Emilio Alvarez Icaza y la CNDH

Por una CNDH autónoma

y revigorizada  

Bernardo Barranco V.  

Emilio Álvarez Icaza aspira con toda legitimidad a presidir la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH). Su trayectoria, conocimientos y temple avalan que en este momento sea el mejor postulante, dicho con todo respeto a los demás aspirantes. No puedo disimular mi satisfacción por su valiente de-sempeño al frente de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF), la consolidó como órgano autónomo y confiable, moderno y eficaz, una instancia ciudadana al margen de los intereses de los partidarios. 

Conozco a Emilio desde hace muchos años, gracias a Raquel Pastor, su esposa, con quien trabajé varias investigaciones sobre la Iglesia mexicana. Igualmente conocí a su padre, José Álvarez Icaza, quien es toda una leyenda en la historia del catolicismo contemporáneo en México; observador en el Concilio Vaticano II, encabezó entre los laicos de nuestro país posturas progresistas y comprometidas con la justicia social; finalmente, don José fue un desilusionado amigo personal de Karol Wojtyla antes de que se convirtiera en Papa. 

Independientemente de afectos y simpatías, creo que la postulación de Emilio fortalecerá el carácter ciudadano del cargo porque sabrá tomar distancia, sin cerrarse al diálogo, con los intereses y caprichos de la clase política. 

Siguiendo la reflexión del politólogo italiano de la escuela de Bolonia, Roberto Esposito, quien escribió Las categorías de lo impolítico, podemos inferir que más que apolítico o antipolítico la responsabilidad del ombudsman es desplegar una postura y ejercicio institucional desde otro lugar o terreno diferente donde se desenvuelven los actores políticos tradicionales. 

Emilio es apoyado por las más serias organizaciones de la sociedad civil en el tema de los derechos humanos. El pasado viernes 9 de octubre registró su candidatura acompañado de figuras emblemáticas de la democracia mexicana como José Woldenberg, Denise Dresser, Clara Jusidman, entre otros. 

Woldenberg, ex presidente del Instituto Federal Electoral, fue muy enfático al declarar por qué apoyaba la candidatura de Álvarez Icaza: “primero, porque no es un improvisado; segundo, porque trabajó muy dignamente al frente de la CDHDF; tercero, porque hizo valer la autonomía de la institución, piedra fundamental en la comisión, y con su designación se subrayaría esta intención; y cuarto, por la pasión con la que Emilio ha llevado a cabo su misión”. 

Sin embargo, el proceso está lleno de obstáculos. El primero es que existe una lamentable tendencia regresiva de los partidos políticos que han impuesto a los órganos autónomos, integrantes a modo. Se ha venido constatando cómo en los diferentes institutos electorales, tribunales y en el propio instituto de transparencia se imponen los intereses partidarios. 

Es decir, mediante acuerdos pactan con la lógica del contrapeso el nombramiento de consejeros y magistrados que se convierten en actores de consigna predecibles. Esto vulnera el sentido autónomo e independencia con que originalmente se diseñaron dichos órganos y, por tanto, la credibilidad institucional se pone en riesgo.

 

 

La Jornada ha venido informando sobre supuestos acuerdos cupulares entre senadores priístas y panistas para elegir al sucesor de José Luis Soberanes. Por su parte, la senadora Rosario Ibarra de Piedra denunció “tener información bien confirmada” sobre un acuerdo entre el coordinador priísta, Manlio Fabio Beltrones, y el bloque de senadores panistas para que se elija al ex visitador Mauricio Farah titular de la CNDH, a cambio de la ratificación del procurador general de la República, Arturo Chávez Chávez, ocurrida hace dos semanas. (La Jornada, 8/10/09). 

Igualmente, ha brotado el nombre de Javier Moctezuma Barragán como parte de acuerdos que priorizan los intereses de grupos y de corto plazo, más que el desempeño estratégico de salvaguardar los derechos humanos en un momento crítico del país. 

El segundo obstáculo es que observo con preocupación cómo los sectores más conservadores de la Iglesia católica se han venido manifestando y presionando contra la candidatura de Emilio. Invocan los datos “duros” otorgados por una organización membrete llamada Comisión Mexicana de Derechos Humanos, AC, que constata la “pobreza” operativa de la comisión que presidió Álvarez Icaza. 

José J. Castellanos, inquieto activista de la ultraderecha católica, escribió en un artículo: “La CDHDF fue un organismo de bajo perfil y alta complicidad con el Gobierno del Distrito Federal por razones políticas y complicidad ideológica. El comisionado fue electo a modo, aunque para justificar su actuación tuviera que aparecer de vez en cuando y no siempre con firmeza y energía, para atender casos mediáticos donde resultaba imposible guardar silencio” (www.comunicadorescatolicos.org.mx/content/view/277/1/). 

La realidad es falseada ahí, ya que en el fondo la ultraderecha católica no perdona las posturas más bien laicas que contra el aborto asumió Emilio Álvarez Icaza en 2007. No obstante, hay que recordar que Emilio proviene de una familia de abolengo católico, que numerosas personalidades que lo apoyan son católicas, así como numerosísimas organizaciones sociales como varias Cáritas de diferentes estados del país, órgano eclesiástico presente también en el plano diocesano encargado del desarrollo y la caridad. 

Los ciudadanos debemos estar atentos a las decisiones trascendentes de los conductores políticos, tanto en el fondo como en los procedimientos. El Senado tiene una prueba importante, ya que va a concertar las miradas y la atención del país, únicamente espero que esté a la altura de las exigencias que México vive actualmente. El proceso –sin retórica– tiene que dar la cara a la nación y solamente espero que no salgan con chambonadas que sólo ellos entienden. 

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