“Danzante Apache acusado de pollero” Por Agustín Escobar

Señoras, señores:

En marzo de 2005 María Concepción Moreno Arteaga fue encarcelada por dar de comer y beber al sediento. Después, en septiembre de 2007, fue liberada sin que la autoridad le dispensara el clásico “Usted perdone”.

Ahora, por el mismo “delito”, la “justicia” se ha ensañado en contra de Juan Ranulfo Martínez Pérez, danzante oriundo de La Cañada, quien, desde octubre de 2005 está encarcelado y sin sentencia de por medio.

En el archivo adjunto encontrarán los horrores de vivir a las orillas de las vías de ferrocarril, lugar en el que la caridad cristiana es duramente reprimida por las “autoridades”.

Atentamente AEL.

DANZANTE APACHE ACUSADO DE POLLERO

Agustín Escobar Ledesma

Desde el 5 de octubre de 2007, Juan Ranulfo Martínez Pérez está preso en el Centro de Readaptación Social de San José El Alto, Querétaro, acusado de, presuntamente, traficar con indocumentados (pollero, en el argot del bajo mundo judicial).

Después de casi tres años en la cárcel, aún no ha sido sentenciado y, al parecer, su delito se deriva de tener una humilde vivienda a un costado de las vías del ferrocarril que pasa por La Cañada, cabecera municipal de El Marqués, Querétaro.

Antes de ser detenido, Juan Ranulfo se desempeñaba como inspector municipal de alcoholes. Culturalmente pertenece al México profundo, puesto que es director y violinista del grupo de danza apache denominado Danza Chichimeca de La Cañada.
La familia

Juan Ranulfo Martínez Pérez tiene 50 años de edad y procreó con su esposa tres hijas y tres hijos. De ellos los dos más pequeños van a la escuela, tres están desempleados y sólo la hija mayor es la que trabaja para sostener a los demás ante la forzada ausencia del padre.
Martina Sánchez Salinas y Areli Martínez Sánchez, esposa e hija, respectivamente, del danzante apache detenido y encarcelado desde el 5 de octubre de 2007, se turnan la voz para ofrecer el testimonio de la injusticia que carcome a su familia:

Ese día llegaron a la casa dos hombres en un carro gris, preguntaron que sí estaba mi esposo. Los señores le dijeron que venían por el asunto de los muchachos que estuvieron en la cárcel, que nomás tenía que ir a firmar unos papeles, que eso era todo, que si quería ir en ese momento o cualquier día, que como no era nada grave el asunto, nomás tendría que ir a firmar unos documentos y se podía regresar a la casa.

Los agujeros de la techumbre de lámina de la humilde casa del Juan Ranulfo Martínez Pérez, según la estación del año, deja pasar el sol, el frío, el viento y la lluvia; por ahí también se cuela con mayor intensidad el incesante ruido de las locomotoras y el constante chirriar de los rieles con las ruedas de acero de los vagones, cuyo únicos pasajeros son los centroamericanos que van en pos del decadente sueño americano.

Mi esposo les dijo que si era algo tan sencillo que de una vez iba, yo lo acompañé y los hombres nos llevaron a las oficinas (de la Procuraduría General de la República) que están por el Estadio Corregidora, cerca de la Central Camionera. Después de una hora, los señores le dijeron a mi esposo que las cosas se habían complicado y que se iba a tener que quedar detenido, desde entonces está encarcelado.

La sala de la casa, con sillones despatarrados, es presidida por un altar cuyas deidades principales son la Piedra del Sol mexica y la Virgen de Guadalupe; una veladoras se empeñan en aluzar la pobreza del lugar y de paso a otras pequeñas figuras de dioses prehispánicos que se resisten a abandonar el imaginario colectivo de esta familia de danzantes apaches.
Antecedentes

Cinco años atrás, en el 2005, en un predio, aledaño a las vías del tren, propiedad de Juan Ranulfo Martínez Pérez, se encontraban trabajando cuatro de sus amigos. Pasaron tres centroamericanos pidiendo agua. Les permitieron que llenaran botellas con agua de la llave y, justo en ese momento, se apareció un grupo armado de agentes de la hoy desaparecida Agencia Federal de Investigaciones, quienes, entraron al predio sin permiso y a punta de amenazas, detuvieron a los cuatro amigos del danzante chichimeca y a los centroamericanos. A todos se los llevaron a las instalaciones de la PGR; a los primeros los encarcelaron por, presuntamente, traficar con indocumentados. Después de ocho meses los liberaron por falta de pruebas.
Aquel día el danzante apache-chichimeca no estaba en el lugar porque cumplía su jornada como inspector de alcoholes del municipio de El Marqués. Sin embargo, cuando ya nadie se acordaba del suceso, dos años después, el 5 de octubre de 2007, se aparecieron en su casa dos afis y, con engaños, lo detuvieron. Desde entonces esta encarcelado, acusado de un delito que no cometió.

¿Defensores?

Aquí el tren siempre se detiene. Los indocumentados aprovechan para bajarse y pedir agua, algo para comer o dinero. La mayoría de migrantes son jóvenes, a veces llegan mujeres y, ocasionalmente, vienen parejas con niños de brazos. Son hondureños, guatemaltecos y salvadoreños.

Después que detuvieron a mi papá, luego luego fuimos a ver al licenciado Reginaldo Rivera de la Torre (actual diputado federal por el Partido Revolucionario Institucional, en la LXI Legislatura) quien nos dijo que él lo iba a sacar de la cárcel, cuando mucho en un año, pero nomás nos traía a las vueltas. Primero nos pidió cinco mil pesos porque según esto eran para pagar la prueba de un documento porque la firma de mi papá era falsa. Nos decía que el caso iba bien, pero después de dos años y después de haberle dado alrededor de quince mil pesos, nos dijo que ya no iba a poder llevar el caso porque iba a ser diputado, que teníamos que buscar otro licenciado.
Antes de que detuvieran a Juan Ranulfo Martínez Pérez, los vecinos de La Cañada proporcionaban agua, un taco o dinero a los centroamericanos que a diario pasan por aquí. Ahora la gente ya no les quiere ni abrir la puerta porque tiene miedo que la policía los vaya a encarcelar, porque piensan que si los ayudan estarían cometiendo un delito.
Después, también nos ofrecieron apoyo aquí en el jurídico de la presidencia municipal (de extracción priísta, a cargo de Rubén Galicia Medina), allí fuimos con el licenciado Iván del que no recuerdo el apellido pero con él no avanzamos ni para atrás ni para adelante.
Orita nos están ayudando Crescenciano Serrano, diputado del PRD y el licenciado Enrique Becerra, también del PRD.

Esto es una injusticia porque, desde que el caso lo llevaba el licenciado Reginaldo Rivera, no se pudo resolver porque uno de los afis nunca se presentó a declarar porque resulta que al parecer anda prófugo de la justicia. Yo me pregunto ¿si el afi nunca se presenta entonces mi papá se va a quedar encerrado de por vida? ¡Esto es una injusticia porque por eso mi papá sigue encerrado sin deber nada!