{"id":9113,"date":"2011-07-03T05:24:42","date_gmt":"2011-07-03T11:24:42","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=9113"},"modified":"2011-07-03T05:24:42","modified_gmt":"2011-07-03T11:24:42","slug":"cada-vez-es-necesario-pagar-al-medico-anualmente-y-no-por-cada-consulta-sale","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=9113","title":{"rendered":"Cada vez es necesario pagar al m\u00e9dico anualmente y no por cada \u00abconsulta\u00bb Sale?"},"content":{"rendered":"<p>Mis experiencias<br \/>\ncon los doctores<\/p>\n<p>Mark Twain<\/p>\n<p>La Jornada Semanal<\/p>\n<p>Ten\u00eda siete a\u00f1os cuando estuve a punto de irme al cielo. No entiendo por qu\u00e9 no me fui; estaba preparado, era parte de mi rutina. Estuve enfermo una buena parte de esos siete a\u00f1os y, sin darme cuenta, adquir\u00ed el h\u00e1bito de estarlo. En aquellos tiempos la religi\u00f3n estaba hecha casi exclusivamente de fuego y azufre, motivo que alentaba para la preparaci\u00f3n y que nadie ignoraba, salvo los m\u00e1s insensatos. Siendo honesto, debo reconocer haber descuidado ese asunto alguna vez cuando me sent\u00eda bien. No recuerdo la enfermedad que casi me lleva de este mundo, pero s\u00ed qu\u00e9 lo impidi\u00f3: media taza de aceite de ricino, solo, sin melaza y sin ning\u00fan otro atenuante. Muchos endulzaban el aceite, pero yo no era de ese tipo. Sab\u00eda que nada pod\u00eda hacerlo soportable dada mi enorme experiencia en la materia; beb\u00ed barriles enteros en mi \u00e9poca. No barriles, tarros; pospongamos las exageraciones para una mejor ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>El aceite de ricino me salv\u00f3. Cuando empec\u00e9 a morir, la familia se congreg\u00f3 para el acontecimiento. Estaban acostumbrados, y yo tambi\u00e9n. Hab\u00eda interpretado el papel estelar tantas veces que sab\u00eda qu\u00e9 hacer en cada escena sin ensayarlo, a pesar de ser tan peque\u00f1o, y ellos&#8230; ellos pod\u00edan hacer los papeles secundarios hasta en sue\u00f1os. Se quedaban dormidos con frecuencia mientras yo me mor\u00eda. Al principio me afectaba mucho, despu\u00e9s dej\u00f3 de importarme. Me las arreglaba para que alguien los sacudiera y yo continuaba con mi representaci\u00f3n. Recuerdo las escenas perfectamente hasta el d\u00eda de hoy. <\/p>\n<p>El doctor Meredith era nuestro m\u00e9dico familiar en aquel entonces, y es probable que se haya mudado del pueblo de Florida a Hannibal al mismo tiempo que nosotros, para mantener mi costumbre. Pero no, esa no puede haber sido la raz\u00f3n. En aquel per\u00edodo geol\u00f3gico temprano, al galeno se le pagaba anualmente, y \u00e9l mismo preparaba los medicamentos, as\u00ed que Meredith no ten\u00eda motivo para verme a menos que estuviera enfermo. Debe haber intentado matarme con cierta frecuencia. Hubiera sido lo m\u00e1s natural teniendo una familia que mantener y siendo un hombre juicioso y bien intencionado. Jam\u00e1s lo logr\u00f3. Una de las grandes iron\u00edas del destino fue que su hijo Charles me rescat\u00f3 de un arroyo, el Bear Creek, medio minuto antes de que muriera ahogado. Nunca volvi\u00f3 a sonre\u00edr.<\/p>\n<p>Consideremos la sabidur\u00eda y rectitud de la vieja costumbre de pagar al m\u00e9dico anualmente. Daba seguridad tanto para su econom\u00eda y dignidad, como para la salud de la familia: el galeno percib\u00eda un sueldo fijo y seguro, lo cual era muy favorable para \u00e9l; la familia quedaba a salvo de sus invasiones innecesarias, y s\u00f3lo dios sabe el enorme beneficio que esto representaba.<\/p>\n<p>Veamos la diferencia con los tiempos actuales. \u00bfCu\u00e1l es la costumbre universal de un m\u00e9dico con pocos pacientes? Visitar sin tregua al enfermo cuando ya no es necesario, y cobrar todas las veces; casi como regla \u2013y me atrever\u00eda a obviar el \u201ccasi\u2013, uno se ve obligado a la desagradable tarea de despedirlo. Como consecuencia, la idea de llamarlo de nuevo es abominable, y uno lo va posponiendo el mayor tiempo posible hasta antes de estar en peligro. <\/p>\n<p>Hago esta acusaci\u00f3n deliberadamente, y est\u00e1 fundamentada en cuatro fuentes: mi propia experiencia, la de mis amigos, los comentarios mordaces de ciertos galenos renombrados de Londres y Nueva York, y las editoriales de las publicaciones sobre medicina. El doctor sabe de nuestro miedo a despacharlo antes de tiempo, y se aprovecha de manera muy poco honorable de nuestra aprensi\u00f3n.<\/p>\n<p>El que es eficiente y dedicado no visita m\u00e1s de lo necesario. Apenas se siente seguro, dice: \u201cNo volver\u00e9, a menos que me mande llamar.\u201d En Hartford, nuestro viejo m\u00e9dico familiar, el doctor Taft, empleaba esta frase con frecuencia. Jam\u00e1s logramos que su descuidado sucesor la pronunciara.<\/p>\n<p>Hace ocho a\u00f1os (en 1895) regres\u00e9 de Europa y viaj\u00e9 directamente a Elmira en Nueva York. Aquella noche (el 26 de mayo), mientras me daba un ba\u00f1o de tina, descubr\u00ed una mancha redonda, plana y rosada del tama\u00f1o de una moneda de 10 centavos en la parte externa del muslo. A la ma\u00f1ana siguiente nos instalamos en East Hill y llamamos a un m\u00e9dico (Theron Wales), quien diagnostic\u00f3 un fur\u00fanculo incipiente. Comenz\u00f3 a tratarlo, y comenz\u00f3 a hablar. Sosten\u00eda que el fur\u00fanculo siempre hab\u00eda sido el maestro del g\u00e9nero humano hasta que, por gracia de dios, pas\u00f3 a ser uno de sus miembros. A continuaci\u00f3n peror\u00f3 sobre sus numerosas victorias, fur\u00fanculo por fur\u00fanculo, nombrando al due\u00f1o de cada uno de ellos, describiendo minuciosamente el lugar de anidamiento y los ingeniosos m\u00e9todos empleados para llevarlos a un final feliz y espectacular. Era un hombre sumamente aburrido, por naturaleza y por adopci\u00f3n, y un viejo amigo de la familia al que no quedaba m\u00e1s remedio que soportar; aunque debo confesar que entre \u00e9l y mi fur\u00fanculo elegir\u00eda siempre la compa\u00f1\u00eda del segundo. Ten\u00eda las caracter\u00edsticas propias de todos los m\u00e9dicos faltos de pacientes que he conocido: tedioso, sin ingenio, aficionado a los lugares comunes, entusiasta de su propia conversaci\u00f3n, se quedaba eternidades y era mortalmente aburrido.<\/p>\n<p>Presum\u00eda de una enorme experiencia y sab\u00eda menos de fur\u00fanculos que nuestra cocinera, antes esclava, Aunty Cord. Jam\u00e1s hizo algo que ella no hubiera hecho con la misma o mayor eficiencia. Recurri\u00f3 al antiguo m\u00e9todo: una rebanada de carne de puerco salada, y ven\u00eda a supervisar su \u201ctrabajo\u201d todos los d\u00edas; es decir, a mirar, cosa que el gato hubiera hecho con los mismos resultados, y no se diga la cocinera \u2013y adem\u00e1s gratis. Procedi\u00f3 a extirparlo y se present\u00f3 a diario durante todo un mes. En ocasiones, para cambiar la curaci\u00f3n \u2013cosa que tambi\u00e9n podr\u00eda haber hecho la cocinera\u2013, pero la mayor parte del tiempo sin ning\u00fan motivo, como no fuera para agotarme con sus visitas de dos horas y su conversaci\u00f3n insulsa. Fueron tantas las consultas sin justificaci\u00f3n, que decid\u00ed tomarlas como visitas sociales para no tener que despedirlo. <\/p>\n<p>Cobr\u00f3 por cada una de sus odiosas apariciones y, por si fuera poco, con un aumento de una tercera parte por no ser residente. Me enter\u00e9 de este detalle \u2013desfalco dir\u00eda yo\u2013, hace apenas seis meses. <\/p>\n<p>Este ladr\u00f3n a\u00fan mantiene la costumbre de visitar a sus pacientes cuando sus servicios ya no son necesarios, y cobrar por cada una de sus visitas, hasta que la familia sospecha y termina despidi\u00e9ndolo.<\/p>\n<p>Jam\u00e1s cur\u00f3 mi fur\u00fanculo. Lo vel\u00f3 durante d\u00edas, como un \u00e1ngel de la guarda de los fur\u00fanculos, tierno e ignorante. Despu\u00e9s empec\u00e9 un viaje con mi familia para dar veintitr\u00e9s conferencias durante veintitr\u00e9s noches. El ritual de atender la caverna dejada por el absceso continu\u00f3 hasta que finalmente san\u00f3 y pude subir sin ayuda al barco en Vancouver.<\/p>\n<p>Los fur\u00fanculos se reproducen cuando son tratados por ladrones: el primero naci\u00f3 en el barco y fue operado en Sydney; el segundo en Melbourne, pero tuvo la suerte de ser atendido por un m\u00e9dico con una gran experiencia, Fitz Gerald, quien prometi\u00f3 curarlo en veinticuatro horas, cumpli\u00f3 su palabra y adem\u00e1s nos ense\u00f1\u00f3 su arte. Uno por uno, acabamos con todos los parientes conforme fueron apareciendo. Solamente uno vivi\u00f3 dos d\u00edas. El experto de Elmira me hab\u00eda cobrado 135 d\u00f3lares por no curar un fur\u00fanculo. Si no hubiera tenido que partir para dar las conferencias, seguir\u00eda lucrando a mis expensas. <\/p>\n<p>Aquella sanguijuela sab\u00eda que yo hab\u00eda heredado una cuantiosa deuda, y que emprend\u00eda esta gira de conferencias alrededor del mundo para pagarla con mis peroratas. Pero ni eso fren\u00f3 sus visitas y su pirater\u00eda. Decid\u00ed no volver a ser residente en la Sunday School que \u00e9l dirig\u00eda, y cumpl\u00ed mi palabra. Sin embargo, jam\u00e1s pertenec\u00ed a ella. <\/p>\n<p>Es un p\u00e9simo negocio adquirir el viciode enfermarse, y es muy dif\u00edcil renunciar a \u00e9l. De los siete a los cincuenta y seis a\u00f1os me dio por estar bien. Pr\u00e1cticamente no supe que existieran las enfermedades en todo ese tiempo. Y de pronto lleg\u00f3 el cambi\u00f3. Viv\u00edamos en Berl\u00edn. Una noche helada di una conferencia con el objeto de recaudar fondos para una iglesia inglesa o estadunidense, en una sala tan caliente como el infierno. Durante el regreso a casa me congel\u00e9. Estuve treinta y cuatro d\u00edas en cama con una severa inflamaci\u00f3n pulmonar. Ah\u00ed empez\u00f3 todo. Mi pulm\u00f3n no volvi\u00f3 a ser el mismo, y ahora cada vez que pesco un catarro desciende de inmediato a los tubos bronquiales y me veo obligado a llamar al plomero. Rectifico, sol\u00eda llamarlo, porque al descubrir que aliviar, acortar o curar la enfermedad eran tareas imposibles; dej\u00e9 de hacerlo. Decid\u00ed permitir que la tos saliera a ladridos a su antojo y desapareciera por agotamiento. Este proceso lleva seis semanas. Antes de rendirme, hab\u00eda experimentado con diez m\u00e9dicos en distintas partes del mundo.<\/p>\n<p>A principios de 1896 pesqu\u00e9 una gripa en Ceil\u00e1n. Al llegar a Bombay, unos d\u00edas despu\u00e9s, mis tuber\u00edas requirieron la presencia del plomero. Llevaba el elegante nombre de Sidney Smith. Tom\u00e9 su repugnante medicina durante siete d\u00edas sin mejorar un \u00e1pice y me deshice de \u00e9l. Me cobr\u00f3 el doble por las consultas por no ser residente. Esa era la norma, se me inform\u00f3. Siguiendo esa l\u00f3gica tendr\u00eda que haberme cobrado el doble por ser presbiteriano. Le pagu\u00e9 la mitad.<\/p>\n<p>Ladr\u00e9 a mi p\u00fablico en distintas ciudades de India durante seis semanas hasta que la tos expir\u00f3. Despu\u00e9s reca\u00ed en Londres. Parsons, el primer m\u00e9dico que me atendi\u00f3, me dijo que no ve\u00eda que mejorara y se retir\u00f3 de la batalla honrosamente; el otro, Ogilvie, lleg\u00f3 a la misma conclusi\u00f3n pero en secreto. Decidi\u00f3 ignorar la enfermedad y visitarme a diario para atosigarme durante una hora con viejas an\u00e9cdotas que \u00e9l disfrutaba enormemente. Fui enga\u00f1ado de nuevo, y una vez m\u00e1s como protecci\u00f3n, intent\u00e9 tomar sus aburridas visitas como eventos sociales, hasta que me di cuenta de que, en mi estado tan fr\u00e1gil, el agobio de su presencia era un claro peligro, as\u00ed que reun\u00ed los remanentes de mi poder de decisi\u00f3n y le ped\u00ed que no volviera. Tambi\u00e9n me cobr\u00f3 la tarifa completa por cada visita, sabiendo que incluso cobrar la mitad era un acto descarado de deshonestidad.<\/p>\n<p>Traducci\u00f3n de Lucinda Guti\u00e9rrez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mis experiencias con los doctores Mark Twain La Jornada Semanal Ten\u00eda siete a\u00f1os cuando estuve a punto de irme al cielo. No entiendo por qu\u00e9 no me fui; estaba preparado, era parte de mi rutina. Estuve enfermo una buena parte de esos siete a\u00f1os y, sin darme cuenta, adquir\u00ed el h\u00e1bito de estarlo. 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