Tlahuac, D.F.

Descubriendo Tláhuac 

Ángeles González Gamio  

gonzalezgamio@gmail.com  

 

La Jornada 

Ya hemos hablado en estas páginas de Tláhuac, que era una de las 40 ciudades situadas a las riberas de los cinco lagos: Chalco, Zumpango, Xochimilco, Texcoco y Xaltocan, que rodeaban México-Tenochtitlán a la llegada de los españoles. 

Ya hemos mencionado que milagrosamente aún existe en Tláhuac un lago bautizado con el nombre de Los reyes aztecas, que en sus 29 kilómetros de canales preserva un ecosistema rico en especies, muchas que datan de la época prehispánica: ranas, ajolotes, carpas, serpientes, tortugas, garzas y patos. 

En estas aguas el rey Cuitláhuac y sus nigromantes leían los presagios de los astros reflejados en ellas. Ello explica el significado del nombre del gobernante: “En el lugar de quien vigila el agua”. 

Durante los festejos de la celebración de la fiesta de su patrono, san Pedro, la procesión de la imagen se hace en canoa. Muy fiesteros los pobladores de Tláhuac, celebran también el carnaval, que organizan los habitantes del barrio de Tlaltenco, en los días que preceden a la Semana Santa y es quizá el más vistoso y colorido de la capital. 

Ahora tendremos la oportunidad de acercarnos a este fascinante sitio de la ciudad, de la mano del cronista capitalino especializado en dar a conocer “lo más interesante de lo menos conocido”, Édgar Anaya, y de su compañera, Elba Hernández. 

El paseo se titula Alegrías y nostalgias, y se va a llevar a cabo el próximo sábado 17. Se va a visitar el Museo Comunitario de Tláhuac, que muestra una interesante colección de piezas arqueológicas de barro, hueso, obsidiana y de piedra, todas donadas por lugareños. El sitio lo hicieron don Maximino Jesús Galindo Galicia, vecino del lugar, quien donó el terreno, y lo dirige su esposa, Graciela Ortega Castañeda, ayudada por sus hijos. 

Después conoceremos la fábrica de alegrías Tehutli, el famoso y antiguo dulce de origen prehispánico. Aquí nos vamos a enterar de las características históricas, botánicas y nutricionales de la mexicanísima planta de amaranto, su uso ritual, la forma en que se cultiva (en un sembradío en vivo), se obtiene la semilla, se revienta, se mezcla con mieles o chocolate y se moldea para obtener alegrías de la mejor calidad. Desde la entrada de la fábrica los aromas del proceso incitan a devorar esta nutritiva golosina. 

Al final de la visita se degustan algunos de los productos que se elaboran con amaranto y se pueden comprar en la tienda contigua: harina para hot cakes, galletas, granola, milanesas, panqués, horchata, mazapanes y otros, sin faltar las alegrías de chocolate, las de sabores de frutas y las clásicas: con miel de abeja y de piloncillo. 

También se puede adquirir buen aceite de oliva y aceitunas, que son tradicionales, dado que los olivos se sembraron en Tulyehualco desde los primeros años del virreinato. 

En Tenango del Aire, cerca de Amecameca, vamos a conocer el Museo del Recuerdo-Casa de Madera, único en México. Su colección de arte y objetos antiguos –creada por sus propietarios coleccionistas durante 40 años– sólo es superada en todo el país por el museo Franz Mayer. Nos darán una visita guiada para observar sus colecciones de lámparas, cuadros, esculturas finas, radios, vajillas, relojes, instrumentos musicales, carreolas, anuncios, envases… veremos su botica antigua, su pulquería y la recreación de una tienda de pueblo repleta de mercancía y objetos del pasado; el elegante mobiliario, las ollas, exprimidores y tostadores de otras épocas, las fotos y muebles del siglo XIX, armas, muñecas y alhajeros. 

El paseo concluye, como es obligado, con una rica comida. Disfrutaremos de un bufet mexicano en el acogedor restaurante, entre plantas y artesanías, y como broche de oro vamos a comprar buen pan al centro del pueblo.  

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