El Día de La Raza 12 de octubre

Escrito por Jaime Septién
Domingo 12 de Octubre 2008
PÓRTICO

Image Gracias a los «progresistas», la raíz indígena (como la raíz cristiana), que constituye parte de nuestra esencia, nos ha sido robada, cambiada por modas del mercado ideológico.

Por Jaime Septién

En su libro más reciente (Batallas por la historia, Planeta, 2008), el estupendo historiador mexicano José Manuel Villalpando dedica el capítulo final al tema del aborto y el pensamiento que de éste tenían los aztecas.

Sería difícil que alguno de los que alegan libertad para asesinar al indefenso no se apresure a defender a los antiguos mexicanos, «víctimas» de la Iglesia católica y de su «alianza» con el poder durante la Conquista.  Pues bien, en el aborto tendrán que encontrar una coartada, pues resulta que los aztecas lo aborrecían; figuraba en la lista de sus faltas más abominables.

Nuestros antepasados le decían a quien tenía la dicha de cobijar en su vientre una vida nueva: «Oye otra cosa, hija mía, que te encomiendo mucho.  Mira que guardes mucho a la criatura de dios que está dentro de ti; mira: no burles con él; mira que no vayas a ser causa de alguna enfermedad por tu culpa, a la merced que nuestro señor te ha hecho, que es haberte dado una criatura, que es como un joyel con que te ha adornado; mira que te guardes de tomar alguna cosa pesada en los brazos, o de levantarla con fuerza, porque no fueras a malograr a tu criatura; hija, no uses el baño demasiadamente, mira que no la fueras a matar con el calor demasiado del baño».

Villalpando cita a fray Bernardino de Sahagún, quien en su revisión exhaustiva de la cultura de los aztecas recuerda y resume lo que éstos pensaban de la mujer embarazada: «Lo que tiene en su vientre es la merced que Dios le ha hecho».

Gracias a los «progresistas», la raíz indígena (como la raíz cristiana), que constituye parte de nuestra esencia, nos ha sido robada, cambiada por modas del mercado ideológico. Hoy mismo, según el estudio «Estimaciones del aborto inducido en México», nuestro país supera el promedio mundial con un índice de 33 abortos inducidos por cada mil mujeres en edad reproductiva, mientras la media mundial es de 29 por cada mil.

¿Qué pasó en el camino?  Olvidamos la herencia de dos culturas que respetaban al no nacido como una joya, como un milagro, como una gracia.  Lo convertimos en una especie de tumorcillo maligno.  Y ahora somos campeones en despedazarlo.  Menudo progreso…

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