Fallece el escritor Juan Bañuelos a los 84 años

Fallece el escritor Juan Bañuelos a los 84 años

Notimex

Ciudad de México.

El escritor Juan Bañuelos, quien formó parte del grupo La espiga amotinada, falleció este miércoles a los 84 años de edad en la Ciudad de México, debido a complicaciones respiratorias, informó el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA).

De acuerdo con el Instituto, los restos del poeta chiapaneco serán velados a partir de las 22:00 horas en la funeraria J. García López, ubicada en la colonia Juárez.

“En nombre de la familia Bañuelos, estamos consternados por la pérdida de mi padre. Fue una persona que aportó tanto a la literatura mexicana y, en particular, a la literatura que defiende los derechos indígenas”, comentó Cecilia Bañuelos, hija del poeta.

Señaló que “evidentemente es una gran pérdida para nosotros en el plano personal, pero también en el plano de la literatura mexicana. Era un amante de su nación y de su entidad, de la naturaleza, le cantaba y hacía poesía dedicada a la cultura”.

El autor, quien estudió en las facultades de Derecho, Filosofía y Letras y en la de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, formó parte del grupo integrado por cinco poetas mexicanos que en 1960 publicaron el volumen colectivo La espiga amotinada.

Las obras Puertas del mundo, de Juan Bañuelos; La voz desbocada, de Óscar Oliva, La rueda y el eco, de Jaime Augusto Shelley, Los soles de la noche, de Eraclio Zepeda, y El descenso, de Jaime Labastida, conformaron el volumen.

Jaime Labastida expresó su pesar por la muerte de Juan Bañuelos. “Fuimos amigos desde 1957. Fue un amigo entrañable, puedo decir mi hermano. Los que constituimos La espiga amotinada ya nos estamos yendo: primero Eraclio, ahora Juan. Me duele muchísimo, no tengo palabras”.

Bañuelos fue miembro fundador del Ateneo de Chiapas, así como un destacado coordinador de talleres de poesía de la UNAM y de las universidades de Guerrero, Querétaro, Sinaloa y Chiapas. Su obra fue traducida al checo, polaco, húngaro, noruego, sueco, búlgaro, rumano y alemán.

Fue reconocido con el Premio Bellas Artes de Poesía Aguascalientes 1968 por Espejo humeante; el Premio Chiapas en la rama de Arte 1984 por su destacada aportación a la lírica de México.

También obtuvo el Premio Bellas Artes de Poesía Carlos Pellicer 2001 por El traje que vestí mañana, así como el Premio Xavier Villaurrutia y el Premio de Poesía José Lezama Lima por A paso de hierba.

Entre la obra de Bañuelos se encuentra Puertas del mundo, en La espiga amotinada (1960); Escribo en las paredes en Ocupación de la palabra (1965); Espejo humeante (1969); No consta en actas (1971); Destino arbitrario (1982) y Donde muere la lluvia (1992).

El Inventario de JEP

El Inventario de JEP
Javier Aranda Luna
José Emilio Pacheco (JEP) fue durante más de 40 años nuestro Big Data, la encarnación de ese uso masivo de datos descrito por Víctor Schönberger que supera las capacidades de cualquier memoria convencional. Desde muy joven fue un experto en recuperar documentos para cruzar sus referencias con otras; un minero de la información sepultada en bibliotecas y hemerotecas; un cazador minucioso de esas páginas que como mariposas aletean por la Internet con un volar incierto o aparecen en documentales imposibles.

Tuve que esperar 20 años para tener acceso a ese disco duro que Pacheco había alimentado con sus hallazgos toda la vida. Su memoria fotográfica como la de su amigo Monsiváis era asombrosa. En 1987, desesperado por no dar con un texto de Carlos Fuentes sobre el fascismo y México, me atreví a molestar a Jose Emilio Pacheco por teléfono.

Después de escuchar mi consulta, tras un breve silencio me dio su respuesta:

–Fue la ponencia de Fuentes en un congreso de 1976 en Mazatlán. Lo debe haber publicado Excélsior el 17 o el 19 de mayo.

Luego de despedirme entre agradecimientos y genuflexiones –a pesar de que no podía verme– corrí a la hemeroteca de La Ciudadela, que entonces se encontraba muy cerca de La Jornada. Y allí estaba el texto de Fuentes en la primera fecha que me mencionó: México: objetivo final de la marea fascista.

Entre agosto de 1973 y enero de 2014  apareció una de las columnas literarias más importantes de Hispanoamérica. A decir de Carlos Monsiváis la mejor sección de periodismo cultural en México de la segunda mitad del siglo XX. Su autor tenía 34 años y firmaba sólo con sus iniciales: JEP.

Se titulaba Inventario y apareció inicialmente en el periódico Excélsior de Julio Scherer y después del golpe al diario perpetrado por el entonces presidente Luis Echeverría en 1976, en la revista Proceso.

Aunque la crónica literaria tiene una larga tradición en México, pocas han sido tan constantes y fecundas como la escrita por José Emilio Pacheco durante más de cuatro décadas.

Curiosamente a pesar de haber sido tan pública –aparecía cada semana–, esa es la obra menos valorada del poeta. Una obra de servicio en la que se valió de su erudición para entender los asuntos del presente.

Si en la literatura nada viene de nada – todo es hijo de la tradición, del pasarse la estafeta literaria de una generación a otra– Inventario dio cuenta de ello. Por eso siempre encontró el pretexto para conversar con los muertos, para hablar de autores y obras en contexto, para entrecruzar la vida cultural y la estadística dura, los gustos cinematográficos de una época y la música.

Son notables sus crónicas sobre el nacimiento del jazz en Nueva Orleáns, las que escribió sobre Obregón o Borges. También sus acercamientos a Truman Capote, Revueltas, Noticias del imperio, Dumas, Pitol, Arreola, Stevenson, Gelman, Salvador Novo, de quien exhumó de las catacumbas de las hemerotecas sus crónicas con el título La vida en México durante el periodo presidencial de…

¿Y qué decir de sus acercamientos a Alfonso Reyes, Salman Rushdie, Monsimad, Monsimarx, Monsiváis?

Gilles Lipovetsky, sin duda el filósofo referente de nuestra cambiante modernidad, está cierto de que luego de la democratización del arte y la cultura hecha por el mercado (la motivación económica no mata la creación, la cultura pervive pese a su utilización mercantilista) lo que sigue es afinar la educación de los consumidores de la nueva estetización del mundo: ayudarlos a pasar de los espejismos de la cantidad a la calidad; a no conformarse con el erotismo de las Cincuenta sombras de Grey y asomarse, por ejemplo, a la Lolita de Nabokov. José Emilio Pacheco fue en este sentido un mediador indispensable, un verdadero curador de hechos culturales y expresiones artísticas cruzando datos aparentemente dispares, rescatando virtudes desatendidas, retomando lo nuevo, lo novedoso de un poeta como Ovidio valiéndose de cantantes como Gloria Trevi.

Aunque todas sus crónicas literarias  dan cuenta de este generoso Big Data que tuvimos el privilegio de conocer, hay crónicas que retratan su erudición sin pedantería, su por momentos inverosímil capacidad para cruzar los datos más disímbolos para ofrecernos una lectura amable y francamente sabrosa como sus close ups de Vasconcelos, Álvaro Obregón o Francisco de Quevedo.

José Emilio fue el único escritor que notó, por ejemplo, el ninguneo en México y España, a los cuatro siglos del nacimiento de Quevedo, del forjador del bronce de la lengua castellana: el mayor artista que han tenido la prosa y el verso de nuestro idioma.

Sólo Pacheco pudo recordar que el poeta siguió vivo en las cantinas mexicanas de los cincuenta; que la vanguardia dio, en boca de Borges, nuevas perspectivas para leerlo; que su vocabulario prohibido le ha dado vigencia, que uno de sus herederos fue Neruda, el poeta que habitó la isla Negra. También nos hizo ver que fue el poeta de la congoja, la pesadumbre, el desengaño; el de la carcajada grotesca y del gargajo en el rostro de la belleza; el poeta cuyo reino, dominio, harén, plaza fuerte, sensualidad e imperio fue la lengua española. Francisco de Quevedo y Villegas, el prisionero sombrío de la Torre de Juan Abad, es el emperador del castellano.

¿Y qué decir de sus aproximaciones a los Cuatro cuartetos de Eliot, a Porfirio Díaz o a la Academia de Letrán, la academia más productiva y menos onerosa de nuestra historia, donde un grupo de escritores liberales de acción y reflexión como Ignacio Ramírez vivieron una vida austera y emocionante, características que difícilmente podemos encontrar en los neoliberales de nuestros días?

Recientemente Ediciones Era puso a circular una antología en tres tomos del Inventario de José Emilio Pacheco. La novedad editorial que esperé durante 20 años y que se convertirá en uno de los acontecimientos literarios más importantes en mucho tiempo.

En estos días en que se ha anunciado un nuevo modelo educativo para que los niños más que memorizar razonen, sería estupendo que todas las bibliotecas públicas contaran con una colección de Inventario para que pudieran conocer un ejemplar ejercicio de razonamiento a partir de la cultura.

Literatura periodística y viceversa: La Crónica

Literatura periodística y viceversa

La Jornada Semanal

Referencial y subjetiva, informativa y afincada en la experiencia directa, acaso la crónica es la expresión periodístico/literaria que, con mayores fuerza y fortuna, expresa las contradicciones del mundo contemporáneo, en virtud de la capacidad del género para dar testimonio de todo aquello que parece fugaz, lo mismo que toda su importancia a lo que una mirada superficial calificaría de trivial. Con los ensayos en torno al género, a cargo de Gustavo Ogarrio, José Ángel Leyva y Jezreel Salazar, así como las crónicas de José Lagos, Aldo Rosales, Diego Olavarría y Magali Tercero, ofrecemos al lector un panorama de la crónica en México, entendida como un reflejo tan insoslayable como indispensable de la historia y del momento presente.

La crónica: el arte de narrar la historia

Gustavo Ogarrio

Nosotros seguimos adelante, más adentro del pueblo.

La tierra que nos han dado está allá arriba.

“Nos han dado la tierra”, Juan Rulfo

Conquista, colonización y exploración territorial: la crónica es la empresa narrativa en la que se fijan las primeras imágenes de la conflictividad que surge con el proceso que Edmundo O’ Gorman ha denominado la invención de América. “Escenas primordiales”, como le gustaba decir a Antonio Cornejo Polar, que van desde ese régimen de representación comparativo que establece Cristóbal Colón entre su mundo y el de los “aborígenes”, que quizás también anuncia la disputa narrativa del Nuevo Mundo, hasta el fallido “diálogo” de Cajamarca entre el padre Valverde y Atahualpa, y que el mismo Cornejo Polar propone como “el comienzo más visible de la heterogeneidad que caracteriza, desde entonces y hasta hoy, la producción literaria peruana, andina y, en buena parte, latinoamericana”. Este “grado cero” de la interacción entre la oralidad andina y la escritura impuesta con violencia por la colonización, “el destino histórico de dos conciencias que desde su primer encuentro se repelen por la materia lingüística en que se formalizan”, se puede comprender también como una de las matrices culturales, narrativas, del conflicto social latinoamericano: la negación, encubrimiento y olvido de la figura del “otro”, del “indígena”, pero también de los otros posteriores, mulatos, “mestizos”, trabajadores, campesinos, mujeres, migrantes… El poder político y monológico de la palabra dominante: el poder narrativo para representar a los otros sin que estos otros participen en su propia representación.

¿No es acaso la crónica de conquista y de colonización el sustrato narrativo y de memoria de otros géneros literarios que van a aparecer posteriormente en tierras americanas, como la misma novela y la poesía moderna? En su poema “Crónica de Lima”, Antonio Cisneros consigna en clave irónica esta historicidad contemplativa que han dejado los cinco siglos de conquista y evangelización en tierras americanas: “El horizonte es blando y estirado./ Piensa en el mundo/ Como una media esfera –media naranja, por ejemplo– sobre cuatro Elefantes,/ Sobre cuatro columnas de Vulcano./ Una corona blanca y peluda te protege del espacio exterior./ Has de ver/ Cuatro casas del siglo xix./ Nueve templos de los siglos xvi, xvii, xviii./ Por 2 soles 50, también, una caverna/ Donde los nobles obispos y señores –sus esposas, sus hijos–/ Dejaron el pellejo.”

En las crónicas de Cajamarca, por ejemplo, que abordan ese primer “desencuentro” entre las “escrituras sagradas” y la palabra hablada, entre el padre Valverde –su empresa de imponer la letra de la evangelización– y la “desobediencia” de Atahualpa y de su oralidad perseguida, están las huellas de las paradojas en la formación del género de la crónica en tierras americanas y un conflicto de larga duración que se mantiene hasta nuestros días, tal y como lo afirma Cornejo Polar: “los gestos y las palabras de Valverde y Atahualpa no serán parte de la literatura, pero comprometen a su materia misma en el nivel decisorio que distingue la voz de la letra, con lo que constituyen el origen de una compleja institucionalidad literaria, quebrada desde su mismo soporte material; y bien podría decirse, más específicamente, que dan ingreso a varios discursos, de manera sobresaliente al contenido en la Biblia, que no por universal deja de tener una historia peculiar en el intertexto de la literatura andina, como también el discurso hispánico imperial (de muy extensa duración) y al que a partir de entonces comenzará a globalizarse como ‘indio’ (obviando cada vez más las diferencias étnicas andinas) con sus significados de derrota, resistencia y vindicta. Es como si tuvieran, acumulados, los gérmenes de una historia que no acaba”.

En la crónica de conquista y colonización se afirma el poder narrativo de los conquistadores, pero también la imposible incorporación de la voz de los “otros”, los múltiples vencidos. Además, también está inscrito en la crónica del siglo xvi lo que Antonello Gerbi va a identificar como las “observaciones y juicios y prejuicios… que se habían expresado como sorprendentes noticias de tierras remotas”, viajeros y naturalistas que a su paso por el Nuevo Mundo dejaron fábulas, polémicas, relatos de utopías y mitos sobre el buen y el mal salvaje, y que a partir del naturalista francés Buffon en el siglo xviii adquieren una continuidad histórica en Europa que se presenta como un criterio “científico”: la supuesta “inferioridad” estructural de América y que llegará a establecerse como versión totalizadora de la historia en la obra de Hegel.

¿Cómo entender un género que es al mismo tiempo narrativo, etnográfico, social y político, como es la crónica, en perspectiva histórica sin traicionar su propia heterogeneidad que hasta nuestros días se manifiesta también en el periodismo narrativo? ¿Es una sola la historia de la crónica en América Latina o estamos ante la historia de un género literario que también es una memoria de acontecimientos, procesos y representaciones que permanentemente están inscritos en la formas directas e indirectas de narrar el conflicto social?

En la historia de América Latina se pueden identificar al menos tres ciclos de violencia estructural: la conquista, las independencias del sigo xix y las revoluciones del siglo xx; así como cuatro grandes momentos de la crónica: la crónica de conquista y colonización, como la de Cristóbal Colón y Hernán Cortés, los protagonistas y testigos directos de la articulación traumática entre Occidente y tierras americanas, pero también las crónicas de los vencidos, ocultas durante siglos para su divulgación “masiva”; la crónica ligada al resquebrajamiento del pacto colonial y a la formación del Estado nacional, por ejemplo, las memorias de fray Servando Teresa de Mier; la crónica en su versión moderna, ligada al periodismo del siglo xix pero también al ensayo latinoamericano, como las crónicas modernistas de José Martí durante su estancia en Estados Unidos, y la crónica en su consolidación como género anfibio, contemporáneo, como periodismo narrativo que registra críticamente las violencias contemporáneas, como el libro Loco Afán, de Pedro Lemebel de 1997.

La crónica en América Latina se ha presentado en los últimos años como un desafío para la definición misma de lo propiamente literario. Por lo anterior, es necesario revisar el estatus narrativo de la crónica, su problematización como género de la narración artística ligado a determinadas perspectivas históricas y a ciertos usos de la memoria y del periodismo. Es necesario recordar que este desafío surge también de las formas en que la crónica había sido marginada de la historiografía y de la crítica literarias, lo que implicaba también la imposibilidad de interpretar y reconocer su principal estrategia narrativa: relatar lo inmediato, lo que parece estrictamente coyuntural, sin aspirar a la eternidad de los grandes géneros literarios, como la novela o la poesía. Quizás los cronistas nos enseñan a su manera lo que ya decía Francisco de Quevedo: también “… lo fugitivo permanece y dura”.

La actualidad de lo fugitivo y la narración de la violencia neoliberal

¿Qué es aquello que permanece y que “no acaba” en la larga duración de las violencias en América Latina? ¿Qué nos ha dado la crónica en estos siglos de conflictos multiplicados entre la hegemonía de las palabras que nombran a los otros y los relatos de los que pelean el derecho a narrar su propia representación o el testimonio mismo de su situación como víctimas? Se dice que vivimos en la era del testimonio: “narrativas de la globalización” que, como afirma Jean Franco, son también “medios de registrar el trauma de la subjetividad dentro de la globalización, un trauma que sufre sobre todo el cuerpo de las mujeres, las mujeres víctimas del asesino en serie, las mujeres y los niños cuyos cuerpos se utilizan para trasplantes, las muchachas en el comercio sexual en Centroamérica y las maquiladoras asesinadas cuyos cuerpos aparecen en el desierto en las cercanías de Juárez”.¿Estamos ante un cuarto ciclo de violencia estructural en América Latina como consecuencia de la instauración del Estado neoliberal? ¿Cuáles serían los rasgos de esta violencia y cuáles las formas de narrar el dolor y la emergencia política de las víctimas? Quizá el perfil de esta condición neoliberal sea observable en sus más evidentes violencias: un Estado desaparecedor, como identifica Pilar Calveiro al Estado militar en Argentina de la última dictadura, pero que al parecer se reproduce en nuestros días con un mecanismo similar en un contexto de consenso democrático liberal; un Estado misógino que aniquila, pulveriza y borra los cuerpos de miles de mujeres; un Estado que reproduce y “tolera” ese capitalismo criminal que transforma en mercancía los cuerpos y el flujo migratorio de comunidades enteras, el secuestro, las desapariciones forzadas y el borramiento de sujetos. ¿Cómo se narran los efectos de esta hegemonía neoliberal en su ampliación criminal que ya no distingue entre el crimen organizado a la manera capitalista y el Estado propiamente neoliberal?

En su crónica “Historia de una mujer bomba”, Josefina Licitra narra la historia de Susana Trimarco, cuya hija, Marita Verón, fue “sustraída” por una red de tráfico sexual en Argentina. “Trimarco se transformó en un personaje arrollador: se vistió de prostituta para conseguir pistas, pateó puertas oficiales pidiendo respuestas, intervino en la liberación de 115 chicas en toda la Argentina y devino uno de los mayores emblemas de lucha contra el tráfico de personas”, nos dice Licitra en la presentación editorial de su crónica.

Ante el circuito neoliberal de muerte y desaparición, la crónica de Licitra se mueve en el campo narrativo del testimonio de una víctima que irrumpe como sujeta política y que articula alrededor de su acción de búsqueda a una serie de actores (abogados, defensores de derechos humanos, periodistas, académicos…) que “militan” en las estrategias colectivas de respuesta a la violencia neoliberal. Es evidente que la crónica de nuestros días, la directamente vinculada a la narración de las violencias neoliberales, realiza un intento permanente de captar las voces de las víctimas en su proceso de irrupción política ante las narrativas criminalizadoras del Estado neoliberal.

¿Cuáles son los otros campos narrativos que verifican la heterogeneidad actual de la crónica? La crónica de nuestros días también registra los procesos traumáticos de ultramodernización destructiva de las sociedades, las ciudades y las “costumbres”; sigue las huellas de una dialéctica entre la deshumanización/humanización de las migraciones latinoamericanas, en particular la que va de países centroamericanos a México y Estados Unidos; pero también narra desde una perspectiva crítica la relación entre la cultura popular y la llamada “cultura de masas”. Esta tendencia de la crónica aborda diferentes ámbitos de la cultura popular y de la formación de la llamada sociedad de masas, en un contexto nacional, latinoamericano y/o global: telenovelas, boleros, cumbia, futbol, lucha libre, box, rock, “figuras” mediáticas del narcotráfico, disidencia sexual, entre otros, y están estrechamente vinculadas a las transformaciones culturales, ideológicas y tecnológicas experimentadas durante la segunda mitad del siglo xx y comienzos del xxi.

Rafael Gumucio, en su crónica “Historia de un rostro”, presenta así la figura de Mario Kreutzberger, el nombre verdadero de Don Francisco, icono de la televisión chilena que “fundó” los teletones en América Latina y animador que emprendió la conquista mediática de millones de televidentes en un contexto de dictadura militar: “Don Francisco era el policía bueno que rivalizaba con el policía malo (Pinochet), para lograr el mismo resultado: el gran sueño de ganar un millón con sólo apretar el botón correcto.”

La crónica es todavía el filtro narrativo de las violencias sociales, un breve registro de lo propiamente histórico desde la más impetuosa coyuntura, una memoria de esas “escenas primordiales” que le dan sentido a otras representaciones narrativas o poéticas; un rumor de voces ocultas o de testimonios narrados que a su manera se oponen a la no representación de las sujetas y sujetos del dolor, o a la extracción permanente de sus relatos en este espectro que nebulosamente seguimos llamando neoliberalismo. Quizá también la crónica tiene algo de utópico, no muy lejano a este fragmento del aparentemente menos utópico de nuestros escritores, Juan Rulfo: “Pero sí, hay algo. Hay un pueblo. Se oye que ladran los perros y se siente en el aire el olor del humo, y se saborea ese olor de la gente como si fuera una esperanza.” •

¡¿Tristeza?! ¡¿Te da tristeza?!

¡¿Tristeza?! ¡¿Te da tristeza?!

Magali Tercero

La Jornada Semanal

 “Me da mucha tristeza toda esta violencia”, le dije, unos meses antes, a Cynthia. Pasamos cuatro horas en un Sanborns cobijadas por la algarabía de los comensales de viernes.

–¿Tristeza? ¿Te da tristeza –respondió incrédula esta joven, casi vomitando la palabra.

–Bueno… Sí… Tristeza. Y mucha.

–¡Pues a mí me da rabia! ¡Una rabia que no puedo controlar! Impotencia total. De tanta rabia, a cada rato me pongo en peligro en Neza. Cuando lo del señor borracho que te digo anduvo disparando al aire, le grité que si no sabía que había niños jugando en mi calle. Era un criminal y no me importó.

Niños jugando en la calle. Cada vez hay menos, me dicen personas que habitan en lugares muy distantes entre sí. Como el escritor j.m. Servín, como el pintor Julio Huertas, a quienes entrevisté dos semanas atrás.

Más adelante Cynthia relatará –tiene un don narrativo esta joven que ama los libros– cómo ese carácter abrupto suyo procede de la abuela materna, una hidalguense, de la sierra, migrada al exdf con sus hijos para trabajar vendiendo periódicos, manzanas, quesadillas, de todo. Contará también sobre su madre, la antes niña que jugaba a pararse sobre un montículo de tierra para imitar el discurso de los políticos que llegaban a Neza –el de los fraccionadores que vendían ilusiones para que los colonos compraran terrenos e hicieran casitas de cartón y asbesto–, crecida en el Estado de México, orgullosa colonizadora de Ciudad Nezahualcóyotl en los años sesenta del siglo pasado.

¿Paracaidismo? Ni siquiera menciona el término. Y hace bien porque si uno se ve a sí mismo como un paracaidista, alguien que llega a ocupar ilegalmente terrenos baldíos, acepta entonces que su conducta fue “ilegal”, que vendió su voto a algún partido y le compró “baras” un baldío polvoso a cualquier diputado transa. Todo para tener vivienda. Es mirarse como alguien sin dignidad, como alguien reducido por la realidad. Decir colonizador, en cambio, equivale a tener conciencia de tu propio valor como persona que se lanza, como hizo su abuela viuda, con todo e hijos, a la monstruosa Ciudad de México para darles alimento y casa a sus cachorros. ¿Algo más? Aquella noche de viernes salí del Sanborns pensando en toda clase de colonizadores. Los ingleses de quinta, por ejemplo, que llegaron a forjar un país en Estados Unidos y a reducir a los verdaderos dueños de la tierra. O, para no ir más lejos, en los conquistadores españoles, llenas sus tropas de tipos salidos de las cárceles, llegados al futuro México a pisotear una religión ajena, a someter, nuevamente a reducir, a los verdaderos dueños de la tierra. A cortarles manos y pies para aterrorizarlos porque eran numéricamente inferiores que sus enemigos. ¿No es de una soberbia atroz imponer tu religión al otro?, me digo. Más bien es un acto de poder. Y la “pobreza extrema” o la miseria, ¿no son violencia ejercida impunemente?

Y la muerte del Efrén en Neza, hijo de Felipe, el periodiquero de la esquina de mi casa: ¿Se debe a la miseria o simplemente a la impunidad? (“Es hacerte de un poder violento que no te corresponde.”)

“Y convertimos Neza en el territorio urbanizado, horrible pero urbanizado, que es ahora”, es la frase central, decido momentáneamente, pensando en esta crónica, después de la conversación con esta treintañera Cynthia que terminó Letras Hispánicas y fundó un taller artesanal de chocolate para dedicarse luego al freelance editorial.

Un territorio urbanizado. Horrible pero urbanizado. Como el de la periferia en la frontera entre Neza e Iztapalapa, como el de las zonas más miserables del Estado de México y del propio df.

***

Nezasicótico

Tres días después, el 5 de septiembre de 2012, el miedo se extendía. “Neza, pueblo fantasma” y “el miedo se extendía” fueron las frases de Cynthia más “likeadas” en su muro de Facebook. El mundo parecía haberse vuelto loco. Al menos en ese municipio con una población mayor al millón de personas y una extensión de 63.74 kilómetros cuadrados. Mis contactos de Facebook comentaban lo nunca imaginado en nuestra falsa burbujita de seguridad defeña. Que los habitantes del municipio bravo más cercano a Ciudad de México llamaron, acelerados al mil, a sus seres queridos: “No lleves a los niños a la escuela. No salgas. La familia m está en guerra. Esto está muy feo.” La misma mujer que advertía a su gente escribió lo siguiente (y prefiero citarla tal cual en lugar de ceder absurdamente a la tentación de sustituir sus palabras con las mías: “En Neza está pasando lo que ya pasó en Juárez, lo que pasa en Guerrero, en Morelos, en Michoacán. Los que vivimos en Neza sabemos: 1) Que la mayoría de mercados está pagando cuota a La familia michoacana o a alguno de sus clones; 2) de los golpeados y asesinados, de los baleados, de los secuestrados que se han resistido; 3) que todos tenemos una historia (generalmente con policías involucrados) de extorsión, secuestro, amenazas; 4) que actualmente tener un negocio próspero en Neza es motivo de temor pues, en cualquier momento, te llega el aviso de cuota de ingreso y la tarifa que te tocará pagar; y 5) que ser joven y guapa en Neza es motivo de temor, porque si le gustas a alguno de los múltiples fulanos en troca de vidrios polarizados, con carros de guardaespaldas, ya está en peligro toda tu familia.”

En 2011 esta cronista no sabía que la realidad violenta del país la tenía también aquí a hora y media de casa. “¿Por qué irse a Siria o al fin del mundo si la realidad la tienen aquí mismo?”, cuestionó la académica española María Angulo Egea a algunos mexicanos. ¿Cuál es quid ahora? ¿Ser original? ¿Escribir bien? ¿Informar utilizando el lenguaje periodístico literario de la época globalizada? Mmm… Sólo sé que hoy utilicé tres transportes distintos –Metrobús, tren subterráneo y pesero–, para llegar a Ciudad Nezahualcóyotl a comer con Sol y Bibiana, dos habitantes de este municipio que adquirió su “municipalidad” en1963. Sólo sé que ambas me contaron historias rabiosamente similares a las que nos han entregado los periodistas norteños.

“A los que dicen que en Neza no pasó nada la noche del 5 de septiembre de 2012 les propongo que lo vean más allá de la costumbre de buscar muertos, balazos, golpes, incendios”, escribió Cynthia en Facebook hace un año. Hoy Berenice, dedicada al negocio de los restaurantes, me cuenta algo que no sé cómo tomar.

“La tienda de la esquina de mi casa, La Lupita, acaban de tapiarla después de veinte años de conocerla como clienta. Tiene cerrada dos años más o menos. Nos sorprendió muchísimo a la familia y los vecinos. Los dueños nunca cerraban, ni en Semana Santa. Después de tantos años empezaron a poner puestos. Es una familia: papá, mamá, tres hijas y un varón y nietos.”

Berenice afirma que este tema de Neza es delicado. Aquí ha ganado el prd desde 1997. Cada trienio. En 2009 perdió la Presidencia Municipal y obtiene la victoria el pri. Desde 2009 a la fecha, la violencia, La familia michoacana, el cobro de piso o “renteo”, los asesinatos diarios, han sido el pan diario de este municipio. En 2012 regresó el prd pero no se vieron cambios en las cifras de muertos. En la colonia Evolución hay muertos todos los días. Están las calles de exconvento de Churubusco, Santo Domingo, Santa Anita, más las calles de colonias del exdf. Estamos en una zona de las más peligrosas. Sin embargo, insiste Berenice, “como tú ves, la vida es normal, vengo de mi trabajo aquí (cerca del Estadio Neza 86, como a 20 minutos). Aquí las distancias son muy cortas en este municipio, no hay tráfico.”

“El inicio de la violencia tiene fecha. La tenemos muy presente y asociada al regreso del pri en Edomex. Yo vivo con mi hermano y mi cuñada. A él lo han asaltado al recoger su nómina. Es empleado de una compañía de carros de Slim. Fue al cajero de la Avenida Madrugada esquina con Villada, a eso de las 6 am, y le quitaron el dinero. A la esposa de mi hermano la han asaltado arriba del pesero, le quitaron el celular, dinero.

“En mi casa, en Carmelo Pérez y Villada, en el Bordo de Xochiaca y Rancho Grande (cuadrante), a cada rato hay balaceras. Son las 3, las 4 am, y de eso que te despiertas y escuchas la balacera. No te asomas porque es peligroso. Después escuchas gritos. No sabes si llamar a la policía. Te da miedo denunciar, te dan números, te dicen “Denuncie” pero te da miedo. Al otro día platico con los vecinos y que no pasó nada. Unos andan armados. No sabemos si hubo balacera y hubo heridos y los levantaron.

En El Universal sale mucho. En el Reforma veo “Muerto en Neza”. Inevitablemente le doy clic. Son mujeres, son hombres, entre treinta y cuarenta años, como que está muy ubicada esa población. Afuera de antros, en las calles, en las banquetas.

Los vecinos extrañan mucho la tienda. El caso le parece emblemático. “Supe de oídas de los vecinos que hubo extorsión. Mi hermano se atrevió a preguntarle al hijo del dueño “Oye, ¿ya no van a abrir?’. Y él dijo ‘no, ¿para que nos arriesgamos?’. ” Y tú ves que te dicen ‘Oiga, denuncie, cómo se va a dejar, es el patrimonio de toda su vida, no es justo’. No es posible esa comunicación porque también da miedo hablar de eso. También están cerrados varios locales cercanos.” Los que siguen abiertos es porque se mochan, o porque los dueños se les han enfrentado con armas. No quiere ni nombrar a la delincuencia por un asunto personal. El hecho es que todos se quedaron sin abarrotes. En otras colonias es lo mismo. Un anuncio de los cincuenta del siglo xx, hecho para atraer compradores de casas malhechas, reza: “Vengan a ver a la colonia EL Sol donde se vive mejor.” Bibiana cuenta que es exadicta. Se convirtió al cristianismo pentescostal hace poco. Ahora apoya a los jóvenes adictos en tres organizaciones de Neza •

Magali Tercero. Cronista urbana y cultural. Autora de Cuando llegaron los bárbaros… Vida cotidiana y narcotráfico (2011), San Judas Tadeo, santería y narcotráfico (2010) y Cien freeways: d. f. y alrededores (2006). Fue incluida en A ustedes les consta. Antología de la crónica en México, de Carlos Monsiváis. Premio Nacional de Periodismo Cultural Fernando Benítez fil 2010 con “Culiacán, el lugar equivocado”; Premio a la Excelencia de la Sociedad Interamericana de Prensa (sip 2007) y Premio Nacional de Crónica Urbana Manuel Gutiérrez Nájera uacm 2005.

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FERNANDO NAVARRO

Madrid

El País

Si dentro de un milenio llegasen los extraterrestres a la Tierra, necesitarían ver una pirámide para saber qué fue la cultura egipcia, la Mona Lisa para apreciar el valor de la pintura, aventurarse en El Quijote o Hamlet para explicarse el acontecimiento de la literatura o recrearse en la Novena Sinfonía de Beethoven para conocer la magia de la música clásica. A esos mismos alienígenas les bastaría el explosivo riff de ‘Johnny B. Goode’ para saber qué fue el rock’n’roll, ese sonido liberador, electrizante, que puso patas arriba al mundo occidental a mediados del siglo XX.

Los extraterrestres, como toda la humanidad, no podrían evitar mover el esqueleto, o lo que sea que tuviesen, gracias al creador de la canción: Chuck Berry, muerto este sábado a la edad de 90 años en el condado de Saint Charles, en Misuri (EE UU). Los agentes del servicio de emergencias recibieron una alerta por una emergencia sanitaria a las 12.40 hora local (las 18.40 hora peninsular española) en la calle Buckner y al llegar a la casa hallaron a un hombre inconsciente. Intentaron reanimarlo pero no pudieron hacer nada por su vida. Su muerte fue certificada a las 13.26 hora local (19.26 hora en la España peninsular). Un rato después confirmaron la noticia en Facebook.

Más que el mismísimo Elvis Presley, fue este músico, nacido en St. Louis, quien inventó el lenguaje del rock’n’roll. Bajo una sutil y vibrante base de rhythm and blues, Berry desarrolló un idioma excitante y fresco que, allá por 1955 en la puritana Norteamérica de Eisenhower, sonaba como si viniese de otro planeta. Era enérgico, sexual, moderno, imparable. Era el rock’n’roll, que, junto a otros grandes pioneros norteamericanos, dio forma y sentido a partir de sus primeras grabaciones en Chicago en el sello Chess Records, al que acudió por recomendación de Muddy Waters. No guardaba el poder seductor ni visceral de Little Richard, ni el ritmo endiablado de Fats Domino, ni el toque primitivo de Bo Diddley, ni el magnetismo ni la voz llena de alma de Elvis Presley, pero en ‘Maybellene’ o ‘Roll Over Beethoven’ se edificó todo el canon futuro del rock’n’roll, una música juvenil –con la paradoja de que Berry era el mayor de aquella gloriosa pandilla de padres fundadores – pilotada desde la importancia capital de la guitarra eléctrica.

 Muere Chuck Berry, el creador del lenguaje del ‘rock and roll’ver fotogalería

Berry nunca supo escribir ni leer bien, pero con la guitarra se comunicó como nadie. A diferencia de muchos coetáneos, componía y cantaba su propio material, que luego defendía en actuaciones trepidantes llenas de espectáculo. Con su voz edulcorada y clarividente que emulaba a la de su ídolo Nat King Cole, incorporó en sus conciertos gestos y movimientos nunca vistos sobre un escenario, haciendo célebre el conocido duckwalk (baile del pato), que terminaría por convertirse en el baile más icónico del rock’n’roll imitado por decenas de artistas. De adolescente, cultivó una gran afición por la fotografía, algo que de alguna manera le sirvió para desarrollar una lírica de potentes imágenes. Sus canciones estaban plagadas de coches, chicas y carreteras. Eran como fotografías sociales llenas de ritmo, que crearon todo el universo lírico del rock’n’roll.

Todas estas cualidades, impulsadas por su carácter arrollador, sirvieron para que consiguiese los primeros éxitos del rock’n’roll, un estilo subterráneo que terminó por transformar a la sociedad estadounidense y, posteriormente, a la británica. Incluso tenía aires de estrella problemática y pasó por segunda vez por la cárcel bajo las acusaciones de prostituir a una menor.

‘Maybellene’, 1958.

Su catálogo en Chess Records entre 1955 y 1965 es digno de estudio, pero también su paso por Mercury con álbumes como From St. Louie to Frisco. Durante años vivió de la nostalgia de su nombre escrito con letras de oro en la historia de la música popular y de los homenajes que recibía de todas las generaciones. Su último trabajo en estudio data de 1979 pero, a finales del 2016, anunció su primer disco con material inédito, que hacía coincidir con su 90 cumpleaños. Este álbum de estudio, llamado Chuck, está previsto que salga este año y está compuesto por nuevas canciones originales escritas, grabadas y producidas por él mismo.

Sobre sus incisivos riffs y sus letras se levantó todo un mundo, el fascinante mundo del rock. Bob Dylan le admiraba, los Beatles lo versionaron en su segundo disco, los Rolling Stones –y especialmente Keith Richards- no existirían sin él, Bruce Springsteen siempre le tuvo como referencia compositiva, Led Zeppelin o AC/DC le citaban en su santoral… y así hasta nuestros días, cuando un ejército de bandas y músicos todavía intenta conseguir un himno tan irrepetible, tan lleno de futuro pese a que representa el sonido de otra época ya extinta, como es Johnny B. Goode.

Muere el Nobel Derek Walcott, destacado poeta caribeño

Muere el Nobel Derek Walcott, destacado poeta caribeño

Ap

EFE

San Juan

Muere el poeta Derek Walcott, premio Nobel de Literatura

El escritor ha fallecido a los 87 años en su casa de la isla de Santa Lucía tras una larga enfermedad

El poeta Derek Walcott, premio Nobel de Literatura, ha muerto a los 87 años, han informado fuentes familiares. El escritor, el gran poeta del Caribe y del mestizaje, ha fallecido en su casa de la isla de Santa Lucía después de una larga enfermedad. Walcott ganó el premio Nobel de Literatura en 1992 y el TS Eliot de Poesía en 2011. Está considerado por la crítica como una de los principales poetas de lengua inglesa.

Muere el poeta Derek Walcott, premio Nobel de Literatura Derek Walcott prepara en el teatro romano de Mérida una ‘Odisea’ antillana

Walcott nació en 1930 en la ciudad de Castries en Santa Lucía, una de las Islas de Barlovento en las Antillas Menores. La experiencia de crecer en una isla volcánica aislada, una excolonia británica, tuvo una fuerte influencia en la vida y el trabajo de Walcott, según recuerda la página web de los Premios Nobel. Su padre, un acuarelista bohemio, murió cuando Walcott y su hermano gemelo tenían pocos años y su madre dirigía la escuela metodista de la ciudad.

Tras estudiar en el St. Mary’s College en su isla natal y en la Universidad de West Indies en Jamaica, Walcott se trasladó en 1953 a Trinidad, donde trabajó como crítico de teatro y arte. A los 18 años, hizo su debut con 25 poemas, pero su descubrimiento vino con el poemario En una noche verde (1962).

En 1953 se trasladó a Trinidad, donde trabajó en el teatro, impartió clases y ejerció la crítica de arte hasta que obtuvo una beca de la Fundación Rockefeller para estudiar en Nueva York. Seis años después, a su regreso a Trinidad, fundó su propio grupo de teatro, el Trinidad Theatre Workship, en el que tuvo la oportunidad de representar sus primeras obras teatrales. En 1962, cosechó su primer éxito literario con la antología In a Green Night, publicada en Londres y en la que se recogían poemas escritos por Walcott entre 1948 y 1960.

Tras ejercer como profesor en distintas universidades del Caribe, a principios de la década de los ochenta fijó su residencia en Estados Unidos y en 1984 comenzó a enseñar Arte Dramático y Literatura en la Universidad de Boston.

El 8 de octubre de 1992, la Academia sueca de las Letras acordó concederle el Premio Nobel de Literatura y poco después la Unesco anunció su nombramiento como miembro de la Comisión Mundial de la Cultura y el Desarrollo. Su obra, integrada por poesía y piezas teatrales, está muy marcada por su procedencia caribeña y por el mestizaje de culturas y razas que se da en su familia.

Entre sus libros de poesía figuran: 25 poems (1948); Epitaph for the young (1949); Poems (Poemas) (1951); In a green night (1962); Selected poems (Poemas escogidos) (1964); The castaway and other poems (1965); The Gulf and other poems (1969) y Another life (1973).

 

Además destacan Sea grapes (1976); The star-apple kingdom (1979); Selected poetry (1981); The fortunate traveller (1981); The caribbean poetry of Derek Walcott (1983); Midsummer (Verano: midsummer) (1984); Collected poems (1986); The Arkansas testament (El testamento de Arkansas) (1987); y Omeros, publicada en 1990, en Nueva York y que ha sido definida por la Academia Nobel como una “majestuosa epopeya caribeña”.

Entre sus obras dramáticas constan: Harry Dernier (1952); Dream on Monkey Mountain and other plays (1970); The joker of Seville and Oh! Babylon (1978); Remembrance and Pantomime: two plays (1980); y Three plays (1986).

Derek Walcott fue un poeta prolífico y versátil cuya obra deslumbrante y pictoricista capturó la esencia de su Caribe natal.

Castries. Derek Walcott, un poeta laureado con el Premio Nobel por capturar la esencia de su nativo Caribe y el escritor más reconocido internacionalmente de la región, falleció. Tenía 87 años.

Walcott murió la mañana del viernes en su casa en la isla de Santa Lucía, dijo su hijo Peter. La familia planeaba emitir un comunicado más tarde.

Walcott recibió el Nobel de Literatura en 1992 tras haber figurado en la lista de finalistas por muchos años. Al seleccionarlo, la academia sueca, que otorga el reconocimiento, citó “la gran luminosidad” de sus escritos, incluyendo Omeros de 1990, una épica caribeña de 64 capítulos.

El auge del pan en el imperio del maíz

El auge del pan en el imperio del maíz

Hogazas de arándanos, chapatas de chapulines, baguettes francesas: el consumo de trigo avanza año a año en México propulsado por el ‘boom’ de la panadería artesanal

DAVID MARCIAL PÉREZ

El País

México

Con las pinzas en la mano, Sandra Allende, 65 años, avanza decidida hacia su pan favorito: una baguette paysanne. Son las 12 de la tarde en una de las cadenas de panaderías más populares de Ciudad de México y Sandra tiene prisa. Sus tres nietos almorzarán hoy en su casa. Va a preparar unas milanesas y las va a meter dentro de la baguette. De primero, quiere hacer una quesadillas. “Ya tengo las tortillas. He venido corriendo a por el pan. Casi todos los días compro un baguette. A mi marido le encanta sopear los guisos”. La ecuación es trigo para la tortas y para mojar; maíz para las tacos y las quesadillas.

Cerca de 37.000 pequeñas panaderías han florecido en el país durante los últimos años

En México, el territorio mítico del maíz, los dos cereales conviven de manera pacífica. Tanto, que el hermano pequeño incluso va creciendo. Salvo un tropiezo el año pasado por el impuesto a la comida prefabricada –sándwich y bollería industrial incluida– el consumo de los derivados del trigo marca una línea ascendente hasta un récord de 116 millones toneladas, según la patronal Canainpa.

El segmento que más crece –a tasas del 3%– es el del pan artesanal. Cerca de 37.000 pequeñas panaderías han florecido en el país durante los últimos años. “Estos negocios suelen concentrarse en las zonas de mayor poder adquisitivo. En los barrios populares se sigue comiendo sobre todo maíz, pero también va calando poco a poco este nuevo hábito de consumo, basado en panes de una fermentación mas lenta, con levaduras naturales y corteza más dura, al gusto europeo”, explica el presidente de la patronal Carlos Otegui.

 Joan Bagur, en el horno de Sal y Dulce Artesanos

En la esquina de una de esas zonas pudientes de la capital, la colonia Roma, una pared separa a los dos cereales. A un lado, la panadería Pancracia, un local de apenas 20 metros cuadrados con hogazas de parmesano, arándanos o romero en las estanterías y dos hornos en el semisótano. Al otro, la tortillería Obregón, con la tradicional maquina de amasar y cocer los redondeles de maíz. Cada día a media tarde, Isabel Estrada, 24 años, pasa a recoger el surtido para la casa de comidas donde trabaja: tres baguettes –24 pesos cada una– a lado y un kilo de tortillas –13 pesos– al otro. “Hay clientes que les gusta comer el consomé de pollo con pan y hay otros prefieren las tortillas enrolladas”, dice Estrada con un bolsa en cada mano. Otro elemento para la ecuación: sopas con trigo y con maíz.

Eduardo Da Silva, hijo de portugués y mexicana, es uno de los pioneros en la cruzada por el pan hecho con mimo. Hace dos décadas la penúltima crisis mexicana se llevó por delante su zapatería y decidió dar clases de cocina con un profesor francés. 17 años después, seis tiendas y 100 kilos de pan mensuales, Da Silva recuerda sus inicios: “La industrialización había aniquilado a las panaderías de barrio. Yo decidí volver a las recetas de antaño. Masas madres y recetas con tiempos largos. Empezaron a venir españoles, alemanas o francesas y lo reconocían como algo familiar”.

La nostalgia por recetas antiguas y alimentos más sanos es una tendencia global del mercado dirigida quién pueda pagarlo. “Desde Europa a Nueva Zelanda la gente está cansada de comer cosas que no sean saludables –continúa Da Silva– y hasta las grandes cadenas están tratando de acercarse a ese nicho, a eso que llaman pan artesano. Aunque en realidad sea lo mismo que el comercial. Le añaden levaduras industriales o azúcar para que fermente más rápido y que la corteza tenga ese color más oscuro”.

 Panes de la panadería Da Silva

En el apartado de panadería de Walmart, Superama o Chedraui, tres de los grandes supermercados en México, es fácil encontrar ya panes integrales o de semillas. Algunas como El Globo, propiedad del grupo Bimbo, ha lanzado incluso una línea con aires alemanes -delibröt- y un letrero luminoso como el de un cabaret donde ofrecen pan rústico vino tinto, baguette sourdough San Francisco, multicereal semilla de calabaza y mijo o aceitunas negras de Marruecos.

Elena Reygadas, premio 50Best a la mejor cocinera de América Latina en 2014 y maestra del trigo al frente de dos panaderías y dos restaurantes, considera que “el pan no debería ser un producto de elite” y reivindica la tradición del pan mexicano, que llegó en barco con la Conquista española. Desde la telera o el bolillo, los mas comunes en el centro del país; el virote de las tortas ahogadas de Jalisco, algo ácido, con poca miga y corteza dura para resistir el baño de jitomate; la barra yucateca o las tortillas de harina (de trigo) para hacer burritos en los estados del norte.

Sonora y Baja California son los principales productores. Pero los graneros mexicanos no alcanzan para el autoabastecimiento. México importa alrededor del 60% del consumo nacional, fundamentalmente de EE UU. “Utilizamos harinas importadas porque nos asegura que no hay pesticidas y porque nos surten de diferentes de trigos ancestrales”, explica Bernardo Flores, uno de los socios de la panadería BreAd. Desde Monterrey llevan seis años dedicados a la masa madre: “harina, sal, agua y dejamos que cultive en ese ecosistema que se genera con levaduras y bacterias naturales, minteniéndolo a una temperatura estable. Con esto consigues panes más nutritivos y de mejor digestión”. Panes de mezquite, de chapulín o de cereales con hasta 5 días de reposo.

Joan Bagur lleva 15 años pilotando Sal y Dulce Artesanos, un negocio que ha ido creciendo con dos patas. Panaderos de bollería y de pan de mesa. Desde su centro de producción en el barrio capitalino de Polanco surten a hoteles, restaurantes y catering. Manejan cuatro toneladas de harina a la semana y su hogaza sourdough, aderazada con un levadura de San Francisco, lleva 50 horas de fermentación. “El mercado en México está creciendo. Falta más especialidad y quitarse lo prejuicios de que el pan engorda y es malo”. Su próximo reto es lanzar una línea de pan de calidad pero congelado para que el cliente solo tenga que darle el último calentón en el horno.

Más allá de las liturgias de la fermentación, las modas del mercado o las dietas equilibradas quizá la imagen más viva del sincretismo cereal mexicano se encuentre en los puestos de comida callejera, en las filas mañaneras para desayunar una torta de tamal: un rectángulo de masa de maíz metido dentro de pan blanco. Maiz y trigo a dos carrillos.

Hago cine digital porque me da la mayor de las libertades

Jaime Humberto Hermosillo presentó Un buen sabor de boca, que distribuye en línea

Abrí todas las redes sociales; ya no tengo que pedir permiso al productor para difundir mis trabajos, afirma en el FICG

Nunca podremos prescindir de ver las películas en una sala, aclara

A Jaime Humberto Hermosillo no le interesa hacer cine de enorme presupuesto

Jorge Caballero

La Jornada

Guadalajara, Jal.

El cineasta Jaime Humberto Hermosillo está en su hábitat natural: el Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), y celebra su cumpleaños cinematográfico. “Me gusta festejarlo al estilo Alicia en el país de las maravillas. Decidí que no fuera en la fecha en que nací, el 22 de enero, sino en marzo, durante la realización de este encuentro”.

En la década de 1980, cuando el panorama de los festivales cinematográficos en México era un páramo, Jaime Humberto Hermosillo junto con otros soñadores, como Guillermo del Toro y Emilio García Riera, fundó la Muestra de Cine Mexicano, que fue la semilla del FICG.

El realizador agregó: “Tengo 52 años de hacer películas y 32 de presentarlas en este encuentro. En el primer año fue la versión en 16 mm de Doña Herlinda y su hijo (1986), que en su segunda edición se pudo exhibir en 32 mm. Siguieron Clandestino destino (1988), El verano de la señora Forbes (1989), La tarea (1991) y ahora la versión gratuita en línea y digital de Un buen sabor de boca, que se podrá descargar” del 20 al 31 de marzo, a través de un correo que creó exclusivamente para su distribución: laideal2016@gmail.com

Aclaró, sin embargo, que nunca podremos prescindir de ver las películas en pantalla grande con público.

Hermosillo señaló: Me doy cuenta de que, como nieto de Roberto Rosellini e hijo de la nueva ola francesa, aprendí a hacer cine con pocos recursos, no necesariamente la perfección técnica; bienvenida cuando hay abundancia.

Contó: “Recuerdo que en 1963 en un pedazo de papel escribí una declaración. Manifesté que quería hacer un cine intimista y que desearía que al terminar ese trabajo existiera la posibilidad de proyectarlo, que no se encendieran las luces en la sala y que nuestro acompañante o alguna otra no preguntara qué le había parecido la película. En ese entonces empezaba a verse cine en televisión y recuerdo que les dije a mis amigos que yo no vería ninguna cinta por ese medio hasta que Cantando bajo la lluvia estuviera en color; en ese entonces no había televisores a color.

“Pero el destino nos alcanzó y ahora podemos ver en nuestra casa lo que queramos. Lo más interesante es que ahora ha llegado una forma de ver cine que, lejos de lo maravilloso que es disfrutarlo en la pantalla grande, de compartir esa sensación de olvidarnos de quien está al lado, ser parte de lo narrado, no se compara. Sin embargo, ahora hay la posibilidad de verlo en casa, es más, en tablets y computadoras, incluso en teléfonos celulares”.

Difusión de manera sencilla

Prosiguió: Hace dos años me lo propuse y ya estoy haciendo cine independiente, con nuevos recursos técnicos, los digitales. No quiero hacer películas con enormes presupuestos, sino con gran libertad. No hay que presentar a una productora un guión con el que se asuste. Ahora se puede hacer cine con la mayor de las libertades. También soy mi distribuidor. Abrí todas las redes sociales y he entablado relaciones con gente dentro y fuera del país para enviar mis cintas. Ya no tengo que pedir permiso al productor, lo que garantiza mayor difusión de manera sencilla.

La distribuidora se llama La Ideal. Es el nombre de la panadería que los Hermosillo manejaban en Aguascalientes, primero mi padre y luego mi madre. Yo la atendía en horas precisas. Esta película que distribuiré gratis y a este tiempo que está regresando la identidad nacional, creo que debemos hacer un esfuerzo porque los términos utilizados en cine sean en español.

El cineasta adelantó que dentro de poco tiempo también regalará el libro digital Cosas por filmar. “Así se podrán ver los guiones que están metidos en mi cajón de proyectos, como el de Un buen sabor d boca”.

El suicidio en tiempos de la posmodernidad

El suicidio en tiempos de la posmodernidad

Mario Campuzano

La Jornada Semanal

El suicidio es un evento difícil de comprender. ¿Qué sucede en algunas personas y en su entorno que los lleva a atentar contra su propia vida? A Freud le inquietó este acto tan contrario al impulso vital y terminó considerándolo una de las expresiones del impulso de muerte. En la actualidad esta explicación no resulta suficiente y se han buscado otros elementos que permitan entender los factores determinantes de una realidad que ha acompañado a la humanidad a todo lo largo de su devenir histórico.

La importancia actual de este comportamiento autodestructivo radica en el aumento progresivo del número de casos en nuestro país, de tal forma que se considera un asunto de salud pública. El problema alcanza una dimensión tal, que en adolescentes y adultos jóvenes es la segunda causa de muerte.

La influencia social y de época

En el siglo xix, Émile Durkheim (El suicidio. Estudio sociológico) inicia la comprensión de este fenómeno en relación con sus determinantes sociales, lo cual permite trascender el estrecho marco de un problema individual de orden psicológico o moral.

Desde la perspectiva social queda claro que el suicidio no puede considerarse siempre de origen patológico, ya que hay suicidios de honor asentados en un determinado marco cultural, por ejemplo, los que se realizaban en la vieja cultura japonesa, como el hara-kiri; suicidios rituales en culturas del pasado para obtener favores de los dioses, en el México prehispánico donde se practicaba el autosacrificio ritual religioso del cual tenemos, como mito, el suicidio/autosacrificio de Nanahuatzin, que se lanza al fuego para convertirse en el sol necesario para alumbrar al mundo, o suicidios conscientes y racionales determinados por distintos motivos, como enfermedades terminales o insoportables, vejez u otras causas.

Esta última posibilidad implica una postura diferente a la mayoría de las grandes religiones que estigmatizan la realización del acto suicida, al punto que en alguna de ellas los suicidas no pueden sepultarse en el cementerio religioso.

Goethe, desde la literatura, mostró un ejemplo clarísimo de la influencia de la cultura de época, en ese caso el romanticismo del siglo xix, en su novela juvenil de fuerte contenido autobiográfico Las penas del joven Werther, personaje que se suicida ante la realidad de un amor imposible con una mujer casada. La publicación de la obra mostró los efectos de “contagio social” ya que, como reguero de pólvora, se produjo una cauda de suicidios similares que se llamaron “efecto Werther”, condición que se repite hasta la actualidad como secuela de la difusión pública de suicidios notables.

Si la frecuencia, motivaciones y forma de realización del suicidio dependen de los factores sociales, económicos y culturales de cada época, en la actualidad tenemos que considerarlos en conjunción con neoliberalismo y postmodernismo. Y si, como muestran las estadísticas, se han incrementado los suicidios, ¿qué nuevas condiciones en la cultura de época pueden explicarlo, así como las peculiaridades de las formas con que se realiza?

Causas del suicidio o intento de suicidio patológico

La experiencia acumulada a lo largo del tiempo en la psiquiatría ha permitido identificar dos causas principales del suicidio o del intento de suicidio. En primer lugar, episodios depresivos de origen emocional y, en segundo lugar, trastornos psicóticos como la esquizofrenia y los trastornos bipolares. Esta es la visión médico-psicológica tradicional, sólidamente asentada. Ahora bien, en épocas recientes se ha podido identificar y comprender una modalidad particular, de gran importancia, que conforma un tercer grupo: la de los suicidios reiterados, identificados como de origen caracterológico.

Es importante destacar que todos estos casos pueden acompañarse de factores coadyuvantes que agravan el cuadro, en especial las adicciones, situaciones económicas críticas o el desempleo. Y aquí, en los factores coadyuvantes, es donde podemos encontrar elementos de la cultura de época que expliquen el crecimiento del problema.

Empecemos con el tema de las adicciones y su relación con los cambios culturales de la postmodernidad, donde se produce un incremento del individualismo con un corte narcisista, hedonista y consumista, propio de la época de consumo de masas, lo cual genera ciertas patologías de época: las adicciones, por una parte, y por otra, trastornos de la alimentación como la anorexia nerviosa y la bulimia.

Las adicciones son ejemplo del énfasis social en el consumo, en este caso como consumo del placer inmediato a través de distintas substancias psicotrópicas que el mercado ofrece y que son fácilmente asequibles de forma legal o ilegal, y que han dado lugar a un severo problema social y de salud pública. La magnitud del problema actual, inédito en la historia, hace evidente su origen social, aunque también se sustente en fragilidades individuales y vinculares que hay que considerar en su tratamiento y prevención.

Aunque en algunos casos puede haber una búsqueda tanática, lo dominante, según la experiencia en la clínica, es la búsqueda hedonista como postura narcisista favorecida por la inmediatez de efectos que da el consumo de una substancia psicotrópica, así como su facilidad de consecución, donde no hay que batallar con esfuerzos mayores a tener un poco de dinero para comprarla, ni aventurarse en las complejidades de la búsqueda de satisfacciones vinculares y sociales; de ahí que en situaciones avanzadas de adicción el sujeto, cada vez más alienado, se vuelva pasivo y aislado, y busque en las drogas las satisfacciones imaginarias que otrora buscara en el medio social real.

Los otros factores coadyuvantes son las situaciones económicas de carencia grave y de desempleo. Es muy comprensible que ambas lleven a determinaciones tan radicales, ya que un ingreso insuficiente o nulo pone en riesgo la posibilidad de la vida misma; amén de que el empleo y el dinero son elementos básicos de sostén, junto con el cuerpo, del narcisismo normal que todos requerimos. Las estadísticas oficiales del inegi apuntan en ese sentido, ya que en 2014 un tercio de la población que cometió suicidio no tenía trabajo. Esta situación de desempleo y déficit monetario grave se incrementa en la población como efecto estructural del modelo económico neoliberal, y es algo que los economistas con esta orientación prefieren ignorar al tomar sus decisiones.

Los intentos de suicidio reiterados

Los intentos de suicidio reiterados son muy conocidos en los servicios de urgencias, pero poco comprendidos en su causalidad y tratamiento hasta épocas recientes. Tienen, en la mayoría de los casos, origen caracterológico asentado en estructuras inmaduras, infantiles. Su tendencia es crónica, repetida, como expresión de un estilo de vida y una forma de comunicación que en el psicoanálisis grupal se llama comunicación figurativa o dramatizada, porque implica la actuación de un conflicto psíquico o interpersonal, o la expresión de un mensaje que no es verbalizado. La conducta suicida recurrente suele tener intenciones de control y manejo del ambiente interpersonal, aunque en realidad el paciente sufre porque no puede manifestar verbalmente su sentir y simplemente lo actúa en contra de sí mismo en forma de un acto suicida.

Esta modalidad de intentos de suicidio no es de origen reciente, pero el cambio postmoderno de formas de crianza y educación que favorece el incremento de caracteres inmaduros, dependientes y narcisistas tiende a aumentar su frecuencia.

Estos trastornos graves de la personalidad pueden cursar con episodios depresivos o con reacciones adaptativas que son vividas muy intensa o exageradamente, y es cuando quienes los padecen se vuelven violentos, irritables, agresivos y pueden proyectarlo hacia el exterior o en contra de sí mismos en actos suicidas.

Algunos casos, poco frecuentes, tienen otro origen, que siempre hay que considerar, como el caso que pude conocer de un hombre abusado sexualmente por su padre en la niñez, que intentó suicidarse en un par de ocasiones como expresión de su desesperación al no encontrar salidas y como recurso extremo para pedir ayuda que, quizá, alcanzó a comprender el padre, pues ya no intentó nuevos abusos.

La nueva patología emocional

El psicoanálisis se inicia a partir de la teoría freudiana donde, como patología psíquica, sólo se concibe el modelo de las neurosis, de tendencia inhibitoria, con sus mecanismos de defensa intrapsíquicos organizados alrededor del conflicto entre distintas instancias, predominantemente entre la satisfacción de los impulsos sexuales y agresivos y su control ajustado a las necesidades de la convivencia social y los mandatos culturales.

La evolución del psicoanálisis en sus más de cien años de existencia ha mostrado el pasaje de problemáticas centradas en el control excesivo, inhibitorio, de los impulsos sexuales y agresivos al predominio de caracteres infantilizados con comportamientos donde destacan la impulsividad y la fragilidad. Estos caracteres se mantienen, aun en la adultez, en formas vinculares semejantes a la etapa infantil de intensa dependencia entre el hijo y la madre, que se puede mantener extemporáneamente con la persona original o desplazarse a otra persona que actúa como estabilizador y organizador externo, sustituyendo funciones del aparato psíquico del sujeto. Como consecuencia, predominan en estos caracteres infantilizados las defensas interpersonales para el control del ambiente familiar y social por medio de comunicación no verbal y figurativa, semejante a la tenida en la relación temprana del bebé con su madre. Claro, ajustado a las nuevas necesidades donde el llanto del bebé, por hambre, para solicitar el alimento que la calme, cambia a la manipulación para obtener atención, apoyo, amor u otras necesidades a satisfacer. Por esas razones no domina el porqué del conflicto intrapsíquico, sino el para qué de los intentos de manejo del ambiente interpersonal, aunque también tengan mecanismos de defensa intrapsíquicos de tipo primario.

 Importancia de la inclusión de la familia

Es imprescindible incluir a los familiares en el proceso de diagnóstico y tratamiento, ya que son ellos quienes pueden favorecer y poner límites a las acciones controladoras de la persona. Cuando la familia queda “atrapada” por el control del individuo afectado, favorece el riesgo suicida, de manera que cuando no es viable cumplir sus deseos se puede repetir la acción de intento suicida generando un círculo vicioso.

Tras la realización del intento de suicido y después de una o varias sesiones psicoterapéuticas de corte especial con el paciente y sus familiares, es necesario establecer claramente y por escrito la responsabilidad diferencial del paciente, de la familia, del psicoterapeuta y de la institución para el tratamiento del individuo, el cual tiene como objetivo el mantenimiento de su vida y la mejoría de su problemática mental y emocional, aunque tiene que advertirse que lo delicado y difícil de estos casos hace que no siempre se alcance el objetivo buscado y haya una tasa de mortalidad a pesar de los esfuerzos de tratamiento, aún en los casos impecablemente conducidos.

 Cortes en la piel de un joven

Hay otros casos en la patología psíquica contemporánea en los que el cuerpo es autoagredido. Se trata de una situación frecuente en los jóvenes (y algunos no tan jóvenes), que se practican cortes en la piel, especialmente en áreas que la ropa cubre para poder ocultarlo a los padres. Algunos casos, poco frecuentes, tienen origen masoquista, como el descrito en la novela La pianista, de la premio Nobel Elfriede Jelinek, novela que después fuera llevada al cine con el mismo título.

La mayoría de los casos aparece en personalidades inmaduras, que utilizan esta conducta como una forma de controlar la ansiedad u otras emociones desagradables que su yo débil no es capaz de manejar y que forma parte del conjunto sintomático de estos caracteres de la postmodernidad

Vicente Rojo cumple 85 años; el artista prepara un autorretrato

Vicente Rojo cumple 85 años; el artista prepara un autorretrato

Adelanta que en octubre montará una exposición en la Galería López Quiroga

Continúa entregado a su quehacer, pues es la única manera de defenderme, expresa en entrevista con La Jornada

La muestra será una sorpresa, augura galerista

Desde 2016 mi padre crea 50 cuadros de formato mediano de la serie Abecedarios, informa Vicente Rojo Cama

Merry MacMasters

La Jornada

El artista Vicente Rojo cumple hoy, 15 de marzo, 85 años. Continúa entregado a su trabajo porque es la única manera de defenderme, expresa en entrevista con La Jornada.

En la Galería López Quiroga no fue posible festejar a Rojo con una exposición, pues el pintor, escultor, grabador y diseñador gráfico lo consideró precipitado y prefirió programarla para octubre.

El galerista Ramón López Quiroga considera que lo imporante es que sea una muestra estupenda, porque a final de cuentas no hay tanta prisa.

Es muy probable que se titule Abecedario: pintura, escultura, libros y un autorretrato, adelanta Rojo.

De todos modos don Vicente está presente en la galería como parte de una exhibición que abarca obra reciente de Miguel Castro Leñero e Ilse Gradwhol.

López Quiroga no oculta su emoción al hablar de la futura exposición de Rojo, quien nació en Barcelona en 1932, llegó a este país en 1949 y se naturalizó mexicano. Celebramos sus 80 años hace un lustro, entonces para la galería representa una fecha muy relevante porque Vicente sigue muy activo y trabajando increíblemente bien.

Augura que la muestra va a ser una sorpresa. Menciona un gran autorretrato hecho por Rojo, grande en formato y grande por lo bueno que es. Aunque el artista no es muy de autorretratos, López Quiroga explica a La Jornada que es uno a la manera de Vicente Rojo, en el que incorpora “una serie de elementos dentro de la línea del geometrismo que han acompañado a Vicente toda su vida: los lápices, los tubos de óleo vacíos, las reglas de madera y de acrílico, los transportadores, las escuadras, los soldaditos de plomo y los aviones, las esferas, los compases, pero tratados de una forma muy suelta y espontánea, algunas de ellas en unas cajas, parte pintura y parte collage.

Bueno, hay un planteamiento muy interesante de una parte pictórica en la que vendrán los autorretratos, obras recientes que tienen que ver un poco con los alfabetos.

Foto

Vicente Rojo (Barcelona 1932), reconocido pintor, escultor, grabador y diseñador gráfico naturalizado mexicano, cumple hoy 85 años. Imagen del 3 de junio de 2009, en el Centro Cultural Indianilla, en la Ciudad de México, donde montó una exposiciónFoto María Meléndrez Parada

Respecto de la exposición, Vicente Rojo Cama apunta que su padre prepara, desde 2016, 40 o 50 cuadros de formato mediano, de la serie Abecedarios.

Rojo representa, para el galerista López Quiroga, uno de los autores más singulares y relevantes de la segunda mitad del siglo XX en México y de este entrante XXI. Es un artista muy polifacético, que ha trabajado diseño editorial, pintura, escultura, grabado; en fin, es un trabajador infatigable con propuestas muy interesantes, con series muy destacadas, series ya míticas.

En la obra de Rojo hay un afán enorme por renovarse, no obstante que siempre hay un sello muy personal. El galerista coincide en que en artistas de su edad es fácil estancarse; sin embargo don Vicente posee un afán enorme por cambiar y proponer cosas nuevas.

Actualmente en la Galería López Quiroga se exhiben cinco mixtas sobre papel en blanco y negro de la serie Escenarios (1996) y cuatro mixtas sobre tela de Letra antigua (2012), de Rojo.

Hace un lustro, con motivo del cumpleaños 80 del artista, la López Quiroga montó la exposición Vicente Rojo: ocho estaciones, con obra de 1952 a 2012. Fue un proyecto que el artista propuso al galerista, que partía de interrelacionar el trabajo que siempre ha hecho en series, pero que nunca se había visto mezclando unas con otras.

También hubo muestras en la galería del Centro Cultural Bella Época, la Biblioteca del Centro Nacional de las Artes y en la edición 40 del Festival Internacional Cervantino.

Entrevistado por La Jornada por sus ocho décadas de vida, don Vicente auguró llegar a los 85 y, por qué no, a los 90, trabajando. Vemos que hoy se puede llegar a los 100 años con cierta facilidad.

La exposición de obra de Vicente Rojo, Miguel Castro Leñero e Ilse Gradwhol concluirá el 22 de abril en la Galería López Quiroga (Aristóteles 169, Polanco).