Por la orgamización de los pobres

Por una organización de los

trabajadores independiente  

Guillermo Almeyra 

 

La Jornada  

Para que la crisis la paguen quienes la provocaron y no –como siempre– las víctimas del sistema, es necesario que los trabajadores, los pobres, los oprimidos, tengan su propia organización para poder responder con sus exigencias a esa crisis económica capitalista y a la crisis política y moral que enfrenta el país. Es decir, es necesario que tengan una organización que responda a todas las corrientes empeñadas en la resistencia social, sin sectarismo alguno, y que sea capaz de unirlas en un sólido frente único, con plena autonomía del gobierno, de la Iglesia y de los partidos integrados en el Estado opresor. 

Es necesario, así, construir un programa común basado en la solidaridad, la lucha contra las suspensiones, los despidos, los cierres de empresas, el encarecimiento de la vida, contra la corrupción y por la defensa de la soberanía nacional y de los recursos naturales como bien común, organizando el combate por la restructuración de la economía y del territorio en función de las necesidades de la población y de la defensa del ambiente. La iniciativa debe surgir de la unión de las tendencias sindicales democráticas con nuevas organizaciones campesinas, indígenas y populares, y debe tener como base la acción. 

Las clases dominantes tratan hoy de centrar toda la atención en el combate a esa rama particular del capital que es el narcotráfico (la cual no podría existir sin la ayuda del capital financiero y del secreto bancario, y sin la corrupción de los mismos que dicen combatirla) y en un proceso electoral del cual saldrá, cuando mucho, el mismo perro pero con distinto collar. Son campañas diversionistas para retardar lo más posible la organización de un frente social que los enfrente y derrote y, a la vez, son ejercicios de disputa entre los diversos grupos dominantes por arrancarse mutuamente jirones del poder que ejercen, todos juntos, sobre los dominados. No es de cuerdos, por tanto, querer “castigar” al PAN votando por el PRI, que está aliado al blanquiazul en todo lo fundamental y es igualmente reaccionario y corrupto, o por los agentes de gobierno en el PRD. También en el campo absolutamente secundario del proceso electoral es necesario presentar una salida no capitalista independiente. 

La crisis, por un lado, exige respuestas sociales urgentes, impostergables, que no pueden ser sólo defensivas sino que también deben servir para aumentar la autoconfianza y la conciencia de clase: si una empresa cierra o suspende, hay que ocuparla, como en Argentina o en la fábrica de puertas de Chicago, y hacerla producir bajo gestión de los trabajadores; si suspende, hay que distribuir las horas de trabajo entre todos para que todos trabajen, porque el derecho al trabajo –a la vida– está sobre el derecho de propiedad o sobre la disciplina vertical. Pero esas medidas no deben quedar libradas sólo a la capacidad y decisión de las víctimas de los cierres y suspensiones. Grandes grupos sociales no asalariados y pueblos enteros dependen de esas fuentes de trabajo y por eso pueden participar en mesas de resistencia y coordinación locales, constituidas por comités de empresa, ramas sindicales democráticas, asociaciones de vecinos, estudiantes que se hagan cargo de discutir la situación social y del abastecimiento, así como de las necesidades en su propio territorio, y de elaborar una lista de reivindicaciones básicas locales, integradas con las nacionales, como la defensa del petróleo y de la energía, agua para todos y la defensa de la economía alimentaria campesina para afirmar la seguridad y la soberanía alimentarias.

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