Un texto de Graham Greene

Una cita con el general

Graham Greene

La Jornada Semanal

Ella sintió la timidez no profesional que siempre experimentaba, con sensación de incomodidad, ante una entrevista; le faltaba, como ella bien sabía, el abordaje descarado del reportero varón tradicional pero no, o así pensaba aún hasta ese momento, su cinismo, ella podía ser tan cínica como cualquier hombre y con razón.

Ahora se encontró rodeada por rostros medio indios en el pequeño patio de una blanca villa suburbana. Todos los hombres llevaban revólveres al cinto y uno tenía un walkie-talkie que sostenía pegado a su oído como si aguardase alguna proclama de uno de sus dioses indios con la intensidad de un sacerdote. Son tan extraños los hombres para mí, pensó ella, como debieron parecer a Colón los indios hace cinco siglos. El camuflaje de sus uniformes era como dibujos pintados sobre la piel desnuda. Ella dijo:

–No hablo español –como Colón pudo haber dicho “No hablo lengua india”, luego intentó en francés –que no funcionó– y luego en inglés, que había sido la lengua de su madre, pero eso tampoco funcionó.

–Soy Marie-Claire Duval. Tengo una cita con el general.

Uno de los hombres –un oficial– se rió, y ante esa risa ella quiso salir del patio directamente para regresar al pseudo lujo de su hotel, con rumbo al aeropuerto a medio terminar, para seguir el penoso camino de regreso total a París. El miedo siempre la hacía enojar. Ella dijo:

Discurso del general Omar Torrijos Herrera el Día de la Lealtad, cuando se intentó derrocarlo, 16 de diciembre de 1969
–Vaya y diga al general que estoy aquí –pero, claro, nadie entendió lo que decía.

Sentado en un escalón un soldado limpiaba su automática. Era un fortachón de mediana estatura y pelo cano. Portaba descuidadamente el uniforme con las barras de sargento como si sólo fuera un impermeable con el que se cobijara de la suave lluvia repentina que ahora soplaba desde el Pacífico. Ella observó atentamente cómo limpiaba su arma, pero él no se reía; en tanto el hombre con el walkie-talkie seguía escuchando a su dios sin poner ninguna atención en ella.

–Gringa –dijo el oficial.

–No soy gringa. Soy francesa –pero, claro, para ese momento ya sabía que él no entendía ninguna palabra de lo que dijera excepto gringa. La señaló de nuevo con su sonrisa burlona, o así pensó ella, ya que no hablaba español. Todas las mujeres, parecía decirle, eran inferiores si no tenían un protector, y ella era incluso inferior a muchas porque no hablaba español.

–El general (ella repitió), el general –sabiendo que para un hispanohablante pronunciaba esa palabra completamente mal, y en la escasa memoria que siempre tenía para los nombres extranjeros, pescó el del asesor del general quien había hecho la cita para ella.

–Señor Martínez –dijo preguntándose si el nombre era realmente correcto, tal vez era Rodríguez, o González o Fernández.

El sargento cargó la recámara de su automática y desde su escalón le habló en un inglés casi perfecto:

–¿Usted es Mademoiselle Duval? –preguntó.

–Madame Duval –dijo ella.

–Ah, ¿entonces usted está casada?

–Sí.

–Bueno, eso no importa mucho –dijo él, y corrió el botón del seguro.

–Me importa a mí.

–No me refería a usted –le dijo. Se puso de pie y habló con el oficial. A pesar de que por sus barras era sólo un sargento, había en él un tipo de autoridad no militar. Su actitud le pareció a ella un poco insolente, pero igual era insolente con el oficial. Con su automática señaló la puerta de la ordinaria casita suburbana.

–Tú puedes entrar –le dijeron–. El general te verá.

–¿Se encuentra aquí el señor Martínez para traducir?

–No. El general quiere que traduzca yo. Quiere verla a solas.

–¿Entonces cómo puede traducir usted?

Su sonrisa, ella se dio cuenta, en realidad estaba limpia de insolencia, a pesar de las palabras que empleaba.

–Ah, es que aquí les decimos a las muchachas, “ven conmigo para estar a solas”.

De nuevo fue detenida en corto a la entrada de un pequeño salón donde había un mal cuadro, una mesa ocasional, la estatua de un desnudo victoriano tardío y un perro de porcelana tamaño natural, por un guardia que apuntaba a la grabadora que colgaba de su hombro.

–Sí –dijo el sargento –sería mejor que dejara eso en la mesa.

–Sólo es una grabadora. Nunca aprendí taquigrafía. ¿Parece una bomba?

–No. De cualquier forma, sería mejor. Por favor.

La bajó. Tengo que confiar en mi memoria, pensó ella, mi condenada memoria, la memoria que odio.

–En realidad –dijo ella–, si fuera una homicida, usted tiene un arma.

–Un arma no es defensa –le dijo a ella.

II

Hacía más de un mes que el editor la había invitado a comer a Fouquet’s. Nunca lo había visto, pero él envió una pulcra y cortés carta estampada con caracteres que parecían de impresión de libros, alabando una entrevista suya que había aparecido en otra publicación. La carta se leía un poco condescendiente tal vez, como si estuviera convencido de controlar una publicación de mayor nivel intelectual que ésa para la que ella escribió. De seguro pagaba menos; un signo de calidad siempre. Aceptó la invitación porque la mañana en que llegó ella había tenido una pelea “final” más con su esposo, la cuarta en cuatro años. Las dos primeras habían sido las menos dañinas; después de todo los celos son una forma de amor; la tercera fue una pela furiosa con todo el dolor de las promesas rotas, pero la cuarta fue la peor, sin rabia ni amor, sólo el irritado cansancio que viene de la repetición del agravio, de la convicción de que el hombre con quien se vive es incambiable, y un triste saber que a ella no le importaba ya más gran cosa. Pensó que esa “fue” la pelea final. Todo lo que quedaba para ella era hacer las maletas. Gracias a Dios no había niños que considerar.

Palabras del general Omar Torrijos Herrera
Entró al Fouquet’s diez minutos tarde. La habían hecho esperar en restaurantes demasiadas veces como para ser puntual. Preguntó al mesero por la mesa de Monsieur Jacques Durand y vio levantarse a un hombre para saludarla. Era alto y delgado y muy bien parecido, en eso le recordaba a su marido. Los bien parecidos pueden ser tan nauseabundos como una trufa de chocolate. Él habría tenido un aire de distinción casi todopoderoso si su cabellos grises hubieran estado un poco menos bien alineados sobre las orejas, a pesar de que las orejas, admitió ella, tenían la correcta proporción masculina. (Le disgustaban las orejas demasiado pequeñas.) Lo habría tomado por un diplomático de no haber sabido que era el director de ese distinguido semanario izquierdista que había leído raras veces, no simpatizando con su tendencia a la moda política. Muchos hombres que a primera vista parecen muertos cobran vida en los ojos, pero en su caso la parte más muerta eran los ojos; sólo cobró una cierta forma de vida en los gestos de su elegante caparazón cuando la sentaba junto a él y le alcanzaba el menú; una vida seductora, pero la seducción se expresaba sólo con palabras.

Él sugirió que lo mejor sería pedir el rodaballo, y cuando ella aceptó, le dijo de nuevo con exactamente las mismas palabras que había empleado en su carta, cuánto placer le había proporcionado su última entrevista, así que tal vez las palabras eran verdaderamente suyas y no de su secretaria; él difícilmente hubiera aprendido de memoria las palabras de ella. Y añadió:

–El rodaballo es muy bueno aquí.

–Gracias. Es muy amable.

–He estado al tanto de su trabajo desde hace mucho tiempo, Madame Duval. Usted toca fondo. Sus entrevistas no están dictadas por sus víctimas.

–Uso grabadora –dijo ella.

–No quise decir, literalmente –él hizo crujir el pan tostado–. Desde hace mucho tiempo, usted sabe –su vocabulario parecía limitado, tal vez por las reglas del protocolo periodístico–, he pensado en usted como una de los nuestros.

Con su afirmación quería expresar obviamente una galantería e hizo una pausa, probablemente esperando que ella repitiera “muchas gracias”. Ella se preguntaba cuánto habría de transcurrir para que él empezara a hablar de negocios en realidad. Sobre su cama esperaban las maletas vacías. Quería llenarlas antes de que regresara su esposo; era improbable, pero no imposible, que regresara antes de la cena.

–¿Usted habla español? –preguntó Monsieur Durand.

–Francés e inglés son mis únicas lenguas.

–¿No habla alemán? Fue hermosa su entrevista con Helmut Schmidt; y tan destructiva.

–Él habla buen inglés.

Graham Greene
–Dudo que el general lo haga –él guardó silencio ante su rodaballo. Era un muy buen rodaballo, una de las especialidades de Fouquet’s. Ella pensó, si puedo salir del apartamento antes que Jean regrese se evitarían bastantes discusiones. Las discusiones podría dejarse más tarde para los dos avocats. Tendría que haber, ella suponía, un encuentro de conciliation. La idea le fastidiaba profundamente. Quería despachar el asunto tan rápido como fuera posible.

–Otro tema que tengo en mente es la situación en Jamaica. En el camino de regreso usted podría pasar por Jamaica. ¿Dijo que hablaba inglés, no es así? Abordar a Manley en forma tal vez más moderada de lo que usted acostumbra. Él es de los nuestros. A pesar que está out por el momento. El tema del general creo que se puede tratar en su estilo habitual. Como puede suponer no nos interesan gran cosa los generales; los generales latinoamericanos particularmente.

Ella preguntó:

–¿Quiere decir que desea enviarme a alguna parte?

–Pues sí. Usted es una mujer muy atractiva. Y el general gusta de las mujeres atractivas en todos sentidos.

–¿Manley no? –preguntó ella.

–Me gustaría que hablase un poco de español. Usted tiene el valioso don de hacer la pregunta adecuada. La política, pensamos nosotros, no debe convertirse nunca en una lectura aburrida. No está bajo contrato, ¿o sí?

–No, ¿pero cuál general? ¿Usted no quiere que vaya a Chile, o sí?

–Chile nos está aburriendo un poco. Dudo que incluso usted pudiera ser suficientemente fresca sobre el tema de Pinochet; ¿y la recibiría él? La ventaja de una república verdaderamente pequeña es que puede ser cubierta (mire que, a profundidad) en cuestión de semanas. Nosotros la vemos como un microcosmos de América Latina. El conflicto con Estados Unidos, por supuesto, allá está más que abierto, con motivo de las bases.

Ella observó su reloj. Se preguntaba si podía llevar en dos maletas todo lo que necesitaba por el momento, ¿para ir a dónde’

–¿Cuáles bases?

No dejaría una nota porque podría ser utilizada por los abogados.

–Las estadunidenses, por supuesto.

–¿Usted quiere decir que entreviste al presidente? ¿De cuál república?

–Al presidente no. Al general. El presidente no cuenta realmente. El general es el jefe de la revolución.

Él le sirvió otro poco de vino. Ella sólo había ordenado una botella pequeña.

Sargento José de Jesús Martínez, alias Chuchú Martínez
–Mire usted que tenemos nuestras sospechas del general. Es verdad que visitó a Fidel, y que entrevistó a Tito en Colombo. Pero nos preguntamos si su socialismo no es más bien epidérmico. No es marxista ciertamente. Su método con Schmidt le sentaría admirablemente. Y tal vez camino allá, o al regreso, un amigable retrato de Manley en Jamaica. Nos sentimos bastante contentos con Manley.

Ella no estaba segura de cuál país quería que visitara. La Geografía no era su fuerte. Él tal vez había mencionado el nombre, pero si lo había hecho, éste se había precipitado ante sus ojos dentro de las maletas vacías. De cualquier modo, no importaba realmente: en ese momento cualquier sitio era preferible a París. Ella dijo:

–¿Cuándo quiere usted que vaya?

–Tan pronto como sea posible. Mire usted que ahí puede haber una crisis en los próximos meses, y si eso sucede… usted podría hallarse escribiendo tan sólo el obituario del general.

–Un general muerto, supongo, de seguro no sería un socialista lo suficientemente bueno para usted.

Su risa, si eso podía llamarse verdaderamente risa, era como el carraspeo de una garganta seca, y sus ojos, que ahora estaban puestos en el menú, habiendo terminado el rodaballo meticulosamente, no mostraban ningún signo de que una broma, como un ángel, había pasado en silencio por encima de sus cabezas y se desvaneció.

–Oh, como le decía, tenemos nuestras dudas acerca del tipo de socialismo de él. ¿Puedo sugerir un poco de queso?

III

“Usted podría hallarse escribiendo su obituario”; la frase dicha por un escritor de modas izquierdistas sobre el menú del Fouquet’s hacía dos semanas, vino inmediatamente a la memoria de Marie Claire cuando vio la bruma de fatalidad en los ojos cansados del general. La muerte era el fin prematuro aceptado, ella siempre lo entendió así, por los generales en América Latina; la alternativa podía ser Miami, por supuesto, pero no podía ver en Miami al hombre que tenía ante ella, compartiendo la ciudad con el ex presidente de la República y la esposa del ex presidente y su cuñado y su sobrino. Miami era conocido aquí, eso lo aprendió de inmediato, como “El valle de los caídos”. El general vestía piyamas y sandalias y su cabello estaba alisado como el de un muchacho, pero ningún muchacho habría tenido los ojos tan cargados de futuro. Él habló en español y el sargento tradujo en un correcto aunque ceremonioso inglés.

–El general dice que usted es muy bienvenida en la República. No conoce el periódico para el que escribe usted, pero el señor Martínez dice que en Francia es bien conocido por sus opiniones liberales.

Marie-Claire creía en la provocación; Helmut Schmidt había respondido de inmediato con rabia y orgullo a sus primeras preguntas, se había entregado a la despiadada cinta, pero esta vez la cinta había quedado atrás en la grabadora. Ella dijo:

–No, liberal no, izquierdista. ¿Sería correcto decir que el general es muy criticado por moverse muy desganadamente hacia el socialismo?

Ella observó atentamente al sargento cuando éste traducía, tratando de atrapar algún significado en el sonido, latinoamericano de las palabras y en sus ojos vio un brillo de regocijo por la pregunta que tal vez aprobaba.

–Mi general dice que él se dirige hacia donde su pueblo le dice que vaya.

–¿O son los estadunidenses quienes le dicen?

–Mi general dice que tiene que tomar en cuenta a los estadunidenses naturalmente, así es la política en un país tan pequeño como el nuestro, pero no necesita adoptar sus posiciones. Mi general sugiere que usted debe estar cansada de estar de pie; debe sentarse cómodamente en el sillón.

Marie-Claire se sentó. Sintió que el general había marcado un punto sobre Helmut Schmidt, y también sobre ella. Aún no había tenido tiempo para pensar la siguiente pregunta, había esperado que el general dejara la puerta abierta para que ella hiciera una rápida pregunta intempestiva, mas parecía que el general hubiera cerrado todas las puertas en su cara. Hubo una extraña y prolongada pausa. Sintió alivio cuando el general habló nuevamente.

–Mi general dice que espera que el señor Martínez la esté ayudando en todo lo posible.

–El señor Martínez me ha prestado su propio auto muy amablemente, pero el chofer sólo habla español y se vuelve muy difícil para mí.

Ellos dos discutieron con cierta amplitud lo que decía ella. El general se descalzó la sandalia y frotó suavemente la planta de su pie izquierdo.

Mi general dice que usted puede descartar el auto y al chofer. Me ha dado órdenes de atenderla; mi nombre es sargento Gurdián. Estoy aquí para llevarla a donde usted desee.

–El señor Martínez me pidió en su carta que hiciera un programa para su aprobación.

Hubo una consulta de nuevo.

–Mi general dice que es mejor para usted no tener ningún programa. Un programa mata.

Los cansados ojos melancólicos del general la observaron con algo que ella juzgó como el regocijo del jugador de ajedrez que sabe que ha hecho un movimiento sorpresivo desconcertando a su adversario.

–Mi general dice que incluso un programa político mata. Su editor debería saber eso.

–El señor Martínez pensó que yo debía visitar…

–Mi general dice que debe hacer siempre lo opuesto a cualquier consejo del señor Martínez.

–Pero a mí se me dijo que él era el jefe de consejeros del general –el sargento se encogió de hombros y también sonrió.

–Mi general dice que mientras que es obligación de él, por supuesto, escuchar a sus consejeros, no es obligación suya.

El general empezó a hablar en voz baja con el sargento. Marie-Claire tuvo la impresión de que la entrevista se le escapaba de las manos desastrosamente. Al abandonar la grabadora había abandonado su mejor arma.

–Mi general desea saber si su editor es marxista.

–Bueno, apoya a los marxistas, de algún modo, pero jamás admitiría ser marxista él mismo. Antes de la guerra la gente llamaba a los de su índole, un compañero de ruta. ¿El partido comunista es legal aquí, no es así?

–Sí, es completamente legal ser comunista. Pero no tenemos partidos.

–¿Ni uno solo?

–Ni uno. Un hombre puede pensar lo que quiera. ¿Es así en un partido?

Ella dijo –y con ello quería insultar– porque en su experiencia un hombre sólo dice la verdad cuando se enoja; incluso Schmidt le había dicho unas pocas verdades:

–¿Su general es un compañero de ruta como mi editor?

El general le dirigió una sonrisa alentadora, y por un momento pareció menos cansado, un poco más interesado.

–Mi general dice que por el momento los comunistas viajan en el mismo tren que él. Los socialistas también. Pero es él quien conduce el tren. Es él quien decidirá en cuál estación detenerse y no sus pasajeros.

–Usualmente los pasajeros tienen boletos para ciertos destinos.

–Mi general dice que le podrá explicar mejor a usted cuando haya visto algo de su país. Mi general quisiera ver su país por una vez a través de sus ojos antes de que regrese a Europa. Los ojos de una extranjera. Dice que son muy hermosos.

Así que el editor tenía razón, pensó ella, las mujeres le gustan, las encuentra fáciles de abordar, el poder es un afrodisíaco obvio… El encanto puede ser un afrodisíaco también, Jean tenía bastante encanto, exudaba encanto con la habilidad de un político, pero ella había roto con el encanto y los afrodisíacos. Ella dijo:

–Ahora que el general tiene poder, supongo que le es fácil abordar a las mujeres.

El sargento Gurdián sonrió. No tradujo.

–Supongo que disfruta su poder –dijo. Casi añadió: “y sus mujeres”.

Intentó una pregunta que había funcionado sorprendentemente bien algunas veces:

–¿En qué sueña él? Quiero decir por la noche. ¿Sueña con mujeres? –prosiguió, burlona–. ¿O acaso sueña en los acuerdos que ha de hacer con los gringos?

Los cansados ojos heridos miraron la pared detrás de ella. Incluso ella pudo entender la única frase que dijo en respuesta a su pregunta:

–La muerte.

–Él sueña con la muerte –tradujo el sargento innecesariamente, y yo podría construir un artículo sobre eso, pensó ella, odiándose.

An Appointment with the General.
The Last Word and Other Stories (1990).

Traducción de Rubén Moheno

Un comercio de tortillas

El maíz criollo en la cultura mexicana

Iván Restrepo

Amado Ramírez Leyva es oaxaqueño, agrónomo egresado de la Universidad Autónoma Chapingo y con posgrado en Alemania. Su esposa, Gabriela Fernández Orantes, es oriunda de Chiapas e ingeniera bioquímica del Tecnológico de Monterrey.

Él se dedicaba a producir semillas de maíz criollo; ella a la acuacultura. A los pocos años de casarse iniciaron en la ciudad de Oaxaca la tarea de divulgar los conocimientos sobre el cultivo y uso del maíz.

Lo hacen por medio de los platillos que elaboran y venden en un sencillo restaurante anexo a su expendio de tortillas.

Hoy el lugar goza de fama internacional por su original menú y por recrear la historia e importancia del maíz criollo en la cultura mexicana.

Como seguramente no se enseña en las escuelas, hace muchos años, en un tiempo en que faltaban alimentos, la hormiga roja confesó a Quetzalcóatl el secreto de la solución, y él se transformó en hormiga negra, fue al monte de los sustentos y trajo a la tierra de la vida el más valioso de los alimentos: los maíces”.

Todo comenzó el año en que Amado tuvo una elevada producción de maíces y resolvió elaborar tortillas. Supo entonces que cada grano, según su procedencia (la Mixteca, los Valles Centrales, la Mixteca Alta, la zona Mije, la Costa o el Istmo), tiene diferente sabor, olor, color y propiedades nutritivas: el amarillo, negro, blanco, rojo, pinto, moradito, naranja, belatove, huitzo, tuxpeño, hoja morada, zapalote, bolita, conejito, tehua, tepezintle, comiteco, conuco, marelo, tabloncillo. En fin, el arcoiris. Igualmente comprobó que las tortillas saben distinto según su nixtamalización (proceso en que el grano se cuece con agua y cal) y cocción en comal de barro.

Comenzaron a venderlas por colores, según la clase de maíz, para que la gente apreciara la diferencia. Igualaron su precio al de las tortillas procedentes de los alrededores de Oaxaca que las indígenas venden de casa en casa. Pronto la clientela les pidió que elaboraran también algunos guisos. Así lo hicieron. Fue tal la demanda que ampliaron la tortillería y abrieron en 2001 un original y sencillo restaurante, el Itanoni, en la colonia Reforma, donde los visitantes pueden degustar quesadillas, tetelas, tacos y memelas de frijol con chile y hoja de aguacate, hoja santa, flor de calabaza, epazote, queso, quesillo y crema. Agregaron al menú atole de maíz (con piloncillo o chocolate) y tascalate (bebida de origen chiapaneco a base de maíz tostado, cacao, canela y axiote). De entrada ofrecen tostadas de cuatro variedades de maíz criollo para que los comensales noten la diferencia.
Los Ramírez Fernández forman parte de los defensores de la tradición maicera de México. Lo siembran en coparticipación con indígenas que sólo utilizan fertilizantes naturales. En el proceso los productores refrendan la importancia de conservar las semillas criollas por ser mejores y por ser eje espiritual y cultural de comunidades y consumidores.

La elaboración de la masa de maíz y los platillos de Itanoni sobresalen por su autenticidad y sencillez. La idea central es que la gente consuma alimentos de calidad y se rencuentre con lo auténtico, con sus raíces. Recientemente comenzaron a hacer tostaditas con diferentes clases de ese cereal. Cada bolsa lleva seis unidades, que la regalan a los niños que van al restaurante.

Es una respuesta a la comida chatarra, a las botanas que hacen daño y que hoy, con el patrocinio de las autoridades, siguen vendiéndose en las escuelas. Si los titulares de las secretarías de Salud y Educación Pública visitan Oaxaca, les recomiendo vayan a almorzar a Itanoni y rematen con las tostaditas de maíz criollo. Verán que saben mucho mejor, nutren y cuestan menos que los productos que tanto publicitan las grandes empresas trasnacionales y locales, que engordan y afectan la salud.

También conviene que vayan los funcionarios empeñados en imponer el maíz transgénico y convertirlo en la base de la alimentación nacional. Verán cuánta razón asiste a quienes defienden los maíces criollos y exigen un cambio de rumbo en la política agrícola a fin de lograr nuevamente la autosuficiencia alimentaria. Y algo no menos importante: atacar efectivamente la pobreza rural.

Cese al hostigamiento de los pueblos indígenas

San Cristóbal de Las Casas, Chiapas a 4 de abril de 2011

Gobierno del Estado mantiene presos a ejidatarios de San Sebastián Bachajón como medida de presión para el control territorial de la zona.

El Centro de Derechos Humanos Fray Bartolomé de Las Casas confirma que Jerónimo Guzmán Méndez, Juan Aguilar Guzmán, Domingo Pérez Álvaro y Domingo García Gómez, son presos políticos ya que, según la documentación recabada, el día 2 de febrero del 2011, no se encontraban en el lugar de los hechos.

Además Jerónimo Guzmán, Juan Aguilar, Domingo Pérez y Domingo García se encontraban, el día 3 de febrero, a 100 metros de la caseta de cobro en la entrada de la cascada de Agua Azul en el ejido San Sebastián Bachajón, reunidos con los demás ejidatarios/as adherentes a La Otra Campaña (LOC), cuando en un operativo policiaco fueron detenidos junto con otros 113 ejidatarios sucesivamente puestos en libertad.

En el momento de los interrogatorios, realizados por la Procuraduría General de Justicia del Estado de Chiapas, a las personas detenidas no se les proporcionó traductores calificados, se les hizo firmar declaraciones sin explicaciones del motivo de las acusaciones por las que estaban siendo inculpados; todo ésto en violación a los derechos al debido proceso y garantías judiciales.

Cabe mencionar que, los supuestos testigos responsables de las acusaciones contra los presos políticos, fueron las mismas personas que participaron en el desalojo violento de la caseta de cobro el 2 de febrero y que, según los testimonios, iban con armas de fuego. Al frente de este grupo estaba Carmen Aguilar Gómez, quien según testigos, desde hace varios meses había tenido diversas reuniones con el secretario de gobierno Noé Castañón León.

Ante esto compartimos parte de los testimonios que confirman que los ahora inculpados no cometieron los delitos que se les imputan:

Domingo Pérez Álvaro: “…el 2 febrero me había ido de comisión a Ocosingo para hablar con José Manuel que es su amigo del compañero Miguel, para solicitarle ayuda o auxilio para que no caigan en la provocación con la gente de Goyito los ejidatarios de La Otra Campaña donde encontré el C. Carlos Solórzano Arcea que es subsecretario de gobierno y él se comunicó luego por teléfono con el secretario general de gobierno Noé Castañón informándole mi petición y también le avisó que ahí estaba con él…”

Domingo García Gómez: “El día 2 de febrero me avisaron por medio de la radio de comunicación como se llama que los priistas han entrado a tomar la caseta, pero yo en este día no acudí porque estaba cortando mi café en mi terreno…” “…El día dos de febrero me encontraba cortando café en mi cafetal con mi hijo Domingo García Gómez y su esposa Anita López, empezamos como a eso de las siete de la mañana ya cuando estaba dando las ocho de la mañana recibió una comunicación por radio mi hijo que era importante su presencia a una reunión en la caseta de Agua Azul, pero como teníamos un acuerdo con mi hijo de terminar todo nuestro corte de café por eso le dije a mi hijo que no viniera a la reunión…”

Juan Aguilar Guzmán: “En ese día 2 de febrero no me di cuenta lo que había sucedido, porque yo me habían comisionado de ir en el Caracol (Junta de Buen Gobierno) con dos principal Manuel y Pedro y ya era noche cuando regresé a mi casa.” “…El día 2 de febrero fui comisionado con el compañero Juan Aguilar Guzmán y Manuel donde salí a las nueve de la mañana en San José donde subimos en un tsuru de color blanco para realizar un viaje especial para ir al Caracol. Regresando a las cuatro de la tarde del Caracol y a nuestra casa a las ocho de la noche por tal razón no sabíamos lo que había pasado en el transcurso del día…”

Gerónimo Guzmán Méndez: “…El día 2 de febrero Salí de mi casa en Kakate’el como a las seis de la mañana con mi camioneta Nissan de doble cabina donde los llevé a ocho personas entre hombres y mujeres en Chilón, me regresé de dejar en la carretera, ya que estaba tapado la carretera en Kakate’el, como tengo casa en dos partes uno en Kakate’el y el otro en Alan Sac’jún, por miedo a que me lo dañen mi carro por eso lo llevé en mi casa en Sacj’ún, por eso ahora mi carro se encuentra en Sac’jún. Ya era como a las cinco de la tarde que Salí en Sacj’ún para llevarle su frijol, pozol y tortillas, fui llegando como a las ocho de la noche en el crucero de Agua Azul, porque ahí estaban los otros compañeros…”

A las cuatro personas presas se suma, Mariano Demeza Silvano (menor de edad, tiene 17 años) al cual se le imputaron los mismos delitos, (atentados contra la paz y la integridad corporal y patrimonio del estado) de los 113 ejidatarios detenidos el 3 de febrero todos puestos en libertad, por lo que consideramos que existe un castigo excesivo contra un menor de edad en violación del derecho de las niñas y los niños a la protección. Aunado a lo anterior a Mariano Demeza no se les proporcionó un traductor especializado y se le obligó a firmar una declaración donde se le imputaron delitos que nunca cometió.

De los hechos ocurridos, cabe destacar que las personas privadas de su libertad tienen cargos políticos en la organización de LOC de Bachajón, por lo que consideramos que, según información con la que contamos y que dimos a conocer en nuestro informe “Gobierno crea y administra conflictos para el control territorial en Chiapas”, los presos privados arbitrariamente de su libertad, son la manera en que el Gobierno del Estado presiona para que participen a la “Mesa de Diálogo y Concertación del Centro Ecoturistico Agua Azul” y para que concierten la administración de la caseta de cobro y su territorio con el Gobierno del Estado.

Además en los sucesos, el Estado no tomó en cuenta las pruebas y testigos que se presentaron a favor de los ahora detenidos quienes han sido sujetos al constante hostigamiento y chantaje por parte de funcionarios estatales que condicionan su libertad a aceptar el diálogo con el Gobierno del Estado y la entrega de parte de su territorio.

De lo antes mencionado, el Estado en su obligación de respetar, garantizar y proteger los derechos humanos, violentó entre otros el Derecho a la: Integridad y seguridad personal Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos (PIDCP) (artículo 7), Convención Americana sobre Derechos Humanos (CADH) (artículo 5); Libertad, PIDCP (artículo 9), CADH (artículo 7); Debido proceso y garantías judiciales PIDCP (artículo 14) y CADH (artículo 8 y 25); Protección frente al abuso de poder; y Derecho de las niñas y los niños a la protección Convención sobre los Derechos del Niño (artículo 3.1).

Ante estos hechos de violaciones sistemáticas exigimos:

1.- La libertad inmediata de los presos políticos, Gerónimo Guzmán Méndez, Juan Aguilar Guzmán, Domingo Pérez Álvaro y Domingo García Gómez, de San Sebastián Bachajón recluidos en el Centro Estatal para la Reinserción Social de Sentenciados No.17, ubicado en Playas de Catazajá, y de Mariano Demeza Silvano recluido en Villa Crisol, Berriozábal;

2.- Una investigación imparcial, inmediata, seria y exhaustiva para dar con los verdaderos autores materiales, del asesinato del Sr. Marcos García Moreno y las lesiones al Sr. Tomás Pérez Deara, que aún se encuentran en libertad; así como el involucramiento, como autor intelectual, del Secretario de Gobierno Noé Castañón León;

3.- Cese del hostigamiento a los Pueblos Indígenas de Chiapas, por parte del gobierno estatal, a través de distintas estrategias que buscan obligar a las comunidades y organizaciones a aceptar condiciones y proyectos gubernamentales a cambio de ceder el control de sus recursos naturales existentes en los Territorios ancestrales.

Una invitación de Norma Páez

Encuentro Nacional por la Diversidad y la Calidad en los Medios de Comunicación

Programa

La agenda completa está en línea en:

http://www.amedi.org.mx/encuentro/

Lugar: Regina 7, Centro Histórico

5 de Abril de 2011

9.00 Registro

9.30 Inauguración

Mensaje de la Dra. Aimée Vega Montiel, Investigadora del CEIICH de la UNAM y Directora de la AMEDI

Mensaje del Dr. Miguel Ángel Granados Chapa, Periodista y Consejero de la AMEDI

Mensaje del Dip. Javier Corral Jurado, consejero de la AMEDI

Mensaje de representante del Gobierno del Distrito Federal

Inauguración oficial a cargo de la Mtra. Beatriz Solís Leree, Coordinadora del Comité Académico de la AMEDI

10.15 a 11.00 Conferencia Magistral del Dr. Néstor García Canclini, Investigador de la UAM, Presidente del Consejo Consultivo de la AMEDI

11.10 a 11.30 Ponencia inaugural de la Lic. Aleida Calleja, Coordinadora del Comité de Relaciones Internacionales de la AMEDI

12.00 a 14.30 Mesas de Trabajo

12.00 a 12.30, Ponentes iniciales de las mesas de trabajo:

Mesa 1. Dra. Alma Rosa Alva de la Selva, FCPyS UNAM e integrante del Consejo Consultivo de la AMEDI

Mesa 2. Lic. Felipe Vicencio Álvarez, Capítulo AMEDI Guadalajara

Mesa 3. Dr. Guillermo Orozco Gómez, Universidad de Guadalajara

Mesa 4. Mtra. Olga Bustos, Facultad de Psicología de la UNAM

Mesa 6. Dr. Alejandro Pisanty, UNAM

16.00 a 19.00 Mesas de Trabajo

6 de Abril de 2011

10.00 a 12.50 Mesas de Trabajo

10.00 a 10.30 Ponencia inicial de José Woldenberg en la Mesa 5

13.00 Relatoría del evento, a cargo de la periodista Carmen Aristegui y del actor Daniel Giménez Cacho, ambos integrantes del Consejo Consultivo de AMEDI

Mensaje de clausura del Dr. Raúl Trejo Delarbre, presidente de AMEDI

Laberintos, un programa de radio por internet, los jueves de 21:00 a 23:00 hrs. de la noche (hora centro México), por www.radiosapienssapiens.com y www.trovadictos.com
http://porlalibertadexpresion.blogspot.com/

“Sobre el pintor Adolfo X Blanco” por Mario Rodríguez

“AQUELLOS TIEMPOS”

Mario Rodríguez Estrada.-

“EL HOMBRE AGRADECIDO GUSTA SIEMPRE EL PLACER DE UN BENEFICIO; EL INGRATO, UNA SOLA VEZ”.-Séneca.-

Mi actual mejor amiga, gentilmente me invitó al cine, entre las varias opciones escogimos, la película que semanas anteriores había recibido los máximos honores de la Academia Cinematográfica de Hollywood, ganando inclusive el Oscar al mejor actor y otras distinciones; la gocé tanto, que se me hizo pequeña, no obstante que dura sus buenos cien minutos,”” The King’s Speech”,” El discurso del Rey”, su guión acerca de las desventuras del Duque de York, futuro Jorge VI, que habiendo sufrido ciertos avatares infantiles, lo convirtieron en tartamudo psicológico, no logrando hilvanar el más pequeño discurso, Colin Firth es el actor, un terapeuta australiano, Lionel Logue, interpretado magistralmente por Geoffrey Rush, le ayuda para superar tal problema, y me llevó a recordar, un guión similar acontecido hace sus buenos sesenta años, cuando un tartamudo nerviosos similar ingresó a la benemérita y gloriosa Secundaria Federal Nocturna para Trabajadores número uno de la ciudad de Querétaro,1953; su nombre jamás se hizo famoso y nunca se convirtió en Rey, ni de su casa, MARIO RE, desde muy pequeño sufrió lo que en términos psicológicos, lo mismo que el Rey, se conoce como afasia, que es la alteración de la capacidad de formular simbólicamente el pensamiento con medios de expresión hablada; procediendo, los anteriores años, de la Universidad de Querétaro, 1951, Instituto Politécnico Nacional,1952, y del Instituto Militarizado “Benjamín N. Velasco”, sus años de primaria los repartió en varias Escuelas, de Queretarín y de Torreón, cambiando, por la movilidad de su familia, encabezada por su señor padre, telegrafista ferrocarrilero, de institución educativa cada año…un poco se estabilizó cuando su señora madre, viendo los problemas que esto acarreaba en sus hijos, se negó a seguir siendo la “soldadera” de su marido, y se estableció firmemente en Querétaro, reanudando su carrera magisterial en la Escuela primaria “Constitución”, ahí le trató a sus compañeros maestros el problema de su hijo Mario Re; muy lentamente y con pocos resultados la excelente maestra Lolita Pérez de Lara en quinto año,1949, el no menos excelente Adolfo Lara y Núñez en sexto año,1950, y la misma Directora del plantel, la recordada maestra Lupita Barrera, trataron de ayudarlo…y ¡nada!…el problema del tal Marito seguía latente…

Como Director de la Secundaria Nocturna fungía un no solo excelente maestro, sino un mago psicólogo…ADOLFO X. BLANCO VENEGAS…al que la maestra María Luisa Estrada Pérez, madre del emproblemado jovencito, le expuso, nuevamente, el caso…en esa maravillosa época, la Secundaria ofrecía a los padres de los alumnos, a los alumnos y al público en general, cada último viernes de mes, lo que el Maestro Blanco bautizó como “Viernes Sociales”, actuando “todos” los integrantes de sus grupos, a “huevo”, como cantantes, declamadores, bailarines, esketches serios y cómicos, entre los que destacaban los simpatiquísimos: “Tres vidriantes”, parodiando a los “Tres diamantes”, así Manuel Troncoso, Antonio Robles, que de ahí salió para convertirse en uno de los mejores y populares locutores de la Radio Queretana, apoyados por el carisma y la gracia sin igual del después Licenciado David Elías Santos, con sus gracejadas hacían las delicias del público asistente…y entonces, al mago, sicólogo, terapeuta, gran maestro Adolfo X. Blanco se le ocurre colocar al tartamudo Mario RE como : ¡MAESTRO DE CEREMONIAS!…Y COMO LA COSA ERA para todos ¡A HUEVO!…el tal Marito no tuvo de otra, por dos años,1953 y 1954, lo obligó a manejar el micrófono, a cantar y a bailar, declamar y a actuar en “El Brindis del Bohemio”, donde el actor principal lo fue el recordado malogrado amigo David Almada Gallardo, de voz y presencia portentosas…el colofón final en la terapia de Mario RE, vino cuando el Maestro Blanco, le encargó presentarse, dentro de la primera y seria parte del programa de clausura de cursos de la Secundaria, diciembre de 1954,que por cierto marcó el primer año de la naciente Secundaria Federal Diurna No. Uno de la ciudad de Querétaro, como Cantante, interpretando en italiano “Torna a Sorrento” y en español, la popular y bella melodía “La Violetera”; de tanto ensayar, el tal artista casi se hallaba sin voz, entonces el Maestro Blanco al ver el problema, le dijo: “no se preocupe Rodríguez, échese un trago de esto”, y me dio una copa de tequila, me cayó tan bien, que ya “reconfortado” y medio “pedernalón” me enfrenté al expectante público, entre las que se encontraban mis nerviosos familiares, mamá, tia Jovis y abuelita; me acompañó al piano el Maestro de música de la Escuela, y así, un” amarrado” y afásico niño de 15 años, logró medio vencer su problema, y recibir en compensación carretadas de aplausos, que resonaron como timbres de gloria y orgullo en las viejas paredes del “Teatro de la República”…desde entonces, el Maestro Adolfo X. Blanco, se convirtió en uno de mis principales y admirados mentores de mi vida…donde quiera que esté usted…¡Gracias MAESTRO!…le saluda y abraza…Mario RE.