Jon Fosse y sus obras de teatro innovadoras y su prosa que dan voz a lo indecible

Premio Nobel de Literatura 2023: Jon Fosse una meditación sobre el ser

Alejandro García Abreu

 

Autor prolífico y merecidamente galardonado, Fosse ha escrito más de cincuenta y cinco libros, entre teatro, novela, poesía y ensayo. Es Caballero de la Orden Nacional del Mérito de Francia. La editorial De Conatus se ha dedicado a traducir su obra al español. “Lo especial es que toca los sentimientos más profundos que uno tiene”, dijo Anders Olsson, presidente del Comité Nobel de Literatura.

Alguien va a venir –obra “que se centra en la historia de un hombre y una mujer que han buscado la soledad en una casa remota junto al mar”– lo consagró como uno de los más importantes dramaturgos de la actualidad. Y Septología –novela de más de mil páginas– se convirtió en un éxito ante el público y la crítica. Resulta un emocionante y conmovedor libro “sobre el sentido de la existencia escrito con una voz hipnótica y única. Un libro que pasará a la historia por dar un paso más en la representación de la conciencia”.

La literatura puede salvar la vida

Jon Fosse (Haugesund, Noruega, 1959) –galardonado con el Premio Nobel de Literatura 2023 “por sus obras de teatro innovadoras y su prosa que dan voz a lo indecible”, según los miembros de la Academia Sueca– recibió un correo electrónico muy conmovedor. Fue enviado por una mujer griega que le dijo que su obra Variaciones sobre la muerte era la razón por la que ella todavía estaba viva. Sin la existencia de la pieza se habría suicidado. Es una obra sobre la muerte voluntaria y ella, por supuesto, debió haber estado muy cerca de quitarse la vida. Para Fosse fue muy significativo leer la misiva, confesó el premiado a Manisha Lalloo, perteneciente a la organización del Premio Nobel.

Cuestionado sobre la expresión de sus sentimientos, Fosse aseveró a Lalloo que trata de alejarse de sí mismo a través de la escritura. Para el escritor noruego la literatura es un escape del yo, como beber alcohol u otras actividades. Al escribir, dijo, siente que entra en un nuevo universo, en otro lugar. Se olvida del tiempo, se compenetra completamente con sus textos.

La trayectoria inagotable

Comparado con Henrik Ibsen y Samuel Beckett, es lector de Federico García Lorca. Adaptó Bodas de sangre La casa de Bernarda Alba usando diccionarios en distintos idiomas, ya que no habla español. El creador fue reconocido por su vasta obra, que incluye novelas, poemas y obras teatrales, representadas en todo el mundo. La editorial De Conatus se ha dedicado a traducir su obra al español. Los lectores de nuestra lengua pueden acceder a Alguien va a venir, Melancolía –publicados antes de que su sello insignia tomara el timón–, Trilogía –un libro definido por los editores de De Conatus con el alcance de “una profundidad desconocida. Con un lenguaje sencillo
y un narrador único, Fosse nos cuenta la historia de una pareja de adolescentes que va a tener un hijo y que intenta sobrevivir sin nada en un mundo hostil”–, El otro nombre. Septología I –comienzo de Septología, la novela más ambiciosa de Fosse, donde la literatura equivale a la meditación sobre el ser–, El otro nombre. Septología II, que también inicia con las cavilaciones de Asle, el protagonista dedicado al arte; Yo es otro. Septología III-V, tercer volumen de la saga: “Escrita en la melódica y lenta prosa típica de Jon Fosse”, es una distinguida novela metafísica sobre el inexorable paso del tiempo, según sus editores en español. Concluyó Septología con Un nuevo nombre. Septología VI-VII, final en el que sus protagonistas –Asle y Ales– reflejan la intimidad, reviven el amor, recuerdan cómo se unieron y ahondan en la manera en que todo concluyó. Es una de las creaciones literarias escandinavas más importantes. Y Mañana y tarde, su libro más reciente publicado en nuestra lengua, versa sobre “el hermoso sueño de nuestras vidas” a través de un aliento poético.

El origen musical

Fosse le confesó a la periodista Andrea Aguilar: “Al principio de mi adolescencia tocaba la guitarra y el violín, y escribía letras de canciones. Me encantaba escribir porque sentía que entraba en otro lugar, en un refugio donde estar solo y sentirme seguro. Pronto comprendí que no valía para la música. Escribí una primera novela épica muy mala, y a los veinte años la segunda. En ésta, por motivos que desconozco, ya había desarrollado mi propio lenguaje. Se llamaba Rojo, negro, como la de Stendhal, aunque no la había leído. Se publicó y de repente era escritor. En Noruega mantienen una política muy activa de apoyo a la literatura desde las instituciones, con becas y ayudas directas a los creadores. Noruega es aún un país joven. Fue declarado independiente de Suecia en 1905 y los escritores de alguna manera se convirtieron en el rostro de la nación recién nacida. Ibsen, por ejemplo, tenía una ayuda o beca permanente y alcanzó fama mundial en ese momento. Noruega es inseparable de su literatura. El Estado lo tiene tan claro… Pero nuestro mercado es pequeño, somos poca población y sobrevivir como escritor sin las becas y sin ningún tipo de ayuda pública sería muy complicado. No tenemos ningún filósofo famoso y no hay tampoco grandes científicos, se nos conoce por los artistas básicamente y por la literatura. […] Para mí escribir es escuchar, es un acto más musical que intelectual. En un texto la forma debe ser extremadamente exacta, cada coma, cada cambio está medido para que al leer puedas sentir las olas, un latido, y el cambio de ritmo según avanza la trama. Esta unidad entre forma y contenido es necesaria. Con la escritura ocurre igual que con un ser humano: no se puede separar el alma del cuerpo, un cadáver no es una persona. […] Al escribir teatro descubrí que podía usar el silencio, las pausas, lo que está entre las palabras. A veces pienso que, como una melodía, lo que escribo se puede cantar en muchos idiomas. [El secreto] es la musicalidad, la forma de hacer metáforas, las historias que se cuentan. Pero al final lo que importa es la suma de todo, y eso es algo distinto.”

Lo más importante es el ritmo

Alex Marshall y Alexandra Alter escribieron en The New York Times que Fosse obtuvo la fama como dramaturgo. A fines de la década de 1990 fue reconocido internacionalmente cuando se adaptó en París su primera obra, Alguien va a venir, “que se centra en la historia de un hombre y una mujer que han buscado la soledad en una casa remota junto al mar”. Y Jacques Testard, fundador de Fitzcarraldo Editions, la editorial británica de Fosse, afirma que su literatura aborda temas como el amor, el arte, la muerte, el duelo y la amistad, mientras que “el paisaje de los fiordos occidentales cerca de Bergen, donde creció” era una especie de personaje. Los periodistas del diario neoyorquino aseveran que durante quince años Fosse se centró en el teatro y viajó a muchos sitios para asistir a producciones internacionales de sus piezas. Con el paso del tiempo decidió retomar la ficción, por lo que dejó de viajar, dejó de beber alcohol y abandonó el ateísmo. Describió la escritura como “una forma de comunión mística”. Marshall y Alter sostienen que Septología se despliega como una sola oración que constituye el flujo de conciencia.

Fosse comentó a Remo Verdickt y Emiel Roothooft –periodistas de Los Angeles Review of Books– que las siete partes de Septología forman una sola frase porque todo lo que escribe tiene que ser un universo en sí mismo, regido por sus propias leyes. Al escribir un universo así, el autor tiene que estar completamente en él. “Quizá lo más importante sea su ritmo.”

Alcohol y literatura

Durante la conversación que sostuvo con Aguilar, Fosse confesó: “Mi vida cambió totalmente: dejé de hacer lecturas, dejé de ir a ver las adaptaciones de mis obras y dejé de beber. Bebía mucho y tuve que dejarlo. Hay una relación [entre el alcohol y la escritura], de eso no cabe duda,
que se remonta a tiempo atrás. En la antigua Atenas se hablaba de los poetas borrachos. Ese espacio seguro que encontré en la escritura a los doce años nunca ha cambiado, siempre escribo desde ahí. He tenido críticas malas y muchas crisis, pero nunca ha afectado a ese espacio. Nunca pude escribir cuando bebía, porque me volvía sentimental, perdía la precisión, la agudeza, el foco, la claridad; incluso con una pequeña cantidad de alcohol mi escritura se volvía pésima. No escribo todos los días, pero cuando lo hacía, la combinación durante muchos años era escribir de día y beber de noche. Cuando empecé a hacerlo por las mañanas tuve que parar. Y lo logré.”

La concepción de la belleza

Verdickt y Roothooft le preguntan a Fosse sobre “la posibilidad de que exista demasiada belleza en la literatura.” El escritor reflexiona que es posible escribir un poema perfecto en todos y cada uno de los sentidos, y cuando es leído resulta hermoso, pero queda la sensación de que la escritura es simplemente inteligente, sin alma. Piensa que un rostro bello tiene algo de malo. Las caras simétricas de los anuncios le parecen feas. Para Fosse la belleza se encuentra en lo que está mal, incluso en la literatura y el arte l

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