«Querétaro en invierno» de Mario Re

“AQUELLOS TIEMPOS”.

 

 

Mario Rodríguez Estrada.

 

 

“SOLAMENTE AMANDO UNA COSA LOGRAMOS HACERLA NUESTRA”.

 

-G. Mac Donald.

 

Extraña ciudad…

 

 

Mi dura cama, sin importar la hora en que llegue a ella, me expulsa diariamente a las 6 de la mañana…este día, primero de enero del naciente 2010, resolví no hacerle caso…me levanté, me asee, me vestí y salí a la calle desafiando un poco el gélido viento, colocándome mi más caliente armadura…herencia de viejos combates contra las duras condiciones de la lejana y bella Cincinnati, que abajo del cero viste con blanca capa sus calles y avenidas…aquí solo el invernal soplo queretanensis  intenta congelarnos…y ya dentro de mi amada nave…me hace lo mismo que a Juárez.

 

 

Mi primera visita al Bancomer de plaza de las Américas, para ver si se repite el mensual milagro del pago de mi modesta pensión…introduzco mi gastada tarjeta y marco temblorosamente el “nip”…los chirridos del cajero automático me suenan a música celestial, pues me indican que la ración de maná está en camino…la recibo con todo  cariño, pues me facultan para solucionar por un mes más mis perentorias necesidades y obligaciones. Ahora si con la atención puesta en lo que me circunda, me doy cuenta de que transito por una ciudad extraña…casi sin habitantes y calles y avenidas amplísimas, cruzo los arcos y curiosamente tomo por la avenida Zaragoza, paso a un lado del viejo tanque del agua y desciendo hacia la Alameda…sigo sin ver a nadie…¡caray!…¿seguiré dormido?…no porque los semáforos funcionan y todo mundo sabe que éstos no aparecen en los sueños…doblo hacia Corregidora…paso la Plaza y estacionamiento “Constitución” y veo melancólicamente su enorme árbol de navidad, triste este, porque su destacado y protagónico papel decembrino pasó ya a mejor vida, pues ya se oyen los mugidos de las bestias que cargan a unos encanecidos, cansados y pobres Santos Reyes…los que se negaban a visitar México y Querétaro, pues siempre estuvieron en contra del pago de más impuestos y hasta del alza de la gasolina…será de la pastura, pensé, sí pero ¿cómo crees que la transportan?…Total…crucé el Jardín Zenea y algunos perdidos turistas se apilaban en torno de enormes contenedores de atole y de tamales…quise pararme y acompañarles…pero decidí continuar para ver más de la extraña ciudad…lentamente continué por la abandonada Corregidora…pasé Avenida Universidad…subí hacia el Santo Niño y en el Cecati volví sobre mis pasos dando vuelta en “U” y regresé por toda la ribera del Río Querétaro…del que ya ni me río, tan solo me conduelo, acordándome de “Aquellos tiempos” en que si llevaba agua y era un encanto verlo…llegué hasta Tecnológico…otra vuelta en “U” y volví para recorrer “sabrosamente” la siempre atestada avenida “Ezequiel Montes”…doblé por la calle del “57”recordando cuando una bella niña la recorría camino a su trabajo en Palacio de Gobierno y volvía con su grácil paso, hacia su casa en la calle 19 de julio…volví por Hidalgo y no pude resistirme pararme a un lado del Mercado “Hidalgo”…pues sus abiertas puertas me invitaron a traspasarlas…y ver si había algo en su interior…así fue,

 

 

Los expertos en “jugos” ya estaban colocados al pié de su naturalista cañón…les solicité uno de zanahoria con limón….el que me despertó, alegrándome de ver algunos seres vivos…algunos otros “aliens” ya estaban desayunando calditos de borrego y  taquitos de barbacoa…resistiendo la tentación de acompañarles, salí por el costado de la “Calzada” y ví abierta una tienda de quesos…y mis ratoniles genes me movieron a surtirme de algunos tipos de ellos, para compararlos con los de mi pasado viaje a Xalapa, cuyos lácteos productos de la Viga y de la Joya ya a punto estaban de fenecer…me dio gusto constatar su buena calidad…su jovial dependiente se comportó a la altura y me facturó chorizo, crema, galletas de nata y queso de cabra aromatizado con especias y epazote…con enorme bulto a bordo, proseguí mi viaje por la “extraña ciudad” y tomando de nuevo Hidalgo, llegué hasta el Teatro de la República, Jardín Zenea, etc., desembocando en la ya un poco más concurrida Zaragoza…pues ya eran cerca de las 9:30 de la “madrugada” de este nuevo año…pasé con Doña Jose y su trabajador esposo Don Julián, a Plaza de las Américas, donde administran un concurrido puesto de periódicos y revistas…me surtí de algunas y con un nuevo tambache…enfilé de regreso a casa en la ameritada colonia Loma Dorada…donde convivimos algunos “jodidos” con un montón de “perfumados” (palabras de Don Félix Zavala)…para gozar de mi ración de quesos y periódicos…dejando de soñar con la bella y extraña ciudad…les saluda y abraza su amigo de “Aquellos tiempos”…Mario RE.