“Historias clandestinas” de Gilly

Entre las innumerables razones del enojo social, el historiador mencionó la crisis del PRD 

Gilly escribió Historias clandestinas

con la rabia de un país trágico  

Dijo que los dirigentes de izquierda prefieren discutir impuestos, candidaturas y alianzas 

El articulista de este diario presentó su libro en la feria de Minería acompañado por El Fisgón   

Arturo Jiménez 

Periódico La Jornada 

Domingo 21 de febrero de 2010, p. 2 

Durante la presentación de su libro Historias clandestinas (La Jornada Ediciones), compilación de textos en los que emerge la visión de los oprimidos, el historiador Adolfo Gilly fue directo y puso el dedo en la llaga: Estamos en un país trágico, que sale periódicamente hacia afuera, a flote, y en un país trágico hay que tener mucha rabia, mucha ira. 

Gilly, quien al lado de Rafael Barajas, El Fisgón, y del investigador Armando Bartra, fue el último en intervenir en la Antigua Capilla, durante la feria editorial de Minería, mencionó algunas razones que han acrecentado ese enojo de los movimientos sociales independientes del presente desde hace al menos 20 años. 

Las razones mencionadas fueron, entre otras: el fraude electoral de 1988, el asesinato de cientos de perredistas durante el salinato, el no cumplimiento de los Acuerdos de San Andrés, el nuevo fraude de 2006, la represión a los movimientos de Atenco y de la APPO, la tragedia en la mina Pasta de Conchos, la declaración de ilegalidad de la huelga en Cananea, las mujeres y jóvenes asesinados en Ciudad Juárez, además de la creciente crisis en el PRD, del que hizo una crítica, porque en ese partido están ahora quienes antes se oponían a los intereses ciudadanos. 

“Han pasado 20 años de desastre desde entonces (1988); había poca rabia en aquellos tiempos. Conozco la rabia y he vivido la rabia con mucha gente, la viví en Cuba, en Bolivia, y la vivo ahora. Había esperanza, y por acá salíamos: robaron la elección, defraudaron los Acuerdos de San Andrés, firmaron lo que no pensaban cumplir. 

Alguno de los que andaban ahí está hoy en el PRD: se llama Arturo Núñez. Otro de los que teníamos enfrente en el 88 y nos amenazaba, no era cuento, era Manuel Camacho, cuando estaba con Salinas. Están dirigiendo la oposición, esos son. ¿Y qué quieren, que no tenga rabia, que yo espere, que me hagan creer que esa gente va a dirigir algo? ¿Voy a tener yo esperanza en ellos? 

Consideró que los dirigentes de izquierda prefieren discutir políticas públicas, impuestos, candidaturas, alianzas electorales, y que se puede hacer por el pueblo, pero no cómo se organiza el pueblo en torno a sus problemas. 

Gilly aclaró que no hablaba de acabar con los partidos de izquierda, sino de la necesidad de participar en la organización del pueblo, desde abajo, para la defensa real de sus intereses. Al final, invitó a leer sus Historias clandestinas con rabia.

Antes de Gilly intervino el caricaturista Rafael Barajas El Fisgón, quien dijo que el historiador era un tanto injusto con el término esperanza y que difería un tanto de él cuando afirma que los actuales eran tiempos de la ira y de la rabia y no de la esperanza, pues ésta invita a esperar y aquellas, a organizarse. 

Barajas recordó que en 1988, al calor del neocardenismo, Gilly escribió, ilusionado, sobre el retorno de la esperanza. 

El monero de La Jornada agregó que el neoliberalismo tiene como uno de sus mecanismos de control, precisamente, infundir desámino y desesperanza. La esperanza, agregó, “es fundamental para el pleito que estamos viviendo, y estas Historias clandestinas, al final de cuentas, están llenas de ella”. 

El Fisgón, por otra parte, dijo que en México hay un abaratamiento del debate teórico, e hizo una crítica a los planteamientos que en la actualidad promueven escritores como Héctor Aguilar Camín y Jorge G. Castañeda, como lo hacen en su libro Un futuro para México. 

Ante la crisis generalizada del país, agregó Barajas, a ellos sólo se les ocurren planteamientos como fortalecer el presidencialismo, abrir Petróleos Mexicanos a la inversión extranjera, acabar con el sindicalismo y cuestionar lo que llaman soberanismo defensivo. 

Pero sus propuestas, abundó, son de una pobreza intelectual impresionante, y sólo generarían mayor sufrimiento y dolor en beneficio de los mariscales del libre comercio. 

En cambio, dijo El Fisgón, en el libro de Gilly, y en otros, puede encontrarse mayor riqueza de tesis y propuestas que en el conjunto de los planteamientos de los intelectuales del neoliberalismo, además de honestidad intelectual que éstos jamás tendrán. 

El investigador Armando Bartra dijo que Historias clandestinas es un archipiélago de historias, y que la verdadera materia de la historia son precisamente esas islas bajo las cuales hay un continente. 

Dijo que el de Gilly es un texto discontinuo, hecho de fragmentos, pero esto no es carencia ni insuficiencia, sino, por el contrario, está bastante integrado, no es dispersión. El carácter fragmentario se debe a que así es la historia desde abajo y desde la rebeldía.

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