{"id":9848,"date":"2013-06-10T11:30:09","date_gmt":"2013-06-10T17:30:09","guid":{"rendered":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=9848"},"modified":"2013-06-10T11:30:09","modified_gmt":"2013-06-10T17:30:09","slug":"los-italianos-de-la-posguerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/?p=9848","title":{"rendered":"Los Italianos de la Posguerra"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-size: x-large;\">La leyenda de Carlomagno<br \/>\n<\/span><span style=\"font-size: small;\">[Cuento. Texto completo]<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-size: large; color: #000000;\">Italo Calvino<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El emperador Carlomagno se enamor\u00f3, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, pose\u00eddo de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio. Cuando la muchacha muri\u00f3 repentinamente, los dignatarios respiraron aliviados, pero por poco tiempo, porque el amor de Carlomagno no hab\u00eda muerto con ella. El Emperador, que hab\u00eda hecho llevar a su aposento el cad\u00e1ver embalsamado, no quer\u00eda separarse de \u00e9l. El arzobispo Turp\u00edn, asustado de esta macabra pasi\u00f3n, sospech\u00f3 un encantamiento y quiso examinar el cad\u00e1ver. Escondido debajo de la lengua muerta encontr\u00f3 un anillo con una piedra preciosa. No bien el anillo estuvo en manos de Turp\u00edn, Carlomagno se apresur\u00f3 a dar sepultura al cad\u00e1ver y volc\u00f3 su amor en la persona del arzobispo. Para escapar de la embarazosa situaci\u00f3n, Turp\u00edn arroj\u00f3 el anillo al lago de Constanza. Carlomagno se enamor\u00f3 del lago Constanza y no quiso alejarse nunca m\u00e1s de sus orillas.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><span style=\"color: #000000;\">FIN<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\">\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-size: x-large;\">Las ciudades y los cambios<br \/>\n<\/span><span style=\"font-size: small;\">[Cuento. Texto completo]<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000; font-size: large;\">Italo Calvino<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">A ochenta millas de proa al viento rnaestral el hombre llega a la ciudad de Eufamia. donde los mercaderes de siete naciones se re\u00fanen en cada solsticio y en cada equinoccio. La barca que fondea con una carga de jengibre y algod\u00f3n en rama volver\u00e1 a zarpar con la estiba llena de pistacho y semilla de amapola, y la caravana que acaba de descargar costales de nuez moscada y de pasas de uva ya l\u00eda sus enjalmas para la vuelta con rollos de muselina dorada. Pero lo que impulsa a remontar r\u00edos y atravesar desiertos para venir hasta aqu\u00ed no es s\u00f3lo el trueque de mercanc\u00edas que encuentras siempre iguales en todos los bazares dentro y fuera del imperio del Gran Kan, desparramadas a tus pies en las mismas esteras amarillas, a la sombra de los mismos toldos espantamoscas, ofrecidas con las mismas enga\u00f1osas rebajas de precio. No s\u00f3lo a vender y a comprar se viene a Eufamia sino tambi\u00e9n porque de noche junto a las hogueras que rodean el mercado, sentados sobre sacos o barriles o tendidos en montones de alfombras, a cada palabra que uno dice -como \u00ablobo\u00bb, \u00abhermana\u00bb, \u00abtesoro escondido\u00bb, \u00abbatalla\u00bb, \u00absarna\u00bb, \u00abamantes\u00bb- los otros cuentan cada uno su historia de lobos, de hermanas, de tesoros, de sarna, de amantes, de batallas. Y t\u00fa sabes que en el largo viaje que te espera, cuando para permanecer despierto en el balanceo del camello o del junco se empiezan a evocar todos los recuerdos propios uno por uno, tu lobo se habr\u00e1 convertido en otro lobo, tu hermana en una hermana diferente, tu batalla en otra batalla, al regresar de Eufamia, la ciudad donde se cambia la memoria en cada solsticio y en cada equinoccio.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><span style=\"color: #000000;\">FIN<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\">\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-size: x-large;\">El jard\u00edn encantado<br \/>\n<\/span><span style=\"font-size: small;\">[Cuento. Texto completo]<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000; font-size: large;\">Italo Calvino<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><span style=\"color: #000000;\">Giovannino y Serenella caminaban por las v\u00edas del tren. Abajo hab\u00eda un mar todo escamas azul oscuro azul claro; arriba un cielo apenas estriado de nubes blancas. Los rieles eran relucientes y quemaban. Por las v\u00edas se caminaba bien y se pod\u00eda jugar de muchas maneras: mantener el equilibrio, \u00e9l sobre un riel y ella sobre el otro, y avanzar tomados de la mano. 0 bien saltar de un durmiente a otro sin apoyar nunca el pie en las piedras. Giovannino y Serenella hab\u00edan estado cazando cangrejos y ahora hab\u00edan decidido explorar las v\u00edas, incluso dentro del t\u00fanel. Jugar con Serenella daba gusto porque no era como las otras ni\u00f1as, que siempre tienen miedo y se echan a llorar por cualquier cosa. Cuando Giovannino dec\u00eda: \u201cVamos all\u00e1\u201d, Serenella lo segu\u00eda siempre sin discutir. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">\u00a1Deng! Sobresaltados miraron hacia arriba. Era el disco de un poste de se\u00f1ales que se hab\u00eda movido. Parec\u00eda una cig\u00fce\u00f1a de hierro que hubiera cerrado bruscamente el pico. Se quedaron un momento con la nariz levantada; \u00a1qu\u00e9 l\u00e1stima no haberlo visto! No volver\u00eda a repetirse. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-Est\u00e1 a punto de llegar un tren -dijo Giovannino. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Serenella no se movi\u00f3 de la v\u00eda. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-\u00bfPor d\u00f3nde? -pregunt\u00f3. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Giovannino mir\u00f3 a su alrededor, con aire de saber. Se\u00f1al\u00f3 el agujero negro del t\u00fanel que se ve\u00eda ya l\u00edmpido, ya desenfocado, a trav\u00e9s del vapor invisible que temblaba sobre las piedras del camino. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-Por all\u00ed -dijo. Parec\u00eda o\u00edr ya el oscuro resoplido que ven\u00eda del t\u00fanel y v\u00e9rselo venir encima, escupiendo humo y fuego, las ruedas trag\u00e1ndose los rieles implacablemente. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-\u00bfD\u00f3nde vamos, Giovannino? <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Hab\u00eda, del lado del mar, grandes pitas grises, erizadas de p\u00faas impenetrables. Del lado de la colina corr\u00eda un seto de ipomeas cargadas de hojas y sin flores. El tren a\u00fan no se o\u00eda: tal vez corr\u00eda con la locomotora apagada, sin ruido, y saltar\u00eda de pronto sobre ellos. Pero Giovannino hab\u00eda encontrado ya un hueco en el seto. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-Por ah\u00ed. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Debajo de las trepadoras hab\u00eda una vieja alambrada en ruinas. En cierto lugar se enroscaba como el \u00e1ngulo de una hoja de papel. Giovannino hab\u00eda desaparecido casi y se escabull\u00eda por el seto. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-\u00a1Dame la mano, Giovannino! <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Se hallaron en el rinc\u00f3n de un jard\u00edn, los dos a cuatro patas en un arriate, el pelo lleno de hojas secas y de tierra. Alrededor todo callaba, no se mov\u00eda una hoja. \u201cVamos\u201d dijo Giovannino y Serenella dijo: \u201cS\u00ed\u201d.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Hab\u00eda grandes y antiguos eucaliptos de color carne y senderos de pedregullo. Giovannino y Serenella iban de puntillas, atentos al crujido de los guijarros bajo sus pasos. \u00bfY si en ese momento llegaran los due\u00f1os? <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Todo era tan hermoso: b\u00f3vedas estrechas y alt\u00edsimas de curvas hojas de eucaliptos y retazos de cielo, s\u00f3lo que sent\u00edan dentro esa ansiedad porque el jard\u00edn no era de ellos y porque tal vez fueran expulsados en un instante. Pero no se o\u00eda ruido alguno. De un arbusto de madro\u00f1o, en un recodo, unos gorriones alzaron el vuelo rumorosos. Despu\u00e9s volvi\u00f3 el silencio. \u00bfSer\u00eda un jard\u00edn abandonado? <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pero en cierto lugar la sombra de los \u00e1rboles terminaba y se encontraron a cielo abierto, delante de unos bancales de petunias y vol\u00fabilis bien cuidados, y senderos y balaustradas y espalderas de boj. Y en lo alto del jard\u00edn, una gran casa de cristales relucientes y cortinas amarillo y naranja. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Y todo estaba desierto. Los dos ni\u00f1os sub\u00edan cautelosos por la grava: tal vez se abrir\u00edan las ventanas de par en par y sever\u00edsimos se\u00f1ores y se\u00f1oras aparecer\u00edan en las terrazas y soltar\u00edan grandes perros por las alamedas. Cerca de una cuneta encontraron una carretilla. Giovannino la cogi\u00f3 por las varas y la empuj\u00f3: chirriaba a cada vuelta de las ruedas con una especie de silbido. Serenella se subi\u00f3 y avanzaron callados, Giovannino empujando la carretilla y ella encima, a lo largo de los arriates y surtidores. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-Esa -dec\u00eda de vez en cuando Serenella en voz baja, se\u00f1alando una flor. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Giovannino se deten\u00eda, la cortaba y se la daba. Formaban ya un buen ramo. Pero al saltar el seto para escapar, tal vez tendr\u00eda que tirarlas. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Llegaron as\u00ed a una explanada y la grava terminaba y el pavimento era de cemento y baldosas. Y en medio de la explanada se abr\u00eda un gran rect\u00e1ngulo vac\u00edo: una piscina. Se acercaron: era de mosaicos azules, llena hasta el borde de agua clara. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-\u00bfNos zambullimos? -pregunt\u00f3 Giovannino a Serenella. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Deb\u00eda de ser bastante peligroso si se lo preguntaba y no se limitaba a decir: \u201c\u00a1Al agua!\u201d. Pero el agua era tan l\u00edmpida y azul y Serenella nunca ten\u00eda miedo. Baj\u00f3 de la carretilla donde dej\u00f3 el ramo. Llevaban el ba\u00f1ador puesto: antes hab\u00edan estado cazando cangrejos. Giovannino se arroj\u00f3, no desde el trampol\u00edn porque la zambullida hubiera sido demasiado ruidosa, sino desde el borde. Lleg\u00f3 al fondo con los ojos abiertos y no ve\u00eda m\u00e1s que azul, y las manos como peces rosados, no como debajo del agua del mar, llena de informes sombras verdinegras. Una sombra rosada encima: \u00a1Serenella! Se tomaron de la mano y emergieron en la otra punta, con cierta aprensi\u00f3n. No hab\u00eda absolutamente nadie que los viera. No era la maravilla que imaginaban: quedaba siempre ese fondo de amargura y de ansiedad, nada de todo aquello les pertenec\u00eda y de un momento a otro \u00a1fuera!, pod\u00edan ser expulsados. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Salieron del agua y justo all\u00ed cerca de la piscina encontraron una mesa de ping-pong. Inmediatamente Giovannino golpe\u00f3 la pelota con la paleta: Serenella, r\u00e1pida, se la devolvi\u00f3 desde la otra punta. Jugaban as\u00ed, con golpes ligeros para que no los oyeran desde el interior de la casa. De pronto la pelota dio un gran rebote y para detenerla Giovannino la desvi\u00f3 y la pelota golpe\u00f3 en un gong colgado entre los pilares de una p\u00e9rgola, produciendo un sonido sordo y prolongado. Los dos ni\u00f1os se agacharon en un arriate de ran\u00fanculos. En seguida llegaron dos criados de chaqueta blanca con grandes bandejas, las apoyaron en una mesa redonda debajo de un parasol de rayas amarillas y anaranjadas y se marcharon. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Giovannino y Serenella se acercaron a la mesa. Hab\u00eda t\u00e9, leche y bizcocho. No hab\u00eda m\u00e1s que sentarse y servirse. Llenaron dos tazas y cortaron dos rebanadas. Pero estaban mal sentados, en el borde de la silla, mov\u00edan las rodillas. Y no lograban saborear los pasteles y el t\u00e9 con leche. En aquel jard\u00edn todo era as\u00ed: bonito e imposible de disfrutar, con esa incomodidad dentro y ese miedo de que fuera s\u00f3lo una distracci\u00f3n del destino y de que no tardar\u00edan en pedirles cuentas. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Se acercaron a la casa de puntillas. Mirando entre las tablillas de una persiana vieron, dentro, una hermosa habitaci\u00f3n en penumbra, con colecciones de mariposas en las paredes. Y en la habitaci\u00f3n hab\u00eda un chico p\u00e1lido. Deb\u00eda de ser el due\u00f1o de la casa y del jard\u00edn, agraciado de \u00e9l. Estaba tendido en una mecedora y hojeaba un grueso libro ilustrado. Ten\u00eda las manos finas y blancas y un pijama cerrado hasta el cuello, a pesar de que era verano. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">A los dos ni\u00f1os que lo espiaban por entre las tablillas de la persiana se les calmaron poco a poco los latidos del coraz\u00f3n. El chico rico parec\u00eda pasar las p\u00e1ginas y mirar a su alrededor con m\u00e1s ansiedad e incomodidad que ellos. Y era como si anduviese de puntillas, como temiendo que alguien pudiera venir en cualquier momento a expulsarlo, como si sintiera que el libro, la mecedora, las mariposas enmarcadas y el jard\u00edn con juegos y la merienda y la piscina y las alamedas le fueran concedidos por un enorme error y \u00e9l no pudiera gozarlos y s\u00f3lo experimentase la amargura de aquel error como una culpa. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El chico p\u00e1lido daba vueltas por su habitaci\u00f3n en penumbra con paso furtivo, acariciaba con sus blancos dedos los bordes de las cajas de vidrio consteladas de mariposas y se deten\u00eda a escuchar. A Giovannino y Serenella el coraz\u00f3n les lati\u00f3 a\u00fan con m\u00e1s fuerza. Era el miedo de que un sortilegio pesara sobre la casa y el jard\u00edn, sobre todas las cosas bellas y c\u00f3modas, como una antigua injusticia. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El sol se oscureci\u00f3 de nubes. Muy calladitos, Giovannino y Serenella se marcharon. Recorrieron de vuelta los senderos, con paso r\u00e1pido pero sin correr. Y atravesaron gateando el seto. Entre las pitas encontraron un sendero que llevaba a la playa peque\u00f1a y pedregosa, con montones de algas que dibujaban la orilla del mar. Entonces inventaron un juego espl\u00e9ndido: la batalla de algas. Estuvieron arroj\u00e1ndoselas a la cara a pu\u00f1ados, hasta caer la noche. Lo bueno era que Serenella nunca lloraba. <\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\"><span style=\"font-size: x-large;\">La aventura de un matrimonio<br \/>\n<\/span><span style=\"font-size: small;\">[Cuento. Texto completo]<\/span><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000; font-size: large;\">Italo Calvino<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">El obrero Arturo Massolari hac\u00eda el turno de noche, el que termina a las seis. Para volver a su casa ten\u00eda un largo trayecto que recorr\u00eda en bicicleta con buen tiempo, en tranv\u00eda los meses lluviosos e invernales. Llegaba entre las siete menos cuarto y las siete, a veces un poco antes, otras un poco despu\u00e9s de que sonara el despertador de Elide, su mujer.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">A menudo los dos ruidos, el sonido del despertador y los pasos de \u00e9l al entrar, se superpon\u00edan en la mente de Elide, alcanz\u00e1ndola en el fondo del sue\u00f1o, ese sue\u00f1o compacto de la ma\u00f1ana temprano que ella trataba de seguir exprimiendo unos segundos con la cara hundida en la almohada. Despu\u00e9s se levantaba repentinamente de la cama y ya estaba metiendo a ciegas los brazos en la bata, el pelo sobre los ojos. Elide se le aparec\u00eda as\u00ed, en la cocina, donde Arturo sacaba los recipientes vac\u00edos del bolso que llevaba al trabajo: la fiambrera, el termo, y los depositaba en el fregadero. Ya hab\u00eda encendido el calentador y puesto el caf\u00e9. Apenas la miraba, Elide se pasaba una mano por el pelo, se esforzaba por abrir bien los ojos, como si cada vez se avergonzase un poco de esa primera imagen que el marido ten\u00eda de ella al regresar a casa, siempre tan en desorden, con la cara medio dormida. Cuando dos han dormido juntos es otra cosa, por la ma\u00f1ana los dos emergen del mismo sue\u00f1o, los dos son iguales.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">En cambio a veces entraba \u00e9l en la habitaci\u00f3n para despertarla con la taza de caf\u00e9, un minuto antes de que sonara el despertador; entonces todo era m\u00e1s natural, la mueca al salir del sue\u00f1o adquir\u00eda una dulzura indolente, los brazos que se levantaban para estirarse, desnudos, terminaban por ce\u00f1ir el cuello de \u00e9l. Se abrazaban. Arturo llevaba el chaquet\u00f3n impermeable; al sentirlo cerca ella sab\u00eda el tiempo que hac\u00eda: si llov\u00eda, o hab\u00eda niebla o nieve, seg\u00fan lo h\u00famedo y fr\u00edo que estuviera. Pero igual le dec\u00eda: \u201c\u00bfQu\u00e9 tiempo hace?\u201d, y \u00e9l empezaba como de costumbre a refunfu\u00f1ar medio ir\u00f3nico, pasando revista a los inconvenientes que hab\u00eda tenido, empezando por el final: el recorrido en bicicleta, el tiempo que hac\u00eda al salir de la f\u00e1brica, distinto del que hac\u00eda la noche anterior al entrar, y los problemas en el trabajo, los rumores que corr\u00edan en la secci\u00f3n, y as\u00ed sucesivamente.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">A esa hora la casa estaba siempre mal caldeada, pero Elide se hab\u00eda desnudado completamente, temblaba un poco, y se lavaba en el cuartito de ba\u00f1o. Detr\u00e1s llegaba \u00e9l, con m\u00e1s calma, se desvest\u00eda y se lavaba tambi\u00e9n, lentamente, se quitaba de encima el polvo y la grasa del taller. Al estar as\u00ed los dos junto al mismo lavabo, medio desnudos, un poco ateridos, d\u00e1ndose alg\u00fan empell\u00f3n, quit\u00e1ndose de la mano el jab\u00f3n, el dent\u00edfrico, y siguiendo con las cosas que ten\u00edan que decirse, llegaba el momento de la confianza, y a veces, frot\u00e1ndose mutuamente la espalda, se insinuaba una caricia y terminaban abrazados.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pero de pronto Elide:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-\u00a1Dios m\u00edo! \u00bfQu\u00e9 hora es ya? -y corr\u00eda a ponerse el portaligas, la falda, a toda prisa, de pie, y con el cepillo yendo y viniendo por el pelo, y adelantaba la cara hacia el espejo de la c\u00f3moda, con las horquillas apretadas entre los labios. Arturo la segu\u00eda, encend\u00eda un cigarrillo, y la miraba de pie, fumando, y siempre parec\u00eda un poco inc\u00f3modo por verse all\u00ed sin poder hacer nada. Elide estaba lista, se pon\u00eda el abrigo en el pasillo, se daban un beso, abr\u00eda la puerta y ya se la o\u00eda bajar corriendo las escaleras.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Arturo se quedaba solo. Segu\u00eda el ruido de los tacones de Elide pelda\u00f1os abajo, y cuando dejaba de o\u00edrla, la segu\u00eda con el pensamiento, los brincos veloces en el patio, el portal, la acera, hasta la parada del tranv\u00eda. El tranv\u00eda, en cambio, lo escuchaba bien: chirriar, pararse, y el golpe del estribo cada vez que sub\u00eda alguien. \u201cLo ha atrapado\u201d, pensaba, y ve\u00eda a su mujer agarrada entre la multitud de obreros y obreras al \u201conce\u201d, que la llevaba a la f\u00e1brica como todos los d\u00edas. Apagaba la colilla, cerraba los postigos de la ventana, la habitaci\u00f3n quedaba a oscuras, se met\u00eda en la cama.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La cama estaba como la hab\u00eda dejado Elide al levantarse, pero de su lado, el de Arturo, estaba casi intacta, como si acabaran de tenderla. \u00c9l se acostaba de su lado, como corresponde, pero despu\u00e9s estiraba una pierna hacia el otro, donde hab\u00eda quedado el calor de su mujer, estiraba la otra pierna, y as\u00ed poco a poco se desplazaba hacia el lado de Elide, a aquel nicho de tibieza que conservaba todav\u00eda la forma del cuerpo de ella, y hund\u00eda la cara en su almohada, en su perfume, y se dorm\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Cuando volv\u00eda Elide, por la tarde, Arturo cab\u00eda un rato que daba vueltas por las habitaciones: hab\u00eda encendido la estufa, puesto algo a cocinar. Ciertos trabajos los hac\u00eda \u00e9l, en esas horas anteriores a la cena, como hacer la cama, barrer un poco, y hasta poner en remojo la ropa para lavar. Elide encontraba todo mal hecho, pero a decir verdad no por ello \u00e9l se esmeraba m\u00e1s: lo que hac\u00eda era una especie de ritual para esperarla, casi como salirle al encuentro aunque qued\u00e1ndose entre las paredes de la casa, mientras afuera se encend\u00edan las luces y ella pasaba por las tiendas en medio de esa animaci\u00f3n fuera del tiempo de los barrios donde hay tantas mujeres que hacen la compra por la noche.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Por fin o\u00eda los pasos por la escalera, muy distintos de los de la ma\u00f1ana, ahora pesados, porque Elide sub\u00eda cansada de la jornada de trabajo y cargada con la compra. Arturo sal\u00eda al rellano, le tomaba de la mano la cesta, entraban hablando. Elide se dejaba caer en una silla de la cocina, sin quitarse el abrigo, mientras \u00e9l sacaba las cosas de la cesta. Despu\u00e9s:<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">-Arriba, un poco de coraje -dec\u00eda ella, y se levantaba, se quitaba el abrigo, se pon\u00eda ropa de estar por casa. Empezaban a preparar la comida: cena para los dos, despu\u00e9s la merienda que \u00e9l se llevaba a la f\u00e1brica para el intervalo de la una de la madrugada, la colaci\u00f3n que ella se llevar\u00eda a la f\u00e1brica al d\u00eda siguiente, y la que quedar\u00eda lista para cuando \u00e9l se despertara por la tarde.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Elide a ratos se mov\u00eda, a ratos se sentaba en la silla de paja, le daba indicaciones. \u00c9l, en cambio, era la hora en que estaba descansado, no paraba, quer\u00eda hacerlo todo, pero siempre un poco distra\u00eddo, con la cabeza ya en otra parte. En esos momentos a veces estaban a punto de chocar, de decirse unas palabras hirientes, porque Elide hubiera querido que \u00e9l estuviera m\u00e1s atento a lo que ella hac\u00eda, que pusiera m\u00e1s empe\u00f1o, o que fuera m\u00e1s afectuoso, que estuviera m\u00e1s cerca de ella, que le diera m\u00e1s consuelo. En cambio Arturo, despu\u00e9s del primer entusiasmo porque ella hab\u00eda vuelto, ya estaba con la cabeza fuera de casa, pensando en darse prisa porque ten\u00eda que marcharse.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">La mesa puesta, con todo listo y al alcance de la mano para no tener que levantarse, llegaba el momento en que los dos sent\u00edan la zozobra de tener tan poco tiempo para estar juntos, y casi no consegu\u00edan llevarse la cuchara a la boca de las ganas que ten\u00edan de estarse all\u00ed tomados de las manos.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Pero todav\u00eda no hab\u00eda terminado de filtrarse el caf\u00e9 y \u00e9l ya estaba junto a la bicicleta para ver si no faltaba nada. Se abrazaban. Parec\u00eda que s\u00f3lo entonces Arturo se daba cuenta de lo suave y tibia que era su mujer. Pero cargaba al hombro la barra de la bici y bajaba con cuidado la escalera.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"color: #000000;\">Elide lavaba los platos, miraba la casa de arriba abajo, las cosas que hab\u00eda hecho su marido, meneando la cabeza. Ahora \u00e9l corr\u00eda por las calles oscuras, entre los escasos faroles, quiz\u00e1s ya hab\u00eda dejado atr\u00e1s el gas\u00f3metro. Elide se acostaba, apagaba la luz. Desde su lado, acostada, corr\u00eda una pierna hacia el lugar de su marido buscando su calor, pero advert\u00eda cada vez que donde ella dorm\u00eda estaba m\u00e1s caliente, se\u00f1al de que tambi\u00e9n Arturo hab\u00eda dormido all\u00ed, y eso la llenaba de una gran ternura.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"center\"><span style=\"color: #000000;\">FIN<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La leyenda de Carlomagno [Cuento. Texto completo] Italo Calvino El emperador Carlomagno se enamor\u00f3, siendo ya viejo, de una muchacha alemana. Los nobles de la corte estaban muy preocupados porque el soberano, pose\u00eddo de ardor amoroso y olvidado de la dignidad real, descuidaba los asuntos del Imperio. Cuando la muchacha muri\u00f3 repentinamente, los dignatarios respiraron [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":249,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-9848","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-sin-categoria"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9848","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/users\/249"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcomments&post=9848"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9848\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":9849,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=\/wp\/v2\/posts\/9848\/revisions\/9849"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fmedia&parent=9848"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Fcategories&post=9848"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eloficiodehistoriar.com.mx\/index.php?rest_route=%2Fwp%2Fv2%2Ftags&post=9848"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}