El Corazón secreto de Elías por Julio Figueroa

El corazón secreto de Elías   

Julio Figueroa  

     

Fue el tercer libro que leí de Elías Canetti (1905-1994), y aquí lo tengo. Lo adquirí en la Gandhi de México hacia finales de los ochenta. A Elías lo vengo leyendo desde principios de esa década (fue Premio Nobel en 1981, un año antes que García Márquez) gracias a José Marías Pérez Gay. Tal vez es el libro que más he leído y releído del autor. Lo he cargado por todas partes. El libro se llama El corazón secreto del reloj. Apuntes 1973-1985, España, Muchnik Editores, 1987, 219 pp., traducción del alemán de José del Solar B. 

       En seguida para los amigos y lectores de Diálogo Queretano ofrezco un buen puño de esos apuntes rápidos canettianos. Y luego reproduzco mi nota de 1994 escrita y publicada en El Nuevo Amanecer de Querétaro a la muerte del autor de La conciencia de las palabras (México, FCE, Col. Popular, núm. 218, 1981, 366 pp.). 

     ¡Ni en sueños imaginé ir en esta mar azul con la banderola S S a toda asta, y ella tampoco: se ve y se sonroja y no se cree, tiene miedo de que se hunda la barquita a medio océano! Salvo estas bagatelas, no hay salvavidas. Domingo 17 de agosto de 2008.        El corazón secreto del reloj  

    

1- Una obra tardía hecha de cartas. / p. 183.  

     2- ¡Calla y regálales su culpa! / p. 189.  

     3- Allí donde el recuerdo colinda con el de los demás. / p. 193.  

    4- No dejes de hacer señales. Alguien puede salvarse. / p. 202. 

     5- Nunca has sido tan breve como querías. / p. 202. 

     6- Di tus cosas más personales, dilas, es lo único que importa, no te avergüences, las generales están en el periódico. / p. 207.  

     7- Si los escritores no se sostuvieran unos a otros, ¿qué quedaría de ellos? / p. 209.  

     8- No son los aplausos lo que más nos ayuda, sino el silencio interior. /   

     9- Salvar la exageración. No morir sensatamente. / p. 14. 

     10- Lo terrible no son las contradicciones, sino su paulatino debilitamiento. / p. 19.  

     11- ¿Qué pasará con las imágenes de los muertos que llevas en tus ojos? / p. 20. 

     12- Uno sólo es libre cuando no quiere nada. ¿Para qué querrá uno ser libre? / p. 28. 

     13- Uno sólo puede vivir no haciendo con mucha frecuencia lo que se propone. / El arte consiste en elegir acertadamente lo que no se hará. / Quien se obedece a sí mismo no se asfixia menos que quien obedece a otros. El único que no se asfixia es el inconsecuente, el que se imparte órdenes que luego esquiva. / A veces, en determinadas circunstancias, lo correcto es asfixiarse. / p. 34.   

     14- Prefirió luchar hasta morir. / p. 33. 

     15- Se puede no ser absolutamente nada, se puede haber fracasado de la manera más deplorable, y, sin embargo, servir de algo siendo consecuente con una sola cosa. / p. 36.  

     16- No rendir las armas ante la muerte. / 43. 

     17- Cada cual tiene que enfrentarse de forma totalmente nueva a la muerte. / p. 47. 

     18- El valor de decir una y otra vez lo mismo hasta que ya no haya forma de suprimirlo. / p. 56.  

     19- Busca frases que nadie haya masticado todavía. / p. 58.  

     20- No interpretes ni expliques nada. / p. 62. 

     21- “vale más ser forastero que acoger forasteros” (Enseñanza de los padres). / p. 64.  

     22- ¡Cambia a tus enemigos! / p. 65. 

     23- Reanimar conceptos, con veneno. / p. 72.  

     24- Ahora es aproximadamente todo lo que siempre ha aborrecido. / p. 73. 

     25- Se escribió a sí mismo en trozos. / p. 77.  

     26- Ningún desastre protege del próximo. / p. 80.  

     27- Constantemente registras lo que corrobora tus ideas. ¡Más valdría que registrases lo que las refuta y debilita!  

     28- Seguir pensando a partir de mil puntos, no a partir de uno solo. / p. 91.  

     29- La sinceridad del mentiroso. / p. 99. 

     30- Ningún poema puede ser la verdadera imagen de nuestro mundo. La verdadera, la aterradora imagen de nuestro mundo es el periódico. / p. 109. 

     31- “Y de la unión de los seres desaparece la muerte” (Hiperión). / p. 109. 

     32- Toda decisión tiene algo liberador, aunque lleve a la desdicha. / p. 115.  

     33- Recuperar en una hora lo que no se hizo en ochenta años. Para eso hace falta llegar a los ochenta. / p. 116.  

     34- Sin el desorden de la lectura no hay un solo escritor. / p. 121.  

     35- La modesta tarea del escritor quizás sea, en fin de cuentas, la más importante: la transmisión de lo leído. / p. 122.  

     36- ¡Oh, ser un libro, un libro que sea leído con semejante pasión! / p. 123 [Por ejemplo: Las batallas en el desierto y La estación violenta y El cobrador]. 

     37- La erudición asfixiante… Tres mil respuestas a cada pregunta. ¿Qué pregunta puede aguantar esto? / p. 128.  

     38- Una tensión terrible e incesante es la única digna del ser humano. / p. 131.  

     39- Única salvación: la vida de otro. / p. 132.  

     40- Componer un amigo. / p. 136.  

     41- El hombre que confunde su propio destino con el de la Tierra. / p. 139.  

     42- No dejarse distraer. Renunciar a las nubes. / p. 132.  

    

43- Nadar en apuros. / p. 142.  

     44- Se ha ganado honradamente su desdicha y no piensa devolverla. / p. 151.  

     45- Vivir solitario, mas no para sí. / p. 154.  

     46- Siempre ocupado con las cosas indebidas. ¿Conoces acaso las debidas? / p. 158.  

     47- Serás tergiversado. Quizás sólo hayas existido para ser tergiversado. / p. 159. 

     48- Vivir en secreto. ¿Hay algo más espléndido? / p. 162.   

     49- No dar las gracias. Colmar de gracias. / p. 163. 

     50- Nadie conoce el corazón secreto del reloj. / p. 174.  

     51- Dejar abierta la boca de las frases… / p. 166.      

Elías Canetti,

el fuego frío de las palabras 

Julio Figueroa  

    

Nadie conoce el corazón secreto del reloj, y el de Elías Canetti se acaba de apagar en este caliente agosto mexicano. Había vivido en perpetua guerra a muerte contra la muerte, y al fin fue cogido. La insoportable muerte se lo ha cargado. Qué le vamos a hacer. No hablará ya; las palabras ahora hablan por él. ¿Es que entonces la muerte no ha podido con él? ¡Dar más vida a la vida y algo más después de la vida, el regalo de la literatura!     

     Llueve suave en la calle. El día no es triste sino melancólico. Abrumado de trabajo, me acabo de enterar de su muerte. Interrumpí lo que hacía en casa y fui y cogí algunos de sus libros. Veo sus fotos de buen abuelo gruñón. Releo sus aforismos. Quiero entender el sentido de su rebelión contra la muerte. Su rabia, su indignación, su altanería. Su no resignación en ningún momento. ¿Una lucha de antemano perdida? Como todas las luchas. ¿Cómo fueron sus últimos años, sus últimos instantes? No puede ya decirnos nada, mas sus palabras hablan todavía. Hablan porque siguen vivas, respiran, palpitan:  

     “Palabras que sólo se abren paulatinamente.

     Palabras que llegan en el acto, como balas.

     Palabras, por ósmosis, que se metamorfosean dentro del destinatario.” 

     Elías Canetti, 1905-1994. Premio Nobel de Literatura 1981. Todavía nos dejó un último libro. Tarde o temprano llegará a los ojos. Bien lo dijo él: “Única salvación: la vida de otro”. Un escritor, no un hablador. (El Nuevo Amanecer de Querétaro, 22 de agosto de 1994). 

     Última anotación personal del día:

     Traigo la muerte atrás y adelante me está esperando.     J. F.  

     Qro. Qro., CC Gómez Morín, domingo 17 de agosto de 2008.  

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