{"id":9547,"date":"2011-10-26T00:55:49","date_gmt":"2011-10-26T06:55:49","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=9547"},"modified":"2011-10-26T00:55:49","modified_gmt":"2011-10-26T06:55:49","slug":"leonard","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=9547","title":{"rendered":"Leonard"},"content":{"rendered":"<p>Leonard<\/p>\n<p>Hermann Bellinghausen<\/p>\n<p>Bien extra\u00f1o que resulta que ahora est\u00e9 en boca de todos porque lo condecor\u00f3 la realeza espa\u00f1ola, que qu\u00e9 puede saber de estas cosas.<\/p>\n<p>El gambito de los pr\u00edncipes oportunistas no deber\u00eda poner serio a Leonard Cohen (1934). No a \u00e9l, rey del cool, asceta, triste y esteta en la lumbre de su crudeza. La iron\u00eda como rel\u00e1mpagos. Eso le bast\u00f3 para convertirse en un artista significativo del fin de siglo. Muy al modo moderno, desde el show bizz y su espacio sonoro. Ya era novelista prometedor, y poeta en estado puro con obras memorables como Flores para Hitler y La caja de especias de la Tierra, cuando en 1966 dio un giro radical a su persona.<\/p>\n<p>En poco tiempo hab\u00eda escrito dos novelas estupendas: El juego favorito y Hermosos perdedores, esta \u00faltima precisamente de 1966, igual que Suzanne, la canci\u00f3n donde comienza el Cohen definitivo. Perdimos al escritor: no volvi\u00f3 a la narrativa, dejando dos rabiosas, divertidas y tr\u00e1gicas historias con el aliento de Henry Miller y la inventiva de Georges Bataille.<\/p>\n<p>Hijo de clase media acomodada e ilustrada, sali\u00f3 de su natal Montreal a merodear revoluciones en Cuba, triunfante, y Grecia, aplastada. Perdi\u00f3 sus pasos en Par\u00eds y Nueva York, vio crecer el fen\u00f3meno Bob Dylan y se dijo: si \u00e9l canta sus poemas, \u00bfpor qu\u00e9 yo no? Produjo su primer disco, el c\u00e9lebre Songs of Leonard Cohen (1967), y opt\u00f3 por habitar los escenarios como cuartos de hotel (no todos nacen con voz de oro) y se dej\u00f3 llevar.<\/p>\n<p>A pesar de los austeros resultados comerciales y su austeridad musical y personal, el encanto melanc\u00f3lico y la sensualidad de sus versos le dieron un lugar de inmediato en el reino del pop, que por esos a\u00f1os y con los Beatles a la batuta confirmaba al rock como la m\u00fasica del futuro. Finos int\u00e9rpretes de folk rock retomaron sus rolas, y en su oportunidad llegar\u00eda al punk, el g\u00f3tico o el cante jondo.<\/p>\n<p>Para una generaci\u00f3n de espectadores acostumbrada a los claridosos dramas suecos de Ingmar Bergman, las canciones de Cohen, sus sentencias lapidarias con las entra\u00f1as en la mano, resultaban de lo m\u00e1s normal, embonaban con los penares a la Jos\u00e9 Alfredo Jim\u00e9nez, pero en clave de jazz bar.<\/p>\n<p>A partir de los a\u00f1os 70, los poetas j\u00f3venes de M\u00e9xico y luego de la Espa\u00f1a posfranquista se dijeron con frecuencia \u00abtraductores\u00bb suyos, aunque no todos lo hicieran por escrito. La mayor\u00eda lo tradujo quiz\u00e1 en su mente, pero ya con eso.<\/p>\n<p>Se sabe que con Take This Waltz confes\u00f3 su fascinaci\u00f3n por Federico Garc\u00eda Lorca. \u00c9sta es real, no coyuntural, como pareciera ahora que lo pasean y exhiben con cargo al erario de una Espa\u00f1a en bancarrota. Sus propias gacelas y casidas son espumosas. A su hija le puso Lorca.<\/p>\n<p>En 1996, el gran Morente lo supo trasladar al flamenco con los versos originales del Peque\u00f1o vals vien\u00e9s lorquiano y le hizo cante el Aleluya (tal vez la pieza m\u00e1s interpretada del repertorio de Cohen).<\/p>\n<p>Pasajero habitual de las obsesiones de jud\u00edo con culpa y sin Freud, tuvo debilidad por el martirologio de las v\u00edrgenes cristianas (Juana de Arco, la santa mohawk Catherine Tekawita). Fascinaci\u00f3n perversa por el verdugo nazi. Misticismo insuficiente, por mucho zen que invirtiera. Siempre cantor del amor profano. Sugerente, ladies man confeso, extranjero en tr\u00e1nsito con un horario de trenes a la mano y una manera filosa de decir la verdad carnal, aun mintiendo. Pero como declara en la grabaci\u00f3n reciente de un concierto en Londres (2009), ya prob\u00f3 de todo: prozac, paxil, bifexor, ritalin, focalin; tambi\u00e9n extenu\u00f3 la filosof\u00eda de las religiones. Y no le queda sino confesar que no hay curaci\u00f3n para el amor (There Aint\u2019t No Cure For Love).<\/p>\n<p>Su producci\u00f3n se mide en discos, y sus libros son o parecen cancioneros. En Madrid, Visor lo traduce con cari\u00f1o hace mucho. As\u00ed como unos plagiaban a Jaime Sabines para convencer a las damas rejegas, otros plagiaban a Leonard para al menos dejarles claro de lo que se perd\u00edan.<\/p>\n<p>A eso se reduce la vida de Cohen. La poes\u00eda de los a\u00f1os, las excursiones europeas, californianas, orientales. El canadiense m\u00e1s famoso del mundo (hasta antes de Justin Biber) les ha puesto la banda sonora del abandono a los ardidos, los perdidos y los desvelados, all\u00ed cuando el amor no tiene remedio.<\/p>\n<p>El cine no ha sido inmune a su canto. Tempranamente, Werner Herzog mostr\u00f3 admiraci\u00f3n en Fata Morgana (1969), hipn\u00f3tico y alucinante documental sobre los espejismos del desierto con pista casi continua de Bach y el primer Cohen. A m\u00e1s de aparecer en numerosas bandas sonoras, cuando menos al irland\u00e9s Neil Jordan le resolvi\u00f3 el rev\u00e9s de la trama para The Good Thief (Un buen ladr\u00f3n, 2002) con una sola canci\u00f3n, la del que siempre regresa a la calle del Boogie para reconocer a los secretos por su nombre, \u00abmil besos m\u00e1s adentro\u00bb.<\/p>\n<p>Con los indignados en las plazas del reino hisp\u00e1nico, no parece un buen momento para arrimarse a los pr\u00edncipes de la zarzuela. Que al menos le sirva el premio para pagar cuentas pendientes. Pecadores como Leonard siempre las tienen.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Leonard Hermann Bellinghausen Bien extra\u00f1o que resulta que ahora est\u00e9 en boca de todos porque lo condecor\u00f3 la realeza espa\u00f1ola, que qu\u00e9 puede saber de estas cosas. El gambito de los pr\u00edncipes oportunistas no deber\u00eda poner serio a Leonard Cohen (1934). 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