En IMSS, antes que especialistas, está en la adecuada operación preventiva del primer nivel de atención

Especialistas y atención primaria
Gustavo Leal F.*
Durante 28 conferencias matutinas (Pulsos de la Salud) Zoé Robledo, director general del IMSS y responsable del oportuno encargo presidencial para federalizar la salud, ha informado sobre las jornadas para el reclutamiento de especialistas. Sin embargo, poco ha tratado sobre los faltantes en el primer nivel de atención médica que repercuten directamente en que, el segundo y el tercero, no vean rebasadas sus fronteras de atención hospitalaria.

Cuando bajo el calderonismo (2007-2012) el Programa IMSS-Bienestar (PIB) asumió los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ONU) y canceló la atención del parto en ese primer nivel, las unidades del segundo se vieron desbordadas por un alud de mujeres que solicitaban atención. Ello se tradujo en un sinnúmero de quejas por maltrato y negativas de atención.

Antes que los especialistas, la clave está en la adecuada operación preventiva del primer nivel de atención, directamente vinculada con el desarrollo de las tareas de Acción Comunitaria de la Atención Primaria a la Salud (APS). Por ello, es relevante contar con información adecuada de ese primer nivel, tan escasa en los informes semanales de Robledo. Y es que, el número exacto de especialistas requeridos deriva del mayor o menor éxito preventivo en el servicio del primer nivel.

No sorprende, entonces, que correspondiera a un médico mexicano egresado de la cubana Escuela Latinoamericana de Medicina comunicar que, frente al imperio de las especialidades, el camino a seguir es diseñar un modelo de APS con trabajo comunitario ( La Jornada, 22/7/22).

El abatimiento de la mortalidad perinatal e infantil es emblemático. En el primer nivel, antes que recurrir a los especialistas, el equipo de salud puede reforzar la prevención que reciben las madres embarazadas con médicos de atención primaria y ginecólogos, mientras se atiende a los bebés con pediatras. Así que una APS reforzada y correctamente planeada no demanda sumar tantas especialidades.

Desde mayo de 2022, Robledo se ocupa de lo que cree identificar que hace falta en el segundo nivel, pero no ofrece retroalimentación para dilucidar lo que ocurre en el primero. Su información se concentra en contrataciones, urgencias, quirófanos, así como operaciones y consultas realizadas.

El 26 de julio pasado aseguró que en Nayarit ya se opera en la totalidad de las unidades y que, en médicos especialistas, se dispone una cobertura de 75 por ciento de personal. Cabe entonces preguntar: ¿de qué sirve tener 100 por ciento de las unidades operando, si el personal que debiera atenderlas no está completo? Robledo también garantiza que el abasto de medicamentos se ubica en 94 por ciento y 100 por ciento en equipos médicos, dando por supuesto que esa numeralia es suficiente en sí misma como para no preguntar y solicitar mayores explicaciones.

Robledo también presume incrementos de 369 por ciento en consultas de especialidad y –aún más difícil de presumir– de 3 mil 500 por ciento en detecciones de hipertensión arterial y diabetes. Parece no percatarse de que la responsabilidad institucional frente a estas detecciones consiste en que, su índice –siempre al alza– ya está anunciado. Y que, por tanto, no basta con la detección. Es indispensable definir institucionalmente el manejo y la prevalencia del tratamiento de la enfermedad. Por lo que muy difícilmente puede publicitárselo como un avance.

Algo similar ocurre con el caso de Tlaxcala, con la diferencia de que en lugar de 75 por ciento de personal especialista, ahí sólo suma 72 por ciento de cobertura real. La pregunta es exactamente la misma que en Nayarit: ¿de qué sirve tener 100 por ciento de las unidades operando si el personal que debiera atenderlas no está completo? Y, para el caso de Colima, Robledo también insiste en una cobertura real de personal especialista de 79 por ciento.

En sus 28 Pulsos de la Salud, Zoe Robledo se sirve de siete indicadores para ostentar el nivel de su cumplimiento en el encargo presidencial. Pero es claro que, ya con el nuevo modelo IMSS-B en Nayarit, Tlaxcala y Colima, a las tres entidades esa baja cobertura en personal de especialistas les imposibilita alcanzar 100 por ciento en unidades. Y más bien, siguiendo su propia numeralia, queda claro que Nayarit se ubica en 91 por ciento, Tlaxcala en 88 y Colima en 94 por ciento. La media entre ellos es de 91 por ciento, alejado de aquél 100 que Robledo divulgó en su Pulso de la Salud del pasado 19 de julio.

De tal suerte que, antes que los especialistas, la clave está en la adecuada operación preventiva del primer nivel de atención, directamente vinculada con el desarrollo de las tareas de Acción Comunitaria de la Atención Primaria a la Salud (APS).

UAM-Xochimilco

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