Sobre la ciudad de México-Tenochtitlan

Sobre la ciudad de México-Tenochtitlan

 

Ante la manera como lo recibió la ciudad de México-Tenochtitlan, Cortés pensó que iba conseguir la máxima conquista de todos los siglos con el mínimo derramamiento de sangre.

 

Por otra parte se enamoró de la ciudad de México, como lo revela en su segunda carta de relación a Carlos V en su parte central.

 

“Antes de que empice a relatar las sosas desta gran ciudad y las otras que en otro capítulo dije, me parece, para que mejor se pueda entender, que débese decir de la manera de México, que esta fundada donde está el principal señorío de Moctezuma.

 

La cual dicha provincia se rodea y esta toda cercada de muy altas y ásperas sierras y lo llano de ella terna en torno de setenta leguas y en el dicho llano hay dos lagunas que casi lo ocupan todo porque tienen canoas en torno más de cincuenta leguas.

 

Y una de estas lagunas es de agua dulce y la otra, que es mayor, es de agua salada.

 

Divídelas por una parte una cuadrillera pequeña de cerros muy altos que están en medio de esta llanura y al cabo se van a juntar las dichas lagunas en un estrecho del llano que entre otros cerros y las sierras altas se hace.

 

El estrecho terna un tiro de ballesta y entre una laguna y otra están las ciudades y otras poblaciones que están en dichas lagunas y tratan la una con las otras por medio de canoas por agua, sin haber necesidad de ir por tierra.

 

Por la laguna salada grande crece y mengua por sus mareas según hace la mar, todas las crecientes, corre el agua a la otra dulce, tan recio como si fuese río caudaloso y por consiguiente a las menguantes va la dulce a la salada.

 

Esta gran ciudad, tiene cuatro entradas, todas de calzada hecha a mano, tan ancha como dos lanzas jinetas.

 

Es tan grande la ciudad como Sevilla y Córdoba.

 

Son las calles, digo las principales, muy anchas y muy derechas y muchas de estas y todas las demás son la mitad de la tierra y la otra mitad es agua, por la que andan en canoas y todas las calles de trecho en trecho están abiertas por donde atraviesa el agua de las unas y de las otras y en estas aberturas, donde algunas son muy anchas hay puentes de muy anchas y muy grandes vigas, juntas y recias y muy bien labradas y tales que por muchas pueden pasar diez de caballo juntos a la par…”.

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