Murió Betsy Pecanins,

Murió Betsy Pecanins, reina del blues y militante de la felicidad

Hace años se le diagnosticó disfonía espasmódica, pero encontró nuevas formas de cantar

Ave fénix, vas a renacer en nuestros corazones, indicaron Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez

Que su ejemplo de valentía ante los retos de la vida nos siga inspirando: Eugenia León

Ayer en la madrugada falleció Betsy Pecanins, mientras dormía en su casa.

Éricka Montaño Garfias

La Jornada

Lo que prima en mí es la vida y las ganas de hacer las cosas. Son palabras que la reina del blues, Betsy Pecanins, dijo hace unos años, al regresar a los escenarios con un concierto en Ruta 61, en 2013. Este martes, tres años después, la música y el blues perdieron a una de sus principales representantes: Betsy falleció en la madrugada, en su casa, mientras dormía, indicaron fuentes cercanas a ella. Sus restos fueron llevados a la funeraria García López, en la colonia Juárez, para su despedida física.

Betsy Pecanins, cuyo verdadero nombre es Elizabeth Ann Taylor Pecanins, nació en Yuma, Arizona, en 1953. Su padre fue un diplomático estadunidense y su madre fue la pintora catalana Ana María Pecanins. A los 18 años se inició en los escenarios en Barcelona, y desde 1977 radicó en México, país en el que se naturalizó.

La cantante y compositora cuenta con 14 discos, además de numerosas participaciones al lado de otros músicos. Desde hace algunos años tuvo problemas de salud, que finalmente fueron diagnosticados como disfonía espasmódica, afección neurológica que dificulta el habla, y para ella el canto, porque las cuerdas vocales sufren espasmos.

Eso no la detuvo; encontró nuevas formas de cantar, de expresarse y de conocer y reconocerse en su pasión: la música.

En julio pasado ofreció un concierto en el Teatro de la Ciudad Esperanza Iris, llamado Ave Phoenix. En la conferencia de prensa, Betsy expresó: Es un concierto que está en constante movimiento, porque he seguido componiendo. Nació a partir de que perdí la voz. Fue por una catástrofe universal, pero en algún momento tuve que decidir pararle, medio olvidarme de todo, o empezar a fijarme en las cosas que sí tengo y seguir con eso. Ya no puedo cantar como antes, pero sí he tenido que hallar otra forma de hacerlo, otra manera de decir las cosas que quiero decir.

Todo esto, añadió, fue parte de un proceso, de un viaje que sigue siendo muy interesante, muy intenso, porque sí estoy en una etapa muy creativa de mi vida y trabajando con otros elementos.

El pasado 3 de diciembre se presentó en el Foro El Tejedor.

Las primeras reacciones se vieron en las redes sociales, entre ellas las de la Secretaría de Cultura federal: Lamentamos profundamente el fallecimiento de Betsy Pecanins. Enviamos nuestras condolencias a su familia y amigos.

Liliana Felipe, en un mensaje firmado también por la actriz y activista Jesusa Rodríguez, escribió: Ave fénix, vas a renacer siempre en nuestros corazones, orgullosas de ser tus amigas, y la cantante Eugenia León: Hoy la música está de luto. Se ha ido Betsy Pecanins, gran cantante y extraordinario ser humano, que su ejemplo de valentía ante los retos de la vida nos siga inspirando. Buen viaje, hermosa Betsy.

Sus seguidores compartieron algunos de los videos con las canciones que le dieron su lugar en el mundo del blues: I’m a Woman, La bruja, La chancla, La tequilera, Soy la voz o Caricia Urgente, con Guillermo Briseño, quien en la conferencia de prensa de julio definió a Betsy como una militante de la felicidad.

Entre sus discos se encuentran Vent amb Veus (en catalán), Blues en el alma, Canta blues, El sabor de mis palabras, Tequila azul y batuta, A viva voz (con Cecilia Toussaint), Lara, Sones, Recuento, El efecto tequila, Nada que perder (con Guillermo Briseño), y tuvo participaciones con orquestas como la Filarmónica de la Ciudad de México, la Orquesta de Baja California, además de dar voz a Lucha Reyes para la película La reina de la noche, de Arturo Ripstein.

Marruecos abre los tesoros de la biblioteca más antigua del mundo

Marruecos abre los tesoros de la biblioteca más antigua del mundo

Afp

Un hombre camina en la sala de la Biblioteca de al-Qarawyin en la ciudad marroquí de Fez el 21 de noviembre de 2016.

Fez, Marruecos. Escondida en el laberinto de calles de la medina de Fez, antigua capital imperial de Marruecos, se halla la biblioteca más antigua del mundo.

Uno apenas percibe su oscura puerta de madera tallada en el mismo lugar donde se halla, la plaza de los herreros, donde artesanos atareados repujan el cobre a mano, en medio de un ruido ensordecedor y bajo la mirada fascinada de los turistas.

Una vez atravesado el umbral, una primera escalera de cerámica jaspeada en verde y azul –el famoso azul de Fez– cautiva la mirada y deja adivinar lo que vendrá después.

La biblioteca Al-Qarawiyyin, a menudo presentada como la más antigua del mundo, como salida de un cuento de Jorge Luis Borges, reabre tras varios años de restauración. De momento no está abierta al público y sólo es accesible a los investigadores y a algún afortunado periodista.

Al-Qarawiyyin, que alojaba una mezquita y una universidad, fue fundada en 859 por una mujer, Fátima Al-Fihri, hija de un rico mercader, llegada a Fez bajo el reino de la dinastía idrisí

Morada de la sabiduría

Esta “morada de la ciencia y la sabiduría” se convirtió en uno de los centros intelectuales del mundo árabe. Tratados de ciencias islámicas, de astronomía, de derecho y de medicina le fueron legados a lo largo de los siglos por sabios, sultanes y princesas.

La mezquita de belleza deslumbrante sigue allí, pero la universidad se ha mudado a locales modernos. La actual biblioteca, adyacente a la mezquita bajo un mismo techo de tejas color esmeralda, fue edificada por el sultán benimerín Abu Inan en el siglo XIV. Fue renovada en profundidad en 1940 por Mohamed V, padre del actual rey de Marruecos.

“La primera restauración tuvo lugar en 2004, la segunda acaba de concluir. Solo faltan algunos acabados y la electricidad”, explica Boubker Jouane, director adjunto de la biblioteca.

Bajo una imponente estructura decorada con arabescos y dominada por los tonos rojos, iluminada por una majestuosa araña de cobre, la sala de lectura es vecina a la que alberga más de 20 mil volúmenes.

Una escalera conduce a la sala más importante de la biblioteca, la de los manuscritos, cuyo acceso está protegido por dos pesadas puertas de hierro, sistema de alarma y videocámaras.

Los postigos de madera están cerrados para filtrar la luz del día. Alineados sobre banales estanterías de metal, los preciosos manuscritos están cubiertos por carpetas de cartón grisáceo. Dos sillas y una simple mesa, sobre la que está posada un almohadón de terciopelo verde e hilo dorado, sirven para efectuar las consultas.

Lo escrito me pertenece

Unos tres mil 800 títulos –algunos de valor inestimable– están depositados en este lugar. Como por ejemplo el Tratado de medicina de Ibn Tofail, filósofo y médico del siglo XII. “Desde la calvicie hasta los callos de los pies, todos los males del cuerpo están catalogados, pero bajo la forma de un poema, para facilitar su aprendizaje”, explica Jouane. La palabra diabetes, de origen griego, ya figura.

Otro tesoro: una copia manuscrita del Kitab al-Ibar del historiador y filósofo Ibn Jaldún. Su tratado de historia lleva un párrafo manuscrito del autor andalusí: “Loanzas a Dios, lo que está escrito me pertenece”.

Entre otros descubrimientos también se puede consultar un tratado de astronomía del filósofo persa Al Farabi sobre el movimiento de Júpiter, con dibujos de extraordinaria precisión. Y una enciclopedia de la doctrina musulmana, del abuelo del famoso Averroes: un libro de 200 páginas encuadernado en piel de gacela, de minúscula caligrafía, con iniciales ilustradas con tinta dorada.

Y finalmente, “la pieza más solicitada”, que también data del siglo XII: el Evangelio de Marcos, traducido al árabe “probablemente por un cristiano ilustrado de Andalucía, llegado a la universidad para aprender el árabe”, indica Jouane, que saluda “el increíble nivel de tolerancia” que imperaba en aquella época.

La biblioteca contaba con 30 mil manuscritos cuando fue creada por Abú Inán. Sin embargo, a lo largo de las disnastías y las peripecias de la Historia, muchos de ellos fueron destruidos, robados o vandalizados, sobre todo durante el período colonial.

“Queda muy poco con relación a lo que había antes”, precisa Jouane. “Pero a estas riquezas inestimables ahora las vamos a cuidar”.

Reportan hallazgo de un templo prehispánico en Tlatelolco

Reportan hallazgo de un templo prehispánico en Tlatelolco

Data de unos 600 años y estaba dedicado al dios mexica Ehécatl-Quetzalcóatl

Es una estructura circular localizada en un predio privado, donde se construye un centro comercial; se hará una rampa y una ventana arqueológica

Se descubrió en 2014 y a mediados de este año concluyeron los trabajos de salvamento y consolidación, informan especialistas del INAH

Aspecto del templo descubierto en la zona prehispánica de Tlatelolco, que según el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, está constituido por dos etapas constructivas; la más reciente está fechada en el 1392 de nuestra era, asociada con la segunda y tercera fases de la edificación del Templo Mayor de la gran Tenochtitlán.Foto Mauricio Marat/ INAH

El cráneo de un hombre adulto recuperado durante los trabajos de exploración en ese sitioFoto Héctor Montaño

Eduardo Matos Moctezuma en el predio privado, donde se ubica la estructura ubicada cerca de la avenida Flores MagónFoto Mauricio Marat/ INAH

Ángel Vargas

La Jornada

Periódico La Jornada

Jueves 1º de diciembre de 2016, p. 3

Un templo prehispánico dedicado al dios Ehécatl-Quetzacóatl, de más de 600 años, fue descubierto en la zona arqueológica de Tlatelolco, en el norte de Ciudad de México, dieron a conocer ayer arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

Se trata de una estructura circular de 12 metros de diámetro y más de metro y medio de altura, localizada tres metros por debajo del nivel de la calle, en un predio privado, donde una firma constructora erige un centro comercial.

Este lote se ubica entre 250 y 300 metros lineales al poniente de la zona arqueológica de Tlatelolco, a un costado de la avenida Ricardo Flores Magón

Antes, en ese lugar se encontraban una cementera y posteriormente una tienda de autoservicio.

Tal ubicación ha permitido suponer a los especialistas que los límites del centro ceremonial de esa zona abarcaban 400 metros por lado.

Apertura al público en 2017

El hallazgo de los arqueólogos ocurrió en 2014, aunque fue hasta mediados de este año que concluyeron los trabajos de salvamento arqueológico y consolidación del templo.

Éste, según el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma, se encuentra constituido por dos etapas constructivas; la más reciente está fechada en el 1392 de nuestra era, asociada con la segunda y tercera etapas constructiva del Templo Mayor de la gran Tenochtitlán.

Consta de una parte circular en el costado poniente y la cara oriente es cuadrangular. Dentro se encuentra otra estructura de una etapa anterior, en cuyo fechamiento aún trabajan los arqueólogos. Es una estructura singular en el altiplano mexicano, bicónica, de acuerdo con los investigadores.

En conferencia de prensa, efectuada ayer, que encabezaron el titular de la Coordinación Nacional de Arqueología del INAH, Pedro Francisco Sánchez Nava, y Matos Moctezuma, se precisó que dentro del templo fue encontrada una cista (especie de urna mortuoria) con el esqueleto de un bebé.

Los restos no presentan muestras de ser un sacrificio y, según los arqueólogos, se trata de una ofrenda de clausura de la primera etapa de construcción del templo.

De igual manera, en torno de la edificación fueron localizados otros 20 entierros, entre adultos, niños y animales, así como unas 2 mil piezas de origen prehispánico: cerámicas, esculturas, punzones de espinas de maguey y cuencas.

Muchas de esas piezas están relacionadas con el dios Ehécatl-Quetzalcóatl, entre ellas cerámicas con representaciones de monos y picos de pato, lo que ha permitido al responsable del proyecto, el arqueólogo Salvador Guilliem, determinar que el templo estaba dedicado a esa deidad mexica, además de que la orientación geográfica del mismo, viendo hacia el oriente, coincide con los otros templos en honor de ese dios.

Los arqueólogos del INAH anunciaron que el templo –cuyo predio de 300 metros cuadrados, donde se haya asentado, fue cedido en comodato al instituto por la empresa constructora– será abierto al público en el transcurso de 2017, una vez que termine la construcción de una rampa de acceso y se proteja la estructura con vidrio. Es decir, se instale una ventana arqueológica.

Según el coordinador nacional de Arqueología, el INAH decidió exhibir al público esta estructura debido a su importancia histórica y de conservación, toda vez que forma parte del recinto sagrado de Tlatelolco y se encontraba en 70 por ciento de su estado original.

De igual manera, Eduardo Matos Moctezuma indicó que la estructura ha permitido constatar que Tlatelolco y Tenochtitlán fueron ciudades gemelas.

El reconocido arqueólogo recordó que el origen de ambas urbes es el mismo y que entre ellas siempre existió gran rivalidad. En Tenochitlán se asentaba todo el poder político, era la cabeza de la Triple Alianza, pero Tlatelolco fue una ciudad importante porque estaba dedicada principalmente al comercio. Ya las crónicas de Bernal Díaz del Castillo y Hernán Cortés dan cuenta del imponente mercado que había aquí.

Matos Moctezuma resaltó la importancia histórica de Tlatelolco, por ser el último punto de resistencia de los mexicas contra la conquista española. Aquí es donde Cuauhtémoc fue tomado prisionero, el 13 de agosto de 1521.

Conservatorio Nacional, 150 años

Conservatorio Nacional, 150 años

POR RAÚL DÍAZ

CIUDAD DE MÉXICO

Proceso

” …La música es una de las artes que no pueden producir mal a nadie… y ¿qué cosa puede haber más grata al corazón del hombre que el haber proporcionado un entretenimiento a sus semejantes y haberlos hecho olvidar por algunas horas las tristes penalidades de la vida?”. En esta forma, el 1 de julio de 1866, el maestro Agustín Caballero inauguraba el Conservatorio de Música de la Sociedad Filarmónica Mexicana, hoy, a 150 años de distancia, orgullosamente el Conservatorio Nacional de Música (CNM).

Y el miércoles 16 un conglomerado músico-vocal de 150 atrilistas y cantantes, uno por cada año, culminaron las celebraciones de tan importante aniversario: Maestros, exmaestros, estudiantes, exestudiantes y futuros estudiantes formales –porque también participó el Coro de Niños del CNM que integran ratones y ratonas de 7 a 12 años–, ofrecieron un concierto que, por sus características, será irrepetible, y fue abierto gratuitamente al público.

Culminación de un trabajo de meses comandado por el maestro Julio Briseño –que contó con la complicidad de medio mundo, autoridades y exautoridades incluidas–, el concierto se realizó no en el interior de una sala sino en el vestíbulo del edificio que, en 1944, empezó a construir Mario Pani, para, a decir del maestro Briseño, sacar la música a espacios más amplios, más abiertos, donde la música vuele y llegue a más oídos y espíritus.

Allí pues, frente al busto de Silvestre Revueltas, la Orquesta y el Coro del Conservatorio Nacional, reforzados con invitados especiales –el ya citado Coro de Niños, y los jóvenes cantantes Adelaida Gual, soprano; Ítalo Greco, contratenor; Roberto Cortés, tenor; María Anaya, sopra­no; Ana Rosalía Ramos, soprano, y Rodrigo Petate, tenor, todos bajo la dirección (que no batuta porque no la usa) de Briseño– nos brindaron el concierto conmemorativo.

Dos estupendas obras, poco programadas en nuestro país por cierto, fueron las escogidas: la Misa a 4 en sol mayor para la Real Colegiata de Ignacio de Jerusalem y Stella (1707-1769), y la Oda para el día de Santa Cecilia (patrona de los músicos) de George Frideric Handel (1685-1759). Es decir, la culminación del barroco en todo su esplendor.

Más allá de los buenos resultados artísticos conseguidos en la interpretación de estas dos muy bellas pero igualmente difíciles obras, el concierto es muestra del trabajo conjunto y entendimiento entre estudiantes y maestros más allá de las aulas; este proyecto ha venido desarrollándose a lo largo del año y es de desear se prolongue mucho más allá de esta importante celebración.

El combinar ya sobre el escenario las aptitudes personales de los jóvenes estudiantes y sus maestros actuales, pasados y posiblemente futuros, es una experiencia seguramente muy enriquecedora para los educandos que, la verdad, pocas veces se consigue y, por parte de las autoridades, menos se propicia. En esta práctica radica la mayor importancia del concierto, ya que trae al terreno de los hechos las enseñanzas vertidas, pero también las aprehendidas y las que no y, a partir de esto, saber cómo andar el resto del camino que ambos deberán aún transitar juntos.

La tierra que nos dio Rulfo

La tierra que nos dio Rulfo

Hermann Bellinghausen

La Jornada

Vine a San Gabriel porque me dijeron que acá vivió un escritor, un tal Juan Rulfo. Me lo dijeron en la escuela hace un siglo, lo encontré en diccionarios. Prometí a mis maestros que vendría si eso era cierto.

–Sí, vivió –me dijo un hombre que también iba al pueblo–, pero ya no. Nadie queda que lo conociera de entonces. Después sí, cuando ya no vivía. Aquí. Lo vieron tomar fotos con una camarita que trajo. Y su señora. Hace años.

Se sabe que nació en Apulco. O Sayula, donde lo registraron. Eran tiempos de revolución y bandidaje. En San Gabriel creció Juan Nepomuceno Carlos Pérez Rulfo Vizcaíno, y aprendió a leer y escribir, que es lo importante. Una mujer de rebozo que caminaba con pasos cortos y rápidos alcanzó a señalar una fachada blanca de ventanas enrejadas.

–Esa fue la casa del señor del que anda averiguando.

Y sí, una placa decía aquí vivió Juan Rulfo. El pueblo está lleno de ecos y hasta los jóvenes saben esas cosas.

–No nos queda más remedio –se justificó un muchacho que conocía la historia y dedicaba sus tardes a guiar visitas por los lugares de Juan Rulfo o de su obra. Son o no lo mismo, preguntarían mis maestros. Han de ser. El muchacho me enseñó fachadas y lugares con disposición indolente.

–La casa de Eduviges Dyada –dijo ante una posada en el centro.

Lo seguí con la mirada. Pensé que era un buen sitio para dormir si surgía la necesidad. Pero yo tenía hotel. Recorrimos calles solitarias. Se presentó como Roberto Lucero y le creí, no tenía por qué no hacerlo. Cursaba bachillerato. Con nuestros pasos espantábamos a los perros que husmeaban la basura, huraños.

–Este es el puente Galápago, donde se expió el padre Rentería –indicó cuando llegamos a un arco de piedra y tabique maltrecho que mal cruzaba un cauce reseco, cubierto de cizaña y cantos desperdigados.

–¿Por qué haces estos recorridos? –quise saber ante su esfuerzo.

–Es por los turistas, señor.

–¿Vienen muchos?

–Muchos no, pero sí siempre. Se aparecen cuando menos se piensa. Como usted –agregó después de un rato.

Sonaron las campanas. Debía ser por la hora. De la iglesia mayor, pero también de la Cruz Verde, tal vez del Santuario, y de La Sangre de Cristo. Como cuando murió Susana San Juan, recordé en un sueño.

–Sí –confirmó el guía como si me oyera el pensamiento–, la de Pedro Páramo.

Aseguró conocer La Media Luna, pero quedaba lejos. Y Comala, que no es la del libro. Quise saber si podía llevarme hasta Autlán, donde nació Carlos Santana. Sobrevino un silencio.

–Nació en El Grullo, pero en Autlán lo bautizaron –me corrigió sin responder.

–Gente importante salió de acá –dije para que confiara.

–Ni lo diga. También eran de San Gabriel el padre José Mojica, cantante del cine nacional, y un compositor famoso en Guadalajara y México, Blas Galindo.

Se detuvo a la sombra de un pirul.

–Esta es la casa del padre Mojica –y enseguida, con tristeza–, todos se fueron, sólo tenemos sus nombres.

–¿Los turistas preguntan por ellos? –dije.

–La verdad, no. Preguntan por Juan Rulfo, igual que usted. Los demás no le interesan a nadie.

Las nubes ya estaban sobre las montañas, tan distantes, cuando llegamos a la plaza de armas. Parecían parches grises prendidos a las faldas de los cerros azules. Una muchacha nos emparejó el paso. Nada tímida. También era guía. Su gafete, desleído por el uso, conservaba el sello del ayuntamiento. Fuimos al colegio de las madres alfonsinas, perdón, josefinas, donde estudiaban Juan y su hermano Severiano cuando Calles las expulsó por colaborar con los cristeros; los niños Pérez Rulfo se cambiaron al colegio de la maestra Prudenciana Cervantes. Mis guías me condujeron al Puente Nuevo, por donde se llevó el río los becerros de unos que eran muy pobres, y al portal de Óscar Villa, donde bajaron los indios de Apango.

Qué extraño que el aliento de Rulfo ande por todos lados si él se marchó pronto y para siempre. Gente que no lo conoció lo recuerda en una mentira o verdad que muerde como el aire frío que baja del volcán y se reparte por esta tierra poblada de exigencias. Salimos a la carretera y me mostraron el Llano Grande, el de los asesinos cuando estuvo en llamas.

–¿Ya no? –pregunté.

–Ya sí, los cárteles devolvieron las balas y el espanto –dijo en un murmullo Roberto Lucero.

–¿Iremos al cerro Petacal para ver cómo opera Monsanto? –indagué.

–No señor, no con nosotros. Se hace tarde –respondió la muchacha clavando los ojos en su iPhone. De repente ya no estaban, como los cuervos que vuelan cansados de su propio ruido y se pierden entre el aire viejo, el polvo y las piedras.

Muere el secretario de Cultura Rafael Tovar y de Teresa

Muere el secretario de Cultura Rafael Tovar y de Teresa

Ericka Montaño Garfias y Fabiola Palapa

La Jornada

El secretario de Cultura federal, Rafael Tovar y de Teresa, falleció la madrugada de este sábado a los 62 años en la Ciudad de México.

Ciudad de México. El secretario de Cultura federal, Rafael Tovar y de Teresa, falleció la madrugada de este sábado a la edad de años 62 años en la Ciudad de México. El embajador, promotor cultural y abogado se encontraba internado en el Hospital Central Militar de acuerdo con un comunicado difundido el jueves en el que no se precisó cuánto tiempo llevaba en el nosocomio ni las causas de su padecimiento. Los restos del historiador serán llevados al panteón francés hoy partir de las 11, informó la dependencia.

Promotor de la creación de la Secretaría de Cultura federal fue también representante de México en Francia e Italia, labor desde donde gestionó gestionó la magna exposición Miguel Angel Buonarroti. Un artista entre dos mundos y Leonardo Da Vinci y la idea de la belleza que se presentaron en el Palacio de Bellas Artes.

En las últimas semanas su estado de salud generó numerosas preguntas por su ausencia en actividades clave como la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. El secretario de Salud, José Narro, justificó en la capital tapatía la ausencia del titular de la Secretaría de Cultura aduciendo “asuntos personales”.

Ensayista y novelista entre sus últimas apariciones públicas están las del 19 de octubre y el 1 de noviembre: en octubre anunció la exposición de arte mexicano Pinta la Revolución: Modernismo mexicano 1910-1950, con obra de Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros, María Izquierdo y Frida Kahlo, que se presenta en el Museo de Arte de Filadelfia y podrá visitarse en febrero próximo en el Palacio de Bellas Artes en la Ciudad de México.

Mientras que el pasado 1 de noviembre, el secretario asistió a Primera Sesión Extraordinaria del Comité para la Conmemoración del Centenario de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, al lado del Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong. Dicho comité es el responsable de organizar las actividades para conmemorar los cien años de la promulgación de la Carta Magna.

Rafael Tovar y de Teresa nació el 6 de abril de 1954 en la Ciudad de México y cursó la licenciatura en derecho en la Universidad Autónoma Metropolitana. En París estudió en la Universidad de la Sorbona y la Escuela de Ciencias Políticas.

Entre 1972 y 1973 se desempeñó como crítico musical en el suplemento cultural del periódico Novedades. Entre 1974 y 1976 fue jefe de Relaciones Culturales de la Secretaría de Hacienda y después asesor de la Dirección General del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) de 1976 a 1978.

Su carrera como diplomático inició en 1979 como Director General de Asuntos Culturales de la Secretaría de Relaciones Exteriores, y continuó como Ministro de la Embajada de México en Francia y asesor del Secretario de Relaciones Exteriores.

En 1989 fue coordinador de Asuntos Jurídicos del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta) y coordinador de Asuntos Internacionales de esa dependencia. Ya en 1991 estuvo al frente del INBA. De 1992 al 2000 presidió el Conaculta para luego ser nombrado embajador de México en Italia.

Regresó al Conaculta entre 2012 y 2015, hasta que se anunció la creación de la Secretaría de Cultura, de la que fue nombrado titular por el presidente Enrique Peña Nieto. El 2 de septiembre de 2015, en una conferencia de prensa tras el anuncio de la creación de la secretaría durante el tercer informe presidencial, Tovar y de Teresa señaló que esa institución tendría como objetivos la preservación del patrimonio cultural, los temas de educación artística, fomento del libro y la lectura, temas de cine, de culturas populares, la proyección internacional, la integración de una agenda digital cultural, aprovechamiento de la infraestructura, animación cultural y aprovechar el talento de los artistas.

En ese momento subrayó que lo más importante es “articular una política cultural que se convierta en una política pública y una política de Estado: pública porque la cultura tiene que ver con la política exterior e interior, con las secretarías de Comercio, Hacienda y Turismo.

“De Estado para que permita crear los mecanismos para mantener en el tiempo ciertas políticas, es decir, ciertas orientaciones que permitan conservar nuestro patrimonio cultural, nuestra herencia traducida desde inmuebles hasta iglesias o palacios virreinales, del siglo XIX o del XXI y que, más allá de la coyuntura de qué partido o de quién gobierna, es una política que permite garantizar la continuidad cultural del país”.

Como escritor y ensayista publicó Modernización y política cultural (FCE), Paraíso es tu memoria (Alfaguara), El último brindis de don Porfirio (Taurus) y De la paz al olvido. Porfirio Díaz y el final de un mundo (Taurus).

En la mente de Carl Jung

En la mente de Carl Jung

El final de las obras completas del padre de la psicología profunda coincide este año con la conmemoración del centenario de su aportación más célebre al siglo XX, el inconsciente colectivo

JUAN ARNAU

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El País

El inconsciente colectivo cumple 100 años, aunque al parecer lleva funcionando desde el origen de los tiempos. La idea la formuló Carl Jung en 1916, inspirado en el inconsciente personal de Freud. Frente al creciente individualismo urbano, fue invención campesina, del hijo de un párroco rural que creció al abrigo de los bosques y las montañas. El inconsciente colectivo es algo así como una patria común y desconocida, se manifiesta aquí y allá, entonces y ahora, y es razonable pensar que lo seguirá haciendo. Para desarrollar la idea, Jung, de quien Trotta acaba de culminar su Obra Completa en 18 volúmenes con la publicación de Investigaciones experimentales, utilizó el concepto de arquetipo, una imagen que pertenece al tesoro compartido de la humanidad, que sobrevuela los climas y las épocas y que, siendo arcaica y primordial, puede adherirse al individuo sin pasar por una cultura particular. El arquetipo es una imagen con alto contenido emocional que nos ayuda en nuestra educación sentimental y a ordenar los tipos humanos. Ahora que las emociones vuelven a estar de moda (quizá porque la hora del puritanismo ha tocado a su fin, quizá porque resultan rentables en este capitalismo tardío que nos ha tocado vivir), es buen momento para hablar de ellas.

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En la mente de Carl Jung Freud y Jung: La extraña pareja

El poder del arquetipo no radica únicamente en la emoción, sino en que expresa al mismo tiempo un instinto biológico y espiritual (desvelado en el símbolo). De ahí su vinculación con la imaginación y su capacidad para raptar la voluntad. La tendencia humana a formar arquetipos es tan natural como la de los pájaros a construir nidos. Los arquetipos no se enseñan en las escuelas, sino que venimos con ellos al mundo (el viejo tema del innatismo). Son la expresión instintiva de la especie. Sus formas y figuras son interminables, nunca llegaremos a comprenderlos del todo y, aunque llegásemos a identificarlos, no agotaríamos sus significados. Se encuentran en las mitologías, los cuentos y las leyendas antiguas, pero también en las fantasías de hoy. Impresionan y fascinan porque pertenecen a la estructura heredada de la psique y porque, en un nivel más profundo, son órganos de percepción psíquica esenciales para el desarrollo espiritual. Para Jung la sabiduría consiste en armonizar lo consciente y lo inconsciente. Esa es la misión trascendente de la psique, el fin último del individuo: la superación del yo y la conquista del sí mismo (Selbst). Una conciliación de los opuestos que encuentra expresión simbólica en el Niño, el Círculo o el Mandala.

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Carl Jung en torno a 1960. HULTON ARCHIVE (GETTY)

Jung no fue un escritor de la talla de Freud, tampoco fue un filósofo o un teólogo, sino un médico preocupado por las afecciones psíquicas. Consideraba que el alma era religiosa por naturaleza y que las neurosis de la madurez se debían al olvido de esa condición original. Como investigador científico, tenía prohibido hablar de Dios, y aunque fue un disidente de las religiones dogmáticas, nunca ocultó sus experiencias inmediatas con “algo que vive y permanece bajo el eterno cambio”. Como William James, fue sensible a los abismos que acechan a la psique, al aspecto perturbador y oscuro del inconsciente colectivo, que ponían de manifiesto que no siempre es posible controlar el propio itinerario mental. Individualmente, la personalidad se desarrolla a partir de elementos inconscientes, mientras que en el ámbito histórico y colectivo, lo inconsciente pugna por llegar a ser acontecimiento. Jung estaba convencido de que el análisis de ambos procesos lo realizaba mejor el mito que la ciencia, y en este sentido fue, en la era del positivismo, un defensor del humanismo.

No fue un escritor de la talla de Freud, sino un médico preocupado por las afecciones psíquicas

La psique, con sus hondos abismos y alturas vertiginosas, aparece como un mundo inespacial que contiene una cantidad incalculable de imágenes, condensadas orgánicamente durante millones de años de evolución. Dentro de ese amplio panorama, la conciencia puede reconocer bien poco, y lo inconsciente constituye una influencia poderosa que puede apoderarse de la voluntad, arruinar la propia vida o transformar el mundo. Podemos interpretarlas mejor o peor, pero no podemos negar su influencia. Cuando Jung comprende que no puede tratar las psicosis latentes si no entiende su simbolismo, se consagra al estudio de la mitología. Descubre una serie de verdades que le acompañarán el resto de su vida: que el alma es más complicada e impenetrable que el cuerpo, que el alma no es un problema personal sino del mundo, que el peligro que a todos amenaza no proviene de la naturaleza sino del hombre y que es imprescindible que el psicoterapeuta se comprenda a sí mismo para curar al otro. En el análisis entra en liza todo el hombre y en las grandes crisis no se puede nadar y guardar la ropa, el médico ha de entregarse con todo su ser y en algunos casos no es posible la cura sin renunciar a uno mismo.

 En la mente de Carl Jung

Durante años estudiará a fondo la alquimia, así como las tradiciones gnósticas y neoplatónicas. En ellas encontrará el principio femenino que no halló en el mundo patriarcal de Freud. Entonces constata que la psicología analítica concuerda con los mitos y arquetipos de la tradición alquímica. Para Jung los sueños, las visiones y los presentimientos no sólo compensan y equilibran la actividad de la vigilia, sino que dialogan con una “realidad” de la que no puede dar cuenta la causalidad física, sino que depende de los procesos arquetípicos del inconsciente. El tiempo deja de ser abstracto y homogéneo y, como en Bergson, pasa a convertirse en una entidad cualitativa: épocas negras, periodos brillantes. En el inconsciente colectivo se relaja la rigidez del espacio y del tiempo, lo que hace posible el fenómeno de la sincronicidad, que descubre tras el suicidio de un paciente y sobre el que profundizará en su relación epistolar con el premio Nobel de Física Wolfgang Pauli (una amistad que merecería un artículo aparte). Como en la mecánica cuántica, entonces en ciernes, la sincronicidad supone un cuestionamiento radical de las concepciones tradicionales del espacio y el tiempo, hace posible que en lugares distantes aparezcan los mismos símbolos o estados psíquicos de manera simultánea. Algo que no es raro de observar en situaciones arquetípicas como la muerte.

Tras su enfermedad de 1944, Jung barajó la idea de que alguien en otro mundo meditaba su forma terrena. Un presentimiento que evoca ese “alguien me deletrea” del poema de Octavio Paz, o aquel chamán del cuento de Borges que intenta crear un hombre soñándolo. Tuvo la sensación de que había alguien que adoptaba la forma humana para adquirir una existencia tridimensional, “como quien se pone un traje de buzo para sumergirse en el mar”. En otro lugar dirá: “No somos nosotros los que hacemos un sueño o un accidente, sino que surge de algún lugar a partir de sí mismo”. El inconsciente era el generador de la persona empírica, siendo aquel el espíritu rector (lo real) y éste una ilusión.

Durante años estudiará a fondo la alquimia, así como las tradiciones gnósticas y neoplatónicas

Cuando se aproximaba su muerte, Jung pudo hablar con más libertad de sus visiones y, como los antiguos profetas, insistió en su belleza e intensidad. ¿Es razonable pensar que fue un charlatán? Hay indicios suficientes para responder negativamente a esta pregunta. Cuando emergía de dichas experiencias, la ciencia le parecía “un lúgubre sistema de celdas y un horrible disparate”. Tenía entonces la sensación de que la vida era sólo “un fragmento de la existencia” y lamentaba que la razón crítica hubiera hecho desaparecer el sentido de la trascendencia, dado que el individuo moderno sólo se identifica con su parte consciente. Mantuvo cierto escepticismo respecto a los mitos, de los que “no podemos saber si tienen alguna validez por encima de su valor de proyecciones”, e insistió en la fragilidad de las certezas y lo limitado de la condición humana. Le interesaron los fantasmas, pero dejó abierta la cuestión de si debían identificarse con el muerto o eran una proyección del vivo. Tenía claro que tras la muerte no se desvelaba el enigma de la existencia, pues los muertos preguntaban como nosotros, y aunque admitió que no todo el mundo necesitaba la inmortalidad, creyó necesario formarse una opinión sobre el asunto. Renunció a poner por escrito sus “revelaciones”, reconociendo simplemente que vivía en un mito que le permitía plantear dichas cuestiones. Jung tuvo claro, como el budismo, que somos el vector donde confluye el patrimonio de nuestros antepasados y que, cuando muramos, nuestros hechos nos seguirán. Que nuestra psique continúe existiendo tras la muerte no implica necesariamente que algo de nosotros se conserve eternamente. Asumió que cada ser humano es una pregunta dirigida al mundo y que él debía aportar su propia respuesta.

Ferreira Gullar, del poema sucio al poeta limpio

Ferreira Gullar, del poema sucio al poeta limpio

El poeta brasileño, el más importante de su generación, muere a los 86 años víctima de una neumonía

RODOLFO BORGES

São Paulo

El País

“Lo que se ha ido se ha ido”, escribe Ferreira Gullar, fallecido este domingo de neumonía, a los 86 años, en Río de Janeiro, en su libro Em alguma parte alguma (en alguna parte alguna), de 2010. Y, obviamente, el poema O que se foi (lo que fue), de esta última recopilación de textos inéditos, no acaba ahí. Mucho menos, el hombre José Ribamar Ferreira, nacido en Maranhão: “Lo que se ha ido se ha ido. Si algo todavía perdura es solo la amarga marca en el paisaje oscuro. Si lo que se ha ido regresa, trae un error fatal: le falta simplemente ser real. Por tanto, lo que se ha ido, si vuelve, se hace muerte. Entonces, ¿por qué me hace el corazón latir tan fuerte?”

Un obituario de Ferreira Gullar podría componerse tan solo de fragmentos de su obra, como prueba este fragmento de su famoso Poema Sujo (poema sucio): “Cuerpo que si para de funcionar provoca un grave acontecimiento en la familia: sin él no hay José Ribamar Ferreira, no hay Ferreira Gullar y muchas pequeñas cosas que sucedieron en el planeta se olvidarán para siempre”. Pero es necesario informar que el cuerpo del poeta, ensayista, dramaturgo y crítico de arte será velado a las cinco de la tarde de este domingo en la Biblioteca Nacional, y a las 9 de la mañana del lunes en la sede de la Academia Brasileña de Letras (ABL), donde Gullar pasó a ocupar una silla a finales de 2014, después de haberse pasado años diciendo que nunca lo haría.

Al tomar posesión en la ABL, en diciembre de aquel año, el poeta no esquivó la polémica. “Como mi vida se ha caracterizado no por lo previsible, sino por lo inesperado, al decidirme por la candidatura a la que nunca he aspirado, me comporté como siempre me he comportado, es decir, optar por lo imprevisible. Estoy muy feliz, ya que, a los 84 años de edad, comienzo una nueva aventura hacia lo inesperado que a algún lugar desconocido ha de llevarme. Puede alguien espantarse al oírme decir que puedo encontrar lo nuevo en esta casa que es el reducto propio de la tradición. Y puede que tenga razón. Sin embargo, como en la vida, en cualquier lugar, en cualquier momento, lo inesperado puede suceder”.

“Inesperado” es una buena palabra para definir a un hombre que fue miembro del Partido Comunista y que se pasó los últimos años de su vida escribiendo artículos para criticar la agenda socialista. Gullar se exilió en la Unión Soviética, en Argentina y en Chile durante la década de 1970, mientras Brasil era gobernado por una dictadura militar, y llegó a ser encarcelado cuando regresó a su patria, en 1977. Aun con ese pasado militante, no dejó de criticar los rumbos de los regímenes de izquierda del mundo entero. En una entrevista con la revista Veja, en 2011, resumió su postura sobre este tema: “¿De derechas, yo? Era lo que me faltaba. La cuestión está muy clara. Cuando por ser de izquierdas te podían mandar a la cárcel, nadie lo era. Ahora que da premio, todo el mundo lo es. Pensar eso con respecto a mí no es honesto. Porque lo que estoy diciendo es que el socialismo acabó, estableció dictaduras, no creó democracia en ninguna parte y mató a una gran cantidad de gente. Todo eso es verdad. No me lo estoy inventando”.

Mi vida se ha caracterizado no por lo previsible, sino por lo inesperado,

El autor, uno de los fundadores del neoconcretismo, a finales de la década de 1950, creó el concepto de libro-poema, en el cual “el pasar las páginas hace el poema”. “Es la participación del lector en el hacer del poema. Deja de ser leer solo con el ojo. La mano participa”, resumía el poeta. Vienen de aquella época las diferencias entre Gullar y el poeta Augusto de Campos, que ambos sostuvieron en las páginas de los periódicos hasta hace unos meses.

El gobernador de Maranhão, Flávio Dino, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), decretó luto en el Estado natal de Gullar, “que nunca se exilió de aquí, como mostró en elPoema Sujo”, escribió el político en su perfil en Twitter. El presidente Michel Temer también escribió en la red social, para decir que “Ferreira Gullar deja un vacío inmenso en la literatura nacional. Hemos perdido a un poeta de primera grandeza”.

 El gobernador de Maranhão, Flávio Dino, del Partido Comunista de Brasil (PCdoB), decretó luto en el Estado natal de Gullar, “que nunca se exilió de aquí, como mostró en elPoema Sujo”, escribió el político en su perfil en Twitter. El presidente Michel Temer también escribió en la red social, para decir que “Ferreira Gullar deja un vacío inmenso en la literatura nacional. Hemos perdido a un poeta de primera grandeza”.