Los talleres literarios en Querétaro

Vertientes de la imaginación: presentan Favila y Terán sendas ofertas de talleres literarios

Diario de Querétaro

Carlos Campos.

Taller del francés atelier es para el lugar en que se trabaja una obra de manos, como seminario lo es para la clase en que se reúne el profesor con los discípulos para realizar trabajos de investigación. Así, los sustantivos escuela, maestro, discípulo, trabajo, investigación… redundan en una sola lección: aprender haciendo.

Los antecedentes más antiguos de lo que hoy conocemos como taller o seminario literario en nuestro país se remontan a 1490 cuando Tecayehuatzin extendió una convocatoria a los más destacados poetas náhuatl para que, ‘tallereando’, pudieran develar el significado de la expresión “Flor y Canto”, ulterior título del libro de compilación poética náhuatl. Las reuniones literarias siguieron desarrollándose, intramuros, en tiempos de la Colonia, a través de las Academias, siendo célebres por su calidad la de San Joaquín y San Ildefonso. En el siglo XVIII las tertulias son visceralmente frecuentes en los cafés de la Ciudad de México. Poco a poco adquieren la veta tallerista, vanguardista, experimental, a pesar de predominar el autoelogio por sobre el rigor académico (Contemporáneos y Estridentistas). No es sino hasta mediados del siglo XX, de la mano de Juan José Arreola, que se incursiona el concepto de crítica, y con el la forma sistemática del fenómeno de los talleres literarios. En 1974 San Luis Potosí es anfitrión del primer taller literario en el interior de la República. En 1979 le tocará a Guadalajara. Un año antes, ya se desarrollaba el Primer Encuentro Nacional de Talleres Literarios en la Casa del Lago.

No es sino hasta 1985 que Querétaro ve nacer la Asociación de Escritores Queretanos y posteriormente el Centro Queretano de Escritores. Contemporáneos de esta genealogía y vinculados con la tradición nacional del taller literario, Martha Favila y Blas C. Terán presentan sus respectivas propuestas para la primera mitad del presente año.

“Mi taller afortunadamente tiene una asistencia muy nutrida. Los jóvenes en Querétaro necesitan varias opciones para su desarrollo literario. En este momento en nuestro Estado las opciones están totalmente reducidas. El seminario Zona Uno, dirigido por el poeta uruguayo Víctor Sosa, surge de la necesidad de ampliar dichas posibilidades”, incidió Favila quién desde su experiencia como “promotora cultural, editora y escritora” arguye que la función de proponer ofertas literarias para así paliar esta necesidad “tendría que ser obligación del Estado, pero ahora los artistas nos hemos convertido en nuestros propios promotores”.

Con cuatro años de impartir el taller La música de lo que pasa, y con una asistencia en promedio de diez asistentes, Favila observa que “la gente tiene la necesidad de crear. Si el público no conoce la poesía nadie la va a necesitar”. Zona Uno se posiciona como “un seminario de continuación. Comenzó en noviembre. En este nuevo año se comienza una nueva etapa que consiste en tallerear con Víctor Sosa, que se concentrará desde la poesía china hasta el surrealismo, pasando por las vanguardias latinoamericanas”.

La propensión estética que eligen los alumnos en el taller, a decir de Favila, es el modernismo (movimiento literario de finales del siglo XIX y relacionado principalmente con Azul, de Rubén Darío). “me encanta porque la poesía es atemporal, pero el lenguaje del modernismo está muy lejos del que usamos ahora. La tarea del seminario es mostrar un abanico de poetas para nutrir a los participantes y que éstos, consecuentemente, puedan crear su propia obra, o simplemente disfrutar la poesía a una profundidad mayor”, señaló Favila.

Para los aspirantes a convertirse a escritor “creo que no hay retos -señala Favila-, el taller es un ejercicio muy amable. Creo que no saber gramática ni sintaxis no es un impedimento para aprender poesía. La poesía la vivimos cotidianamente, a veces, cuando se nos eriza la piel con algo, eso es un acto poético. El taller es para que la gente que quiere escribir poesía aprenda toda esta manera de usar el lenguaje para la poesía. Yo no abordo formas clásicas, como ejercicio están muy bien, pero creo más en el qué decir que en el cómo decir”, precisó la escritora.

Por su parte Blas C. Terán desglosó el proyecto editorial La Copia, fundado en el año 2000, dentro del cual “uno de los apartados es la oferta de talleres literarios, de los cuales, todo el taller que se estructura como proceso (acercamiento, poesía y narrativa, y un taller permanente) en diferentes fases se llama La letra es curable que comienza en 2004 con un taller para la Asociación de Cronistas del Municipio de Querétaro”. Aunque este proyecto está aunado de origen a La Copia, “se trata de formar escritores que escriban en otros proyectos”, recalcó Terán. Allende los objetivos primordiales, la producción de las obras de los tallerandos “obliga a que las obras originadas se difundan a diferentes niveles, no nada más en el grupo que participa en el taller”.

El encuentro con las letras no está exento de vicisitudes: “hay personas mayores de edad que tratan a la literatura como una actividad para jubilados; no basta con escribir bien para la creación de un texto literario”, por ende el taller de Terán “tiene como base lecturas teóricas literarias. En este momento se crea el taller permanente, cuya proyección es el desarrollo de la obra de los autores y lograr que tengan presencia y que logren exponer sus capacidades del oficio”.

En torno a la formación de los aspirantes a convertirse en autores, Terán Páramo señaló: “si se aprende a escribir la literatura se obtiene como beneficio alterno el aprender a estructurar el pensamiento”, por otra parte importa la calidad desde la entidades básicas de la sintaxis dirigidas a la creación literarias: “sujeto y predicado. Además la calidad literaria tiene que ver directamente con el entorno: si un autor logra conmoverme con la obra, desde los extremos de las emociones, y lejos del bagaje de palabras extenso, entonces no encontramos frente a un autor de calidad”, señaló Terán.

Para la distribución de las obras emanadas de los participantes de ambos talleres, los entrevistados coincidieron que se buscan estrategias de distribución propias, tanto la venta directa como el contacto con escritores del Interior de la República interesados en conocer y promover la obra de artistas emergentes queretanos.

Ambos talleres estipularon sendas cuotas mensuales y fechas de inicio: Para Zona Uno se dará una clase teórico-práctica de 4 horas cada 15 días, iniciando el 1 de febrero, con una cuota mensual de 500 pesos. Música de lo que pasa se imparte los días martes de cada semana en horario de 7 a 9 pm. y no tiene costo. Ambos en las instalaciones del Museo de la Ciudad. Por su parte La letra es curable se impartirá en la Casa del Faldón del 29 de enero al 29 de agosto en horario de 6 a 8 pm. con cuota mensual de 200 pesos.

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