{"id":8411,"date":"2011-05-02T04:57:00","date_gmt":"2011-05-02T10:57:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=8411"},"modified":"2011-05-02T04:57:00","modified_gmt":"2011-05-02T10:57:00","slug":"nadie-puede-desentenderse-del-dolor-humano-ernesto-sabato","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=8411","title":{"rendered":"\u00abNadie puede desentenderse del dolor humano\u00bb: Ernesto Sabato"},"content":{"rendered":"<p>Extracto del libro de memorias &#8216;Antes del fin&#8217; (1999). <\/p>\n<p>El texto hace referencia a su infancia, juventud y actitud \u00e9tica y pol\u00edtica y fue publicado en EL PA\u00cdS en enero de ese a\u00f1o. <\/p>\n<p>Me llamo Ernesto, porque cuando nac\u00ed, el 24 de junio de 1911, d\u00eda del nacimiento de san Juan Bautista, acababa de morir el otro Ernesto, al que, aun en su vejez, mi madre sigui\u00f3 llamando Ernestito, porque muri\u00f3 siendo una criatura. \u00abAquel ni\u00f1o no era para este mundo\u00bb, dec\u00eda. Creo que nunca la vi llorar -tan estoica y valiente fue a lo largo de su vida-, pero, seguramente, lo haya hecho a solas. Y ten\u00eda noventa a\u00f1os cuando mencion\u00f3, por \u00faltima vez, con sus ojos humedecidos, al remoto Ernestito. Lo que prueba que los a\u00f1os, las desdichas, las desilusiones, lejos de facilitar el olvido, como se suele creer, tristemente lo refuerzan.<\/p>\n<p>Aquel nombre, aquella tumba, siempre tuvieron para m\u00ed algo de nocturno, y tal vez haya sido la causa de mi existencia tan dificultosa, al haber sido marcado por esa tragedia, ya que entonces estaba en el vientre de mi madre; y motiv\u00f3, quiz\u00e1, los misterios\u00edsimos pavores que sufr\u00ed de chico, las alucinaciones en las que de pronto alguien se me aproximaba con una linterna, un hombre a quien me era imposible evitar, aunque me escondiera temblando debajo de las cobijas. O aquella otra pesadilla en la que me sent\u00eda solo en una c\u00f3smica b\u00f3veda, tiritando ante algo o alguien -no lo puedo precisar- que vagamente me recordaba a mi padre. Durante mucho tiempo padec\u00ed sonambulismo. Yo me levantaba desde el \u00faltimo cuarto donde dorm\u00edamos con Arturo, mi hermano menor, y, sin tropezar jam\u00e1s ni despertarme, iba hasta el dormitorio de mis padres, hablaba con mam\u00e1 y luego volv\u00eda a mi cuarto. Me acostaba sin saber nada de lo que hab\u00eda pasado, sin la menor conciencia. De modo que cuando a la ma\u00f1ana ella me dec\u00eda, con tristeza -\u00a1tanto sufri\u00f3 por m\u00ed!-, con voz apenas audible: \u00abAnoche te levantaste y me pediste agua\u00bb, yo sent\u00eda un extra\u00f1o temblor. Ella tem\u00eda ese sonambulismo, me lo dijo muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, cuando me enviaron a La Plata para hacer los estudios secundarios, y ya ella no estuvo para protegerme. Pobre mam\u00e1, no comprend\u00eda, ni yo tampoco en aquel entonces, que ese tormento en gran parte era el resultado de la convivencia espartana, regida por mi padre.<\/p>\n<p>La tierra de mi infancia, como un pueblo estremecido por fuerzas extra\u00f1as, se hallaba invadida por el terror que sent\u00eda hacia \u00e9l. Lloraba a escondidas, ya que nos estaba prohibido hacerlo, y, para evitar sus ataques de violencia, mam\u00e1 corr\u00eda a ocultarme. Con tal desesperaci\u00f3n mi madre se hab\u00eda aferrado a m\u00ed para protegerme, sin desearlo, ya que su amor y su bondad eran infinitos, que acab\u00f3 aisl\u00e1ndome del mundo. Convertido en un ni\u00f1o solo y asustado, desde la ventana contemplaba el mundo de trompos y escondidas que me hab\u00eda sido vedado.<\/p>\n<p>De alguna manera, nunca dej\u00e9 de ser el ni\u00f1o solitario que se sinti\u00f3 abandonado, por lo que he vivido bajo una angustia semejante a la de Pessoa: \u00abSer\u00e9 siempre el que esper\u00f3 a que le abrieran la puerta, junto a un muro sin puerta\u00bb.<\/p>\n<p>Y as\u00ed, de una u otra forma, necesit\u00e9 compasi\u00f3n y cari\u00f1o.<\/p>\n<p>Cuando me enviaron desde mi pueblo al colegio nacional de La Plata para hacer el secundario, en el instante en que me pusieron en el ferrocarril sent\u00ed resquebrajarse el suelo incierto sobre el cual me mov\u00eda, pero al que a\u00fan le aguardaban peores hundimientos. Durante un tiempo segu\u00ed so\u00f1ando con aquella madre que ve\u00eda entre l\u00e1grimas, mientras me alejaba hacia qu\u00e9 infinita soledad. Y cuando la vida hab\u00eda marcado ya en mi rostro las desdichas, cu\u00e1ntas veces, en un banco de plaza, apesadumbrado y abatido, he esperado nuevamente un tren de regreso.<\/p>\n<p>Entre esa multitud de colonizadores, mis padres llegaron a estas playas con la esperanza de fecundar esta \u00abtierra de promisi\u00f3n\u00bb, que se extend\u00eda m\u00e1s all\u00e1 de sus l\u00e1grimas.<\/p>\n<p>Mi padre descend\u00eda de monta\u00f1eses italianos, acostumbrados a las asperezas de la vida; en cambio, mi madre, que pertenec\u00eda a una antigua familia albanesa, debi\u00f3 soportar las carencias con dignidad.<\/p>\n<p>Juntos se instalaron en Rojas, que, como gran parte de los viejos pueblos de la pampa, fue uno de los tantos fortines que levantaron los espa\u00f1oles y que marcaban la frontera de la civilizaci\u00f3n cristiana.<\/p>\n<p>Recuerdo a un viejo indio que me contaba an\u00e9cdotas de sangrientas luchas y de malones, que trenzaba sus tientos con paciencia y que, cuando le dijeron que transmitir\u00edan por una radio de galena la pelea de Firpo con Dempsey, contest\u00f3: \u00abCuando m\u00e1s cencia, m\u00e1s mandinga\u00bb.<\/p>\n<p>En este pueblo pampeano, mi padre lleg\u00f3 a tener un peque\u00f1o molino harinero. Centro de candorosas fantas\u00edas para el ni\u00f1o que entonces yo era, cuando los domingos permanec\u00eda en el taller haciendo cositas en la carpinter\u00eda, o sub\u00edamos con Arturo a las bolsas de trigo, y a escondidas, como si fuera un misterioso secreto, pas\u00e1bamos la tarde comiendo galletitas.<\/p>\n<p>Mi padre era la autoridad suprema de esa familia en la que el poder descend\u00eda jer\u00e1rquicamente hacia los hermanos mayores. A\u00fan me recuerdo mirando con miedo su rostro surcado a la vez de candor y dureza. Sus decisiones inapelables eran la base de un f\u00e9rreo sistema de ordenanzas y castigos, tambi\u00e9n para mam\u00e1. Ella, que siempre fue muy reservada y estoica, es probable que a solas haya sufrido ese car\u00e1cter tan en\u00e9rgico y severo. Nunca la o\u00ed quejarse y, en medio de esas dificultades, debi\u00f3 asumir la ardua tarea de criar once hijos varones.<\/p>\n<p>La educaci\u00f3n que recibimos dej\u00f3 huellas tristes y perdurables en mi esp\u00edritu. Pero esa educaci\u00f3n, a menudo dur\u00edsima, nos ense\u00f1\u00f3 a cumplir con el deber, a ser consecuentes, rigurosos con nosotros mismos, a trabajar hasta terminar cualquier tarea empezada. Y si hemos logrado algo, ha sido por esos atributos que \u00e1speramente debimos asimilar.<\/p>\n<p>La severidad de mi padre, en ocasiones terrible, motiv\u00f3, en buena medida, esa nota de fondo de mi esp\u00edritu, tan propenso a la tristeza y a la melancol\u00eda. Pero tambi\u00e9n fue el origen de la rebeld\u00eda en dos de mis hermanos que huyeron de casa: Humberto, de quien luego hablar\u00e9, y Pepe, llamado en nuestro pueblo \u00abel loco Sabato\u00bb, que acab\u00f3 y\u00e9ndose con un circo, para deshonra de mi familia burguesa. Decisi\u00f3n que entristeci\u00f3 a mi madre, pero que ella sobrellev\u00f3 con el estoicismo que mantuvo hasta su vejez, cuando a los noventa a\u00f1os, luego de largos padecimientos, muri\u00f3 serenamente en su cama en brazos de Matilde.<\/p>\n<p>Mi hermano Pepe tuvo pasi\u00f3n por el teatro y actuaba en los conjuntos pueblerinos que se llamaban \u00abLos treinta amigos unidos\u00bb y, cuando en el cine-teatro La Perla, se pon\u00edan en escena sainetes criollos, \u00e9l siempre consegu\u00eda alg\u00fan papel, por peque\u00f1o que fuese. En su cuarto ten\u00eda toda la colecci\u00f3n de Bambalinas que se editaba en Buenos Aires con tapas de colores, donde, adem\u00e1s de esos sainetes, se publicaban obras de Ibsen y una, que a\u00fan recuerdo, de Tolstoi. Toda esa colecci\u00f3n fue devorada por m\u00ed antes de los doce a\u00f1os, marcando fuertemente mi vida, ya que siempre me apasion\u00f3 el teatro, y aunque escrib\u00ed varias obras, nunca salieron de mis cajones.<\/p>\n<p>Debajo de la aspereza en el trato, mi padre ocultaba su lado m\u00e1s vulnerable, un coraz\u00f3n c\u00e1ndido y generoso. Pose\u00eda un asombroso sentido de la belleza, tanto que, cuando debieron trasladarse a La Plata, \u00e9l mismo dise\u00f1\u00f3 la casa en que vivimos. Tarde descubr\u00ed su pasi\u00f3n por las plantas, a las que cuidaba con una delicadeza para m\u00ed hasta entonces desconocida. Jam\u00e1s lo he visto faltar a la palabra empe\u00f1ada, y con los a\u00f1os admir\u00e9 su fidelidad hacia los amigos. Como fue el caso de don Santiago, el sastre que enferm\u00f3 de tuberculosis. Cuando el doctor Helguera le advirti\u00f3 que la \u00fanica posibilidad de sobrevivir era irse a las sierras de C\u00f3rdoba, mi padre lo acompa\u00f1\u00f3 en uno de esos estrechos camarotes de los viejos ferrocarriles, donde el contagio parec\u00eda inevitable.<\/p>\n<p>Recuerdo siempre esta actitud que define su devoci\u00f3n por la amistad y que supe valorar varios a\u00f1os despu\u00e9s de su muerte, como suele ocurrir en esta vida, que, a menudo, es un permanente desencuentro. Cuando se ha hecho tarde para decirle que lo queremos a pesar de todo y para agradecerle los esfuerzos con que intent\u00f3 prevenirnos de las desdichas que son inevitables y, a la vez, aleccionadoras. Porque no todo era terrible en mi padre, y con nostalgia entreveo antiguas alegr\u00edas, como las noches en que me ten\u00eda sobre sus rodillas y me cantaba canciones de su tierra, o cuando por las tardes, al regresar del juego de naipes en el Club Social, me tra\u00eda Mentolina, las pastillas que a todos nos gustaban.<\/p>\n<p>Desgraciadamente, \u00e9l ya no est\u00e1 y cosas fundamentales han quedado sin decirse entre nosotros; cuando el amor es ya inexpresable, y las viejas heridas permanecen sin cuidado. Entonces descubrimos la \u00faltima soledad: la del amante sin el amado, los hijos sin sus padres, el padre sin sus hijos. Hace muchos a\u00f1os fui hasta aquella Paola de San Francesco donde un d\u00eda se enamor\u00f3 de mi madre; entreviendo su infancia entre esas tierras a\u00f1oradas, mirando hacia el Mediterr\u00e1neo, inclin\u00e9 la cabeza y mis ojos se nublaron.<\/p>\n<p>Ya nada queda de la pensi\u00f3n de la calle Potos\u00ed donde una tarde, tra\u00edda por un buen amigo, lleg\u00f3 Matilde, de diecinueve a\u00f1os, huyendo de un hogar en que se la adoraba, para venir a juntarse en una piezucha de Buenos Aires con esta especie de delincuente que era yo. Para luchar en la clandestinidad contra la dictadura del general Uriburu, por un mundo sin miseria y sin desamparo. Una utop\u00eda, claro, pero sin utop\u00edas ning\u00fan joven puede vivir en una realidad horrible. All\u00ed, muchas veces soportamos el hambre, cuando compart\u00edamos un poco de pan y mate cocido, salvo en los d\u00edas de suerte, en que la generosa do\u00f1a Esperanza, encargada de la pensi\u00f3n, nos golpeaba la puerta para ofrecernos un plato de comida.<\/p>\n<p>En esos tiempos de pobreza y persecuci\u00f3n se desencaden\u00f3 una grave crisis, y finalmente, mi alejamiento de aquel movimiento por el que tanto hab\u00eda arriesgado.<\/p>\n<p>Los miembros del Partido, que, por supuesto, vigilaban cualquier \u00abdesviaci\u00f3n\u00bb, advirtieron en m\u00ed ciertos indicios sospechosos. En conversaciones con camaradas \u00edntimos, yo sostuve que la dial\u00e9ctica era aplicable a los hechos del esp\u00edritu, pero no a los de la naturaleza, de modo que el \u00abmaterialismo dial\u00e9ctico\u00bb era toda una contradicci\u00f3n. Alguien que no haya conocido a fondo la mentalidad del comunismo militante podr\u00eda pensar que eso no era grave, cuando en rigor era grav\u00edsimo para los dirigentes, que consideraban un delito separar la teor\u00eda de la pr\u00e1ctica. Ser\u00eda largo de explicar en qu\u00e9 fundamentos me basaba, lo \u00fanico que puedo decir es que esto sucedi\u00f3 hacia 1935, y que muchos a\u00f1os m\u00e1s tarde, en un encuentro te\u00f3rico realizado en la Mutualit\u00e9 de Par\u00eds, se debati\u00f3 ese problema entre grandes fil\u00f3sofos como Sartre y otros, y se sostuvo precisamente lo mismo.<\/p>\n<p>Sea como fuere, aquella hip\u00f3tesis era arriesgad\u00edsima porque el marxismo-leninismo estaba codificado de una manera f\u00e9rrea e inapelable. El Partido -palabra que siempre se escrib\u00eda con may\u00fascula- resolvi\u00f3 mandarme por dos a\u00f1os a las Escuelas Leninistas de Mosc\u00fa, donde uno se curaba o terminaba en un gulag o en un hospital psiqui\u00e1trico. Sin duda habr\u00eda acabado en uno de esos campos de concentraci\u00f3n, dada la convicci\u00f3n profunda que ten\u00eda sobre ese disparate filos\u00f3fico. Por el esp\u00edritu de sacrificio que reinaba en los militantes, Matilde acept\u00f3 tristemente mi viaje a la Uni\u00f3n Sovi\u00e9tica por dos a\u00f1os -y quiz\u00e1 para siempre-, quedando ella oculta en casa de mi madre.<\/p>\n<p>Antes de ir a Mosc\u00fa deb\u00eda pasar por el Congreso contra el Fascismo y la Guerra, que presid\u00eda en Bruselas Henri Barbusse, organizado por el Partido y bajo su riguroso control. El viaje part\u00eda de Montevideo, yo atraves\u00e9 de noche el delta del r\u00edo de la Plata, en una lancha de contrabandistas, para luego seguir en barco, con documentos falsos, hasta Amberes; y finalmente, en tren hasta Bruselas. All\u00ed tuve la oportunidad de escuchar a gente de la Schutzbund, de Austria, y a militantes que ven\u00edan de Alemania, donde el hitlerismo estaba en ascenso. Me pusieron en un cuarto de los llamados Auberges de la Jeunesse junto a un compa\u00f1ero que conoc\u00ed con el nombre supuesto de Pierre. Era un dirigente del Comit\u00e9 Central de la Juventud Francesa, de ciega obediencia a la teor\u00eda, lo que me hizo poner en guardia, porque en el Partido no se comet\u00edan esa clase de equivocaciones; aquel muchacho militante luego cay\u00f3 en manos de la Gestapo y fue muerto tras salvajes torturas.<\/p>\n<p>En uno de esos di\u00e1logos que ten\u00edamos antes de dormir surgi\u00f3 una discusi\u00f3n, y comet\u00ed el peligroso error de manifestar mis dudas sobre aquel problema filos\u00f3fico. A la ma\u00f1ana siguiente le dije a mi compa\u00f1ero que me dol\u00eda el est\u00f3mago y que ir\u00eda en cuanto me aliviara el dolor. Despu\u00e9s de una hora o m\u00e1s, cuando consider\u00e9 que \u00e9l no volver\u00eda, arregl\u00e9 mi valijita y me escap\u00e9 a Par\u00eds en tren. Ya hab\u00edan comenzado los \u00abprocesos\u00bb del siniestro imperio estalinista, y apenas tuve esa conversaci\u00f3n con Pierre comprend\u00ed que si iba a Mosc\u00fa no volver\u00eda jam\u00e1s. Todos los di\u00e1logos, las experiencias que conoc\u00ed a trav\u00e9s de militantes de otros pa\u00edses, acabaron por agrietar ya en forma irreversible la fr\u00e1gil construcci\u00f3n que en mi mente se vino abajo.<\/p>\n<p>Como hab\u00eda ido a Bruselas ya con graves dudas sobre la dictadura de Stalin, en Buenos Aires, un amigo, ex simpatizante del Partido, me hab\u00eda dado la direcci\u00f3n de un trotskista argentino director de un semanario franc\u00e9s, que a\u00f1os m\u00e1s tarde morir\u00eda en un tanque en tiempos de la guerra civil espa\u00f1ola. \u00c9l me puso en contacto con un portero de la \u00c9cole Normale Sup\u00e9rieure, ex comunista, que me ofreci\u00f3 dormir en su cuartucho, en una de esas grandes camas de Par\u00eds. Como no hab\u00eda calefacci\u00f3n y el fr\u00edo era intenso en aquel 1935, adem\u00e1s de las mantas, nos cubr\u00edamos con una cantidad de L\u00bbHumanit\u00e9. Durante el d\u00eda deambulaba a la deriva por las calles de Par\u00eds, sin llegar a ver hacia qu\u00e9 tierras me arrastrar\u00eda el naufragio. Hasta que una tarde entr\u00e9 en la librer\u00eda Gibert, del Boulevard Saint-Michel, y rob\u00e9 un libro de an\u00e1lisis matem\u00e1tico de \u00c9mile Borel y escap\u00e9 con \u00e9l escondido en mi sobretodo. Recuerdo aquel atardecer g\u00e9lido de invierno, leyendo los primeros fragmentos, con el temblor de un creyente que vuelve a entrar a un templo luego de un turbio periplo de violencias y pecados. Aquel sagrado temblor era una mezcla de deslumbramiento, de recogida admisi\u00f3n y de una paz que hac\u00eda tiempo anhelaba mi esp\u00edritu: el orbe matem\u00e1tico me llamaba a sus puertas por segunda vez.<\/p>\n<p>De regreso en el pa\u00eds, espiritualmente destrozado, me encerr\u00e9 en el Instituto de F\u00edsico-Matem\u00e1tica, y en pocos a\u00f1os termin\u00e9 mi doctorado. All\u00ed me preparaba casi a diario para resistir los insultos y los agravios por mi \u00abtraici\u00f3n\u00bb al comunismo, cuando en rigor era todo lo contrario. El gran traidor fue ese hombre monstruoso, ex seminarista, que liquid\u00f3 a todos los que hab\u00edan hecho verdaderamente la revoluci\u00f3n, hasta alcanzar en el extranjero al propio Trotsky, uno de los m\u00e1s brillantes y audaces revolucionarios de la primera hora, asesinado en M\u00e9xico por los hachazos estalinistas.<\/p>\n<p>Los excluidos no tienen justicia que los defienda. He ido a la villa treinta y uno, de Retiro, para solidarizarme con los sacerdotes que ayunan en repudio por la crueldad con que se pretendi\u00f3 echar a la gente, derribando sus precarias construcciones con salvajes topadoras.<\/p>\n<p>Al regresar a casa, durante la noche he podido ver por televisi\u00f3n c\u00f3mo se agred\u00eda a unos obreros que se negaban a desalojar una f\u00e1brica, golpeados con violencia, tratados como delincuentes por una sociedad que no considera un delito negarles a los hombres su derecho al trabajo; expropi\u00e1ndoles, incluso, hasta las pocas leyes laborales que los proteg\u00edan.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n he visto a la polic\u00eda corriendo con palos y tanques hidr\u00e1ulicos a vendedores ambulantes, en lugar de encarcelar a los que se est\u00e1n robando hasta las \u00faltimas monedas y tienen dinero y poder para comprar a esa justicia que cae con despiadada dureza sobre un pobre ladr\u00f3n de gallinas. Como el muchacho que me escribi\u00f3 desde una c\u00e1rcel cordobesa pidi\u00e9ndome un ejemplar del Nunca m\u00e1s autografiado. Mientras ese hombre estaba preso por un delito menor, en un gesto aberrante se puso en libertad a los culpables de haber desangrado a la patria.<\/p>\n<p>Con gran amargura, la tarde en que escuch\u00e9 la noticia de los indultos, me encerr\u00e9 en mi estudio sin deseos de ver a nadie, mientras volv\u00edan a mi mente las im\u00e1genes del horror, aquellos escenarios del suplicio.<\/p>\n<p>En los a\u00f1os que precedieron al golpe de Estado de 1976 hubo actos de terrorismo que ninguna comunidad civilizada podr\u00eda tolerar. Invocando esos hechos, criminales de la m\u00e1s baja especie, representantes de fuerzas demoniacas, desataron un terrorismo infinitamente peor, porque se ejerci\u00f3 con el poder\u00edo e impunidad que permite el Estado absoluto, inici\u00e1ndose una caza de brujas que no s\u00f3lo pagaron los terroristas, sino miles y miles de inocentes.<\/p>\n<p>Cuando el pa\u00eds amaneci\u00f3 de esa pesadilla, el presidente Alfons\u00edn, en su condici\u00f3n de jefe supremo de las Fuerzas Armadas, orden\u00f3 a los tribunales militares enjuiciar a los culpables de ese hist\u00f3rico horror. Luego, como estatuye la Constituci\u00f3n, el fuero civil dar\u00eda la \u00faltima palabra. Finalmente se nombr\u00f3 una comisi\u00f3n de civiles que, a trav\u00e9s de una investigaci\u00f3n paralela, aport\u00f3 pruebas a la labor de los tribunales.<\/p>\n<p>El horror que d\u00eda a d\u00eda \u00edbamos descubriendo dej\u00f3 a todos los que integramos la Conadep, la oscura sensaci\u00f3n de que ninguno volver\u00eda a ser el mismo, como suele ocurrir cuando se desciende a los infiernos. Siempre recordar\u00e9 la entereza \u00e9tica y espiritual de las personalidades de la ciencia, la filosof\u00eda, varias religiones y el periodismo, que integraron la comisi\u00f3n.<\/p>\n<p>El informe era transcripto por dactil\u00f3grafas que deb\u00edan ser reemplazadas cuando, entre llantos, nos dec\u00edan que les era imposible continuar su labor. En m\u00e1s de cincuenta mil p\u00e1ginas quedaron registradas las desapariciones, torturas y secuestros de miles de seres humanos, a menudo j\u00f3venes idealistas, cuyo suplicio permanecer\u00e1 para siempre en el lugar m\u00e1s desgarrado de nuestro coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>El terrorismo de Estado provoc\u00f3 tambi\u00e9n la destrucci\u00f3n de las familias de los desaparecidos. Padres y madres, en su atormentada fantas\u00eda, enterraron y resucitaron a sus hijos, sin saber, siquiera, la monstruosa realidad. Ser\u00e1 dif\u00edcil calcular cu\u00e1ntos padres murieron o se dejaron morir de angustia y de tristeza, cu\u00e1ntos otros enloquecieron. Como ocurri\u00f3 con Miguel Itzigson, mi gran amigo, que en sus a\u00f1os finales tuvo como \u00fanico objetivo recuperar a su hija, lograr alguna vez la verdad y la justicia. Pero el enfrentamiento con aquel horror, hecho de la crueldad de unos y la indiferencia de otros, acab\u00f3 quebrando su admirable temple. Se dej\u00f3 morir de tristeza.<\/p>\n<p>El d\u00eda en que la Conadep entreg\u00f3 el informe al presidente de la naci\u00f3n, la plaza de Mayo desbordaba de hombres, mujeres, j\u00f3venes y madres con sus criaturas en brazos, que de ese modo daban su apoyo a aquel acontecimiento fundamental de nuestra historia. Ya que Nunca M\u00e1s deber\u00edamos reiterar los hechos que nos hicieron tr\u00e1gicamente famosos, cuando la prensa del mundo entero escrib\u00eda en castellano la palabra \u00abdesaparecido\u00bb.<\/p>\n<p>Lamentablemente, las leyes de Obediencia Debida y de Punto Final, y luego los indultos, han abortado aquella voluntad soberana que hubiese sido un ejemplo de lucha \u00e9tica, que hubiera tenido consecuencias ejemplares para el futuro de nuestra patria. Porque la tragedia que vivi\u00f3 la Argentina no ser\u00e1 olvidada jam\u00e1s por los que poseen un coraz\u00f3n noble; no s\u00f3lo por quienes han presenciado aquel infierno, sino tambi\u00e9n por la condena de todos los seres de conciencia del mundo. Como lo demuestra la investigaci\u00f3n que en otros pa\u00edses llevan adelante seres como el juez Baltasar Garz\u00f3n, con quien estuve durante mi \u00faltimo viaje a Espa\u00f1a. <\/p>\n<p>La sangre, el horror y la violencia cuestionan a la humanidad entera, y nos demuestran que no podemos desentendernos del sufrimiento de ning\u00fan ser humano.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Extracto del libro de memorias &#8216;Antes del fin&#8217; (1999). El texto hace referencia a su infancia, juventud y actitud \u00e9tica y pol\u00edtica y fue publicado en EL PA\u00cdS en enero de ese a\u00f1o. Me llamo Ernesto, porque cuando nac\u00ed, el 24 de junio de 1911, d\u00eda del nacimiento de san Juan Bautista, acababa de morir [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[26],"tags":[],"class_list":["post-8411","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-mundo"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8411","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=8411"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8411\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":8413,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/8411\/revisions\/8413"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=8411"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=8411"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=8411"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}