El gran proyecto de La Alameda de Querétaro a finales del siglo XVlll

El gran proyecto aún por realizarse.
Historia y tradición

El Paseo de la Alameda

José Félix Zavala

Con la celebración de 40 corridas de toros, para recolectar un fondo de cuatro mil pesos, necesarios para la empresa, un terreno donado por Ramón Samaniego, propietario de la hacienda de Carretas, la plantación de 1341 árboles, el permiso del Virrey Miguel De La Grúa y la iniciativa del Corregidor Ruiz Calado, para 1804, Querétaro tenía “su Paseo de la Alameda”.

Se pensó en este paseo, allá por el año de 1793, y en su lujo, estaba planeada, una fachada hermosa, de arcos triunfales, de diferentes órdenes de estilo, cuatro pórticos monumentales, una gran fuente al centro, con esculturas de las nueve musas y de los grandes hombres de la literatura universal.

El proyecto de un paseo arbolado en la ciudad, al estilo del Paseo de Bucareli, en la ciudad de México o al estilo de “paseos arbolados y jardinados” de algunas ciudades europeas, quedó desde el inicio en solo una ilusión.

De José Mariano Orihuela, maestro agrimensor, de marcada influencia neo-clásica, fue el proyecto original, de cómo sería nuestra Alameda, intento nunca realizado completamente.

El Corregidor de Letras de Querétaro, Ignacio Ruiz Calado, pensó con acierto en la necesidad de este paseo, lo que sería la última obra de importancia en el equipamiento urbano de la ciudad, en pleno apogeo virreinal.

Para tan admirable paseo, se pensó, en más de cien hectáreas, ubicadas entre los cascos de las haciendas de Casa Blanca y Carretas:

Por los jardines y arboledas de La Alameda, entre merolicos, adivinadores de la suerte, acróbatas y carruseles, ha paseado el pueblo queretano, desde principios del siglo XlX hasta nuestros días. Son ya 200 años.

Nuestro paseo, ha tenido en su interior, al paso de su historia, y del tiempo, lo mismo que para nuestra recreación: Hipódromo, Palenque de gallos, paseos en carretas, bicicletas y en sus alrededores, pista de circo y el famoso tianguis, conocido como “Pueblo Nuevo”.

También han paseado por sus jardines, los emperadores, Maximiliano y Agustín Primero, el dictador Porfirio Díaz, lo mismo que el presidente Francisco I Madero y los diputados constituyentes de 1917.

Ha sido lo mismo, destruida la belleza de nuestro paseo de La Alameda, y los acontecimientos históricos no permitieron en su tiempo, la terminación planeada desde 1793, para este lugar, destruyéndose en parte, durante la guerra de Independencia, el sitio de Querétaro, la revolución del 1910 y por el descuido.

Los primeros automóviles y la primera estación del ferrocarril, también estuvieron junto a La Alameda, pero esta, a pesar de los muchos contratiempos y utilidades que ha tenido, jamás dejó de ser centro de reunión o de paseo obligado para los habitantes de la ciudad.

Si se consigue formar una alameda y que en ella, como se carece de otro paseo, existan las gentes de toda esfera, no hay duda en que se remediarán muchos excesos.

Existe en nuestra Alameda un conjunto escultórico, obra de Juan Velasco Perdomo, en atención a la anécdota del cronista J. Guadalupe Ramírez Alvarez, quien dice que en ese lugar de La Alameda, nuestro queridísimo amigo, – ya fallecido -, el compositor oaxaqueño, José López Alavez, compuso “La Canción Mixteca”, mientras era soldado villista, en su paso por la ciudad.

A mediados del siglo XX, en un intento más de darle “su lugar”, a La Alameda, tuvo “merenderos”, bancas abundantes y alumbrado con farolas de época, además de vigilancia.

Lo he alentado haciendo delinear el lugar más plano y de mejores proporciones en que pueda formarse con más de seis mil árboles, comenzando por una calle de ochocientas varas de largo, con sus respectivas carreras para coches y gente de a pie. A rematar en una plazuela que formará unas noventa calles.

Esta obra pensada para darle un mejor equipamiento a la ciudad, tiene entre sus cercanías obras de Manuel Tolsá y Tres Guerras, como es el Convento y Capilla de “ Teresitas” y más adelante el templo y convento de Santa Rosa de Viterbo, obra de Mariano de Las casas, que desde lejos hermosean el Paseo alamedado y dan la oportunidad de verlo, como dice Eduardo Loarca, como un “Hortus Conclusus”, donde la espiritualidad del queretano crezca.

El primer plantío se hizo en este terreno, donado al municipio y que fuera parte de la Hacienda de Carretas, de 1341 árboles.

La escultura de Cristóbal Colón, colocada en1894, con motivo del cuarto centenario del encuentro de América con Occidente, ahora colocada en el lado sur de la Alameda, tiene una columna que en un principio sirvió de base a la estatua de El Marqués, en la Plaza de Armas.

La estatua de Benito Juárez, colocada al norte de La Alameda y al centro del camellón de la calzada Zaragoza, fue retirada del lugar y llevada a San Juan Del Río en 1967.

La estatua erigida a Miguel Hidalgo, forma parte de La Alameda, está en el centro y en medio de la fuente, es una hermosa escultura al Padre de la Patria, realizada en la “Fundición artística Nacional”, del pueblo de Tacuba, ahora parte de la ciudad de México.

La portada, estilo toscano, que tiene actualmente La Alameda, fue diseñada por el maestro Agustín Rivera y Antonio Loyola Vera, la herrería es de los hermanos, Martínez Lázaro y Domingo Galván.

Desde hace mucho tiempo que los queretanos sentíamos en el fondo de nosotros mismos la culpa del pecado de abandono de este lugar, donde pasamos horas inolvidables ya como niños, ya como jóvenes, como adultos o como ancianos. Palabras del maestro Eduardo Loarca Castillo, cronista de la ciudad.

Aquel Querétaro del siglo XVlll. De donde saliera la idea de un Gran Paseo Arbolado, una Alameda, estaba en su esplendor, sin saber que este llegaría pronto a su fin, al menos por el momento.

En el año de 1700, al cambio de la casa real de los Habsburgo por los Borbones, Querétaro era corregimiento. Con la implantación de intendencias, recibió el nombramiento de Corregimiento de Letras por cédula real de Carlos lV, firmada en Aranjuez el 17 de junio de 1794, con atribuciones este Corregimiento de justicia, policía, hacienda y guerra, el primer Corregidor de Querétaro fue el creador de La Alameda, José Ignacio Ruiz Calado.

En ese entonces había en la ciudad de Santiago de Querétaro, cuarenta mil habitantes entre españoles e indígenas, 23 obrajes de paños finos, además de trapiches de jergas y frazadas, tenerías y comercios de alimentos, 96 haciendas, la real fábrica de tabacos, una alhóndiga, bien abastecida de maíz y trigo.

Por esos días, era el año de 1795, se expidieron Las Ordenanzas, en donde se disponía para el mejor ordenamiento de la ciudad, la división en tres cuarteles mayores y estos a su vez, en tres cuarteles menores cada uno, mas un alcalde de barrio.

A pesar de la prosperidad, bonanza y esplendor de que se disfrutaba en Querétaro, había latente un estado de inconformidad en contra de las autoridades españolas. Señala el maestro e historiador don Manuel Septién

Querétaro en la historia de Mesoamérica por José Félix Zavala

Querétaro en la historia de Mesoamérica

José Félix Zavala

En lo que corresponde actualmente al territorio del estado de Querétaro, ya se puede dar como un hecho que sus habitantes han jugado un papel muy importante en toda las historia de México, comenzando con la parte que corresponde al período mesoamericano.

El hombre más antiguo encontrado hasta la fecha tiene una edad de aproximadamente 8 mil años el hallazgo fue por las cercanías de Tequisquiapan. Ya por el año 500 a.C., se encuentran vestigios arqueológicos de la existencia de culturas avanzadas que continúan, hasta muy entrada la invasión española y se puede afirmar que llegan hasta nuestros días, de acuerdo a la teoría de Guillermo Bonfil Batalla, entre otros científicos de importancia, en el campo de las humanidades. Esta cultura sigue siendo rectora de los aconteceres más importantes en este territorio queretano.

Además se da por cierto que en el primer milenio de nuestra era, se desarrollaron pueblos con manifestaciones particulares de la región, en todo lo que es hoy el estado de Querétaro, hicieron productiva esta zona y explotaron sus recursos agrícolas, mineros, su fauna y su flora, dando por resultado toda una sociedad compleja y formando parte al mismo tiempo de la civilización madre, la mesoamericana.
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Los estudios se extienden desde las orillas del río Huimilpan hasta a la región de Jalpan, en la zona del semidesierto y por las diferentes regiones del estado y en todas se encuentran vestigios de esta gran civilización autónoma y solitaria ante los demás continentes, crecida en América central y de la que Querétaro forma también parte importante.

Cuando los imperios, mexica y tarasco, alteran la conformación política de este territorio del Bajío queretano y de la Sierra Gorda, queda el ahora estado de Querétaro como amortiguador, entre las zonas en conflicto y un grupo de gran cultura nómada, en el semidesierto queretano, decide sobre su desarrollo.

Es necesario un mayor acercamiento a la historia de los pueblos mesoamericanos, antes de la invasión española, en el actual territorio queretano, conocer con mayor profundidad su pasado, es la única forma de conocer integralmente ña historia del ahora territorio de Querétaro. Propiamente hasta 1974 es cuando la arqueología formal entra en nuestra entidad, con Margarita Velasco en La Sierra Gorda y el Semidesierto y Enrique Nalda en Los Valles de Querétaro y San Juan Del Río.

Al actual territorio de Querétaro se le tenía como una zona donde habitaron gente “salvaje”, pero los resultados de los primeros arqueólogos científicos, llamaron la atención de la arqueología histórica en México y en el mundo, señalando la importancia de la cultura regional, desde los tiempos milenarios.

Empiezan a sobre salir primeramente las investigaciones sobre la zona arqueológica del Cerrito, en El Pueblito, la zona del Cerro de la Cruz, en San Juan del Río, la zona de Ranas y Toluquilla en San Joaquín y Cadereyta, las de Jalpan, entre mil quinientas más hasta ahora catalogadas.

Encontramos en nuestro territorio, desde pinturas rupestres, campamentos, cuevas-habitación, hasta zonas de alta cultura, como los centros ceremoniales del Cerrito, de Toluquilla, del Tepozán, del Cerro de La Cruz, más de cuarenta juegos de pelota en pie.

Las fuentes de estos hallazgos tienen su origen documental más primario, en las narraciones de los invasores españoles, de los cronistas que los acompañaron, de viajeros, eruditos e investigadores, que durante la época de ocupación europea de nuestro territorio dejaron testimonio de ello.

Otro grupo de informantes lo podemos tener entre los investigadores no profesionales de la antropología en el siglo XlX.

Estos tipos de narraciones aparte de amenas nos dejan testimonio, de los “salvajes” que ellos encontraron, de los caminos, itinerarios y rutas de comunicación que tuvieron, de las zonas arqueológicas que encontraron, dando paso a la profesionalización de la actual arqueología y reconocimiento de la historia de Querétaro, desde el 500 antes de Cristo, hasta nuestros días, siendo siempre parte importante nuestro territorio, en la historia de nuestro país.

Es ya bien sabido que La Sierra Gorda tenía una identidad propia, que la distingue de las demás en mesoamérica, interactuando con la huasteca, el altiplano central y el sureste mexicano.

En lo que llamamos la región Huasteca, encontramos una influencia decisiva, principalmente en las zonas de Landa, Tancoyol y Tilaco, venida de la Huasteca o del llamado Señorío de Oxtipa.

Es importante para la historia regional, tener presente que la Sierra Gorda participa activamente en la historia de mesoamericana, como una entidad cultural con características propias, manteniendo una subárea en los límites de San Luis Potosí actualmente, relacionada con la cultura del Tajín

Una de las muestras de alta civilización de los grupos radicados en la Sierra Gorda Queretana y el semidesierto, lo podemos encontrar en la construcción de ciudades y campamentos, en la habilidad para la explotación de la zona minera.

Sobre este aspecto nos dice Alberto Herrera Muñoz en sus estudios de campo que la explotación de las minas data de mas de dos mil años de antigüedad, confirmándolo las excavaciones realizadas por los mesoamericanos, el tipo de herramientas utilizadas, su desarrollo minero y la comercialización que realizaron en toda mesoamérica, de tal suerte que esto nos habla de una gran tradición minera de la Sierra Gorda.

Son también evidentes los asentimientos que se localizan en las riberas o cercanías al río San Juan, Al Extoraz y al Tula.

La gran iniciadora de la arqueología contemporánea en Querétaro, Margarita Velasco, deja estudios que invitan a la investigación cada vez mas necesaria de las particularidades de la historiografía de la Sierra Gorda, nos habla de las escaleras semicirculares en las estructuras encontradas en Ranas, como elemento propio de la región.

Nos hablan también de Petroglifos, petrograbados, minas de obsidiana, cavernas con pinturas rupestres, sótanos con campamentos con vestigios arqueológicos, lo mismo que en Landa, Tilaco, Tancoyol, en las llamadas Misiones de la Sierra Gorda, argumentando lo encontrado, una vida activa y de alta civilización por más de dos milenios de civilización en lo que corresponde a este territorio.

En los actuales límites de los estados de Guanajuato, Michoacán y Querétaro, se encuentra la Sierra de Amealco, en donde el cerro del Cimatario separa a esta de los Valles de Querétaro y San Juan del Río.

Por las riberas del río Huimilpan que nace de los ojos de agua en la conjunción de la sierra del Rincón y de Capula, se localizan dos zonas arqueológicas y una gran cantidad de petroglifos que revisten una gran importancia, una se le denomina la zona Huimilpan y la otra la zona Tepozán, cada uno de ellos son cuantitativamente y cualitativamente diferentes.

En El Valle de San Juan se encuentra otro asentamiento mesoamericano de gran importancia para la historiografía regional, lo conocemos como El Cerro de la Cruz, al sur de la actual ciudad, con una ocupación desde el 500 a. C.

Con una altura del basamento piramidal principal de 15 metros, a partir del valle, existen restos de una plaza y de otros edificios, con elementos que indican que hubo nivelación del terreno cuando se iniciaron las etapas de diferentes reconstrucciones que allí se diferencian, como son las de la época de Chupícuaro, la de teotihuacán, la de Tula y la Chichimeca.

Los indígenas que viven en las ciudades ¿Cómo pueden ejercer su usos y costumbres?

Indígenas urbanos: ¿otra ciudadanía?

Magdalena Gómez

Apartir de 2001, las diversas legislaturas en el Distrito Federal han abordado de manera errática la posibilidad de emitir una ley” referente a pueblos y comunidades indígenas.

Existen diversas iniciativas, todas polémicas, empezando por el tipo de “consulta” que ha precedido a su elaboración. No me referiré al contenido de las mismas, pues me interesa apuntar una reflexión ausente respecto a la ciudadanía indígena urbana.

Cabe señalar que en la capital de la República residen integrantes de pueblos indígenas de todo el país e incluso de toda América Latina. Además de que aún existen pueblos originarios. De manera que la problemática presenta la complejidad adicional de considerar la regulación de derechos individuales para una ciudadanía multicultural a la par de los relativos a los pueblos que tienen naturaleza colectiva. Aunada a lo anterior se encuentra la limitante de que el Distrito Federal tiene facultades legislativas acotadas respecto de las entidades federativas del país y que buena parte de los derechos colectivos, en especial los relativos a territorio y recursos naturales, son competencia federal.

Es pertinente señalar que la demanda de los pueblos indígenas para su reconocimiento como sujetos colectivos ha centrado el debate en esos términos y en oposición al planteamiento liberal de considerar a sus integrantes simplemente con derechos individuales “iguales”, formalmente, a los del resto de la sociedad.

En ese afán justo, se dejó de lado el análisis y la propuesta sobre la implicación individual de la pertenencia a un pueblo indígena pensada en lógica de ciudadanía y en residencia urbana. Muchos factores contribuyeron a ello, sólo señalaremos que a la ciudadanía se le ha restringido al derecho al voto y en ese ámbito los pueblos indígenas han marcado distancia.

Es evidente que los desplazamientos demográficos también han tocado y de manera destacada a dichos pueblos, más allá de las estadías temporales. En el Distrito Federal hay comunidades urbanas de indígenas residentes por varias generaciones, si bien en la mayoría de los casos manteniendo contacto con sus pueblos de origen.

Por ello, una asignatura pendiente es la reflexión sobre la ciudadanía pluricultural. Debemos volver los ojos al concepto de ciudadanía a fin de perfilar posturas en torno a su carácter universal y homogéneo o a la necesidad de pensarla con rasgos intra e interculturales, más allá de una imaginaria sociedad de colectividades en cierta forma encerradas o autoconfinadas en sus diferencias.
Es momento de preguntarnos: ¿es suficiente por sí misma para incluir en pie de igualdad a los grupos históricamente excluidos o, al menos en algunos casos, es necesario agregar disposiciones particulares?

¿Se requieren derechos adicionales para que los indígenas que provienen de otros pueblos y son residentes en espacios urbanos ejerzan sus derechos individuales, comunes a las y los mexicanos?, o bien ¿qué se propone, para que un ciudadano o ciudadana indígena ejerza el derecho a la vivienda, a la salud, al empleo? Todo ello en el contexto de la discriminación estructural que padecen. ¿Cuál es la modalidad más adecuada: reformar el conjunto de leyes, o una ley indígena? ¿Es válido restringir los derechos adicionales sólo a los de tipo culturalista?

¿Será necesario abordar las propuestas de ley en términos de acción afirmativa, la llamada discriminación positiva? Es un hecho que en la región latinoamericana no existe legislación para población urbana indígena que consigne el perfil real de la ciudadanía urbana pluricultural.

Por ello observamos que no es suficiente la dimensión colectiva de los derechos indígenas trasladada mecánicamente a esta nueva situación. ¿Cómo hacemos para que todo este proceso propicie un nuevo tipo de ciudadanía?, una ciudadanía ampliada, para que esta comunidad de ciudadanos, con raíz originaria histórica proveniente de los pueblos, sea incluida sin el sacrificio de sus identidades originarias. ¿Cómo seguimos este camino para que propiciemos el combate al racismo, a la discriminación, que permea la cultura de nuestros países?

Los indígenas urbanos se colocan entre los sujetos de derechos de los pueblos como el de autonomía, y a la vez deben ser titulares de derechos culturales que les permitan manifestar su diferencia dentro de la sociedad mayoritaria. También requieren la garantía de acceso a los derechos sociales. Habría de considerarse que existen en el Distrito Federal comunidades indígenas urbanas organizadas aparte de las relativas a pueblos originarios, sin dejar de lado a la muy amplia población indígena urbana que no está integrada a las mismas, mujeres y hombres indígenas que también viven la exclusión y discriminación sin contar con lazos de solidaridad comunitaria.

Es evidente que la dimensión de las y los indígenas urbanos no debe dejar de lado la problemática colectiva de los pueblos originarios. ¿Otra ciudadanía para otra nación?

¿Se acuerdan del agua de Tlacote en Querétaro?

Agua de Tlacote: del milagro al olvido

Diario de Querétaro

Heidy Wagner

Querétaro, Querétaro.- Hace exactamente 20 años el fenómeno del agua milagrosa de Tlacote era tema de conversación en prácticamente todo el mundo; todos sabíamos en 1991 que el dueño de una hermosa hacienda localizada en esta comunidad del Municipio de Querétaro perforó un pozo para darle de beber a sus animales y para su sorpresa este líquido además de calmar la sed del ganado curaba los males que pudiera padecer.

Dice la historia, que Jesús Chaín Simón tenía una vaca enferma y que para su asombro el animal se alivió tomando el agua del pozo, sin embargo gente de la comunidad recuerda que don Jesús tenía sus dudas, pero después de que un perro con lepra sanó luego de bañarlo con la misma agua Chaín confirmó que esta contenía “algún elemento milagroso”.

Al darse cuenta del fenómeno, la gente de la comunidad comenzó a llegar hasta el pozo solicitando de aquella agua milagrosa, y Jesús les repartía a todos con gran generosidad. Se dice que un hombre desahuciado que padecía cáncer quedó totalmente libre de la enfermedad, según pudo constatar el médico de la comunidad. Y así poco a poco se fueron sumando los testimonios hasta que se creó un auténtico escándalo.

Al poco tiempo, “el agua milagrosa de Tlacote” era tema en la prensa nacional e internacional, se decía que era agua de vida que todos ambicionaban beber. Para los habitantes de la comunidad que normalmente sufrían privaciones económicas de pronto encontraron en el agua del Tlacote una fuente de vida, porque comenzó a llegar tanta gente que las calles se llenaron de carros y autobuses, y los miles de visitantes requerían de alimentos y otros servicios.

Así que todos los pobladores se dedicaban al comercio informal, vendían de todo: café con pan, menudo, pozole, taquitos, tamales, comida casera, dulces, refrescos, y desde luego botes, garrafas y cubetas para que los visitantes pudieran llevarse su dotación de agua, de tal suerte que a Tlacote llegaron cientos de miles de personas de todos los estratos sociales, es decir, desde la gente más humilde hasta aquellos que arribaban en automóviles de lujo con placas tanto de Querétaro como de todos los estados del país inclusive de Estados Unidos, y desde luego también vinieron japoneses, alemanes, españoles, argentinos incluso grandes personajes como José José, Julio Iglesias, Juan Gabriel y Michel o Magic Jhonson, todos necesitados de salud.

Se decía que el agua del Tlacote todo lo curaba: diabetes, epilepsia, artritis, cáncer y hasta Sida, por ello hoy en día se afirma que más de tres millones de personas acudieron a beber de aquél líquido mágico y misterioso, y millones más la bebieron en muchos países llevada por los peregrinos que acudían al pozo de los milagros; la fila para recibir agua fluctuaba cada día entre cinco mil y 10 mil personas.

Muchos de los que acudieron en aquella época a la hacienda, todavía recuerdan que era un sitio limpio, sus muros bien pintados y con muchos árboles frondosos que proporcionaban excelente sombra a la multitud, “Todo estaba perfectamente bien organizado y las filas de gente se movían con gran fluidez. Al llegar había que registrarse, luego la esposa de Don Jesús, quien era médico, revisaba a cada visitante y decidía la cantidad y dosis apropiadas, recetando agua en forma oral, externa o incluso como gotas para los ojos. Todos la atiborraban con infinidad de preguntas. El trabajo era arduo y agotador, pero la señora Chaín lo hacía con mucho gusto y dedicación, trabajando sin descanso de 9:30 de la mañana a 15:30 de la tarde todos los días”.

Añaden, cuando Gobierno del Estado se dio cuenta del fenómeno social, no tuvo de otra más que colaborar, así que sin mucho protocolo proporcionó unos enormes tanques de acero inoxidable para depositar el agua que se bombeaba desde el pozo y de ahí se servía a la infinidad de recipientes plásticos que la gente adquiría con los vendedores del pueblo. Aquello era una auténtica romería, con gente llena de fe y esperanza, tal y como si estuvieran adquiriendo el agua de Lourdes.

En aquel tiempo, muchos reporteros hicimos investigaciones y nos apoyamos con especialistas en temas hídricos y sobre todo con aquellos que cuentan con los instrumentos necesarios para medir la calidad del agua, la pregunta recurrente por nuestra parte era: ¿Tiene alguna sustancia especial que haga curativa y milagrosa esta agua?, y aunque nos hubiera encantado escuchar otra cosa, la respuesta era siempre la misma: Es agua común y corriente, es agua limpia y ligera de pozo y punto, sin embargo la gente creía en ella y para muchos era su última oportunidad, y esa fe aunado a que antes no tomaban agua en abundancia y ahora lo hacían por gusto y por prescripción médica trajo como resultado que muchos lograran aliviarse.

Investigadores de la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) analizaron el agua y concluyeron que ésta no contenía propiedades distintas a la que se vendía como potable. Incluso, el entonces director del Centro de Estudios Académicos sobre Contaminación Ambiental (CEACA), Alfonso Pérez, aseguró que era falso que este líquido tuviera una densidad diferente.

De acuerdo a los reportes de la época emitidos por la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito del Estado, hubo días que acudían por agua un promedio de tres mil personas, quienes formaban largas filas a la entrada del rancho de Chaín Simón. Durante el año de 1991, por lo menos un millón de personas acudieron a Querétaro para obtener el agua milagrosa.

Cabe destacar que una vez al mes salía un autobús desde San Antonio, Texas, rumbo a Querétaro, con peregrinos que venían en busca de las aguas curativas de Tlacote, la salida era los viernes por la tarde y el regreso el lunes por la mañana, contemplaba una parada para pasar la noche en el estado de San Luis de Potosí, y el viaje costaba solamente 145 dólares.

La fama llegó a todo México, Estados Unidos, Canadá y luego a otros países, tan así que arribaban a Tlacote decenas de autobuses de todas partes de la República y de la Unión Americana que hacían viajes especiales para la compra y consumo de dicho brebaje. Entre los asistentes había pacientes con enfermedades de diversos niveles de gravedad, llegando incluso a presentarse enfermos con padecimientos crónicos o en fase terminal, que asistían con la esperanza de recibir los beneficios del líquido milagroso.

Varias personas declararon haber sanado de sus males, aunque científicamente se afirmaba que la percepción de las mismas era un ejemplo del efecto placebo, es decir, un fenómeno por el cual los síntomas de un paciente pueden mejorar mediante un tratamiento con una sustancia sin efectos directamente relacionados con lo que estaría causando la enfermedad; sin embargo, con el tiempo la fama del lugar se fue desvaneciendo hasta prácticamente desaparecer.

Aunado a que el 10 de junio de 2004 falleció Jesús Chaín Simón. Como un hecho por demás extraño debido a que el descubridor del agua de Tlacote murió víctima de cáncer, la misma enfermedad que — entre 1991 y 1993 — él logró sanar en miles de personas de todo el mundo.

Hoy en día, la hacienda de Tlacote es propiedad de Arturo de Cosío, la cual sigue tan hermosa como la recordamos hace 20 años, con sus enormes muros de piedra bien pintados, árboles inmensos con troncos anchos y frondosas copas que invitan a disfrutar de su sombra, y ahí también se encuentra absolutamente todo lo que se utilizó durante tres años para bastecer de tan codiciado líquido a miles de peregrinos.

En esta impresionante construcción, fuimos recibidos por su propietario que con gran amabilidad nos invitó a realizar un recorrido por donde aún permanecen los enseres que hicieron famoso a este sitio: los tanques de acero inoxidable, las llaves, mangueras, una embotelladora, y una hemeroteca donde se encuentran todas y cada una de las notas informativas y reportajes gráficos que fueron publicados en distintos periódicos y revistas de circulación nacional.

Durante este recorrido Arturo de Cosío comentó que Tlacote el Bajo es una población tranquila que aunque está alejada de la ciudad cada día se está urbanizando más, “estas son de las pocas tierras de cultivo con que todavía cuenta el municipio de Querétaro; aquí sé vive muy tranquilo, de lo que fue hace muchos años la hacienda de Tlacote, únicamente queda el casco y unas cuantas hectáreas que lo circundan y lo demás está repartido en ejido y desafortunadamente el ejido a su vez vendió a los fraccionadores”.

Afirmó que existen datos de las primeras mercedes que fueron otorgadas por el Virrey y que tienen más de 400 años, “claro que en un principio esto inició con el puro terreno y algunas chozas, pero al pasar de los años y con los distintos dueños fue creciendo el área de construcción, y finalmente con el auge de principios del siglo anterior fue posible realizar las últimas construcciones del lo que es hoy en día la hacienda de Tlacote”.

***PIES DE FOTOS

HACE exactamente 20 años el fenómeno del agua milagrosa de Tlacote era tema de conversación en prácticamente todo el mundo.

EN 1991 Jesús Chaín dueño de la hacienda localizada en Tlacote perforó un pozo para darle de beber a sus animales y para su sorpresa este líquido además de calmar la sed del ganado curaba los males que pudiera padecer.

EL AGUA milagrosa de Tlacote era tema hace 20 años en la prensa nacional e internacional, se decía que era agua de vida que todos ambicionaban beber, de hecho aún existe una hemeroteca donde se encuentran todas y cada una de las notas informativas y reportajes gráficos que fueron publicados en distintos periódicos y revistas de circulación nacional entre 1991 y 1993.

SE DECIA que el agua del Tlacote todo lo curaba: diabetes, epilepsia, artritis, cáncer y hasta Sida, por ello hoy en día se afirma que más de tres millones de personas acudieron a beber de aquél líquido mágico y misterioso.

HOY EN DIA, la hacienda de Tlacote es propiedad de Arturo de Cosío, la cual sigue tan hermosa como la recordamos hace 20 años, con sus enormes muros de piedra bien pintados, los árboles inmensos, con troncos anchos y frondosas copas que invitan a disfrutar de su sombra.

EN LA HACIENDA aún permanecen los enseres que hicieron famoso a este sitio: los tanques de acero inoxidable, las llaves, mangueras y una embotelladora.

LA FAMA del agua de Tlacote, llegó a todo México, Estados Unidos, Canadá y luego a otros países, tan así que arribaban a esta comunidad decenas de autobuses de todas partes de la República y del sur de la Unión Americana que hacían viajes especiales para la compra y consumo de dicho brebaje.

DE ACUERDO a los reportes de la época emitidos por la Dirección de Seguridad Pública y Tránsito del Estado, hubo días que acudían por agua un promedio de tres mil personas, quienes formaban largas filas a la entrada del rancho de Chaín Simón.