Pomposa Garduño, una mujer queretana

La Última Rosa

 

José Félix Zavala  

 Las monjas de Santa Clara y Santa Rosa, dejaron la austeridad de los silicios, de sus disciplinas, de sus deliquios y salieron, plenas de esperanza divina, a vivir en las calles que huelen a pecado venial, en plazas esperadas con los dones del amor, en casas sostenidas por botareles… Todo lo contaminaron de religiosidad de rara poesía, de solemnidad de templo. Los pájaros huyeron de sus nidos.  

“Mi hábito tenía escapulario pero sabe usted… de aquellas cosas… hice un refajo con él y se acabó. Antes el hábito lo he conservado lavándolo, como aquí es caliente, nada más tengo uno, los otros se acabaron de viejos. Cualquier día me moriré. Si no me tienen miedo muerta, que me lo pongan, eso pienso yo. He conservado la toca y la soga y cuando podía lo lavaba, ahora ya no puedo.”  

Después de 317 años, 23 de abril de 1670, de fundado el beaterio de santa Rosa de Viterbo, encontré a su única y última descendiente, la Madre Paz, con 112 años de vida, en total abandono, en el pueblo donde se refugiaron la última abades y dos monjas de coro – Sor Magdalena, Sor Teodosia y Sor Catalina – las últimas salidas del beaterio que tanta fama le ha dado a Querétaro. Eran las Madres Rosas, su refugio el pueblo de Tolimanejo.  

“Profesé a los 18 años, profesión solemne, aunque aquí los pueblitos están muy distraídos, no más me acuerdo, ustedes sí se han de acordar bien, andaban los cincos de oro. Nuestro convento estaba junto a la parroquia de Tolimanejo. Había clausura, un túnel donde pasábamos para la iglesia-. alcanzamos a no salir- la madre priora que puso la casa quería que fuéramos de la misma regla de la casa de santa Rosa de Querétaro. Nos volvieron a exclaustrar. Una monjas se fueron a Cadereyta, se llevaron las reglas, a i nada más me quedó una hoja. Tuve que trabajar, hacía amasijos, fruta de horno –me la encargaban-, yo nada más ponía el trabajo, me daban todo desde la leña. Seguía viviendo mi vida de religiosa, hacía mis horas canónicas. Sabe usted el oficio es grandecito. Yo me he conservado en religión todavía hasta hoy.”   Estaba la Ultima Rosa en lo que fuera su último convento,  contiguo al santuario de la Virgen de Soriano  – tres cuartos, una cocina y una huerta -, vivía sola, ya no se levantaba, le llevaban los alimentos. Junto a Ella en el primer cuarto una imagen de 85 centímetros tallada en palo santo, pintada al óleo su encarnación, vestida de brocado en hilos de plata y oro, en un hermosísimo pedestal –con medallón de la Dolorosa al pecho, cinturón de franciscana -. Era la imagen de Santa Rosa De Viterbo, que fuera esculpida en 1670. Conservada en su nicho dorado, con todo el estilo de los retablos del templo que lleva su nombre en la ciudad de Querétaro.  

“Como convento de monjas que fue, presenta igualmente paralelas a la calle sus dos portadas, que consisten en arcos clasicistas en cuyas claves se localizan unas conchas y sobre éstas, los monogramas de Jesucristo y de la Virgen María. En el segundo cuerpo se encuentran unos nichos conchiformes, flanqueados por pilastras y columnillas, en el nicho de la izquierda San Francisco y a la derecha el de Santa Rosa de Viterbo. Los botareles, que más bien parecen gigantes rocallas, presentan incrustadas mascarones  enigmáticos.”. Según Rodolfo Anaya Larios sobre la fachada del beaterio de donde salieran las madres Rosas en tiempos de la Reforma.   

La Madre Paz nació en Amealco, un 19 de septiembre de 1875, su nombre en el siglo fue Pomposa Garduño, entró al Convento a los 15 años, en Tolimanejo. Le impuso el hábito el padre Nazario Guerrero. Vivió el exilio que durante 130 años tuvieron esas religiosas al salir de su beaterio, que continuó con dos intentos de reconstruirlo: Uno junto a la parroquia de Colón y otro junto al Santuario de Soriano y que termina con la muerte de La Ultima Rosa.  

El Santuario esta construido sobre una elevación de terreno, delante una gradería en semi círculo, atrio con balaustradas en cantera. La construcción es neoclásica. En su portada dos órdenes de columnas corintias, tres de cada lado de la puerta y otras tres a los lados de la ventana que ilumina el coro. Remata con un frontón sencillo, torre y cúpula. Cruz latina su formación. 

“Cuando nos sacaron se murieron muchas de hambre, me platicaban que cada cual se mantenía. De Querétaro se vinieron a Tolimanejo, se murieron tres, hicieron capítulos, cambiaron de rectora, señalaron la necesidad de tener una Abadesa para que las proviera, pero pasaron muchas necesidades. Dicen que los soldados tiraban el frijol y la semilla a los caballos y por eso pasaron muchas hambres. Yo también las pasé, pero ya las había pasado desde niña.”.  

Cada palabra que desde su lecho me iba diciendo en forma entre cortada la Madre Paz. Imaginaba que era el testamento de un monasterio centenario, el Real Colegio de Santa Rosa de Viterbo, del que ella era la Ultima Rosa. Recordaba la anciana religiosa el mes que estuvo en el gran monasterio inicial, ya entonces el Hospital atendido por la religiosas Josefinas. “estuve un mes o más, ya no me acuerdo allí estaban las pinturas de las que pusieron la casa, en la sacristía con sus nombres, una se llamaba Isabel, otra Josefa y de la otra no me acuerdo. Son tres porque yo las fui a ver “. 

“En Santa Rosa, las pinturas de los retablos, y las que se enmarcan sobre la reja del coro, no presentan firma alguna. Algunos historiadores las atribuyen a Cabrera y otros a Páez. Además, las pinturas que se encuentran en las pechinas, están firmadas por un artista del que solo conocemos su apellido, que es Roldán, cuya buena labor se ve reflejada en las mujeres célebres de la Biblia. Ester, Rebeca, Judit y Déborah. Hay cuadros de los bienhechores de este convento, el presbítero bachiller Don Sebastián de Olivares. Y el presbítero licenciado don Matías de Híjar, firmada y fechada la pintura por Peralta en 1748 y que tiene como fondo la fábrica de un claustro bajo y alto”. Dice Anaya Larios.    

“Lo que siento es solo cansancio, se me acabaron las fuerzas, caí a la cama. Del cuello hacia abajo, hasta la cintura, no tengo fuerza. En aquel tiempo yo estaba pegada a los médicos, porque anduve llevando a la Rectora con Paulín grande, con Nuñez Lara y Rivera, éste me dijo que pasara a México, porque la abadesa tenía un tumor en la garganta, pero no. Ella murió, se llamaba Sor Guadalupe Becerra y las demás hermanas también murieron, están enterradas aquí. Cuando ella estaba enferma, me dijo que teníamos casa en Roma. Pero esta muy lejos y la rectora estaba muy enferma, estuve mucho tiempo cuidándola, pero no se alivió”.  

En el templo de las Madres Rosas en Querétaro, hay cinco retablos barrocos laminados en oro, uno de ellos tiene a la Dolorosa, a María Magdalena, al Apóstol San Juan y en el fanal al Mártir del Gólgota. En el segundo – anástilo – está dedicado a San Francisco De Paula, fundador de los  Mínimos. Termina con un cerramiento en ventana, magno encaje negro. Es aparte del coro, donde las beatas rosas, deshojaban pétalos de rosas, los días del Corpus, al paso de la procesión mientras el órgano Walcker sonaba a Tantum Ergo.   

“Todo se acabó en esos tiempos difíciles, nada más comíamos ejotes cocidos, así solos, sin nada más. Tengo mucha historia. Tengo muchos años.”.  

“Celdas de Cenobios, relicarios de eucaristía y coros santos de oración, rompieron su impresionante quietud. Las monjas se incorporaron al mundo. Las madonas de Perrusquía, anduvieron vagando por las calles de sacrilegio. Los sufrimientos de la gran hermana se han tornado flores, dejando caer sus hojas de seda, para que sirvan de corporales.”.  

La Madre Paz, guardó tres años de cama. Vivió de limosna y de recuerdos. Enterró también a las sobrevivientes de la exclaustración del 29, la Priora Ma. Guadalupe Becerra, Sor Rosario, Sor Irene, Sor  Josefa, Sor Concepción, Sor Luz, Sor Pilar y la portera Celestina. Así se cierra la historia del Real Colegio Beaterio de Santa Rosa De Viterbo.  

En el templo de Santa Rosa De Viterbo, permanece en uno de los retablos, sedentes, con capa roja, El Rey De Burlas. En la sacristía un aguamanil –talla policromada -, donde están  dos efebos entre conchas y un querubín sosteniendo la oración; “Lavaré mis manos entre los inocentes… “, además una mesa taraceada en marfil, una bella Purísima estofada, en el nicho que remata con  un Cristo de marfil.  

         Eres tan vieja, que no conozco a nadie que te iguale. No me refiero a tu edad, sino a los 317 años que van  de estar dando rosas el Real Colegio, del que fuiste la última. Enterraste a todas tus hermanas, muchas quedaron en el piso del coro bajo del oratorio, otras en el panteón de >san Francisco Tolimanejo, Tu las viste caer de una en una. Para el registro civil fuiste Pomposa y para mi Paz y para el mundo y la historia La Ultima Rosa.   

En los retablos cercanos al presbiterio, de ambos lados a manera de cima, existen dos ángeles de atrevido vuelo, abajo coronas a manera de docelete y ángeles desplegando el cortinaje, mientras en guirnaldas medallones, en unos San Rafael y San Gabriel y en otro los desposorios de San José, que fueron contemplados a la hora de tercia, en las Vísperas y más tranquilamente en los Maitines, por las monjas Rosas de las que no sabemos fijaban preferentemente la vista.     

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