Ricardo Flores Magón, era un literato de pura cepa que consagró su talento narrativo y ensayístico

La literatura del periodista: Cuatro estampas

Ricardo Flores Magón

 

El derecho a la rebelión (fragmento)

El derecho de rebelión penetra en las conciencias, el descontento crece, el malestar se hace insoportable, la protesta estalla al fin y se inflama el ambiente. Se respira una atmósfera fuerte por los efluvios de rebeldía que la saturan y el horizonte comienza a aclararse. Desde lo alto de su roca el Buitre Viejo acecha. De las llamadas no suben ya rumores de quejas, ni de suspiros ni de llantos: es rugido el que escucha. Baja la vista y se estremece; no percibe una sola espalda: es que el pueblo se ha puesto de pie. Bendito momento aquel en que un pueblo se yergue. Ya no es el rebaño de lomos tostados por el sol, ya no es la muchedumbre sórdida de resignados y de sumisos, sino la hueste de rebeldes que se lanza a la conquista de la tierra ennoblecida porque al fin la pisan hombres. El derecho de rebelión es sagrado porque su ejercicio es indispensable para romper los obstáculos que se oponen al derecho de vivir. Rebeldía, grita la mariposa al romper el capullo que la aprisiona: rebeldía, grita la yema al desgarrar la recia corteza que le cierra el paso; rebeldía, grita el grano en el surco al agrietar la tierra para recibir los rayos del sol; rebeldía grita el tierno humano al desgarrar las entrañas maternas; rebeldía, grita el pueblo cuando se pone de pie para aplastar a tiranos y explotadores. Y el Buitre Viejo acecha desde lo alto de su roca, fija la sanguinolenta pupila en el gigante que avanza sin darse cuenta aún del porqué de la insurrección. El derecho de rebelión no lo entienden los tiranos.

 

De Regeneración, 10 de septiembre de 1910. Ricardo Flores Magón. Antología. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 1993.

 

EL MENDIGO Y EL LADRÓN
(fragmento)

A lo largo de la avenida risueña van y vienen los transeúntes, hombres y mujeres, perfumados, elegantes, insultantes. Pegado a la pared está el mendigo, la pedigüeña mano adelantada, en los labios temblando la súplica servil. –¡Una limosna, por el amor de dios! De vez en cuando cae una moneda en la mano del pordiosero, que mete presuroso en el bolsillo, prodigando alabanzas y reconocimientos degradantes. El ladrón pasa, y no puede evitar obsequiar al mendigo una mirada de desprecio. El pordiosero se indigna, porque también la indignidad tiene rubores, y refunfuña atufado: –¿No te arde la cara, ¡bribón! de verte frente a frente con un hombre honrado como yo? Yo respeto la ley: yo no cometo el crimen de meter la mano en el bolsillo ajeno. Mis pisadas son firmes, como las de todo buen ciudadano que no tiene la costumbre de caminar de puntillas, en el silencio de la noche, por las habitaciones ajenas. Puedo presentar el rostro en todas partes; no rehuyo la mirada del gendarme; el rico me ve con benevolencia y, al echar una moneda en mi sombrero, me palmea el hombro, diciéndome: “¡buen hombre!” El ladrón se baja el ala del sombrero hasta la nariz, hace un gesto de asco, lanza una mirada escudriñadora en torno suyo, y replica al mendigo: –No esperes que me sonroje yo frente a ti, ¡vil mendigo! ¿Honrado tú? La honradez no vive de rodillas, esperando que se le arroje el hueso que ha de roer. La honradez es altiva por excelencia. Yo no sé si soy honrado o no lo soy; pero te confieso que me falta valor para suplicar al rico que me dé, por el amor de Dios, una migaja de lo que me ha despojado. ¿Que violo la ley? Es cierto; pero la ley es cosa muy distinta de la justicia.

 

Ricardo Flores Magón: Vida y Obra. México: Consejo Editorial H. Cámara de Diputados -LXIV Legislatura, Centro Documental Flores Magón AC “Casa del Ahuizote”, 2021.

 

COSECHANDO (Fragmento)

A la orilla del camino me encuentro un hombre de ojos llorosos y pelo negro alborotado, contemplando unos cardos que yacen a sus pies. “¿Por qué lloras?,” le pregunto, y él me responde: “Lloro porque hice a mi prójimo todo el bien posible, labré mi parcela con todo empeño, como todo hombre que se respete debe hacerlo; pero aquello a quienes hice bien me hicieron sufrir. Y en cuanto a mis parcelas, faltas del agua que me arrebataron los ricos, sólo produjeron esos cardos que ves a mis pies.” Mala cosecha, me digo, la que levantan los buenos, y continúo mi marcha. Un poco más lejos tropiezo con un viejo que viene cayendo y levantando, encorvada la espalda, triste la vaga mirada. “¿Por qué estás triste?,” le pregunto, y me responde: “Estoy triste porque he trabajado desde la edad de siete años. Siempre fui cumplido; pero esta mañana me dijo el amo: Estás demasiado viejo, Juan; ya no hay trabajo que puedas desempeñar, y me dio con las puertas en la cara.” ¡Vaya cosecha de años y más años de honrada labor!, me digo, y sigo caminando. […] A poco andar me encuentro con un grupo de hombres de flojo andar, de mirada taciturna, los brazos caídos, leyéndose en sus rostros desaliento y angustia y aun cólera. “¿Qué motiva vuestro disgusto?,” los interrogo. “Salimos de la fábrica,” dicen, “y después de trabajar diez horas, apenas ganamos para una miserable cena de frijoles.” No son éstos los que cosechan, me digo, sino sus amos, y continúo mi camino. Ya es de noche. Los grillos cantan sus amores en las grietas de la tierra. Mi oído, atento, percibe rumores de fiesta. Me dirijo hacia el rumbo de donde provienen los alegres rumores, y me veo enfrente de un suntuoso palacio. “¿Quién vive aquí?” pregunto a un lacayo. “Es el dueño de las tierras que ves en estos contornos, y dueño, además, del agua con que se riegan las tierras.”

Comprendo que estoy al pie de la residencia del bandido que hizo que en el campo del pobre sólo se produjeran cardos y, mostrando mi puño a la bella estructura del palacio, pienso: “Tu próxima cosecha, ¡burgués bribón!, tendrás que levantarla con tus propias manos, porque, sábelo, los esclavos están despertando…” Y sigo mi marcha, pensando, pensando; soñando, soñando. Pienso en la heroica resolución de esos desheredados que tienen el valor de poner sus manos reivindicadoras en las tierras que, según la ley, pertenecen a los ricos y, según la justicia y la razón, pertenecen a todos los seres humanos. Sueño en la alegría de los hogares humildes después de la expropiación; los hombres y las mujeres, sintiéndose realmente humanos; los niños, jugueteando, riendo, gozando, llenos sus estomaguitos de alimento sano y bastante. La rebeldía nos dará la mejor de las cosechas: Pan, Tierra y Libertad para todos.

 

De Regeneración, 23 de diciembre de 1911. Ricardo Flores Magón: Vida y Obra. México: Consejo Editorial H. Cámara de Diputados -LXIV Legislatura, Centro Documental Flores Magón AC “Casa del Ahuizote”, 2021.

DOS PLUMAS (fragmento)

Detrás de la vidriera de un escaparate, la pluma de oro y la de acero esperaban quién las comprase. La pluma de oro descansaba indolente en un rico estuche que aumentaba sus encantos; la pluma de acero confirmaba su modestia en el fondo de una cajita de cartón. Los transeúntes, pobres y ricos, viejos y jóvenes, pasaban y repasaban por el escaparate, lanzando miradas codiciosas sobre la pluma de oro; ni una mirada para la de acero. El sol quebraba sus rayos sobre la pluma de oro, que brillaba con destellos de ascua en su lecho de felpa; pero era impotente para imprimir siquiera una débil nota de belleza a la oscura pluma proletaria. Viendo con lástima a su hermana pobre, la pluma rica dijo: –¡Pobre sarnosa!, aprende a ser admirada. Acostumbrada la pluma proletaria a las grandes luchas de los verdaderos ideales, creyó oportuno no contestar aquella necedad. Envalentonada por el silencio de la pluma humilde, la pluma burguesa dijo: –¿Qué no darías, ¡mugrosa!, por parecerte a mí, por ser una pluma de oro? –y brilló en su felpa como una estrella en el raso del cielo. La pluma proletaria no pudo reprimir una sonrisa, que despertó la cólera de la pluma burguesa y la hizo prorrumpir en desatino parecidos a estos: –Tu sonrisa es la sonrisa de la impotencia. Me das lástima. ¿Qué darías por firmar, como yo, órdenes bancarias por millones y millones de dólares? Yo ocupo un puesto de honor en los escritorios de caoba y de cedro. El elegante escritor palaciego firma sus artículos conmigo; el ministro autoriza, por medio de mí, documentos de importancia suma para la nación; el presidente calza sus decretos con una firma que sólo yo dejo trazar; la guerra no es declarada sin que una mano augusta me tome entre sus dedos y me haga fijar en el papel su firma soberana; la paz no se pacta con tiñosas plumas de acero: deben ser de oro, y con pluma de oro traza el joven aristócrata sus frases de amor a la dama de gran tono. La paciencia tiene sus límites hasta para una pluma de acero; así que la pluma modesta, desde el fondo de su cajita de cartón, alzó su voz limpia, sincera y, por sincera, hermosa y grande, para decir: –Entre todas las cosas, la pluma es grande porque hace posible que el pensamiento de un gran cerebro se liberte de la cárcel del cráneo para ir a sacudir otros cerebros que dormitan, encerrados en otros cráneos que hace hospitalarios para permitir su entrada, como se debe abrir las puertas y proporcionar alojamiento a todo aquel que trae luz, esperanza, fuerza…Pero tú, ¡pluma vanidosa!, eres la deshonra de nuestra especie; yo quebraría mis puntos antes que prestarme a trazar la firma que debe calzar una orden bancaria por miles de millones de dólares, pues una orden tal es el resultado de un pacto habido entre bandidos. Mi lugar no es el escritorio de caoba; prefiero la mesa de pino, sobre la cual el literato del pueblo traza las frases robustas que anuncian al mundo una era de libertad y de justicia. Soy la pluma de la plebe, y como ella, fuerte y sincera. […] Mi fuerza es inmensa, mi influencia es gigantesca; cuando el escritor proletario me toma entre sus manos, el tirano tiembla, se sobrecoge el clérigo, palidece el burgués; pero la libertad sonríe con una sonrisa de aurora; el oprimido sueña con un mundo mejor, y la mano valiente acaricia nerviosa el arma vengadora y redentora.

 

De Regeneración, 13 de noviembre de 1915. Ricardo Flores Magón: Vida y Obra. México: Consejo Editorial H. Cámara de Diputados -LXIV Legislatura, Centro Documental Flores Magón AC “Casa del Ahuizote”, 2021.

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