La escultura prehispánica como modelo

Diez piezas de bronce del artista Rivelino recorrerán Europa 

Nuestros silencios retoma

la tradición prehispánica

de escultura monumental

Merry MacMasters 

 

La Jornada  

Nuestros silencios, monumental instalación escultórica del artista mexicano Rivelino (San José de Gracia, Jalisco, 1973), consistente en 10 piezas de bronce (3.50 x 2.30 x 1.10 metros cada uno) y una caja táctil de acero, comenzará su periplo europeo en el Parque Eduardo VII de Lisboa, Portugal, en el contexto de la celebración de la decimonovena Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y Gobierno 2009, que se efectuará del 29 de noviembre al primero de diciembre. 

A partir de enero de 2010, el conjunto hecho ex profeso para el proyecto continuará su recorrido por espacios públicos relevantes de Madrid, Barcelona, Bruselas, Berlín, Roma, Londres y París con el propósito de sumarse a los festejos por los 200 años de la Independencia y el centenario de la Revolución que se realizarán en el extranjero. 

Si la obra de Rivelino tiene reminiscencias prehispánicas, el artista recuerda que la escultura monumental siempre tuvo su lugar entre los antiguos pobladores de México, como las cabezas colosales de Veracruz y los atlantes de Tula, Hidalgo, “tradición que se practica cada vez menos, y las pocas que se hacen son de estética mucho más cosmopolita y contemporánea”. Acota que su trabajo “siempre se ha caracterizado por tener una línea que identifique bien que es de México”. 

Idénticas en principio, aunque con detalles distintos, las 10 figuras de Rivelino tienen la boca tapada por una placa colgante. “No se sabe muy bien si acaban de suspirar o retienen un gran dolor”, expresa el entrevistado. 

El título se refiere a “todo lo que los seres humanos no decimos, desde las cuestiones más íntimas, hasta de país a país, de continente a continente. Esto no es algo de hoy día, sino una situación humana: el silencio, no manifestarse, la falta de libertad de expresión infringida también por factores externos”. Está en plural para involucrar a la mayor cantidad de personas posible.

Rivelino también ha hecho pequeños murales de cerámica. “Cuando ocurrió el movimiento armado en Chiapas hice una pieza muy parecida en cerámica, bajo el concepto del barro como algo antiguo, con la boca tapada, que daba la imagen del silencio indígena. A partir de allí esta pieza se ha vuelto de bronce, grande, pequeña, sólo el busto, puro rostro; es decir, ha ido mutando. Al crecer mi di cuenta de que no es una característica sólo de la comunidad indígena de nuestro país, sino de los esquimales, los gitanos, la gente en China, en la Patagonia. Te das cuenta de que el problema de no hablar, de no decir lo que se piensa, o que no se pueda decir lo que se piensa, es global. De allí surge la idea de crear estas 10 piezas gigantes que ya estaban bocetadas.” 

Para lograr un color “más blanco”, las piezas recibieron una pátina de titanio a fin de proyectar “una imagen muy, muy clarita, que trasmitiera cierto sentido de paz, aunque el concepto fuera más fuerte”. Cada escultura tiene grafismos y relieves diferentes. 

La idea de itinerar la instalación surgió “de quienes forman parte del servicio del Parlamento Europeo. Les conté el proyecto y me animaron”. Luego, Rivelino se acercó al área cultural de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que se interesó y se ha hecho responsable de los traslados. 

Nuestros silencios también incluye una caja táctil de acero, de dos metros cúbicos, en cuyo interior hay cuatro esculturas a pequeña escala que reproducen las de tamaño real, que mediante orificios pueden ser asidas por invidentes. 

En cada sede se hará un libro con fotografías de las itinerancias anteriores, y habrá proyectos paralelos. Rivelino espera que el conjunto se exhiba en la ciudad de México.

Esta entrada fue publicada en Mundo.