La verdad y la no violencia tan viejas como las montañas…

“La verdad y la no violencia son tan viejas como las

montañas”

 José Félix Zavala A 60 años de el asesinato de Mohadas Karamchand Gandhi (1869-1948) resuenan las palabras de quien llamara al libertador de la India, Pakistán y Bangla Desh, Rabindranath Tagore, premio Nóbel de literatura, como Mahatma “alma grande”,  W. Churchill como “el fakir desnudo”: mientras  y Albert Einstein ensayó la síntesis perfecta: “Quizá, a las generaciones venideras les cueste creer que un hombre así anduvo por la Tierra”.

El 30 de enero de 1948,  fue asesinado a balazos, el hombre de la paz. y  de la libertad.

Mohandas Karamchand Gandhi, más conocido como “Mahatma” Gandhi, fue el artífice del movimiento de desobediencia civil que desembocó en la independencia de India el 15 de agosto de 1947 y en la partida de la potencia colonial británica.

 “Estoy convencido de que la no violencia es infinitamente superior a la violencia, pero creo que en el caso en que la única opción posible fuera entre la cobardía y la violencia, yo aconsejaría la violencia… Preferiría que la India recurriera a las armas para defender su honor, antes que, de una manera cobarde, se convirtiera en testimonio de su propio deshonor”

“Si el gandhismo no es más que un nombre para indicar cierta forma de sectarismo, merece ser destruido”.

“Actúa, pero no le tengas apego a los frutos de la acción”.

“Gandhi abogó por la unidad en la diversidad: tendió puentes entre la filosofía india y la occidental; creyó en la reconciliación de los seres humanos con base en los elementos comunes de todos los credos; estimuló la conciencia individual, la compasión por el prójimo y las verdades no dogmáticas de los sentimientos religiosos, y la idea de que el nacionalismo era un complejo engranaje del internacionalismo”.

En agosto de 1947, Inglaterra reconoció la independencia del inmenso país asiático, a costa de la partición territorial: Unión India, Bharat, hinduista, flanqueda por los estados islámicos de Pakistán, tanto “occidental” como el “oriental” y Bangla Desh, a partir de 1971.

Felizmente, y a pesar de su profunda fe hinduista, Gandhi no fue un mesías, ni los pueblos lo recuerdan como líder religioso. Es el libertador de la India, contra una política de “divide y vencerás”.

En ese entonces con más de 400 millones de habitantes, hoy, la región concentra 23 por ciento de la población mundial.

Sólo en la India viven más personas que en Africa: mil 100 millones, cuya identidad nacional responde a 18 lenguas oficialmente reconocidas y más de 840 dialectos. Pakistán y Bangla Desh cuentan con 150 millones, respectivamente.

A esa multiplicidad de culturas, credos y pueblos milenarios que circulan en el epicentro geográfico de una eventual guerra nuclear se dirigió el Mahatma Gandhi en la primera mitad del siglo pasado, emplazando a la humanidad con su acción, y con un discurso ético de profunda resonancia universal.

Gandhi fue ágrafo, pero luego de su asesinato, los investigadores empezaron a compilar sus ideas, así como los seguidores de Jesucristo lo hicieron durante los primeros siglos de la era cristiana.

A principios de 1970, la publicación de 75 volúmenes, entre artículos breves, reflexiones, entrevistas, manifiestos, sentencias y apuntes circunstanciales del Mahatma, presentaban ya dificultades similares a las del medio centenar de evangelios compilados por los primeros cristianos.

¿Cuál era el “verdadero”? A regañadientes, la Iglesia católica consintió en hacer oficiales cuatro,  miren lo cosechado: un Papa que los devuelve al siglo XII; una potencia americana depredadora dirigida por “cristianos renacidos”; un estado neonazi inspirado en el reino de David, y millones de seguidores de Alá que sueñan con quitarnos a las huríes que por derecho nos tocan en el paraíso.

Los escritos de Gandhi,  para quienes busquen ideas transparentes y redondas, no aparecen, en la lectura cotidiana, ni en la cabeza de los teólogos como Santo Tomás, ni de los filósofos como Hegel o los filólogos como Nietzche, ni científicos como Einstein.

La belleza expresiva de su pensamiento oscila entre la ascesis individual y la lucha de liberación nacional concreta de los pueblos.

Gandhi se enfrentó al terrible sistema de castas impuesto durante tres milenios por los brahamanes, sustituyendo el estudio y la reflexión individual, la contemplación y la ascesis propios de la tradición cultural de la India por la acción.

En el proceso de su formación como abogado en Londres, la lucha legal en Sudáfrica junto a los “coolíes” y las distintas etapas que llevaron a la independencia de India, Gandhi entendió que “todos los fundamentos religiosos y filosóficos prescindían de que el hombre como ser individual o colectivo, antes que ente moral es básicamente económico y político”.

Valoró, como pocos, la belleza y el vuelo de los ideales enunciados en esas religiones y filosofías, y mucho más el grado en que éstas eran capaces de realizar la fraternidad entre los hombres. Pero en el mundo de ayer y de hoy, y particularmente en India, ha sido nulo.

El gran poder espiritual de Gandhi apuntó a convertir a héroes y mártires en hombres comunes y corrientes.

En el fondo, la doctrina del satyagraha (término que inventó fundiendo dos palabras de origen sánscrito, satya, verdad, y agraha, aferramiento), buscaba la moschka, la liberación integral de todo lo que nos ata.

 “No tengo nada nuevo que enseñar al mundo. La verdad y la no violencia son tan viejas como las montañas…he sido veraz pero no he sido tan adorador de la no violencia como lo he sido de la verdad, y pongo a ésta en el primer lugar, y a aquella en el segundo…”.

El filósofo alemán Karl Jaspers apuntó que frente a un mundo dedicado a la farsa de vivir según pretendidos principios de justicia y moralidad, Gandhi le arrancó la máscara, exponiéndose a la violencia y sufriéndola abiertamente.

 “Deben invitar a Hitler y Mussolini a que tomen todo lo que quieran…pero siempre rehúsen rendirles obediencia”.

Y en cuanto al conflicto indo-pakistaní, manipulado por Inglaterra, hizo públicas sus ideas acerca de obviar las políticas de paz y no violencia contra Pakistán, en caso de hostilidades.

En agosto de 1942, desde su tribuna en el Congreso Nacional Indio, dijo a los ingleses: “¡Váyanse de la India y déjenla librada a la anarquía de Dios!”

Entonces, Winston Churchill, “paladín de la democracia occidental” metió preso al “fakir desnudo”, junto con el Pandit, Doctor Jawarhalal Nehru (1889-1964, su brazo derecho y primer jefe de gobierno), y el teólogo Maulana Abul Kalam Azada (1888-1958), quien sostenía que “un buen musulmán puede ser un buen indio”.

Las cenizas habían sido preservadas desde que Gandhi fue asesinado a balazos el 30 de enero de 1948 durante una plegaria en Nueva Delhi por un fanático hindú.

Las cenizas del cuerpo de Mahatma Gandhi, el padre de la independencia de India, fueron dispersadas en el Mar Arábigo cerca de Bombay durante una ceremonia que conmemoró el 60 aniversario de su asesinato por un extremista hindú.

Tras abrirse una urna que contenía las cenizas de Gandhi,  fueron mezcladas con agua y lanzadas al mar por su bisnieta.

“Hoy debemos pensar en él profundamente”, declaró Nilamben Parikh, de 75 años. Parikh y otros diez miembros de la familia subieron a un barco y se alejaron aproximadamente un kilómetro de la costa para efectuar el ritual.

La familia cantó los himnos preferidos de Gandhi, con acompañamiento de una banda musical.

En 1906, cuando era abogado en Sudáfrica, lanzó su movimiento “Satyagraha”, que significa “verdad o amor” (satya) y “firmeza” (agraha) y encarna la resistencia no violenta.

Allí luchó contra la segregación racial y defendió los derechos civiles de la comunidad india. A pesar de algunas voces discordantes en India, sigue siendo considerado como un símbolo de la libertad y una extraordinaria conciencia moral.  

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