{"id":9783,"date":"2013-06-03T14:42:22","date_gmt":"2013-06-03T20:42:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=9783"},"modified":"2013-06-03T14:42:22","modified_gmt":"2013-06-03T20:42:22","slug":"puros-perez-hermann-bellinghausen","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=9783","title":{"rendered":"Puros P\u00e9rez: Hermann Bellinghausen"},"content":{"rendered":"<h2 style=\"text-align: center;\">Puros P\u00e9rez<\/h2>\n<div><\/div>\n<div style=\"text-align: center;\"><em>Hermann Bellinghausen<\/em><\/div>\n<div style=\"text-align: center;\"><\/div>\n<div id=\"article-text\">\n<div>\n<div style=\"text-align: justify;\">El camino era tan blanco que dol\u00eda en los ojos. El paisaje tambi\u00e9n, de un gris brumoso y brillante, en la cresta del tiempo de quemas. Y el sol, acuciante como cuaresma.\u00a0<q>Puros P\u00e9rez<\/q>\u00a0dec\u00eda en floridas letras barrocas la defensa de un carguero que alcanc\u00e9 en la parte alta de la sierra, de caja roja y molduras de aluminio enmarcadas en un delirio de foquitos danzando sin aparente orden. A 25 por hora en el sinuoso y estrecho camino, me ten\u00eda en la ag\u00fcevante situaci\u00f3n de aguantar vara, a ver a qu\u00e9 horas lo lograba rebasar. Amurallados entre las redilas distingu\u00ed varios rostros morenos a pleno sol, dejando al viento salpicarles el pelo y afilarles el rostro, mirando de pronto todos en mi direcci\u00f3n.<\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\">En un primer momento identifiqu\u00e9 s\u00f3lo hombres, medio j\u00f3venes. A poco me percat\u00e9 de dos ni\u00f1os como de 10, verdaderamente divertidos y comentando. Dos ancianos que asomaban apenas, y bien mirando, en el extremo al frente, una mujer rampante. Agarrados de un lazo o del travesa\u00f1o, formaban una hermosa galer\u00eda de figuras humanas. De ser fot\u00f3grafo y no chofer les habr\u00eda tomado su retrato.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El encargo que tra\u00eda era importante y urgente, hab\u00eda prometido no distraerme en los pliegues del camino. Pero me distraje. Al doblar en una curva entre lomas apareci\u00f3 de pronto el oc\u00e9ano distante como una mancha azul-negra de pedernal inmenso. El carguero y su pasaje hab\u00edan terminado por hipnotizarme y los segu\u00eda, ya sin intenci\u00f3n de rebasarlos, a la velocidad que llevaran. El descenso por las laderas de las pe\u00f1as fue lento pero panor\u00e1mico. El mar intermitente era espl\u00e9ndido y atardec\u00eda con una luz amable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Descendimos la sierra el carguero, su pasaje y un servidor, con un ojo al gato y otro al garabato. El conductor me observaba por el retrovisor, los pasajeros no me quitaban la vista de encima, ni yo a ellos, ni dej\u00e1bamos de admirar la latitud pac\u00edfica que nos inundaba las retinas. La brisa refrescaba el bochorno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al concluir el descenso el cami\u00f3n se arrim\u00f3, en el fin de los pe\u00f1ascos y el principio de la playa. Era mi oportunidad para dejarlo atr\u00e1s y acelerar hacia mi destino decidido, de subrayada importancia, y yo al cliente lo que ordene. Pero estaba enganchado y me arrim\u00e9 enseguidita. Cuando el cami\u00f3n fren\u00f3, fren\u00e9, y cuando bajaron ellos me baj\u00e9. La tarde era una gema que adquir\u00eda colores fuertes y de momento no supe qu\u00e9 quer\u00eda, y descubr\u00ed que nada. O nada m\u00e1s.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aquellos desconocidos tra\u00edan af\u00e1n de fiesta y me agarraron en lo suyo. Me succion\u00f3 su cuerda bullanguera. Lo urgidos que vendr\u00edan de desahogo que en el primer palmo de playa, nom\u00e1s llegando a los bajos de la sierra, se orillaron a la orilla del oc\u00e9ano muertos de ganas de bailar. Tra\u00edan la m\u00fasica por dentro, y tambi\u00e9n por fuera. Sacaron dos, tres, muchas guitarras, las maracas ya chasqueaban, pero las envolv\u00eda el romper de las olas, y me sent\u00ed en una pel\u00edcula mexicana de los cincuentas, solo que a colores y\u00a0<em>full screen.<\/em>\u00a0Admito que buscaba a la mujer por el rabillo del ojo, y no la localizaba. Ya me flanqueaban dos tipos morenos con sombrero de paja, sendas guitarras y sonrisa de coco macheteado su dentadura blanca.<\/p>\n<\/div>\n<div>\n<p style=\"text-align: justify;\">La marea cambiaba el tono de su serenata, a merced del inquietante im\u00e1n de la luna que sin asomar ya jalaba la rienda de las aguas y las encabritaba. Promet\u00eda llena, la luna, pero la tarde se extend\u00eda resisti\u00e9ndose a morir, con una dorada intensidad en alto contraste prendida de las sombras.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La mujer al fin reapareci\u00f3 entre los celebrantes, o mejor dicho, brot\u00f3 de la atm\u00f3sfera en esa esquina donde el aire, el mar y la tierra se tocan. Cual Lilia Prado en deschongue, desplegadas las piernas, ondeaba su falda floreada como capote de torero, y ll\u00e1malo curiosidad, ll\u00e1malo debilidad, la cosa es que d\u00f3cilmente me dej\u00e9 llevar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El bailable era folcl\u00f3rico. No digo que lo hubieran puesto con coreograf\u00eda y eso, pero ten\u00eda la autenticidad de lo t\u00edpico regional, el colorido de nuestras mejores tradiciones tropicales, la alegr\u00eda innata de las clases plebeyas que residen en escenarios naturales que cortan el aliento del visitante. Que parecen pedir a gritos que les traigan los turistas a invadirlo, que as\u00ed es como funciona hoy el mundo. P\u00e9rez de distintas generaciones visitaban la playa desde la sierra una vez de tantas, con el sano objetivo de darle vuelo a la hilacha. En la vida real qui\u00e9n sabe qu\u00e9 eran, quiz\u00e1 m\u00fasicos profesionales, aunque no lo parec\u00edan.<\/p>\n<\/div>\n<\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Puros P\u00e9rez Hermann Bellinghausen El camino era tan blanco que dol\u00eda en los ojos. El paisaje tambi\u00e9n, de un gris brumoso y brillante, en la cresta del tiempo de quemas. 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