Estado de sitio por Julio Figueroa

 

Día de la Constitución¿o virtual Estado de sitio? CRISIS DE TODO, MENOS DEL ESTADO MEXICANO  

 

Julio Figueroa  

     Desde ayer en la tarde el Estado Mayor Presidencial tomó el centro de la ciudad de Querétaro. Camiones de soldados, tanquetas con ametralladoras y puños de jóvenes civiles de casquete corto por todos lados. ¿Se trata de una visita presidencial más en el día de la Constitución o de un Estado de Guerra? Y para acreditarse como periodista había que hacerlo con un fulano directamente a Los Pinos. ¡Chula República Federal y chula soberanía de los estados donde a la hora de la hora todo se centraliza! Que aquí nada se podía hacer, me informaron personalmente en la oficina del licenciado Vichique, jefe de comunicación social del gobierno del estado. Sólo espero que en el próximo informe de FGP, para acreditarme, no me manden con otro fulano a Plutón. Y encima el pinche frío y yo sin luz.  

     Gracias a mi amigo José Félix Zavala pude acreditarme hoy a las 8 y media de la mañana y una hora después entrar al Teatro de la República sin ningún problema. Desierto el centro, el jardín Zenea sin ciudadanos, muchos filtros para que pudiera pasar la gente, virtual Estado de sitio en el corazón de la Constitución. Y el pinche frío mañanero y sin café. La clase política poco a poco fue desfilando y entrando al recinto. El ex gobernador Ignacio Loyola y el ex alcalde Armando Rivera fueron de los primeros en llegar juntos. Luego llegó el senador Antonio Calzada; no vi a Hiram Rubio ni a Jesús Rodríguez. El presidente municipal de San Juan del Río. El secretario de Gobierno. Los consejeros del IEQ. La gente de los medios de comunicación.     

     Ya adentro en el teatro no hacía frío. Una audiencia moderada y bien portada. He visto el teatro más repleto y ardiente, como el 19 de enero pasado, para no ir muy lejos, con la Iglesia católica aquí mismo en este Teatro de la República. El presidente Felipe Calderón entró al recinto faltando escasos tres minutos para las 10 de la mañana. Fríos aplausos. Se nos invitó a ponernos de pie y se cantó el Himno Nacional. Y sin más llegó la hora de los discursos. En un ambiente tibio, sin color, sin muchas expectativas. Una ceremonia más de la República en manos de la clase política, sin ciudadanos reales de la república. ¿A quiénes representan esta clase política en el país? Todos hablan en nombre de los ciudadanos y, sin embargo, pocos ciudadanos se sienten honestamente representados por estos políticos. ¿A quién representan estos políticos? El país real y abrupto y caudaloso y cachondo y misterioso y bronco corre fuera y lejos de este Teatro de la República.   

     Hablaron el gobernador de Nuevo León, José Natividad González Parás, como presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores; el presidente de la Cámara de Senadores, Gustavo Enrique Madero Muñoz; el presidente de la Cámara de Diputados, César Duarte Jáquez; el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Guillermo Ortiz Mayagoitia; y el presidente de México, Felipe Calderón Hinojosa… Discursos cortos y sin altos vuelos. Porras a la Constitución y aguacero de freses comunes y olvidables. Porras a la división de poderes y al Estado mexicano. Porras a sí mismos y muchos buenos deseos.     

     Sin duda el concepto que más se repitió fue el de crisis: crisis de seguridad y crisis económica, crisis de la violencia interna y crisis que nos llega de afuera, crisis variopinta, pero no crisis del Estado. Crisis de criminalidad, crisis del siglo y del nuevo siglo, crisis chiquitas y mayores, crisis en el ambiente, crisis y retos postrevolucionarios y crisis y retos de los tiempos modernos. Mas nadie ve ninguna crisis del Estado. Allí está el Foro organizado por el Senado sobre “México ante la crisis”. La necesidad de invertir en política ante la crisis. Cómo hemos avanzado en medio de diversas crisis. Cómo México es grande ante sus problemas y sus crisis ya recurrentes.  Las oportunidades que abren las crisis mismas para cambiar y corregir rumbos.  

     En síntesis, los diversos entornos adversos de la crisis, en este Año de la Sociedad, plantean la cuestión esbozada por Mayagoitia: ¿es el país de 2009 el México que preveían los constituyentes del 17, hemos logrado una mejor sociedad, con más libertad, igualdad, equidad, justicia, democracia? Reconoció que tenemos más Estado que en 1917 y que la sociedad ha abierto nuevos caminos.  Y como sea, todos aceptaron que tenemos un Estado plural y democrático y abierto a las críticas. Por allí se fueron los discursos, y especialmente el del Presidente de México.  

     Felipe Calderón fue subiendo el tono más y más, como si con eso se paliara la crisis y el Estado creciera en sus cuentas alegres: 

     –En el marco de la Constitución, las garantías individuales no sólo se consagran, sino que se ejercen. México es un país abierto y de libertades, un país donde se opina, se discrepa con libertad y se decide democráticamente. 

     –La Constitución prevé la organización del Estado mexicano y, como se ve, el Estado mexicano actúa, funciona, sirve a los ciudadanos, integra y equilibra el poder y le exige cuentas al poder mismo. 

     –El progreso de México hoy se sustenta, en consecuencia, en un Estado fortalecido, no sólo mediante sus instituciones, sino también con la participación decidida de todos los ciudadanos…  

     –Hoy el  Estado también actúa con firme determinación para cumplir y hacer cumplir las leyes de la República, para salvaguardar la libertad de los ciudadanos y combatir a los enemigos de la paz, del orden, de las instituciones y de la Ley. 

     –La acción destructiva de la delincuencia organizada en México, su implantación en el territorio nacional, no pocas veces con la complicidad de autoridades, no es ciertamente nueva en la vida de la República; lo verdaderamente nuevo es la firme decisión del Estado mexicano como tal, de enfrentar esa delincuencia y derrotarla con todas sus consecuencias. 

     –Hoy México requiere que cerremos filas en la lucha contra quienes pretenden minar y destruir a las instituciones del Estado. México exige de todos sus hijos lealtad a la Patria y voluntad inquebrantable de construir una Nación segura y de progreso. 

     –No es tiempo de demeritar, sino de aportar. Valoramos la crítica, valoramos la crítica que orienta soluciones y el análisis que alerta responsablemente sobre riesgos latentes. 

     –Pero debemos rechazar todos el catastrofismo sin fundamento, particularmente ahora llevado a extremos absurdos, que daña sensiblemente al país, a su imagen internacional, ahuyenta inversiones y destruye los empleos que los mexicanos necesitan. 

     –Hagamos a un lado el alarmismo, que ignora los esfuerzos que todos hacemos por superar nuestros desafíos. 

    Y así habló de la unidad que exige la Patria y de no sembrar el desaliento o la desesperanza. De no socavar las instituciones. Instituciones que son sólidas. Fortaleza que no es pretexto para apostar a su debilitamiento. Al contrario, hay que fortalecer más al Estado e incrementar sus reformas. Reformas que van viento en popa según el Ejecutivo…  

     Ninguna autocrítica, ninguna falla en el sistema, ninguna mancha en el poder, ninguna definición de qué Estado hablamos, ninguna mirada crítica sobre el poder que se ejerce. Ninguna separación de las críticas intelectuales de adentro, de las protestas y la incredulidad ciudadana, y las críticas que vienen de afuera y hablan de la posibilidad del Estado fallido mexicano. Todos en el mismo saco. Y si no hay un Estado fallido, tampoco hay un Estado débil, acosado, acotado, minado, desarticulado, cómplice, mafioso, infiltrado, impotente, viejo, anacrónico… ¿Cuál Estado de cuates? ¿Cuál capitalismo de cómplices? ¿Cuál amasiato entre poderes? ¿Cuáles monstruos del Estado?         

     –Se puede discrepar, pero no deliberadamente falsear, dividir y enconar. Se puede opinar distinto en el marco de libertad que el propio Estado garantiza, pero no atentar contra el Estado mismo. (…) Quienes denigran las atribuciones del Estado, su fortaleza y su viabilidad,  atentan contra el Estado mismo al intentar socavarlo.  

     ¿Una amenaza implícita hacia todos y en bola, donde lo mismo caben los críticos como Denise Dresser y Lorenzo Meyer, la oposición de Andrés Manuel López Obrador, el crimen organizado del narcotráfico, la industria del secuestro y la misma crítica que viene del sistema Norteamericano? 

     Se acabaron los discursos y se acabó la ceremonia constitucional de una hora y cuarto, con un Estado virtual fortalecido por las puras palabras del Presidente de México, y la sociedad distante, muy distante, fuera y lejos de este Teatro de la República. El país está en otra parte.   

     Ordenadamente salió y se fue la clase política nacional por donde vino con su rollo a otro lado, sin ver ni escuchar nada, como siempre, y sólo nos dejó palabras, palabras y más palabras: cinco discursos para ser exactos. Hay crisis, pero no crisis de Estado. La crisis de la narcoviolencia, la crisis del secuestro y la inseguridad ciudadana, la crisis económica, la crisis del empleo, la crisis política de los partidos, la crisis de las nuevas instituciones democráticas como el órgano electoral nacional del IFE y varios institutos locales, la crisis de los migrantes que van y vienen, la crisis del campo, la crisis del burocratismo y el papeleo inútil, la crisis de los sindicatos, la crisis de la justicia, la crisis de los sueños rotos y las esperanzas defraudadas, la crisis del deporte nacional, la crisis de incredulidad, la crisis del hartazgo y del cansancio, son crisis que afectan a todos menos al Estado mexicano, que hoy en el discurso de Felipe Calderón está más fuerte que nunca. Por decreto presidencial. Acátese aunque no sea real.  

 

Qro. Qro.

 

5-Feb-2009. 

 

juliofime@hotmail.com

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