Cesare Pavese a un siglo

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El amigo que duerme¿Qué le diremos esta noche al amigo que
   duerme?

La palabra más tenue nos sube a los labios

desde la pena más atroz. Miraremos al amigo,

sus inútiles labios que no dicen nada,

quedamente hablaremos.

                                        La noche tendrá el rostro

del antiguo dolor que cada tarde resurge,

impasible y vivo. El silencio remoto

sufrirá como un alma, mudo, en la oscuridad.

Le hablaremos a la noche, que levemente

   respira.

Oiremos los instantes goteando en lo oscuro,

más allá de las cosas, en la ansiedad del alba

que vendrá de improviso esculpiendo las cosas

contra el silencio muerto. La luz inútil

develará la faz absorta del día. Los instantes

callarán. Y hablarán quedamente las cosas.

1937

Un siglo de Cesare Pavese 

Rodolfo Alonso  

Piamontés universal, Cesare Pavese es sin duda uno de los más significativos escritores italianos del siglo XX. Nacido el 9 de setiembre de 1908 en el medio campesino de Santo Stefano Belbo, en las Langhe, hijo de un secretario de juzgado en Turín, iba a concluir poniendo fin a su vida   

 

Vendrá la muerte y tendrá tus ojosVendrá la muerte y tendrá tus ojos

—esta muerte que nos acompaña

de la mañana a la noche, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento

o.un vicio absurdo. Tus ojos

serán una palabra hueca,

un grito ahogado, un silencio.

Así los ves cada mañana

cuando a solas te inclinas

 hacia el espejo. Oh querida esperanza,

ese día también sabremos

que eres la vida y la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Será como dejar un vicio,

como mirar en el espejo

asomarse un rostro muerto,

como escuchar un labio cerrado.

Nos hundiremos en el remolino, mudos.

1950

 

“Palabras no. Un gesto.No escribiré más”. 

Son las últimas líneas de su indeleble diario, El oficio de vivir, en un cuarto de hotel en Turín, el 27 de agosto de 1950.  

Esa vida –y esa obra– se irían cubriendo de significados a la vez hondos y nítidos, donde conviven voces ancestrales y moderna lucidez, cuya riqueza, perfección formal, perdurabilidad y resonancia permiten considerarlo un auténtico clásico.  

Dueño de una apasionada inteligencia, una bella sensibilidad y una indomable voluntad de raciocinio, en pocos como en él se reunieron en su época, a la vez como evidencia estética y como testimonio intelectual, por un lado la entereza de un humanismo capaz de pensar y de intentar un mundo para todos “en medio de la sangre y el fragor de los días que vivimos va articulándose una concepción distinta del hombre.  

Técnicamente especializado, pero radicado en una sociedad cuyo ideal no puede dejar de ser el siempre mayor conocimiento de cada uno –lo que significa la máxima eficiencia del trabajo individual, pero consciente del trabajo de todos–, el hombre nuevo será puesto en condiciones de vivir la propia cultura… y de reproducirla para los otros, no en abstracto, sino en un intercambio cotidiano y fecundo de vida”.  

Junto a ello, la devoción por una belleza que no se niega a ninguna verdad, por aparentemente oscura que llegara a parecer “La fuente de la poesía es siempre un misterio, una inspiración, una conmovida perplejidad ante lo irracional, tierra desconocida.”  

En esa tensión, de la que su obra –tan tersa y límpida como cargada de profundos y primigenios contenidos, amplia de géneros pero siempre coherente en forma y sentido– no supo dejar afuera su propia vida, alcanza una tensión y una calidad especialmente tocantes.  

Y sin embargo, ese humanismo ejemplar convive con la aguda conciencia del tiempo y de la muerte, ese humanismo (como debe ser) no se niega a ningún dato de la realidad humana, y aunque el suicidio parece constituir el broche de la angustia, hay una tozuda, lúcida y fecunda voluntad de vida, de belleza y de trabajo que emerge limpiamente de sus palabras.

La arqueología en la Sierra Gorda

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La Arqueología en La Sierra Gorda  

Margarita Velasco  

La arqueología de la Sierra Gorda comienza poco antes de la segunda mitad del siglo XIX, cuando cuatro ingenieros de minas reportan los vestigios arqueológicos que encuentran en sus recorridos por la sierra: el ingeniero John Phillips, de la compañía Real del Monte, en 1848; Bartolomé Ballesteros, de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, en 1872; Mariano Bárcena, de la Escuela de Ingenieros, en 1873; y José María Reyes, también de la Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, en 1880.  

Este último organizó un expedición con apoyo del gobierno estatal, en la que participó el ingeniero Primer Pawell, a quien se debe el levantamiento de los primeros planos de las zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla.  

En su reporte, el ingeniero Reyes incluyó las primeras fotografías de los monumentos de esos sitios. Los hallazgos de la Sierra Gorda despertaron interés entre la comunidad científica de la época, pero fue hasta el siglo XX, en 1931, cuando el arqueólogo Eduardo Noguera y el arquitecto Emilio Cuevas realizaron un recorrido por parte de l Dirección de Monumentos Prehispánicos, de la Secretaría de Agricultura y Fomento, con el objetivo de evaluar el estado de conservación de ambas zonas.  

En 1939, el Instituto Panamericano de Geografía e Historia publicó el Atlas de Arqueología de la República Mexicana; de los 27 sitios reportados para el estado de Querétaro, 23 se localizan en la Sierra Gorda.  

Al inicio de los setenta, la Secretaría del Patrimonio Nacional publicó el trabajo interdisciplinario Minería prehispánica en la Sierra de Querétaro, coordinado por el ingeniero Adolphus Langenscheidt, el cual marcó un hito en el estudio de la minería prehispánica.  

También en la década de los setenta comenzó el Proyecto Arqueológico-Minero de la Sierra Gorda, coordinado por quien esto escribe; con apoyo del inah y del gobierno del estado de Querétaro se llevaron a cabo exploraciones estratigráficas, y con apoyo de la unam, los nuevos levantamientos de las zonas arqueológicas de Ranas y Toluquilla.  

Posteriormente, en la década de los ochenta, se realizaron trabajos de consolidación en ambas zonas, los que permitieron conocer las características arquitectónicas y parte del patrón de asentamiento serrano.  

A partir de la década de los ochenta dieron comienzo otros proyectos arqueológicos, con enfoques distintos, sobre el desarrollo cultural de la Sierra Gorda. Como parte del proyecto “Atlas Arqueológico” del inah, se hizo el recuento de zonas arqueológicas del país; en el norte de Querétaro se registraron más de 500 sitios.  

Con el Proyecto Arqueológico de los Valles de la Sierra Gorda, el arqueólogo César Quijada dio inicio al estudio del patrón de asentamiento en el corredor intermontano entre Río Verde, San Luis Potosí, y Jalpán, Querétaro.  

La arqueóloga Teresa Muñoz estudia la cerámica prehispánica, el patrón de asentamiento y la arquitectura en la parte norte del estado de Querétaro, además de sus vínculos con las regiones de Río Verde y la Huasteca. El arqueólogo Jorge Quiroz retomó la investigación en el área de los valles de la Sierra Gorda; con un enfoque interdisciplinario, se ocupa de la región desde los cazadores-recolectores del Pleistoceno hasta la época colonial.  

Por su parte, los arqueólogos Elizabeth Mejía y Alberto Herrera, del Centro INAH Querétaro, han realizado investigaciones a lo largo de la Sierra Gorda y enfocado su interés en los últimos años en las zonas arqueológicas de Toluquilla y Ranas, respectivamente. Carlos Viramontes estudia a los recolectores-cazadores del semidesierto de Querétaro, subárea cultural estrechamente vinculada con la Sierra Gorda.

La Cultura serrana en Querétaro

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La cultura serrana

Margarita Velasco  

El poblamiento de la Sierra Gorda se produjo hacia finales del Preclásico por agricultores mesoamericanos procedentes de la Costa del Golfo y del Altiplano, aunque, al parecer, la mayor parte provenía de las tierras bajas de la planicie costera, como resultado de un movimiento poblacional que emigró de la planicie costera y se replegó hacia las laderas y montañas de la Sierra Madre Oriental, desde el sur de Tamaulipas hasta el norte de Hidalgo.  

Esos agricultores colonizaron la sierra, se adaptaron a las condiciones ambientales y aprovecharon los recursos de la región.

La topografía montañosa obligó a los agricultores a cultivar los valles intermontanos, los planes y las laderas de los cerros, y desmontaron el bosque para aprovechar la tierra.  

El relieve montañoso también los obligó a buscar fuentes de agua para asegurar el abasto de la población. Los ríos corren por cañadas profundas y estrechas, que dificultan su aprovechamiento, no así los manantiales y los pequeños cuerpos de agua y lagunetas, que fueron las fuentes más aprovechadas para el consumo diario. 

Entre los siglos VI al X d.C. se produjo el apogeo de la Sierra Gorda. Para esta época, la población serrana se había incrementado y el gran número de asentamientos a lo largo de la sierra dan cuenta de un desarrollo exitoso, sustentado en una economía basada en la agricultura y la minería.  

Es el momento en el que surgen ciudades como Ranas y Toluquilla.

Un desarrollo agrícola eficiente permitió cubrir las necesidades de la población, que contaba para esa época con un complejo sistema de terrazas de cultivo sobre las laderas y en los pliegues de las montañas, construidas por medio de muros de lajas y lodo, conocidos como “pretiles”, usados hoy día por los campesinos, ya que controlan la erosión y retienen la humedad del suelo. 

Otro factor importante de la economía serrana fue la minería.  

Ésta llegó a la Sierra Gorda durante el Preclásico Superior, introducida por mineros conocedores del oficio, que desarrollaron y perfeccionaron la técnica de explotación de los yacimientos, de acuerdo con las características geológicas de la región, donde el cinabrio (sulfuro de mercurio), entre otros minerales, desempeñó un papel importante.  

Debe destacarse que la minería, es decir, la actividad de detectar, excavar y extraer los minerales, incluía una compleja cadena de tareas debidamente organizadas por el grupo en el poder, que, en una sociedad jerarquizada, era el que programaba las distintas etapas de trabajo: designaba el sitio de explotación, asignaba tareas, abastecía suministros y, lo más importante, recolectaba el producto de la jornada para tasarlo, empacarlo y almacenarlo para su traslado de la mina a los almacenes, para, posteriormente, disponer del valioso producto en el intercambio de bienes suntuarios mediante las complejas redes de comercio local o a larga distancia. La Sierra Gorda debió cubrir buena parte de la demanda de pigmento rojo de cinabrio en el mercado mesoamericano. 

El patrón de asentamiento en la Sierra Gorda estuvo determinado por la topografía; los asentamientos se encuentran en la parte alta de los cerros, en las laderas o en puntos estratégicos como puertos, planes, cañadas o divisaderos, que permitían el control de la región.  

Es claro que también hubo una jerarquía en los asentamientos, de acuerdo con su función. Así, había desde los grandes centros de poder como Ranas y Toluquilla, con una estructura urbana bien planificada, hasta pequeñas unidades de población asociadas a las labores agrícolas, los campamentos mineros, la vigilancia (atalayas) y las garitas.

  

Arquitectura  

La arquitectura adquirió entonces características distintivas que se pueden observar en los centros urbanos mayores, donde la disposición de los basamentos piramidales y las estructuras de juego de pelota marcaban la pauta del desarrollo constructivo, y alrededor de las cuales se abrían las plazas y se disponían los edificios administrativos y habitacionales.  

Las estructuras de planta rectangular y circular se combinaban en el entramado urbano y se manejaban el talud rematado por la cornisa volada, las escaleras semicirculares y los afloramientos de la roca madre del cerro, que se integraban al paisaje urbano; todos éstos son elementos distintivos de la arquitectura regional.  

Los serranos edificaron sus estructuras bajo ciertos patrones constructivos: nivelado el terreno, se apilaban piedras y tierra para formar el núcleo del edificio y éste se revestía con un muro de lajas trabajadas burdamente, para finalmente colocar una cubierta de lajas calizas bien careadas, unidas con mortero de arcilla.  

Las piedras eran colocadas cuidadosamente y no hay evidencia de que tuvieran una cubierta de estuco, como es usual en otros lugares de Mesoamérica. 

Sin embargo, sería un error pensar que lo que conocemos como Sierra Gorda, culturalmente hablando, sea una unidad homogénea.  

Gracias a las recientes exploraciones arqueológicas se identifican subregiones, donde se marcan con mayor o menor intensidad los vínculos con las regiones culturales vecinas, como la Huasteca, Río Verde, el Tunal Grande, o con algunos de los cazadores-recolectores del Altiplano norte, poblaciones con las que los agricultores-mineros de la Sierra Gorda mantuvieron relación a lo largo de su historia.  

Es interesante resaltar que la Sierra Gorda mantuvo vínculos más estrechos con sus vecinos del oeste, norte y este, que con los pueblos del Altiplano, con quienes parece distanciarse.

La Sierra Gorda por Margarita Velasco

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En La Sierra Gorda 

Enterramientos

La frontera norte de mesoamérica 

 

La Conquista espiritual  

Margarita Velasco 

Poco hemos podido avanzar en el conocimiento del pensamiento mágico-religioso de la población serrana, pues no han llegado hasta nosotros los elementos iconográficos que permitan identificar cuáles eran sus deidades más importantes, su calendario religioso, sus festividades, etc.  

Sin embargo, se observa en el sistema funerario de los serranos el concepto de la vida más allá de la muerte.  

Algunos de los entierros se encuentran asociados a elementos constructivos: al interior de casas habitación, a los templos, como ofrenda a la construcción en los muros de contención de grandes plataformas, asociados a las estructuras de juego de pelota, etc.  

Los individuos, algunos de ellos sacrificados, eran amortajados en posición flexionada (fetal), con los brazos por debajo de las rodillas o cruzados sobre el pecho.  

Los bultos mortuorios eran depositados sobre el terreno acompañados por una vasija que posiblemente contenía algún alimento; después eran cubiertos de tierra y encima se colocaba una cubierta de piedras y más tierra, para sellar el piso.  

La mayor parte de los enterramientos localizados hasta ahora son entierros múltiples.   La fluctuación de la frontera norte de Mesoamérica  Hacia el siglo XI de nuestra era, la Sierra Gorda experimentó el colapso que puso fin al desarrollo serrano.  

En el desplome de la Sierra Gorda debió intervenir una acumulación de factores, que a lo largo de los siguientes 350 años afectó a todos los pueblos de la frontera norte. Pedro Armillas atribuye la contracción de la frontera a cambios climáticos al final del primer milenio, mientras que Enrique Nalda señala que se debió a fenómenos sociales por modificaciones en las estructuras internas de la sociedad, esto en la parte sur del Bajío.  

 

La Sierra Gorda sufrió el embate de los cambios y el efecto de ello fue el abandono de la región, lo que posiblemente ocurrió de forma gradual.  

Las evidencias arqueológicas en Ranas y Toluquilla muestran un abandono ordenado, sin violencia por parte de la elite gobernante, mientras que los agricultores y mineros estuvieron arraigados en la región algún tiempo más, hasta el avance de los pueblos cazadores-recolectores que merodeaban por la Sierra y que se adueñaron de las tierras de los antiguos agricultores y lograron desplazarlos.  

Se cierra así un capítulo de la historia serrana. A los nuevos pobladores de la Sierra Gorda y sus contornos se les conoce en las fuentes históricas coloniales como “chichimecas”, término genérico dado a los grupos de cazadores-recolectores del norte.  

En el caso de la población chichimeca de la Sierra Gorda, las fuentes mencionan a los ximpeces, pames y jonaces.  

Los pames y jonaces eran pueblos otomianos (quizá también los ximpeces) pertenecientes al tronco lingüístico otomangue; según los estudios lingüísticos, tanto la lengua pame y sus dialectos como el chichimeco-jonaz están estrechamen-te emparentados, aunque culturalmente presentaban diferencias. Para los siglos XVII y XVIII los pames ocupaban el sector oriental de la sierra y los jonaces se distribuían por la parte occidental.  Conquista y evangelización   

Luego del sometimiento de los pueblos del centro de México por los conquistadores hispanos, se desarrolló un creciente interés por conocer el potencial económico de las tierras del norte, vista como una promesa de fama y fortuna para las oleadas de nuevos colonos que arribaban a la Nueva España. Sin embargo, nunca se imaginaron el desgaste que significaría enfrentarse a las aguerridas “naciones” del norte, pueblos de cazadores- recolectores nómadas, las tribus chichimecas.  

Durante la segunda mitad del siglo XVI se forjó el “camino de la plata”, que conducía a las minas de plata de Zacatecas, y a la par se desarrolló el conflicto de la Guerra Chichimeca, la cual puso de manifiesto la capacidad guerrera de los norteños para defender su territorio, que significó 40 años de conflicto bélico.  

Al final se firmó la paz; el altiplano norte quedó en manos de los españoles y una parte de los chichimecas terminó sufriendo el yugo hispano y otra continuó defendiendo su libertad en las montañas. 

Durante el siglo XVI la Sierra Gorda o “Cerro Gordo”, como también se le llama, era un territorio poco conocido; los poblados fundados en sus contornos formaban un cerco desde donde partían los colonos en busca de tierras para asentarse, metales que explotar y pastos para sus ganados; asimismo, los militares buscaban resguardar los intereses de la corona y los misioneros ejercer su labor evangelizadora.  

Todos tuvieron dificultades para llevar a cabo su propósito. Los chichimecas pames y jonaces darían la batalla para evitar ser sometidos y despojados de sus tierras desde la segunda mitad del siglo XVI hasta mediados del XVIII. 

Los primeros intentos misionales por evangelizar la Sierra Gorda comenzaron con los franciscanos por la parte occidental y los agustinos por la oriental; para finales del siglo XVII franciscanos y dominicos continuaban tratando de establecerse en la región con la ayuda de escoltas militares, sin lograrlo. Para el siglo XVIII, los rebeldes chichimecas seguían alzados, defendiendo su territorio, sin embargo, el interés de los españoles establecidos en torno a la Sierra Gorda era mantener la guerra “ya que faltaban tierras y la guerra daba una ocupación, dinero y títulos”.  

La situación no podía continuar indefinidamente; el virreinato estaba decidido a terminar con ese “manchón de gentilidad” tan próximo a la capital.  

A partir de 1740, las fuerzas militares encabezadas por el coronel José de Escandón –quien un año después sería nombrado capitán general de la Sierra Gorda– y fray José Ortés de Velasco –del colegio de Propaganda Fide de San Fernando de México, nombrado comisario de las misiones para la “reconquista espiritual de la Sierra Gorda”– juntaron sus fuerzas para dar paso a una nueva etapa en la historia serrana: el control de la región y la sumisión de los pueblos pames y jonaces.
 

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Margarita Velasco Mireles. Pasante de la maestría en arqueología. Investigadora en la Dirección de Estudios Arqueológicos del INAH. Directora del Proyecto Arqueológico-Minero de Sierra Gorda.

Epigmenio González, Padre de la patria…

La lista de los padres de la patria está incompleta.

Un olvido imperdonable de la historia regional:

El Queretano, Epigmenio González, es también 

Padre de la Patria

José Félix Zavala 

Los restos de Epigmenio González fueron exhumados de La Rotonda de los Hombres Ilustres en La Ciudad de Guadalajara, y colocados en el Panteón de los Queretanos Ilustres, hasta hace muy poco tiempo, pero nunca se le ha reconocido local, ni nacionalmente, el mérito de ser uno de los padres de la patria.  

Endurecida alma, escolástico sombrío, monstruo, taimado, rencoroso, padre de gentes feroces, entraña sin entrañas, villano, hipócrita refinado, tirano de tu tierra, impudentísimo bachiller, caco, malo, malísimo, perversísimo, ignorantísimo, excelentísimo pícaro, homicida, execrable majadero, primogénito de Satanás, malditísimo ladrón, insecto venenoso, energúmeno, archiloco americano. Epítetos que la imprudencia europea le asestó al Cura Hidalgo, anotados en este texto para los incrédulos, que aún dudan del valor de la palabra escrita. 

Pero con todo y esos decires, Epigmenio González, Miguel Hidalgo, Ignacio Allende, Aldama, Josefa Ortiz, serán los amigos y magos que deshacen el encanto de tres siglos de genocidios. 

Epigmenio González en 1810 tenía 32 años y un pequeño comercio o taller en la Calle de San Francisco, cuando la conspiración de Querétaro fue denunciada y su nombre uno de los primeros en salir a la luz, fue  encarcelado, pero antes de ser detenido tuvo tiempo de enviar un mensajero a los conspiradores vecinos de San Miguel y Dolores. 

La Conspiración de Chocolate” fue el nombre que los queretanos participantes le darían a estas juntas independentistas, baste nombrar a los muy poco conocidos: Galván, Ochoa, Luis Frías, Luis Gutiérrez, el Alcalde de Querétaro, el cura Gil de León. 

Mientras sus paisanos queretanos cayeron en lamentables debilidades y peticiones de perdón, él conservó la dignidad y no denunció a nadie, mérito y hechos poco estimados en nuestra historia regional y patria. 

El 15 de septiembre de 1810 fue registrado el taller, lo mismo que el domicilio de Epigmenio González, pero más fueron sus convicciones insurgentes las que llevaron a sus perseguidores a  darle un tormento superior a la muerte, por más de 27 años, siendo mudo, maniatado y espectador impotente de la revolución de independencia. 

El queretano Epigmenio González, desde la cárcel de la Ciudad de México participó en otra conspiración, llamada la de Ferrer, valiéndole cadena perpetua en el fuerte de San Diego y luego muy enfermo, la  deportación a Manila, Filipinas. 

Fue hasta 1836 cuando fue liberado, tras 27 años de prisión y otro de peregrinación para llegar a su Querétaro que le negó la gloria, cuando orgulloso dijo “Yo soy uno de los padres de la patria, el primer armero de la revolución” y la contestación de nuestros paisanos, nuevos burócratas, después de revisar el listado, fue: “Usted no está en la lista”. Lo sabríamos esto por la publicación que en 1855 hace de este acontecimiento el Diario La Revolución. 

En la noche del grito debiera de oírse ¡Viva Epigmenio González y los Héroes Que Nos Dieron Patria! En el Balcón Central del Palacio Nacional, en el de Gobierno y de las 18 presidencias municipales y las más de 2000 restantes en el país. 

En Querétaro, “Una goma de borrar gigantesca atenta contra nuestra memoria”, como dijera paco Ignacio Taibo ll. Le tememos al grito de “Muera el Mal Gobierno”, le tememos a decir que el Cura Hidalgo no le tenía demasiado respeto a las Instituciones Universitarias, a que tenía una gran capacidad de leer, escribir y entender el Otomí, el Náhuatl y el Tarasco, que llamaba a la Inquisición indecorosa. 

Con  excepción de Epigmenio González, que a empujones y jalones fue llevado a la cárcel, los queretanos participantes en las juntas literarias de Querétaro, cayeron en lamentables, debilidades, vacilaciones y entregas, de las que no resistimos hablar. 

Los queretanos no queremos reconocer que la lujuriosa prosa de las juntas literarias y  chocolateras, estaban llena de soplones y traidores, donde al primer grito se deslindaron, sólo Epigmenio González se mantuvo firme a sus ideales de independencia, en contraposición a otros queretanos como Luis Frías, que fuera un soplón. 

En horas, el grupo de queretanos que se reunía con Hidalgo, Allende y Aldama quedó desarticulado. 

Querétaro necesita reconocer, que a pesar de que el mensaje de Doña Josefa, fue sin duda verbal, al alcaide de la cárcel Ignacio Pérez, sin duda era una dama de letras y basta recordar tres cartas facsimilares, escritas y firmadas por ella, junto con Epigmenio González, sobrevivientes únicos al proceso revolucionario de Independencia, los dos insurgentes, la una conservadora no nacida en Querétaro y el otro liberal queretano. 

Epigmenio González, nació en la ciudad de Querétaro en 1778, de joven se dedicó al comercio, casado con Anastasia Juárez, con quien procreó tres hijos. De ideas libertarias e independentistas dijo: “Estoy dispuesto a sacrificarlo todo en bien de mi patria”. 

Participó en las llamadas “juntas literarias” o al tiempo “Chocolateras”, en las casas de Dr. Sánchez y del Lic. Parra, asumiendo el compromiso de proveer armas y municiones al ejército que se estaba formando. Araujo y otros participantes denunciaron el movimiento y señalaron a los hermanos Emeterio y Epigmenio González, por acopio de armas.  

Epigmenio González fue arrestado primeramente en una celda del Convento de La Cruz. Los documentos encontrados en la casa y tienda de los hermanos González, fueron suficientes para seguir arrestados y la orgullosa presencia de Epigmenio González fue suficiente para tomarla como agravio a las autoridades, quienes se ensañaron con él y lo vejaron en su dignidad, trasladándolo a la Ciudad de México montado en una mula con la cara vuelta a la grapa. 

Fue acusado de fomentar una conspiración en la misma cárcel, siendo el motivo un folletín subversivo llamado “Aurora Queretana”. 

Mientras las hordas que comandaba Hidalgo, vaciaban las cárceles a su paso, pero no se trataba de engrosar al ejército, sino de transmitir el nuevo mensaje, el de la insurgencia, en palabras y hechos de Hidalgo, “Su Justicia no es Nuestra Justicia”. 

Esas leyes que habían metido presos a los mexicanos por pobres, no comulgaban con los principios de la Insurrección, que nace no de un golpe militar, sino desde abajo, desde la raíz de una sociedad llena de agravios que para el 19 de Septiembre de 1810 eran ya 6 000 y el lienzo de la Virgen de Guadalupe, la bandera. 

¿Quién al gachupín humilla?

Costilla

¿Quién al pobrísimo defiende?

Allende

¿Quién su libertad aclama?

Aldama 

En Ixtlahuaca se muestran los edictos de excomunión y las órdenes del Santo Oficio contra Hidalgo, pero la respuesta de las hordas será “Viene entre nosotros quien absuelve de las excomuniones del Santo Oficio” No más ¡Ni inquisidor gachupín, ni arzobispo gachupín, ni virrey gachupín!  

No hay duda de que Allende fue el gran conspirador, que el movimiento de Querétaro tuvo una red enorme de simpatizantes, pero tampoco hay duda de que el alzamiento se produjo la noche del 15 de Septiembre gracias a la voluntad del Cura Hidalgo. 

Miguel Hidalgo despreciador de las enseñanzas universitarias, cura contestatario, contendiente y amigo del Capitán Allende. Compañeros en la ejecución. 

La lectura de la obra de Luis Villoro nos hará tener una mejor valoración ideológica de la Revolución de Independencia, y nuestro queretano Heriberto Frías, con mucho color nos narrará las batallas de su primera etapa, pero nunca superará a las lecciones de Historia Patria de Guillermo Prieto, nuestro visitante ilustre.  

Manuel Septién y Septién, biografió a Epigmenio González, con motivo de su regreso a Querétaro al Panteón de los Hombres Ilustres, pero se olvidó de que es, al igual que Hidalgo, Morelos, Allende, Aldama, Josefa Ortiz, Padre de la Patria.    

La Casa de La Corregidora de Querétaro

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CRONOLOGÍA DE LAS CASAS CONSISTORIALES O CASA DE LA CORREGIDORA DE QUERETARO 

José Félix Zavala

 

“… por hallarse fabricadas las Casas les  desde que se conquistó el territorio de la mencionada ciudad de Querétaro y se redujeron a población sus naturales, se encontraba con tal deterioro y amenazando ruina sin embargo de los continuos reparos que se les tenía hechos y el de que, aunque para obviar semejantes daños estaba dispuesto por las leyes y un capítulo de las instrucciones de los corregidores, que de los propios de las ciudades de hagan las casas de consejo, cárcel y prisiones que convengan, no se podían fabricar en Querétaro, por ser sus fondos cortísimos, se propuso y aseguró al procurador general de la enunciada ciudad, por personas distinguidas y abonadas de ella, que si S M, se dignaba de continuar por otros cinco años al nominado Don Marín Joseph de la Rocha en el corregimiento que obtenía, se reedificarían las casas reales y cárcel a su costa, conviniéndose antes con el mapa a que se debía ajustar el edificio…”

 

“En su diseño original aparecian elementos tales como la esfinge del rey Carlos lll por arriba del balcón principal y a ambos lados de este, los escudos de armas del virrey de la Nueva España, Marquse de Croix y el escudo de armas de la ciudad de Querétaro”. 

“Las cuatro accesorias a la derecha del zaguán y la última a la izquierda del mismo, sirvieron como tiendas. La placa que expresaba el reinado español y estaba por arriba de la puerta de la sala de audiencia, primera a la izquierda del zaguán, ya desapareció”. 

“En el ángulo poniente del edificio, estuvo una Ermita para las estaciones que subían al Calvario y cercana a ella, la puerta de la real cárcel y por encima las armas reales”. 

“El ala oriente del edificio fue añadido, con las reformas que sufrió el edificio después del sitio de 1867” 

Según el derecho español, Querétaro es refundado como pueblo de indios y muy pronto pasaría a ser de hecho un pueblo de españoles. 

En 1537 Se conceden Mercedes de tierras a caciques otomíes, grupo mesoamericano que a la llegada de los españoles eran poseedores de una sólida cultura urbana. 

Querétaro es considerado por los españoles lugar estratégico del camino de Tierra adentro o de La Plata, que queda establecido entre 1550 y 1555. 

Querétaro a la llegada de los españoles era ya un pueblo con una producción importante de algodón y geográficamente garganta de tierra adentro 

“El pueblo de indios de Querétaro debe de tener gente bien armada para reducir a la “gente bárbara que anda desparramada y sin concierto por esas partes”. Le llamaron pueblo de frontera. 

Estalla la guerra chichimeca en 1555 y termina en 1600 

Conin en la nueva traza de la ciudad de Querétaro o Pueblo de indios traza una calle partiendo del río, corriendo en forma perpendicular, hasta la ciudadela de los franciscanos o Convento Grande, siguiendo el rumbo de lo que fue la calle de 5 señores ahora Av. Juárez, construyendo acequias para canalizar las aguas del río.

 

La traza de la refundación de Querétaro pareciera ser primero por el año de 1531, del Pochtecatl Conin y a partir de 1551 al 1600 al estilo español, encabezada por Juan Sánchez de Alanís. 

Un paso para reorganizar la Encomienda de Querétaro desde una perspectiva administrativa, fue la de construir una casa donde radicara el encomendero o su representante.

 

Para que pudieran hospedarse los españoles, Hernán Pérez de Bocanegra, encomendero de Acámbaro,, mandó construir en Querétaro una casa “grande”, en donde seguramente también se recolectaba el tributo. Esta casa se encuentra en la esquina  de las antiguas calles del Sol Divino y La Bajada de Guadalupe. 

Para construir la casa del encomendero, el Emperador Carlos V, en 1554, emitió una cédula donde se ordenaba que dichas casas fueran construidas con las rentas de los tributarios, aprovechando así también sus servicios. 

Ahoa son las actuales calles convergentes, la de 16 de septiembre y La de Pasteur norte, donde se encuentra una casa grande, con las características que marca, Hernán Pérez de Bocanegra 

En esta casa se recaudaría el tributo, por lo que debió ser grande y cómoda, con almacenes para los granos y productos del tributo, además contó con corrales donde los españoles criaban cochinos y tenían caballerizas. 

Para el primer Calpixque o recaudador de tributos, un señor apellidado Canelas, expresó que él había ido a Querétaro “ muchas veces a holgarze y cazar”, por lo que se intuye que la casa debía ser grande. 

En 1582 según “La Relación de Querétaro”, Hernando de vargas señala por medio de su escribano Francisco Ramos de Cárdenas, que se marcó el sitio que debía ocupar la Plaza y Las Casas de Cabildo. 

En la esquina de las antiguas calles del Chirimoyo y Los Obrajes, existe un portal en franco deterioro, de tres arcos, mandado construir por el tesorero Joaquín Valderrama a finales del siglo XVl, más o menos contemporáneo a la escritura de la “Relación de Querétaro” y donde se insiste, sin haber encontrado otro documento, más que la tradición, que allí se construyeron Las casas reales.

 

También se dice que en algún tiempo Las casas Reales estuvieron, en donde estuvo la Alhóndiga y posteriormente el teatro Iturbide o de La República y Las Cáceles, en donde se encuentra la oficina de Bancomer, en el Jardín Zenea y que era propiedad de la familia Samaniego.

 

En el mapa de 1620, se ve una banda alamedada, donde hoy se encuentra lo que fueron Las Casas Reales.

 

En el plano llamado “Typus descritio Zivitatiz queretanensis” realizado por el año de 1712 al 14, se ve en el lugar donde ahora se encuentra la sede del Poder Ejecutivo del estado, un edificio de dos pisos, anterior al que ahora se encuentra.

 

Para 1740 nos dice Manuel de la Llata, que este predio fue comprado por el Ayuntamiento, a la india María Jimena, para construir Las casas Reales y Las Cárceles.

 

Mientras que el historiador Manuel Septién nos dice: “ Las Casas Reales ya existían con anterioridad, por lo cual es de creer que por ser insuficientes, fueron demolidas y erigidas, de nuevo en su totalidad por Don Martín José de la Rocha, quien les dio mayor amplitud y magnificencia ”.

 

Los datos más importantes que conocemos de Martín José de la Rocha se encuentran en la obra “Jardín de Apolo” fechada en 1810 y escrita por José Mariano Acosta Enriquez.

 

Datos biográficos y apologéticos de este benefactor, quedaron en una placa que estuvo bajo el busto de este Corregidor De La Rocha.

 

Según los documentos de construcción de Las Cárceles y casas reales, se comenzaron a construir las actuales a partir de 1680.

 

En 1770 el Corregidor José Martín de la Rocha Sans Y Espaleta, había construido el actual edificio que entonces eran, Las Casas reales y Las cárceles, según documentos y planos a la vista.

 

En los planos y fachadas en 1771, dibujados por el queretano Manuel Sebastián Garay y en otros de 1772, dibujados por el celayense, José Antonio Velarde, fueron enviados a la sede del Virreinato por el Corregidor José Martín de La Rocha.