Pablo Neruda de golpe a golpe

Pablo Neruda de golpe a golpe (1936/1973): las claves del compromiso

Xabier F. Coronado

 

Maldigo la poesía concebida como un lujo

cultural por los neutrales

que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.

Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.

Gabriel Celaya

 

La poesía es una práctica literaria que suscita multitud de debates y estudios. En torno a ella se concentran tantas y tan variadas incógnitas que no pueden ser contestadas de forma unánime y coherente. El lenguaje poético nos llega como algo que sentimos conocido y secreto, enrevesado y simple. Su esencia posee un vínculo tan estrecho con nuestra naturaleza emocional que, en ocasiones, nos hace vibrar interiormente. Además, hay momentos que sentimos la necesidad de escribir un poema para transmitir nuestras inquietudes más personales.

La poesía maneja el discurso literario con una disposición rítmica peculiar que pone en relación sentimientos, sonidos e imágenes. La poética es la disciplina que se ocupa de su naturaleza y principios, de las reglas y temas que aborda. En un poema, la organización métrica y disposición rítmica de los versos desarrollan su configuración. También existe un lenguaje poético de verso libre, donde el componente rítmico importa más que la métrica. Esencialmente, hacer poesía es una experiencia sensitiva, emocional y reveladora.

Un aspecto controvertido en torno a la poesía es su temática. Existe un debate recurrente sobre si la poesía lírica, barnizada de inspiración sensitiva, es más pura que la que se tiñe de arrebolada denuncia social. Se trata de un litigio frecuente entre críticos y escritores que se produce al hablar de los poetas que integraron un movimiento literario, de inspiración social y política, surgido a partir del primer tercio del pasado siglo. Uno de esos poetas es el chileno Pablo Neruda, de quien este mes de septiembre se cumplen cincuenta años de haber fallecido.

España en el corazón

Casi todo lo que he hecho en mi poesía y en mi vida tiene la gravitación de mi tiempo en España.

Pablo Neruda (Ricardo Eliecer Neftalí Reyes Basoalto) nació en 1904 en Parral, Chile. A los veintitrés años se trasladó a Asia e Indonesia para ejercer como diplomático. Esos viajes le darían la experiencia vital que nutre sus primeros poemas: “Cuando salí a los mares fui infinito./ Era más joven yo que el mundo entero./ Y en la costa salía a recibirme/ el extenso sabor del universo.”

Neruda fue un escritor que suscitó filias y fobias por sus labor poética que es considerada militante y proselitista. Lo evidente, al repasar su vida, es que el poeta vivió de primera mano los sucesos históricos más importantes de su tiempo: la guerra española, la segunda guerra mundial, la guerra fría, las revoluciones americanas y, al final de su vida, la vía chilena al socialismo.

La existencia de Pablo Neruda quedó enmarcada por dos sucesos similares y traumáticos: los golpes de Estado protagonizados por militares en contra de la república en España (1936) y del gobierno constitucional de Salvador Allende en Chile (1973).

La Segunda República y la Guerra Civil en España influyeron de manera definitiva la vida y la obra de Pablo Neruda. El poeta se encontraba en el país ibérico desde 1934, primero como cónsul en Barcelona y después en Madrid, donde permaneció hasta el estallido del conflicto.

El diplomático chileno mostró su solidaridad con el gobierno republicano y realizó una intensa labor de crítica y de oposición al fascismo golpista. En un artículo, “Tempestad en España”, publicado por la revista Nuestra España (París, 9/III/1937), afirma que hasta ese momento no se consideraba un hombre político ni había tomado parte en una contienda; también explica los motivos de su apoyo a la causa republicana: “Al situarme en la guerra civil al lado del pueblo español, lo he hecho en la conciencia de que el porvenir del espíritu y de la cultura de nuestra raza dependen directamente del resultado de esta lucha.”

A raíz del conflicto, Neruda comenzó a escribir los poemas que integrarán el volumen España en el corazón (1937), en cuyos versos encontramos, además de la denuncia de las atrocidades que generó la guerra, las claves de su compromiso y su cambio de relación con la poesía al descubrir el potencial que tiene como herramienta de transmisión de inquietudes sociales. La influencia de la contienda en su trayectoria nos es revelada a través del poema “Explico algunas cosas”: “Preguntaréis: ¿Y dónde están las lilas?/ ¿Y la metafísica cubierta de amapolas?/ Y la lluvia que a menudo golpeaba/ sus palabras llenándolas/ de agujeros y pájaros?/ Os voy a contar todo lo que me pasa.”

En esta encrucijada, sus versos eligen un camino más directo y se llenan de palabras cargadas de contenido político. El poeta lo explica en sus memorias póstumas, Confieso que he vivido: “El contacto de España me había fortificado y madurado. Las horas amargas de mi poesía debían terminar. El subjetivismo melancólico de mis 20 poemas de amor o el patetismo doloroso de Residencia en la tierra tocaban a su fin […] Ya había caminado bastante por el terreno de lo irracional y de lo negativo. Debía detenerme y buscar el camino del humanismo.”

En adelante, su labor poética adquiere un compromiso que lo lleva a mirar más hacia afuera, a la realidad social y política, sin detrimento de su condición de artista. Ese cambio radical y definitivo de su poesía queda materializado en el libro España en el corazón, que se convierte en la piedra de toque de su trayectoria poética. Su literatura se torna más explícita, cargada de una fuerza que insta a la acción con certidumbre: un lienzo surcado por palabras que dibujan las circunstancias determinantes de la vida. El poeta se comunica sin ambages con las personas que se encuentran afectadas por ellas, con quienes las soportan y las sufren. Atrás queda el lirismo que busca la refinada estética, por delante se abre la poesía como arte que canta la realidad cotidiana de los pueblos, donde muchas veces se mezclan desigualdad, opresión e injusticia.

Pablo Neruda elije un camino literario donde no está solo, se encuentra con poetas afines que sienten la misma necesidad de escribir versos inspirados en musas más terrenas. Entre ellos, Rafael Alberti, Manuel Altolaguirre, Miguel Hernández, Federico García Lorca, César Vallejo y Raúl González Tuñón, por citar algunos.

“Canto a las madres de los milicianos muertos”, uno de los poemas de España en el corazón, se publicó sin firma en El Mono Azul, periódico dirigido por Alberti y editado por la Alianza de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, que circulaba entre las milicias republicanas. Cabe reseñar que Manuel Altolaguirre se encargó, en 1938, de publicar una edición de España en el corazón, donde se incluye la siguiente “Noticia”: “El gran poeta Pablo Neruda (la voz más profunda de América desde Rubén Darío, como dijo García Lorca), convivió con nosotros los primeros meses de esta guerra. Luego en el mar, como desde un destierro, escribió los poemas de este libro. El Comisariado del Ejército del Este lo reimprime en España. Son Soldados de la República quienes fabricaron el papel, compusieron el texto y movieron las máquinas. Reciba el poeta amigo esta noticia como una dedicatoria.” En el colofón del libro se especifica: “Se han impreso 500 ejemplares numerados del 1 al 500, bajo la dirección de Manuel Altolaguirre, terminándose su impresión el día 7 de noviembre de 1938, segundo aniversario de la defensa de Madrid.”

Años después tanto el editor como el autor rememoraron aquella inolvidable publicación. En una carta al periodista cubano José Antonio Fernández de Castro, Altolaguirre explicaba los avatares que envolvieron la edición: “El libro de Pablo lo imprimí en el Monasterio de Montserrat, donde los frailes tenían uno de los mejores talleres de Cataluña […] Nos enteramos de que cerca del frente, en Orpí, había una fábrica de papel abandonada y decidimos ponerla a funcionar […] El día que se fabricó el papel del libro de Pablo fueron soldados los que trabajaron en el molino. No sólo se utilizaron las materias primas (algodón y trapos) que facilitó el Comisariado, sino que los soldados echaron en la pasta ropas y vendajes, una bandera enemiga y la camisa de un prisionero moro.” Por su parte, Neruda escribe en sus memorias: “Creo que pocos libros, en la historia extraña de tantos libros, hayan tenido tan curiosa gestación y destino.”

En efecto, durante el conflicto bélico la vetusta imprenta de la abadía de Montserrat, fundada en 1499, se convirtió en editorial del ejército republicano a cargo del poeta malagueño Manuel Altolaguirre, que tenía formación como editor. Allí se imprimieron, además de España en el corazón, de Neruda, Cancionero menor para los combatientes, de Emilio Prados, y España aparta de mí este cáliz, de César Vallejo. La edición española de este poemario de Neruda no fue la primera, se había publicado antes en Chile, en noviembre de 1937 (Ed. Ercilla) y en julio del año siguiente se hizo una edición en Francia con prólogo del poeta Louis Aragon.

Al regresar a su país, Pablo Neruda fue nombrado cónsul especial para los refugiados españoles en Francia y, al igual que otros escritores e intelectuales americanos que apoyaban a la república, como Federico Gamboa en el caso mexicano, sumó esfuerzos para conseguir sacar a los republicanos de los campos de concentración franceses y enviarlos a América en barcos fletados desde Europa. Así se forjó la historia del buque Winnipeg en el cual centenares de exiliados llegaron a Chile en septiembre de 1939; el poeta chileno recuerda el hecho en Confieso que he vivido como “la más noble misión que he ejercido en mi vida”.

Poesía militante

¿Puede la poesía servir a nuestros semejantes? ¿Puede acompañar las luchas de los hombres?

Pablo Neruda

La respuesta a las dos preguntas que Neruda se hacía en la cita previa resultó afirmativa. Los acontecimientos vividos durante la Guerra Civil española sacaron al poeta del ensimismamiento de sus versos. Su mirada se proyectó hacia la realidad circundante y el impacto le hizo cambiar el sujeto de sus preocupaciones. El momento histórico impelía a tomar partido, a “acompañar las luchas de los hombres” y sus poemas comenzaron a reflejar el contexto político y social de la época.

Pablo Neruda, el exitoso poeta romántico de Veinte poemas de amor y una canción desesperada (1924), que luego se había tornado existencialista en Residencia en tierra (1933), se convirtió en un poeta comprometido. A partir de entonces, su poesía se inspira en una visión del mundo desde la perspectiva socialista. Además, en su obra aparece una inquietud creciente, el papel de la literatura en la historia y la posición del poeta en la sociedad.

En 1945, Neruda ingresa al Partido Comunista de Chile y se convierte en un personaje político. Su obra también se hace militante, acorde con su ideología. La creatividad se vincula a ideas y experiencias con un objetivo primordial: intentar cambiar la realidad política social que le rodea. Producto de estas inquietudes son sus siguientes publicaciones: Las furias y las penas (1947), Dulce patria (1949), Canto General (1950) y Las uvas y el viento (1954), que asumen la condición militante del poeta.

A partir de 1956, la poesía de Neruda entra en una etapa más autobiográfica y analítica, sin abandonar el compromiso militante. Con claridad creativa logra plasmar sus experiencias personales e intelectuales, siempre con el debate de fondo sobre qué papel deben adoptar los escritores ante los acontecimientos históricos que les toca vivir.

A raíz del triunfo de la Revolución Cubana, Neruda escribe Canción de gesta (1960), una oda a los guerrilleros que recuperaron en la isla el poder para el pueblo. Años después, este libro sería modificado por su autor a raíz de un episodio en el que se vio envuelto sin querer. Neruda recibió el rechazo de un grupo de escritores cubanos por su participación en el congreso del PEN Club Internacional, celebrado en Nueva York en 1966. Granma, medio oficial del Partido Comunista de Cuba, publicó una “carta abierta” dirigida al “compañero Pablo”, que reprochaba su “complacencia ante el enemigo”. La misiva estaba firmada, entre otros, por dos de sus mejores amigos cubanos: Nicolás Guillén y Alejo Carpentier.

Como consecuencia de la disputa Neruda quitó Canción de gesta de sus Obras completas publicadas por la editorial Losada. En 1968, en una edición del libro aparecida en Montevideo, el poeta incluye un prólogo como respuesta a la carta de los escritores cubanos. También anuncia su intención de añadir a Canción de gesta un nuevo poema, titulado “Juicio final”, que se publicó en su versión definitiva (1977): “Este libro, primero entre los libros/ que propagaron la intención cubana,/ esta Canción de gesta que no tuvo/ otro destino sino la esperanza/ fue agredido por tristes escritores/ que en Cuba nunca liberaron nada/ sino sus presupuestos defendidos/ por la chaqueta revolucionaria.”

En 1971, cuando Pablo Neruda era cónsul de Chile en París, le llegaría al poeta el reconocimiento definitivo al ser galardonado por la academia sueca con el Premio Nobel de Literatura. Dos años más tarde, días después del golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende, el escritor tuvo que ser trasladado a Santiago a causa de la grave enfermedad que padecía. Poco después de ser internado en una clínica falleció en circunstancias aún no esclarecidas del todo. En un principio se habló de envenenamiento, pero los responsables del golpe atribuyeron la causa del deceso a su enfermedad y declararon luto nacional por la desaparición del poeta. A su entierro asistieron miles de chilenos que, desafiando las prohibiciones, se reunieron para despedir a uno de sus compatriotas más queridos y admirados.

En la actualidad, la controversia sobre su fallecimiento continúa y, a petición de la familia, fue exhumado el cadáver del poeta. En febrero de este año, cuando se cumplen cinco décadas de su fallecimiento, un informe forense determinó que Pablo Neruda murió envenenado.

Para concluir este artículo de homenaje se transcriben dos párrafos del testimonio que Neruda escribió sobre el golpe de Estado que acababa de producirse en su país, pocos días antes de su muerte:

Aquí en Chile se estaba construyendo, entre inmensas dificultades, una sociedad verdaderamente justa, elevada sobre la base de nuestra soberanía, de nuestro orgullo nacional, del heroísmo de los mejores habitantes de Chile. De nuestro lado, del lado de la revolución chilena, estaban la Constitución y la ley, la democracia y la esperanza. Del otro lado no faltaba nada. Tenían arlequines y polichinelas, payasos a granel, terroristas de pistola y cadena, monjes falsos y militares degradados.

Escribo estas rápidas líneas para mis memorias a sólo tres días de los hechos incalificables que llevaron a la muerte de mi gran compañero el presidente Allende. Su asesinato se mantuvo en silencio; fue enterrado secretamente; sólo a su viuda le fue permitido acompañar aquel inmortal cadáver.

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