Urgimos la solidaridad de empresarios, Fundaciones y personas de buena voluntad

Urge la solidaridad de empresarios, Fundaciones y de la sociedad civil para salvar la vida de una joven con graves problemas de salud metabólicos y cardiogénicos.

“Un nuevo mandamiento les doy: Que se amen unos a otros” Jn.13-34

Hago un urgente llamado a la comunidad católica y personas de buena voluntad, para que juntos salvemos la vida de mi hija Lucía, quién lleva padeciendo desde hace nueve años, tiene ahora 18 años:

SINDROME METABOLICO-QUISTE SUB ARACNOIDEO – HTA – SINCOPE NEUROCARDIOGENICO, OBESIDAD MORBIDA, DIABETES MELLITUS Y DEPRESION.

Que la ha conducido ya a la pérdida de un oído, esta a punto de perder la motricidad, la vista, tiene depresión por discriminación permanente y violenta, entre otros males.

El internamiento por 32 días, estudios, consultas por un grupo multi disciplinario de médicos y terapia nos cuesta 150 mil pesos aproximadamente y el pago debe ser por anticipado, de lo que estamos muy lejos de tener, es lo más económico, profesional y ético, que hemos encontrado y es en la República de Cuba y es por intermediación de la oficina del Centro Médico Cubano en México.

Urge enviarla a tratamiento a la brevedad posible, por lo que agradeceremos sus donativos a la cuenta de BANORTE 0644528984 a nombre de José Félix Zavala

Cualquier información y detalle lo brindamos de buena voluntad en el tel. 01 442 1 93 52 03

¡Felicidades! Dr. Felipe Martínez Soriano, 50 años…

50 AÑOS DE EGRESADOS DE LA GENERACION l955-l960

DE LA ESCUELA SUPERIOR DE MEDICNA RURAL

DEL INSTITUTO POLITECNICO NACIONAL

Generación a la que pertenezco

Dr. Felipe Martínez Soriano

Y se me otorgó RECONOCIMIENTO “Por la nobleza, la honestidad y por el desempeño profesional en la excelencia de la Medicina Mexicana” en agosto del 20l0, México, DF.

Con respeto expreso: no soy afecto a celebrar conmemoraciones, tampoco en divulgarlo porque prefiero la discreción y no la ostentación o presunción de una fecha particular y es preferible que lo manifieste el medio en donde uno es conocido. Sin embargo, siempre existe la excepción y por eso ahora me atrevo manifestarlo. Y porque el 28 de agosto del año en curso, asistí como invitado a la clausura y de la primera generación de egresados en la Licenciatura de Entrenamiento Deportivo de la Dirección de Cultura y Deportes de la Universidad Autónoma “Benito Juárez” de Oaxaca.

En ese ámbito de alegría en el Gimnasio Universitario, donde el festejo es triunfo por el trabajo realizado y que los jóvenes egresados y público disfrutan discursos conceptuales y de fondo académico, político, artístico y cultural. Resaltando el deporte y cultura como medios idóneos para conquistar la libertad, asimismo lo humano, como la del director Dr. Juan Velasco Calderón, que por su dinamismo, entrega y compromiso en el trabajo con nuestra Máxima Casa de Estudios, merece de mi parte la más cálida felicitación y el fraternal abrazo.

En el gimnasio referido, platique con un funcionario de rectoría y le manifesté también sentir alegría por el evento de importancia en esa mañana lluviosa y le manifesté que hace 50 años terminé la carrera de medicina y en este agosto he asistido a festejos y a la entrega de un reconocimiento de parte de la Escuela e Instituto donde egresé. En fin, esa plática cordial y amena, motivó el presente escrito que ahora con entusiasmo trasmito.

Lo hago de manera breve, por ser un caso muy particular y no de interés general. Más en tiempos de crisis económica y de valores que padecemos los mexicanos y los oaxaqueños. Y que de todas maneras, es bueno referir una remembranza en el ámbito de la historia de nuestras instituciones de educación superior y de la medicina en general.

Y ¡Bueno! la creación de la carrera de Médico en el Politécnico, nace en México de manera orgánica el Servicio Médico Social, que para satisfacción de la Escuela Superior de Medicina Rural como pionera, fue tomando carta de naturalización en otras Instituciones de Educación Médica, hasta quedar como ejemplo vivo y realista intuido en un precepto legal que es la Ley de Profesiones; es, en lo general, un galardón para la profesión médica, pues es sin duda el único servicio social profesional que ha cristalizado como tal, en casi su totalidad.

La Escuela Superior de Medicina Rural se funda bajo la proclama y proyección del Servicio Médico Social en l938, sexenio progresista del Presidente Lázaro Cárdenas del Río, no obstante que en l936 se establece por primera vez la intención del servicio social para pasantes de medicina. Así los médicos que desde nuestro origen estuvimos orientados a tal proyección social, sentíamos como aliados nuestros a todo pasante o médico que actuaba en el medio rural, pues nuestro razonamiento es elemental en el sentido de que si bien es urgente la atención de la salud pública en el país, no podríamos por nosotros solos, los egresados de la ESMR, acometer tan importante y vasta tarea, pues debe ser de muchos hombres, entre los egresados de otras escuelas y facultades de medicina del país.

Nació la Escuela Superior de Medicina como un ideal que a su vez corresponde a una necesidad nacional. Pues en efecto desde hace muchos años que nuestra población rural reclama al médico, pero afortunadamente, repetimos, ha tiempo que médicos a quienes debe llamarse buenos mexicanos acudieron a tal reclamo, y es así como encontramos a profesionistas ausentes en las nomenclaturas de grandes hospitales y ausentes también de las citas bibliográficas.
Ahí radica el antecedente y el mérito y corresponde a los hombres que de ello hicieron una bandera, por lo que se expusieron a las más duras críticas y cuya fe encontró apoyo en jóvenes que con renunciamientos y privaciones siguieron sus pasos hasta alcanzar, sin duda alguna y de manera honrosa, el título de Médico Cirujano y Partero de la Escuela Superior de Medicina Rural, que con mala fe en años anteriores se pretendió a manera de calificativo denigrante llamarle simplemente “Médico Rural”. Y yo padecí eso en años del Movimiento Democrático Universitario. Que padres de familia de mis pequeños pacientes, de estudiantes y docentes universitarios, asimismo de organizaciones obreras- campesinas y pueblo me defendieron con tenacidad. Y pude salir avante.

Eso no se olvida y lo recuerdo con cariño. Y afirmo: “ Ser politécnico requiere esfuerzo, dedicación y amor al trabajo”

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20 lenguas mesoamericanas en extinción

Lenguas indígenas, en riesgo de extinción

Un total de 20 lenguas indígenas de México -casi una tercera parte de las que aún existen en el país- están en peligro inminente de extinción, advirtió Sylvia Schmelkes del Valle, directora del Departamento de Educación de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México.

Indicó que ante ese riesgo es urgente documentar las lenguas antes que desaparezcan y tratar de rescatarlas. Señaló entre ellas el cucapá, el seri, el kikapu o el aguacateco, que corren peligro ante la falta de usuarios y su desplazamiento por el uso del castellano.

En ese sentido señaló -de acuerdo con un comunicado de la UIA- que los hablantes de este grupo de lenguas se cuentan prácticamente “con los dedos de las manos”, ya que en su mayoría se trata de personas de edad muy avanzada.

Expuso que la documentación de la gramática y el alfabeto de estas lenguas resulta urgente, ya que la existencia de ellas depende de la vida misma de esos individuos, en muchos casos últimos herederos o depositarios de las lenguas ancestrales.

La especialista recomendó que sean esas personas de la tercera edad quienes jueguen el papel de maestros activos de dichos dialectos, apoyados por instancias como el Instituto Nacional de Lenguas Indígenas, con el fin de que puedan convertirse de nueva cuenta en “lenguas vivas”.
Subrayó la importancia del trabajo de concientización del orgullo de la identidad propia entre las diversas comunidades indígenas, con el objetivo de que retomen el uso de sus lenguas pues de lo contrario, al desaparecer, perderían una parte vital de su propia cultura.

La experta indicó que mientras el grupo de lenguas en peligro de extinción representa a una tercera parte del total que se habla en México, existen dos grupos más equivalentes en tamaño que por lo pronto están fuera de peligro cercano.

Una parte de esas lenguas están vigorosas y vitales ya que son utilizadas por los padres de familia y las escuelas para educar a los infantes, por lo que sólo necesitan mantenerse y dinamizarse para fortalecerse y ser lenguas de uso público. Ejemplo de ellas son el mixteco, el huichol, el zapoteco, el tarahumara y el maya.

Otra parte es representada por aquellas lenguas que no son utilizadas por las generaciones actuales, pero que sí son conocidas y usadas de forma activa por los padres de familia y abuelos. En este caso el objetivo que se busca es que los alumnos indígenas reciban en su educación básica las clases que les permitan dominar dos lenguas.

Balún Canán y Rosario Castellanos

Balún Canán*

En 1957, Rosario Castellanos publicó su primera novela titulada Balún Canán, que en maya antiguo (Balunem K’anal) significa “nueve estrellas”.

Castellanos sólo había publicado hasta entonces poesía, de ahí que la lectura de su primera novela sea en varios momentos demasiado lírica.

Cuenta Emilio Carballido que, después de largas pláticas entre Castellanos, Sergio Magaña y el propio Carballido, éstos incitaron a su entrañable amiga a que escribiera sobre su infancia en Comitán, Chiapas: “Dudaba. La insistencia nuestra fue mucha: ‘tienes que, tienes que’. Poco a poco fueron brotando las páginas cada vez más fáciles, más abundantes de Balún Canán.”

Balún Canán es una novela con tintes autobiográficos donde la autora recupera, a través de la memoria, un pasado añorado a la vez que doloroso; su niñez entre dos mundos antagónicos que, no obstante, están en contacto: el de los blancos terratenientes y el de los indígenas que lo mismo son explotados y abusados por los grandes poseedores de tierras, que vengativos.

Al igual que su protagonista, Rosario Castellanos fue hija de terratenientes, vivió su infancia en Comitán y estuvo al cuidado de su nana Rufina, quien abandonó la casa de la familia cuando el reparto agrario casi arruinó a los dueños de fincas y los Castellanos emigraron hacia Ciudad de México.

Como la niña de la novela, Rosario tuvo un hermano, Mario Benjamín, quien murió de apendicitis a los siete años.

En la novela se ficcionaliza la muerte de Mario con la interpretación ambigua de la apendicitis y la brujería de la que es víctima el niño como venganza de los indios que se revelan frente a la autoridad de don César, el padre de la protagonista.

La novela está dividida en tres partes.

La primera y la tercera están narradas por la protagonista, una niña de siete años que habla del mundo indígena, de su familia terrateniente, así como de la relación que lleva con su hermano Mario, un año menor que ella, quien en el futuro se convertiría en el heredero del apellido y de las grandes extensiones de tierra de la familia Argüello, pues por tradición es el varón el que debe encargarse de perpetuar el poder social y económico de la familia.

La segunda parte de la novela emplea un narrador omnisciente que habla principalmente del descontento indígena, de los brotes de violencia en las fincas, así como del reparto agrario impulsado por el general Lázaro Cárdenas durante su mandato (1936-1940).

Esta segunda parte resulta, por lo tanto, más histórica, aunque se aleja de la tradición de la novela indigenista de los años treinta y cuarenta donde el objetivo es la denuncia de las condiciones infrahumanas a las que son Con Balún Canán, y posteriormente con Ciudad Real (1960), Oficio de tinieblas (1962) y Los convidados de agosto (1964), Rosario Castellanos se convierte en una narradora imprescindible en las letras mexicanas del siglo XX.

Sometidos los indígenas a manos de sus explotadores: el terrateniente, el capataz, la autoridad y el cura adherido al poder.

Rosario Castellanos estuvo en desacuerdo en que a su novela se le etiquetara como “indigenista” y señala que la temática de sus obras “indigenistas” la “constituye la persistencia de ciertas figuras recurrentes: la niña desvalida, la adolescente encerrada, la solterona vencida, la casada defraudada. ¿No hay otra opción? Dentro de esos marcos establecidos sí.

La fuga, la locura, la muerte […] si lo consideramos bien, las primeras como las otras alternativas [la vida indígena] no son propiamente cauces de vida, sino formas de muerte”.

La primera novela de Castellanos tiene su origen en el cuento “Primera revelación”, publicado en 1950 en la revista América.

El tratamiento del tema es diferente al de la novela, sin embargo, en este cuento se pone mayor énfasis en la relación entre la niña y el hermano, así como en la muerte de éste y en el sentimiento de culpa que experimenta la protagonista que, para expiar sus faltas, escribe en varias partes de su casa el nombre del hermano:

“Con mi letra inhábil, torpe, fui escribiendo el nombre de Mario.

Mario en los ladrillos del jardín.
Mario en las paredes del corredor.
Mario en las páginas de mis cuadernos.
Porque Mario está lejos.
Y yo quisiera pedirle perdón.

” En el cuento no aparecen los indígenas como tema o personajes.

Podemos decir que la escritura de la novela de Castellanos cumple en cierto sentido la misma función que en la niña protagonista: la búsqueda del perdón por parte del hermano ausente, el que desde la visión de los padres no debió haber muerto, y fijar en un texto esa historia dolorosa, exorcizar la presencia de una pérdida a través de la escritura

En Balún Canán, la figura de la nana india es muy significativa, ya que proporciona a la niña “ladina” el sentido de la comprensión y la solidaridad entre los individuos.

Es esta mujer la que le cuenta historias indígenas y trata de que la protagonista no experimente el mismo desprecio que sienten sus padres hacia los indios; la introduce a un mundo “entre” la cultura occidental y la indígena.

Al igual que la protagonista, la nana carece de nombre dentro de la narración, pues en un sentido familiar y social ambas carecen de valor, no tienen identidad;

la niña por haber nacido mujer, y la nana porque además de ser una mujer que trabaja para los ladinos, es indígena.

La presencia de personajes femeninos con historias trágicas es constante a lo largo de la obra.
La primera de ellas es Zoraida, la madre de la niña cuyo matrimonio, como en el caso de la madre de Rosario Castellanos, con un hombre veinte años mayor que ella, significó un ascenso social y económico.

Zoraida aparece como una mujer frustrada en lo conyugal, y devaluada a la muerte de su hijo Mario, que en muchos sentidos justificaba su existencia por haber nacido hombre.
Significativamente, este personaje no vuelve a tener participación dentro de la historia a la muerte de Mario; su voz y autoridad no se vuelven a escuchar, desaparece como personaje.
Tres personajes femeninos –las primas de César Argüello– resultan significativos: Francisca, una mujer solterona y dominante que tiene contactos con el Dzulum –especie de demonio indígena– y que es temida incluso por los propios indios de su finca;

Romelia, mujer casada que cuando pelea con su marido se inventa enfermedades;
y Matilde, que frente a la terrible idea de convertirse en una solterona, establece una relación incestuosa con Ernesto, el hijo bastardo del hermano de don César.

El destino de esta última es el más catastrófico pues, al esperar un hijo de su propio sobrino, opta por el aborto y se interna en la selva donde, según los demás personajes, el Dzulum se apodera de ella.

Estas tres mujeres están unidas por la insatisfacción. Así, tener o no un marido, no las aparta de sus obsesiones, tampoco les asegura una vida más tranquila.

El personaje de Amalia, una solterona terrateniente, es igualmente catastrófico. Frente a la espera de que su madre muera para poder ingresar como religiosa, el paso del tiempo le impide consagrarse a la religión.

Es ella la que prepara a Mario y a la protagonista para la primera comunión; les infunde el miedo hacia un Dios poderoso que castiga; al hablarles del pecado y la gracia, del cielo y del infierno, de la bondad y de la maldad, crea en los niños la imagen de un Dios amenazante. Amalia es también una mujer frustrada que no ha podido realizarse ni como mujer, ni como religiosa.
Del sector de los blancos pobres, los personajes femeninos de la Tullida y doña Nati no tienen una suerte mejor.

La primera vive de la caridad de Zoraida, está imposibilitada para caminar y, frente a los augurios revelados de la muerte de Mario, es desprotegida y humillada por la madre de la protagonista.
Doña Nati es la mujer pobre que se involucró con el hermano de César; ahora está ciega y depende de la caridad de la gente, así como del trabajo de su hijo, quien es asesinado como venganza del maltrato hacia los niños indígenas de la finca cuando es obligado por su tío César a ser el maestro rural.

Balún Canán es una novela que expone varias líneas temáticas: el mundo indígena con su cosmovisión, los conflictos entre terratenientes y nativos, el destino trágico de todos los personajes femeninos, el gran cariño e identificación entre la nana india y la niña blanca, el mundo “entre”, “transculturado” de la protagonista, así como la muerte de Mario y el sentimiento de culpa en la niña.

La novela de Castellanos sigue siendo muy actual en cuanto a las dificultades de supervivencia de los indígenas de los Altos de Chiapas, así como por la indiferencia y desprecio de los poseedores y gobiernos.

Con Balún Canán, y posteriormente con Ciudad Real (1960), Oficio de tinieblas (1962) y Los convidados de agosto (1964), Rosario Castellanos se convierte en una narradora imprescindible en las letras mexicanas del siglo XX.

Gerardo Bustamante Bermúdez

A Gabriela Mendoza e Israel Juárez, con gratitud