv\u00e1n Ilich; Un pasado vigente"},"content":{"rendered":"<p><strong>Recordando a Iv\u00e1n Illich; Un pasado vigente<\/strong><\/p>\n<p><strong>Javier Sicilia<\/strong><\/p>\n<p><strong>Jean Robert<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0<\/strong><\/p>\n<p><strong>Por su cr\u00edtica vanguardista de la sociedad industrial, expuesta en libros como Medical Nemesis: the Expropiation of Health y Toward a History of Needs, el fil\u00f3sofo Iv\u00e1n Illich es ampliamente considerado como el fundador del movimiento ecol\u00f3gico. Habitante de Cuernavaca desde los sesenta, Sicilia y Robert nos recuerdan la vigencia de este pensador rebelde y esencial.<\/strong><\/p>\n<p><strong>Para un gran n\u00famero de personas en M\u00e9xico, Iv\u00e1n Illich s\u00f3lo evoca el inquietante recuerdo de una Cuernavaca que, desde mediados de los a\u00f1os sesenta, hasta 1976, fue un polo de atracci\u00f3n para los esp\u00edritus inquietos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Despu\u00e9s de aquel rel\u00e1mpago, que conmocion\u00f3 a intelectuales y pol\u00edticos de todo el mundo, Illich parece haber desaparecido de M\u00e9xico. Las obras que le valieron la popularidad ya no se reeditan en el pa\u00eds en que fueron escritas; las que despu\u00e9s ha publicado en muchas lenguas se desconocen, y la mayor\u00eda de los intelectuales mexicanos lo creen muerto. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En realidad, Illich contin\u00faa pasando largas temporadas en su choza-biblioteca del valle de Cuernavaca, elaborando una profunda y turbadora obra cr\u00edtica. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfQui\u00e9n es este revolucionario sin bandera que alguna vez se defini\u00f3 como \u00abun cazador de brujas\u00bb?; <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00bfqu\u00e9 ha hecho y contin\u00faa haciendo? <\/strong><\/p>\n<p><strong>Alguna vez Octavio Paz escribi\u00f3, pensando en Fernando Pessoa: \u00abUn poeta no tiene biograf\u00eda. Su obra es su biograf\u00eda\u00bb. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Con m\u00e1s raz\u00f3n quiz\u00e1, un pensador tiene derecho a que se comenten sus ideas antes que las peripecias de su vida. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En una de las pocas entrevistas que ha concedido en el \u00faltimo cuarto de siglo, Iv\u00e1n Illich declar\u00f3: <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00abPor muy interesantes que sean las reflexiones cosmol\u00f3gicas modernas, por mi parte me adhiero a otro modelo, del cual provino mi cultura, el modelo de la contingencia, en el cual Dios tiene su creaci\u00f3n en sus manos, como lo puedes ver en las pinturas rom\u00e1nicas o g\u00f3ticas\u00bb (David Cayley, entrevistador, Part Moon, Part Travelling Salesman: Conversations with Ivan Illich, The Canadian Broadcasting Corporation, P.O. Box 6440, Station \u00abA\u00bb, Montreal, 1989, p. 1). <\/strong><\/p>\n<p><strong>Esta adherencia a la tradici\u00f3n que lo nutri\u00f3 nos dice de d\u00f3nde emana su mirada. Pero, \u00bfcu\u00e1les son los objetos hacia los cuales apunta y qu\u00e9 nos invita a ver con \u00e9l? <\/strong><\/p>\n<p><strong>El autor Iv\u00e1n Illich ha publicado libros, escrito art\u00edculos y pronunciado conferencias en una decena de idiomas sobre temas tan aparentemente discordes como la escuela, la medicina, el transporte, la actividad productiva (una categor\u00eda en la cual quiere hacer un justo lugar para el trabajo asalariado), el desarrollo, la historia de las necesidades, el g\u00e9nero, la historia del cuerpo y de su autocepci\u00f3n, la historia de la materia, la historicidad de las percepciones, la especificidad de la modernidad, el conflicto entre cultura oral y alfabeto, la hospitalidad y la proporcionalidad. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Leer a Illich es quiz\u00e1 dejarse imbuir progresivamente por la \u00edntima coherencia de su mirada y la unidad secreta que inspira su pensamiento. <\/strong><\/p>\n<p><strong>El hombre en s\u00ed es tan vers\u00e1til como sus temas: pol\u00edgrafo y porfiado explorador de minas hondas, erudito pol\u00edglota y conversador vern\u00e1culo, afable y sarc\u00e1stico, de mirada penetrante y cari\u00f1osa, inflexible y dotado para la amistad, se encuentra igualmente a gusto entre campesinos iletrados que entre profesores universitarios. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lleg\u00f3 a tierras americanas a principio de los a\u00f1os cincuenta con la ilusi\u00f3n de pasar a\u00f1os en compa\u00f1\u00eda de las obras de sus amigos predilectos: los grandes pensadores del siglo xii (acu\u00e9rdense de la contingencia). <\/strong><\/p>\n<p><strong>Pensaba escribir una tesis sobre la alquimia en Alberto el Grande, en Princeton, porque ah\u00ed, adem\u00e1s de algunos excelentes documentos, se encontraba ense\u00f1ando su amigo Jacques Maritain. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Si la contingencia es el surgimiento de lo sorpresivo y, para los medievales, de la gracia, lo que le ocurri\u00f3 durante su primera noche en Manhattan debe haber sido un gui\u00f1o de sus viejos amigos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Durante la cena, sus anfitriones y los invitados que se hab\u00edan reunido para recibirlo no dejaron de quejarse de la invasi\u00f3n de Manhattan por una nueva ola migratoria, los puertorrique\u00f1os. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Hasta la cocinera, una se\u00f1ora oriunda del Deep South, aun\u00f3 sus quejas a las de los comensales de clase media: los negros tambi\u00e9n ten\u00edan que huir de Harlem si no quer\u00edan caer al nivel de los intrusos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Obviamente, la mayor\u00eda de los asistentes a la reuni\u00f3n aplicaban a los inmigrantes los mismos prejuicios que hab\u00edan sufrido cuando ellos eran los \u00abnuevos intrusos\u00bb. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Iv\u00e1n pas\u00f3 los dos siguientes d\u00edas en el barrio que se encuentra bajo los rieles de New York Central, observando el mercado de los puertorrique\u00f1os. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Quiz\u00e1s el impulso que lo llev\u00f3 ah\u00ed sea la mejor gu\u00eda hacia la unidad callada de su obra. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Por una serie de peripecias, esos d\u00edas sellaron su suerte: durante casi ocho a\u00f1os, su destino estuvo \u00edntimamente ligado al de los puertorrique\u00f1os, en sus barrios de Manhattan hasta 1956 y, desde entonces hasta 1960, en la isla misma, donde se ocup\u00f3 de cosas relacionadas con la \u00abeducaci\u00f3n\u00bb y aprendi\u00f3, con cierto pavor, que \u00e9sta era ante todo objeto de \u00abplanificaci\u00f3n\u00bb. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En Puerto Rico comienza a esbozar la reflexi\u00f3n que, a\u00f1os despu\u00e9s, ofrecer\u00eda al p\u00fablico en La sociedad desescolarizada (Joaqu\u00edn Mortiz, M\u00e9xico, 1985; t\u00edtulo original: Deschooling Society, Harper and Row, Nueva York, 1971). <\/strong><\/p>\n<p><strong>Hab\u00eda constatado que los alumnos provenientes de la mitad de las familias m\u00e1s pobres ten\u00edan 50% de probabilidad de terminar los cinco a\u00f1os de escuela obligatoria. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Vio algo peor: el sistema escolar aunaba a la pobreza de aquellos alumnos un nuevo sentido de culpa: la de no haber logrado terminar sus estudios. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00abTen\u00eda \u2014dice Illich\u2014 evidencias de que el sistema escolar promueve una forma novedosa de injusticia autoinflingida. <\/strong><\/p>\n<p><strong>As\u00ed es que llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que la escolarizaci\u00f3n es un ritual generador de mitos&#8230; La educaci\u00f3n escolar me parec\u00eda cada vez m\u00e1s el ritual de una sociedad obsesionada con el progreso y el desarrollo, un ritual que crea ciertos mitos que a su vez son requerimientos para una sociedad de consumo\u00bb (David Cayley, op. cit.). <\/strong><\/p>\n<p><strong>En la misma entrevista, Illich recuerda que en Puerto Rico escuch\u00f3 por vez primera palabras como \u00abdesarrollo\u00bb, \u00abrecursos humanos\u00bb y, sobre todo, \u00abplanificaci\u00f3n\u00bb. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Perplejo, consult\u00f3 a Jacques Maritain, que continuaba como profesor en Princeton. Igual de perplejo, Maritain medit\u00f3 algunos minutos y exclam\u00f3: <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00ab\u00a1Ah!, comprendo [&#8230;], la planificaci\u00f3n es una nueva forma del pecado de presunci\u00f3n\u00bb.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1960: otras peripecias, pol\u00edticas \u00e9stas, forzaron a Iv\u00e1n Illich a retomar el bast\u00f3n de peregrino. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 1961: despu\u00e9s de cruzar Am\u00e9rica del Sur, abre en Cuernavaca un centro de reflexi\u00f3n conocido (despu\u00e9s de su refundaci\u00f3n, en 1966, por Valentina Borremans) como Cidoc (Centro Intercultural de Documentaci\u00f3n). <\/strong><\/p>\n<p><strong>1961 es tambi\u00e9n el a\u00f1o en que Kennedy lanza la Alianza para el Progreso y el Peace Corps, y Juan xxiii apura a la Iglesia norteamericana a mandar 10% de sus efectivos en misi\u00f3n a Am\u00e9rica Latina. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Illich fund\u00f3 su centro con el prop\u00f3sito expl\u00edcito de subvertir estos tres proyectos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Llam\u00f3 al primero \u00abalianza para el progreso de las clases medias\u00bb, ridiculiz\u00f3 el Peace Corps y advirti\u00f3 pacientemente contra los peligros del tercero. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Fue uno de los primeros resistentes expl\u00edcitos al desarrollo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>No hay lugar aqu\u00ed para detallar los motivos de su oposici\u00f3n a esta intentona de los pa\u00edses ricos por transformar a los pobres en sus imitadores compulsivos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>(El lector curioso los encontrar\u00e1 en Wolfgang Sachs, comp., El diccionario del desarrollo, pratec, Lima, 1996 y Cochabamba, Bolivia, cai, 1997. <\/strong><strong>T\u00edtulo original: The Development Dictionary. A Guide to Knowledge as Power, Zed Books, Londres, 1992). <\/strong><\/p>\n<p><strong>Pero podemos tratar de entenderla a partir de su encuentro con gente arraigada en una tradici\u00f3n y con el dolor del propio Illich por su p\u00e9rdida. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Gustavo Esteva lo entendi\u00f3 as\u00ed: \u00abCreo que la actualidad de su pensamiento brota en parte de su experiencia de juventud. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Cuando llega a la adolescencia, siente con claridad que el mundo en el cual hab\u00eda crecido est\u00e1 siendo barrido y lo que \u00e9l hace es conservarlo en el fondo de s\u00ed mismo [&#8230;] <\/strong><\/p>\n<p><strong>Su capacidad de ver las cosas en Puerto Rico, en Nueva York (con los puertorrique\u00f1os) y luego en M\u00e9xico, se nutre de lo que ha guardado cuidadosamente dentro de s\u00ed (Gustavo Esteva, \u00abIv\u00e1n Illich en M\u00e9xico\u00bb, Ixtus, No. 28, 2000, p.23). <\/strong><\/p>\n<p><strong>De ah\u00ed su capacidad para expresar claramente cosas que la gente no se atrev\u00eda a decir, aunque las pensaba, cosas que no se pod\u00edan decir, porque iban en contra de la visi\u00f3n dominante. Al sustentar su pensamiento en su arraigo a una tradici\u00f3n, \u00a1\u00e9ste apareci\u00f3 como una novedad radical!<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En 1970, el Cidoc se hab\u00eda convertido en un punto de referencia mundial a donde llegaban a estudiar, a investigar y a dialogar con Illich intelectuales y pol\u00edticos de vanguardia de todo el mundo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Illich hab\u00eda desatado una gran controversia que atizaba en sus seminarios, art\u00edculos y libros. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Despu\u00e9s de analizar los mitos que subyacen en la producci\u00f3n de servicios educativos, volvi\u00f3 la mirada hacia los axiomas no examinados \u2014o las certidumbres no cuestionadas\u2014 que sustentan las agencias productoras de servicios de transportes y de salud (Energ\u00eda y equidad y El desempleo creador, Joaqu\u00edn Mortiz, M\u00e9xico, 1985; t\u00edtulo original: Energy and Equity, Marion Boyars, Londres, 1974; <\/strong><\/p>\n<p><strong>N\u00e9mesis m\u00e9dica. La expropiaci\u00f3n de la salud, Joaqu\u00edn Mortiz, M\u00e9xico, 1986; t\u00edtulo original: Medical Nemesis, Pantheon, Nueva York, 1976). <\/strong><\/p>\n<p><strong>En aquella \u00e9poca \u2014que hoy llama retrospectivamente la \u00abEdad de los Expertos\u00bb\u2014 los expertos de izquierda o de derecha de todo el mundo discut\u00edan, desde sus particulares posiciones, la manera en que se pod\u00eda hacer accesibles a todos, en todas partes y todos los d\u00edas, esos bienes, seg\u00fan ellos incuestionables, que eran la escuela obligatoria, el transporte compulsivo, la medicina adictiva, la tecnolog\u00eda voraz en energ\u00eda y la planificaci\u00f3n de la cotidianidad. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Si s\u00f3lo la econom\u00eda pudiera reestructurarse enteramente en torno a la producci\u00f3n de estos servicios, vaticinaban los expertos economistas, la humanidad no estar\u00eda lejos de entrar en Jauja. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Pocos entendieron o aceptaron entonces la advertencia de Illich: M\u00e1s all\u00e1 de ciertos l\u00edmites de intensidad y de tama\u00f1o, la producci\u00f3n de servicios ser\u00e1 m\u00e1s destructora de la cultura que la producci\u00f3n contaminante de bienes materiales lo es de la naturaleza. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Fueron tiempos de efervescencia intelectual. <\/strong><\/p>\n<p><strong>En los seminarios y en los escritos de Illich se elaboraron conceptos de los cuales algunos se han vuelto de dominio p\u00fablico: la contraproductividad, el monopolio radical, la colonizaci\u00f3n del sector informal, la convivencialidad, la diferencia entre ley prescriptiva y ley proscriptiva, las coaliciones de \u00abciudadanos semejantes afectados\u00bb, los valores vern\u00e1culos, para nombrar algunos de ellos, sin olvidar el principal, el concepto mismo de herramienta. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Se trataba de constituir \u00abuna caja de herramientas intelectuales para los grandes debates maduros de fin de siglo\u00bb. Esos grandes debates maduros se atrasaron, pero no se volvieron menos necesarios: por esto tenemos que cuidar el herramental cr\u00edtico elaborado entonces. Cada hombre moderno deber\u00eda cuestionar las certidumbres modernas en su foro interior. El que lo quiera encontrar\u00e1 instrumentos en la obra de Iv\u00e1n Illich. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 En una carcajada, Illich dijo una vez que a su pesar se hab\u00eda convertido en un cazador de brujas. <\/strong><\/p>\n<p><strong>En otro momento, indic\u00f3 que examinaba las certidumbres que sirven de base a la construcci\u00f3n de los teoremas sociales modernos, sean de izquierda o de derecha. <\/strong><\/p>\n<p><strong>En otro, aun revel\u00f3 que le interesaba la epistemolog\u00eda del pensamiento cr\u00edtico contempor\u00e1neo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>El \u00e9xito p\u00fablico de sus ideas estaba fundado en la aguda actualidad de \u00e9stas. Parec\u00eda prever los debates en estado naciente y colocarse en el ojo del hurac\u00e1n o, en sus palabras, \u00aben el meollo de la rueda\u00bb. \u00bfPero no hemos dicho que el personaje es casi \u00abmedieval\u00bb? Misterio de un hombre arraigado en una tradici\u00f3n secular y plenamente presente, con todos sus sentidos abiertos, a su siglo y a sus contempor\u00e1neos. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00abDerrumbar certidumbres, avivar percepciones\u00bb es otra de sus expresiones que levanta un fald\u00f3n del velo. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Lo que Illich llama a veces \u00abcertidumbres de la modernidad\u00bb y, otras veces, \u00abbrujas\u00bb son anest\u00e9sicos m\u00e1s entorpecedores que las drogas. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Lleg\u00f3 el momento en que consider\u00f3 que hab\u00eda dicho todo lo que era capaz de decir sobre lo que las instituciones productoras de servicios y las herramientas industriales hacen al hombre, a la sociedad, al medio ambiente. <\/strong><\/p>\n<p><strong>En 1976, durante un glorioso verano, despu\u00e9s de una gran fiesta que reuni\u00f3 a comensales viejos y nuevos alrededor de los camarones al cilantro de Valentina y de una espl\u00e9ndida comida mexicana, el Cidoc cerr\u00f3 sus puertas por decisi\u00f3n libre de Valentina y de sus otros fundadores. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00abHab\u00eda cumplido con su misi\u00f3n\u00bb, punto y aparte, o, mejor, nueva p\u00e1gina.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Iv\u00e1n Illich se convierte entonces, seg\u00fan sus propias palabras, en un \u00abfil\u00f3sofo itinerante\u00bb. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Rechaza cualquier posici\u00f3n universitaria estable, prefiere trashumar de una ciudad a otra, de una universidad a otra. Siempre que puede, mantiene una mesa abierta a distancia de las aulas, cerca de una buena biblioteca. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00abDesplazar el centro de gravedad de la actividad universitaria de las aulas hacia una combinaci\u00f3n de biblioteca, de cocina para los espaguetis y de algo de buen vino\u00bb, si no son quiz\u00e1 sus palabras \u00abliterales\u00bb (nunca las escribi\u00f3), son sus intenciones y esperanzas. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Este cambio de orientaci\u00f3n biogr\u00e1fica corresponde tambi\u00e9n a una nueva mutaci\u00f3n de su obra. <\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00abReinici\u00f3 los estudios en historia medieval\u00bb (Pr\u00f3ximamente el Fondo de Cultura de Buenos Aires publicar\u00e1 por vez primera en espa\u00f1ol su libro En el vi\u00f1edo del texto, comentario del Didascalic\u00f3n de Hugo de San V\u00edctor) que lo hab\u00edan fascinado y deleitado cuando era joven. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Su cr\u00edtica de las instituciones se volvi\u00f3 una historia de las condiciones hist\u00f3ricas bajo las cuales estas instituciones pudieron emerger. Su continuo inter\u00e9s en la t\u00e9cnica se desplaz\u00f3 de lo que las herramientas hacen a una sociedad, a lo que le dicen. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Se preocupa ahora por lo que la tecnolog\u00eda le dice a la gente sobre qui\u00e9n es. Por eso examina las \u00abformas en las que la alfabetizaci\u00f3n ha conformado la autopercepci\u00f3n propia de la cultura occidental y en c\u00f3mo la gente, ahora, se forma a imagen de la computadora\u00bb (David Cayley, op. cit.). <\/strong><\/p>\n<p><strong>Son estas preocupaciones las que lo llevaron a entrar en el debate sobre oralidad y cultura del alfabeto iniciado por ese \u00abEinstein de la ling\u00fc\u00edstica\u00bb que fue Milman Parry.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Pero quien mucho abarca poco aprieta. Hemos esbozado el rostro del \u00abIllich de Cuernavaca\u00bb y sintetizado algunas de sus ideas. <\/strong><\/p>\n<p><strong>En el espacio que se nos imparti\u00f3 no podemos hacer m\u00e1s. <\/strong><\/p>\n<p><strong>Para entender el desarrollo ulterior de sus ideas, invitamos a los lectores a leer la antolog\u00eda que re\u00fane diez a\u00f1os de conferencias de Illich, In the Mirror of the Past, Lectures and Addresses 1978-1990, Marion Boyars, Londres-Nueva York, 1992.<\/strong><\/p>\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 Adem\u00e1s opinamos que hay que respetar los Acuerdos de San Andr\u00e9s, retirar al Ej\u00e9rcito de Chiapas y liberar a todos los zapatistas presos. &#8211;<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Recordando a Iv\u00e1n Illich; Un pasado vigente Javier Sicilia Jean Robert \u00a0 Por su cr\u00edtica vanguardista de la sociedad industrial, expuesta en libros como Medical Nemesis: the Expropiation of Health y Toward a History of Needs, el fil\u00f3sofo Iv\u00e1n Illich es ampliamente considerado como el fundador del movimiento ecol\u00f3gico. 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